Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 6 Drew #2
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6 Drew #2

—Es el uniforme habitual —dije, tirando un poco de mi camisa—. No todos nosotros hemos optado por vestir de modo casual todos los días.

—A mí me resulta más fácil llevar lo mismo todos los días —añadió Harrison.

Nos quedamos mirando el agua reluciente, y admiramos cómo rompía una ola espectacular.

—Joder —dijo Logan en voz baja—. Lo que nos estamos perdiendo.

—Pues habrá que hacer planes para volver con las tablas otro día —propuse.

Era una sugerencia un tanto atrevida, porque en aquellos tiempos nunca pasábamos tiempo los tres juntos. Esperé las excusas inevitables.

—Eso estaría bien —dijo Harrison—. En unos meses, estaré muy ocupado con el bebé, así que hagámoslo pronto.

—Al menos, una vez los tres solos —sugirió Logan—, y luego podemos volver cuando Noah esté conmigo. Quiero enseñarle cómo es esto.

No resultaría fácil organizarme para sacar tiempo para estar con ellos, pero merecería la pena.

Estar bajo el sol con mis hermanos siempre me había parecido lo mejor del mundo.

Aunque hubiera decidido que las relaciones románticas no sobrevivirían al paso del tiempo ni a los problemas, eso no significaba que la relación con mis hermanos tuviera que venirse abajo también porque no fuéramos capaces de encontrar tiempo para estar juntos. Era importante vernos.

—Muy bien, convoco la primera reunión de la Hermandad —dijo Harrison—. El primer asunto del orden del día es: «Papá, ¿pero qué cojones…?».

—Es un error —confirmó Logan—. Lo va a pasar fatal sin nada que hacer todo el día. Tendremos que convencerlo de que siga trabajando de algún modo. Pero ¿cómo? Es demasiado cabezota.

—Habrá que hacerle ver el valor que añade a la empresa, y que lo necesitamos —observé.

—Cierto —dijo Harrison con rapidez—. Ahora mismo, Ashford Jets está trabajando con Rolls Royce en el Reino Unido. Me gustaría ampliar las conversaciones en Europa, y él tiene buenos contactos con Bugatti en Francia, así que yo podría darle algo que hacer allí.

—Sí, y Ashford Cruises está considerando patrocinar un barco en la Copa América. Estoy seguro de que habrá pensado en ello —añadió Logan.

Cogí un puñado de arena y dejé que se deslizara entre mis dedos.

—Yo ya he estado hablando con él sobre mis últimos problemas en Carmel.

—¿Y? —preguntó Harrison—. ¿Qué está pasando? ¿Has conseguido que la gente deje de decir tonterías sobre esa maldición?

—No hay manera, tío —suspiré—. Y el remedio podría ser peor que la enfermedad.

Hemos conseguido una boda muy importante, pero viene con un programa de telerrealidad, que está grabando todos los preparativos de la pareja para el gran día.

Eso significa que tengo que lidiar con las cámaras en las instalaciones, y el estrés de asegurarme de que todo esté perfecto.

—¿Quiénes son? —preguntó Logan—. ¿Los conocemos?

—Depende de lo que veáis en la tele, supongo. —Me encogí de hombros—. O de a quién sigáis en las redes. Son Carter LeMonde y Kristen Healey.

—¿Y son agradables? —preguntó Logan—. ¿O también son inaguantables en la vida real?

—Pues esa es la cuestión. Como están grabando todo el tiempo, no se comportan como en la vida real.

La novia es una actriz a la que conocí hace muchos años.

Es bastante agradable, y es joven. Yo la conocí cuando estaba empezando.

Desde luego que, en muchas cosas, cede ante el novio cuando a él le interesa algo.

Él es un loco del gimnasio y, aunque tengo la sensación de que es buena gente, no es especialmente listo y no piensa las cosas a fondo.

—La típica estrella de la telerrealidad —dijo Logan con simpatía. Él veía a muchas personas así en sus cruceros.

—Así es —confirmé—. Todo eso de los «famosos con cámaras» significa que debemos estar preparados en todo momento. Es demasiado.

—Y aún no tienes un organizador de eventos —señaló Harrison—. ¿Shelby te está ayudando más o eres tú quien se encarga?

—Bueno… —empecé—. Eso acaba de cambiar. He contratado a alguien, por un tiempo.

Me quedé callado, mientras la preciosa y enfadada cara de Emilia se me venía a la mente.

—Has encontrado a alguien. Me alegro. ¿Qué tal es?

—Ella es… —No terminé la frase.

—Un momento, mira su cara. —Logan se echó a reír y me señaló—. ¿Por qué sonríes de ese modo?

—No estoy sonriendo —insistí—. Como mucho, estarás viendo una mueca de dolor, porque esa mujer va a acabar conmigo. Sabe muy bien lo que hace, y es buena negociadora, pero es la hostia de… No sé, ¿rebelde? ¿Combativa? ¿Sabelotodo?

—Ah, así que has encontrado la horma de tu zapato —dijo Harrison.

—Venga ya. Si apenas podemos estar juntos en el mismo sitio.

—¿Qué aspecto tiene? —preguntó Logan.

—Eso da igual —insistí—. Ha venido para trabajar.

—Tú finge que te acaba de robar algo y tienes que dar su descripción a la policía. ¿Cómo es? —insistió Logan.

—De acuerdo —suspiré—. Tiene el pelo castaño y rizado, y me llega como por aquí. —Me llevé una mano a la altura del pecho.

Recordé la forma en que me había mirado desde abajo, cabreadísima por lo de los caracoles. ¿Cómo era posible que pareciera tan espectacular, a pesar del mal humor?

—Sus ojos son, no sé, supongo que se podría decir que brillan. Como si tuviera un secreto y quisiera compartirlo contigo. Y cuando sonríe, aunque eso no lo he visto mucho, le ilumina toda la cara. Resulta contagioso. Dientes bonitos y, unas piernas tremendas, eso debo admitirlo.

—Parece que estás describiendo un caballo de carreras —bromeó Logan.

—O a alguien a quien se quiere tirar —añadió Harrison.

—Venga ya, tíos. Tengo que trabajar con ella, no va a pasar nada.

—Bueno, pero podría —observó Logan—. Salvo que hayas establecido una prohibición de relaciones de la que no estoy al tanto.

—No me interesa que pase nada —insistí, para convencerlos a ellos, pero también a mí.

Me sorprendía a mí mismo pensando en Emilia con más frecuencia de lo que quería admitir.

Necesitaba acabar aquella maldita boda para poder librarme de ella y, hasta entonces, tendría que respetar los límites, guardar las distancias y ser profesional.

Lo último que me faltaba eran más opiniones negativas en las redes sociales, y aún menos en mi vida personal.

Eso sería añadir un insulto a todas las injurias en las que ya estaba intentando activamente no ahogarme.

—Podrías invitarla a la fiesta de revelación de género —sugirió Harrison—. Así veríamos cómo es.

—Sí, asistirá todo el mundo. Hasta Noah.

—Espero que esté preparado para compartir la atención —observó Harrison—. Ha sido el único sobrino y nieto durante mucho tiempo.

—Oh, el chaval está deseando tener un primo —dijo Logan—. Está contando el tiempo que falta.

—Vaya, eso es muy entrañable. No tenía ni idea —observó Harrison con una gran sonrisa.

—Ese chico es lo mejor que hay. —Logan se estiró para darme un puñetazo en el brazo—.

Tú podrías tener todo eso, ¿sabes? Nunca creímos que ese hombretón de ahí fuera a sentar la cabeza, y míralo ahora: casado y a punto de ser un maldito padre.

—Sacudió la cabeza—. ¿Y yo? Nunca pensé en tener un hijo, pero ahora que lo tengo, no puedo imaginarme vivir sin él.

Somos tus mejores ejemplos. Algunas formas de compromiso pueden ser buenas para ti, no un cúmulo de horror y desesperación, como dices siempre.

Cambié de postura. De repente, el sol parecía calentar demasiado y estaba seguro de que se me había metido arena en los pantalones.

—Tampoco es que esté viviendo como un salvaje —repuse—. Ese eras tú, Logan.

—Cierto —confirmó él.

De los tres, él siempre había sido el más callejero, hasta que una noche de sexo bastante poco seguro condujo a un embarazo. Aunque Noah solo pasaba un fin de semana al mes con él, Logan se había calmado mucho, para ser la clase de padre que creía que Noah merecía.

—Es solo que estoy… ocupado. No tengo tiempo, ni ganas, de pensar en relaciones.

Me obligué a no añadir que los romances no duraban nunca. Una vez que se pasaba la novedad, no quedaba nada a lo que agarrarse. Logan tal vez habría estado de acuerdo conmigo, pero sabía que Harrison no.

—Joder —suspiró—. Qué rabia me da no tener la tabla de surf.

—Bueno, volveremos pronto, ¿no? —dijo Logan—. Las cosas van a cambiar.

—Sí, y eso es lo que me asusta —dije entre dientes, mientras toda clase de ideas sobre la restructuración de la empresa y cómo afectaría la jubilación a mi padre me llenaban la cabeza.