12 Drew
DREW
—Se suponía que esto sería sencillo —gruñí para mis adentros, mientras golpeaba los botones de mi portátil—. Oye, Shel.
En lugar de responderme gritando, mi fiel asistente, Shelby, asomó la cabeza por la puerta de mi despacho.
—¿Sí?
—Esto de la videoconferencia no funciona.
No hizo falta decir que no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo, así que no sabía si el problema era yo o la tecnología.
Pero ¿a quién quería engañar? Seguro que era yo, y tanto Shelby como yo mismo lo sabíamos.
—Por supuesto, deja que yo me ocupe —dijo, entrando en el despacho—. ¿Qué sistema estás usando?
—Pues mi portátil.
Ella intentó ocultar una sonrisa, pero no lo consiguió.
Shelby me había estado salvando la vida desde el momento en que asumí el riesgo y la contraté.
Ella había dejado de trabajar después de tener a sus hijas gemelas pero, cuando ellas empezaron la universidad, se había quedado sin un objetivo en la vida.
Aunque antes solo había trabajado en tiendas, me había dado buenas sensaciones durante la entrevista, y la contraté en ese mismo momento.
La gran ventaja imprevista fue que era una gran conocedora de la tecnología, al igual que su marido, que era programador, y podía ayudarme siempre que lo necesitaba.
—Vamos a ver qué pasa —dijo, mientras daba la vuelta a mi portátil para ponerlo frente a ella.
Empezó a teclear con una rapidez y seguridad que yo sabía que no podría igualar nunca.
—Bien, ya lo tienes. —Shelby volvió a girar el portátil hacia mí—. Listo, solo tendrás que darle al botón azul que pone «conectar» cuando estés preparado. —Hizo una pausa—. ¿Quieres que te explique en un momento cómo se accede, para la próxima vez?
—No. —Sacudí la cabeza, muy consciente de que sus explicaciones me entrarían por un oído y saldrían por el otro, como siempre me pasaba con la información sobre tecnología—. Pero te lo agradezco mucho.
Ella frunció los labios, como si estuviera conteniéndose para decir algo.
—De acuerdo, no hay problema. Sabes que estoy aquí si me necesitas.
—Lo sé, y te doy las gracias. Te agradezco mucho todo lo que haces.
—¡Encantada! —respondió con un saludo militar.
Cuando cerró la puerta, crucé los dedos mentalmente y presioné el botón azul, casi esperando que no funcionara, dada mi enemistad con la tecnología. Para mi sorpresa, los pequeños puntos de conexión llenaron la pantalla y, al poco tiempo, aparecieron las caras de mis hermanos y mi padre.
—Eh, ahí está el tecnófobo en persona —rio Logan—. Nos alegramos de que lo hayas conseguido, teniendo en cuenta de que eres tú quien ha organizado esta llamada.
—Estaba en una reunión que se ha alargado un poco —mentí—. Bueno, no os voy a quitar mucho tiempo, pero quería informaros de un nuevo acontecimiento en mi vida, porque pronto oiréis hablar de ello.
La expresión de Harrison se volvió tensa.
—Ay, joder —suspiró—. Eso suena fatal.
—¿Tiene que ver con los negocios, o es algo personal? —preguntó mi padre.
—En cierto modo son las dos cosas. Dejadme explicarlo en vez de jugar a las diez preguntas. Me vi envuelto en una situación complicada con esa pareja de las redes sociales que va a celebrar su boda en el hotel.
—¿Se han echado atrás? —preguntó Harrison.
—Casi, pero conseguí resolverlo. —Hice una pausa, tratando de pensar en cómo resumir toda aquella locura—. Se produjo un… malentendido cuando el novio se dio cuenta de que la novia y yo habíamos salido juntos.
—¿Saliste con ella? ¿Hace poco? —preguntó Harrison.
—No, fue hace años —aclaré.
—¿Y por qué iba a enfadarse ese tío por unas cuantas citas hace años? —preguntó Logan.
—Bueno… —empecé—, fue algo más que unas cuantas citas. Estuvimos juntos varios meses.
Un trío de caras sorprendidas me miraba desde la pantalla.
—¿Meses? —repitió mi padre—. Saliste con alguien durante meses ¿y nos enteramos ahora?
—Cuando mamá empezó a mostrar síntomas, Kristen y yo todavía estábamos en la primera fase de nuestra relación —expliqué—. Me pareció que era demasiado reciente como para presentárosla en medio de todo lo que estaba pasando, y entonces…
Todos sabían lo que había ocurrido entonces. Mamá pasó por una serie de médicos hasta que, por fin, le diagnosticaron un cáncer. Después de eso, la enfermedad empeoró con rapidez.
—Kristen intentó apoyarme durante todo aquello, pero era bastante joven aún. Solo tenía veintiún años, y sus propios problemas, porque había perdido a sus padres cuando era pequeña. No sabía cómo darme el apoyo que necesitaba, y no pasó mucho tiempo antes de que todo se viniera abajo.
Ellos se quedaron callados.
—Oye, siento mucho que nosotros no te apoyáramos —dijo Logan por fin—. No tenía ni idea de que estabas pasando por una ruptura, encima de todo lo demás.
—Creo que no nos enteramos ninguno —confirmó Harrison—. Deberíamos haberte prestado más atención.
—No pasa nada. —Me encogí de hombros—. Todos teníais mucho de lo que preocuparos, no hacía falta que os preocupaseis por mí también.
—Sí que pasa —insistió mi padre—. La familia está para apoyarse unos a otros, y nosotros no lo hicimos contigo. No deberías haber pasado por eso tú solo.
No lo había dicho para fastidiarme, pero no pude ignorar la comparación evidente.
—Lo siento, papá, pero tampoco es que hayas dado buen ejemplo de cómo compartir tus sentimientos para que los demás podamos apoyarte. No olvides que te callaste lo de tu posible cáncer hasta que se descartó del todo.
Él lo pensó durante un momento.
—Y eso es lo que me ha demostrado que debía cambiar. Vi lo mucho que os disgustó que no os dijera nada. Pero, al menos, de aquello salió algo bueno, y eso es lo que estamos haciendo ahora. —Hizo un gesto hacia la pantalla—. Estamos conectando, ¿no?
—Cierto —asentí—. Pero bueno, esa es la razón de lo que ocurrió el otro día.
Kristen se disgustó por algo que ocurrió mientras elegían un florista para su boda, y yo me acerqué para reconfortarla.
No me di cuenta de que mi micrófono seguía encendido, y el productor me escuchó hablar con ella de cuando salíamos juntos.
Así que sacó el tema delante de su prometido y él perdió la cabeza.
Por lo visto, Kristen le había dicho que había salido con alguien llamado Drew, pero Carter no sabía que era yo.
Cuando ató los cabos, creyó que se lo habíamos ocultado porque estábamos liados a sus espaldas. Creí que iba a partirme la cara.
—Ay, joder —rio Logan—. Esto se está poniendo interesante.
—Las cámaras estaban grabando cada instante de la escena —continué—, así que me entró el pánico y… Bueno, dije que Kristen no me interesaba nada porque estaba prometido con la organizadora de la boda, Emilia.
Se hizo una breve pausa, y luego los tres aullaron a la vez.
—Eso es… —Logan sacudió la cabeza, incrédulo—. Tío, eres un desastre.
—No pasa nada —repliqué—. Solo tendremos que representar la farsa hasta que acabe el rodaje.
—¿Y qué opina ella de todo eso? —preguntó Harrison.
—Está de acuerdo en que a los dos nos interesa seguir con el plan —respondí—. Mejor no hablamos de lo que tuve que negociar para convencerla.
—Complicaciones como esta hacen que me alegre de jubilarme. ¿Telerrealidad? ¿Redes sociales? No, gracias —dijo mi padre—. Hace poco, Candace y yo estábamos hablando de que mi jubilación es…
—¿Quién es Candace? —interrumpí.
La pregunta pareció sorprenderle.
—Oh, es una amiga.
—¿Y tiene opiniones sobre tu jubilación? —preguntó Harrison, en un tono acusador que no se molestó en ocultar—. ¿Cómo es eso?
Mi padre se estaba incomodando por momentos.
—Porque, a mi edad, de eso es de lo que se habla.
¿Por qué os parece importante? Esta conversación no va sobre mí.
Hemos hablado de mi jubilación, y dejemos el tema ahí.
Me voy a jubilar, y punto. ¿Alguien más tiene que expresar una queja, o revelar otra maquinación?
—Hizo una pausa y nos miró a través de la pantalla—.
¿No? Muy bien, perfecto. Os dejo, tengo una partida de golf. Cuidaos mucho, chicos. Os quiero.
Se desconectó antes de que pudiéramos contestar, y nos quedamos atónitos.
—Aquí pasa algo —dijo Harrison—. ¿Por qué se ha largado con tanta prisa? ¿Y quién demonios es esa Candace?
—Sí, a mí tampoco me gusta ese comportamiento —dijo Logan—.
Puede que esa Candace le esté influyendo en algo.
Tal vez sea una estafadora que lo quiere convertir en su sugar daddy.
Si consigue que se jubile, pasará menos tiempo con la gente que conoce y de la que se fía, y más tiempo con ella, bajo su influencia.
Eso es lo que hacen los estafadores. ¿Será esa la razón de su nuevo corte de pelo?
—¿Cuántos años creéis que tendrá? —pregunté.
—No lo sé, pero pienso averiguarlo —murmuró Harrison—. Hay demasiadas preguntas sin respuesta, esto no me gusta nada.
Nos quedamos pensándolo en silencio. Me di cuenta de que ninguno de los tres parecía tener ganas de colgar, lo que suponía un cambio agradable.
—Bueno, supongo que habrá que contar con tu acompañante para la fiesta de revelación de género —dijo Harrison con una sonrisa irónica.
—¿Qué? No, no hace falta —insistí.
—Lo siento, pero tendrás que traer a tu recién estrenada prometida —dijo Harrison—. Será perfecto para tu situación, porque Gwen tiene un montón de seguidores en las redes sociales y publicará la revelación. Si salís vosotros en algunas fotos, eso ayudará a convencer a la gente de vuestra relación.
Lo pensé un momento. ¿Presentar a Emilia a mi familia? No habría sido el plan que yo habría elegido para pasar una tarde, pero Harrison tenía razón. Si no venía, parecería muy raro.
—Vale —suspiré—. Se lo pediré.