13 Drew
DREW
Varias horas después, cuando Emilia y yo entramos por la puerta de mi casa con un Winston aletargado al que acababan de dar el alta, aún estaba dando vueltas a cómo invitarla a la fiesta de mi hermano.
—Vaya, no está mal —dijo Emilia con ironía al entrar.
—Te enseñaré tu habitación después de dejar a Winston en su hábitat.
Emilia silbó por lo bajo mientras recorríamos el vestíbulo de mármol, avanzábamos por el pasillo más allá del comedor y atravesábamos la sala de estar para salir al patio.
—Pero ¿cuánta gente vive aquí?
—Lo pillo —reí al abrir la puerta corredera—, pero la respuesta es que, ahora, tres. Y el más importante está a punto de conocer su nuevo hábitat. ¿Qué te parece?
Me hice a un lado, y Emilia soltó un respingo al ver el espacio que, en esos momentos, ocupaba un montón de sitio en mi jardín trasero.
La parte posterior de la casa siempre había sido impresionante, con el jardín, la piscina y una pérgola con sofás cómodos, pero había sido mejorada con una nueva zona protegida con una verja, en la que viviría una tortuga del desierto que iba a recibir muchos mimos.
—Oh, por Dios, esto es increíble —dijo ella—. ¡Mira, Winston! ¿No te encanta?
Había estado hablando con él sin parar durante todo el camino hasta casa y, aunque habitualmente ese tipo de charla incesante me resultaba irritante, la suya me pareció encantadora.
Hablaba con Winston como si pensara que él iba a responderle, y las cosas que decía eran interesantes y divertidas de verdad.
La observé mientras apreciaba el hábitat y enseñaba a Winston cada una de sus características.
—¿Un sistema automático de vaporización de agua? Win, ¡te va a encantar! ¿Y una zona cálida con energía solar? —Emilia se volvió hacia mí con ojos agradecidos—. Esto es increíble. Muchas gracias.
—El mérito no es mío, yo solo he hecho una llamada para organizarlo todo. —Me acerqué a ellos—. Hay un pequeño sensor allí que nos permite controlar la temperatura y la humedad, además de un sistema de vigilancia remota. Podrás verlo todo desde tu teléfono, o eso me han dicho.
Shelby se había ofrecido a instalar la aplicación en mi teléfono, para que pudiera mostrársela a Emilia y contarle cómo funcionaba, pero había preferido que fuera ella quien me lo explicara.
—Esto es perfecto —dijo, emocionada—. ¿Estás listo para explorar, Win?
Lo dejó con cuidado en el suelo y él volvió la cabeza para mirarlo todo.
—¡Le gusta! —exclamó Emilia.
Ella se dejó caer al suelo junto a él, y yo me uní a ellos. Me sorprendía lo entretenido que resultaba el Show de Winston y Emilia.
—Bueno, te lo tengo que preguntar. ¿Por qué le hablas tanto?
Emilia miraba a Winston con una pequeña sonrisa, mientras él daba unos cuantos pasos precavidos.
—Mi abuelo le hablaba continuamente, y está convencido de que esa es la razón por la que Winston es tan sociable. Yo quiero hacer lo mismo que él. ¿No te has fijado en que es más amistoso que otras tortugas?
Intenté no echarme a reír al pensar en una tortuga charlatana.
—Bueno, apenas he tenido ocasión de congeniar con él, o con ninguna otra tortuga, de hecho, pero te tomo la palabra.
—Eso va a cambiar —insistió ella—. Sois compañeros de piso y tenéis que conoceros mejor. Vamos a intercambiar un poco de información. Win quiere saber cuánto tiempo sueles pasar aquí fuera.
—No lo suficiente, colega —admití—. Pero espero que tú lo disfrutes más.
Emilia miró a Winston y fingió escucharlo.
—Dice que cree que deberías salir más a menudo. Siempre viene bien tomar un poco el sol y oler los hibiscos; y también dice que pasar tiempo con él es muy saludable, porque aumenta la producción de serotonina.
—Caray, vaya palabra más técnica para este pequeñín —me admiré.
—Ah, ¿no lo sabías? Winston se graduó con honores de la universidad de las tortugas. Tendré que colgar su diploma en algún sitio. Ahora te toca preguntar a ti.
Lo absurdo de aquella situación me hizo reír. Una mujer preciosa que se acababa de mudar a mi casa me estaba obligando a hacer una entrevista con una tortuga para conocerla mejor.
Ah, y era una tortuga de tierra. Sabía que no debía cometer ese error dos veces.
—Esto, veamos. Quiero saber tanto de él que es difícil elegir una sola pregunta. —Miré a Emilia mientras ella miraba a su mascota—. Winston, dime, ¿qué es lo que más te gusta de tu dueña?
—Dice que es una pregunta difícil de contestar —respondió ella, sonrojándose—. Probablemente, el hecho de que sé cuáles son los mejores sitios para rascarle. Como aquí.
Ella le frotó la parte trasera de la concha, y él se quedó quieto para disfrutar de la sensación.
—Gracias por contármelo, Win —respondí—. Lo tendré en cuenta la próxima vez que necesites unas caricias.
—Dice que gracias. —Emilia se volvió hacia mí y la sinceridad en su mirada fue como una descarga repentina—. Y también te agradece lo que has hecho para que esté cómodo. Es mucho más de lo que esperaba. De lo que esperábamos los dos.
—Por supuesto —respondí—. Él es parte de la familia, y quiero hacer todo lo que pueda para que esté lo más feliz posible.
Nuestros ojos se encontraron. ¿Cómo era posible que una tortuga nos hubiera llevado a tener un momento íntimo? Claro, que eso también nos daba una bonita historia de pareja que podíamos contar a la gente cuando preguntaran sobre nuestro pasado. Y eso me recordaba…
—Tengo algo un poco raro que pedirte —empecé—. Sabes que debemos mantener la apariencia de estar en una relación, ¿verdad?
Emilia asintió con desconfianza.
—¿Estarías dispuesta a ir conmigo a una fiesta de revelación de género el día veintidós? La futura mamá tiene una cantidad considerable de seguidores en las redes, así que, sin duda, nos vendrá bien que nos vean juntos en las fotos que publique.
—Claro —dijo ella—. ¡Será divertido! Has empezado de una forma que me ha dado la impresión de que ibas a proponer algo horrible.
—Bien —continué—. Creo que debería avisarte de que es una fiesta familiar. Es el bebé de mi hermano Harrison.
Ella se quedó helada, con una mano justo encima de Winston.
—Oh.
—Entonces, ¿te parece algo horrible, después de todo?
—Horrible, no —respondió, con los labios fruncidos—. Pero, desde luego, no es lo mismo que ir a una fiesta de amigos tuyos. ¿Saben lo de…? —Alzó el dedo provisto del anillo.
—Lo saben. Les he contado la historia real.
—Ah, vale. —Me dedicó una sonrisa aliviada—. Eso cambia las cosas. No me pondrán a prueba, como si estuviera a punto de convertirme en una Ashford.
—No, ellos creen que toda esta historia es para morirse de risa. Lo más seguro es que te traten como a una hermana pequeña.
—Pues adelante —respondió ella, alzando un brazo para enseñarme el bíceps más pequeño del mundo—. Eso puedo aguantarlo.
Mientras observaba cómo ella seguía rascando a Winston, comprendí que nunca había dudado de ella ni por un instante. Por lo que había visto, no había nada a lo que Emilia no pudiera enfrentarse.
Estaba seguro de que, para cuando terminara la fiesta, todos los Ashford habrían caído bajo su embrujo.
Opté por no preguntarme si yo estaría incluido entre ellos.