Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 14 Emilia
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EMILIA

—Venga, gente —protestó Carter—. Eric ha preparado de sobra para todos, así que ¡ven aquí y bebe con nosotros!

Estaba un poco preocupado por si Carter seguía a punto de estallar en cualquier momento, a causa del incidente con Kristen y Drew, pero él parecía haberlo olvidado.

Tal vez, nuestro compromiso falso era justo lo que le hacía falta para calmarse.

O, tal vez, su periodo de atención era tan corto, que se le había olvidado por completo.

No me sorprendería que ambas respuestas fueran correctas, hasta cierto punto.

Pero, fuera cual fuera la razón, las cosas habían vuelto a calmarse, y era un placer verlo.

Estábamos en el bar de Roux, uno de los restaurantes del hotel donde Eric, un camarero que se había hecho famoso en TikTok, estaba preparando una serie de cócteles, para que eligieran el que servirían en la boda.

Lancé una mirada a Drew, y él se encogió de hombros.

—¿Por qué no? —preguntó.

Pues porque nos pagaban para ser profesionales, no para beber con nuestros invitados, claro.

—Adelante —animó Dorian desde detrás de un grupo de gente—. Será divertido. Solo una copa —dijo la araña a la mosca, pensé para mis adentros, mientras me acercaba a ellos de todos modos.

Si me negaba a unirme a la diversión, llamaría demasiado la atención. Sería mejor pasar desapercibida entre el grupo, como siempre.

Drew ya se había acomodado en la barra, y levantaba una copa demasiado bonita como para beberla: en el fondo había un líquido color rosa intenso, que se desvanecía gradualmente hasta adquirir un tono color melocotón en la parte superior, decorada con una frambuesa ensartada en un palillo.

—Es un fizz de frambuesa —explicó Eric mientras me lo entregaba—. Lleva prosecco, triple sec y frambuesas frescas picadas.

—Oh, vaya, es increíble —dije después de probarlo.

—Estoy de acuerdo —corroboró Kristen, que ya se había bebido la mitad del suyo—. Yo voto por este, desde luego. Ya se sabe lo que opino del color rosa.

—Un momento. —Carter le tapó la copa con la mano—. Vamos a hacerlo más interesante. ¿Alguien se apunta a un par de rondas de «Yo nunca»?

No, eso sería demasiado íntimo, sobre todo con las cámaras grabando.

—¡Sí, venga! —chilló Kristen.

Me pareció que nos comportábamos como un grupo de bufones, obligados a bailar para el rey y la reina. Drew se encogió de hombros, como si hubiera pensado lo mismo.

—Una sola ronda —dijo Drew—. No más.

—Si vais a jugar a un juego de beber, os prepararé algo diferente —dijo Eric—. Algo que dé buen resultado.

No estaba segura de a qué se refería, pero aquello no sonaba bien. Las cámaras se acercaron mientras él preparaba las bebidas.

—¿En serio crees que esto es buena idea? —susurré a Drew.

—No, es una idea espantosa, pero ¿qué otra opción tenemos? Carter está contento, y lo último que quiero es cabrearlo. Ya se fía bastante poco de mí, así que, toca beber.

Eric nos entregó vasos llenos de hielo y un líquido oscuro preocupante.

—¡Que empiece el juego! —Carter levantó su vaso al aire—. El que lleve los zapatos más chulos hace la primera pregunta.

Todos nos miramos los pies y, a la vez, señalamos a Kristen, cuyos zapatos de tacón parecían zapatillas de ballet, incluyendo cintas atadas a sus tobillos.

—¡Gracias, Christian Louboutin! —Estiró una pierna para exhibir un pie—. Bueno, la primera pregunta es… —Se detuvo a pensar un instante—. ¡Yo nunca me he bañado desnuda!

Nos miramos todos unos a otros y, lo que no era de extrañar, bebimos todos a una. Yo casi me atraganté al probar la bebida.

—¿Qué es esto? —pregunté, entre una tos y otra.

—Yo lo llamo un pepper jolly.

—¿Me dices qué lleva?

—Será mejor que no. —Eric me guiñó un ojo.

—Vamos en sentido de las agujas del reloj —indicó Carter, que se había erigido en director del juego—. Emilia, te toca.

—A ver… —No jugaba a aquello desde la universidad, donde las preguntas siempre habían sido muy subidas de tono—. Yo nunca… he mandado un mensaje directo a alguien a quien no conocía.

Kristen y Carter bebieron, pero Drew y yo, no.

—¡Joder, K! Pensé que yo sería el único —protestó Carter.

—Solo lo hice una vez, y él pasó de mí —rio ella—. Y tú también lo has hecho, así que, ¡cállate la boca!

Era de extrañar que nuestros dos Insta-famosos hubieran utilizado su fama para enviar mensajes directos a personas que les gustaran, pero me sorprendió mucho que Drew no lo hubiera hecho. Claro, que odiaba a muerte la tecnología. ¿Estaría siquiera en las redes sociales?

—Drew, te toca —dijo Carter.

—Yo nunca he fisgado en el teléfono de otra persona.

Sus ojos se clavaron en mí. ¿Se refería a la forma en que nos conocimos en su hotel, cuando nos intercambiamos los teléfonos sin querer?

—No estaba fisgando —insistí, agitando el dedo hacia él—. Estaba determinando a quién pertenecía.

—Oh, oh, pelea de enamorados —rio Carter.

Estaba a punto de aclarar las cosas, cuando recordé que se suponía que éramos una pareja enamorada a más no poder.

—No voy a beber, porque no estaba fisgando —respondí con un mohín y, al mirar a mi alrededor, me fijé en que nadie había bebido—. Las reglas dicen que, si nadie bebe, el que pregunta tiene que hacerlo. Te toca, Drew.

Él puso los ojos en blanco, pero levantó el vaso hacia mí y bebió un trago.

—Me toca —declaró Carter en voz bastante alta, para asegurarse de que todo el mundo le prestara atención—. Nunca he representado una fantasía en la cama.

Maldita sea. ¿Íbamos a entrar en esas cosas? Al mirar a los demás, vi que solo habían bebido Kristen y Carter. Drew captó mi atención y se encogió de hombros.

Un momento. Eso era… ¿una invitación?

—Kristen, ahora vas tú. ¡Y que sea interesante! —rio Carter.

Pero ¿no habíamos dicho que solo jugaríamos una ronda? Al parecer, el plan había sido abandonado y, maldición, ahora tendría que pensar en otra pregunta para mi turno.

—Muy bien, lo haremos más interesante. Yo nunca… ¡he fingido un orgasmo!

Mierda, aquello era una idea horrible. Como era de esperar, los hombres no bebieron, y se nos quedaron mirando a nosotras.

Lo cierto era que yo sí lo había fingido: para acabar una sesión de sexo aburrido, para alimentar el ego de un tío, o para fingir que lo estaba pasando mejor de lo que lo estaba pasando en realidad.

Bebí un trago, y a los otros tres les dio un ataque.

—¡No! —chilló Kristen—. Tía, ¡no hagas eso! ¡No permitas que la fragilidad de un hombre te arruine el placer!

—Tiene razón —observó Carter, pensativo—. Si lo finges, ¿cómo va a saber el tío lo que te gusta?

¿Por qué, por qué mi vista se volvió inmediatamente hacia Drew?

—Bueno, supongo que eso fue hace mucho tiempo, porque este tío nunca te dejaría con las ganas —continuó Carter, que hizo como si fuera a dar a Drew un puñetazo en el estómago.

Me fijé en que Drew ni siquiera se inmutó.

—Oh, no tengo la más mínima queja sobre mi hombre, creedme —aseguré, con la esperanza de que sonara muy convincente, y no se dieran cuenta de la vergüenza que me estaba dando hablar sobre fingir orgasmos delante de las cámaras—. Él sí que sabe lo que hace y no me deja nunca con las ganas.

Drew se acercó más a mí y me pasó el brazo por los hombros.

—Digamos tan solo que menos mal que no tenemos vecinos cercanos.

Todo el mundo se echó a reír, incluida yo, que exageré todo lo que pude.

—Te toca —me dijo Carter—. ¡Sigue con las preguntas subiditas!

¿Quién era yo para desilusionar al maestro?

—Yo nunca lo he hecho en la playa —dije.

Me preparé para el impacto y bebí un buen trago de aquella bebida no tan rica, al igual que Carter y Kristen. Para mi sorpresa, Drew no bebió.

—Hala —exclamó Carter—. Con la de kilómetros de playa que tienes a solo un paso. ¿Por qué no?

—¿En serio? —le pregunté en voz baja.

—Me gusta la comodidad —explicó él—. Prefiero que no me entre la arena en…

—Miró a las cámaras—. Bueno, ya sabéis. Además, no me gusta tener que apresurarme, o pasarme todo el tiempo mirando alrededor por si nos pilla alguien.

—Me miró a los ojos—. Prefiero dedicar a mi pareja toda mi atención, tumbarla en algún lugar cálido y suave y tomarme mi tiempo para hacer que sienta cosas increíbles. Una y otra vez.

A mi pesar, sentí un escalofrío. Lo peor de todo era que ni siquiera me lo había dicho a mí.

En absoluto. Era solo una representación para las cámaras, líneas de un guion que estábamos improvisando juntos.

El hecho de que a mi cuerpo no le interesara lo más mínimo esa distinción era una información que tendría que mantener en secreto.

—Bueno, pero ¿y en una caseta de playa? —La pregunta de Kristen me sorprendió.

Drew apartó los ojos de mí y, por fin, pude volver a respirar con normalidad.

—Sí, buena idea —dijo él—. Supongo que tendré que añadir eso a mi lista de cosas por hacer. O debería decir que tenemos que añadirlo los dos.

Él me miró, me guiñó un ojo, y hubiera jurado que me ardía la cara.

—Genial —aplaudió Carter—. Muy bien, me toca preguntar otra vez: yo nunca he enviado fotos guarras a nadie.

Ellos tres bebieron, pero yo no lo hice.

—Se lo he estado suplicando —dijo Drew, muy metido en su papel—. No entiendo por qué no quiere.

—Oh, venga ya —dijo Kristen—. Eres preciosa, ¿por qué no ibas a querer lucir tus encantos?

Fui aún más consciente de las cámaras que nos grababan.

—Creo que no salgo bien en las fotos —dije con un hilo de voz.

Fui más sincera de lo que lo habría sido estando sobria y, al momento, lamenté haberme mostrado tan vulnerable delante de, bueno, básicamente, de todo el mundo.

—¿En serio? —me preguntó Drew en voz baja—. ¿Por qué piensas eso? Eres perfecta.

Solo fui capaz de encogerme de hombros, y seguir mirándome los pies.

—¿Ni siquiera una foto del escote? —preguntó Carter, que no se había percatado de nada.

—Soy muy sosa, lo siento —respondí con una risa forzada, intentando mantener un tono ligero y quitarle importancia.

—Bueno, ahí tenéis una cosa más con la que divertiros los dos. ¡Vaya, este juego se ha convertido en una lista de tareas para vosotros! —exclamó Kristen.