Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 5 Emilia #3
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5 Emilia #3

—El programa no trata de nosotros y, sinceramente, cuanto menos me enfoque la cámara, más feliz seré.

—Yo pienso lo mismo —repliqué.

—Entonces, ¿estás de acuerdo en que te has pasado con eso que has dicho?

Eh, un momento…

—Si te refieres a que tú te has pasado al insinuar que soy una especie de aficionada barata, y que podría romper la porcelana buena, o robar las cucharas de plata… —respondí con dulzura.

—¿Así que te ha parecido profesional lo de preguntarme a la cara por el organizador de bodas? —replicó él.

—Bueno, tal vez no deberías cuestionar mis capacidades.

—Y, tal vez, tú no deberías echar por tierra la decisión del novio sobre los entrantes.

—Y tú…

Inspiré para prepararme para otra parrafada, pero cuando percibí su aroma dulce y especiado, me di cuenta de que, de algún modo, me había acercado mucho a él para encararme. Maldita sea, ¿por qué no dejaba de pasarme eso?

Di un paso en firme hacia atrás.

—La pareja tomará sus propias decisiones sobre el menú —masculló con los dientes apretados—. Si nos preguntan nuestras opiniones, se las daremos, pero los dos permitiremos que decidan ellos. ¿Estamos?

Asentí con la cabeza.

—Y, sobre todo, con el fin de mantener las cosas a nivel profesional…

—añadió—, me gustaría hacerte una oferta.

Si haces todo lo posible porque esta boda no tenga el menor problema, y por evitar cualquier drama delante de las cámaras, recibirás una gratificación, a pagar después de la ceremonia.

Sabes cuánto necesito que todo salga bien, así que, ¿cuánto vale eso para ti?

Hice una pausa para asimilar lo que me estaba diciendo.

—Perdona, pero ¿estás intentando comprarme? ¿Quieres decir que mi obligación será contigo, y no con mis clientes? Yo no trabajo para ti, trabajo para ellos.

Su ceño permanente se alzó un poco.

—¿Y si lo hicieras? —preguntó.

—Hacer ¿qué?

—Trabajar para mí.

Me quedé mirándolo un instante. Después, eché la cabeza hacia atrás y me reí como una hiena, tan fuerte que me alegré de que estuviéramos en una habitación cerrada, y sin cámaras alrededor.

—¡Jamás! Por Dios, ni en un millón de años —dije entre risas.

—Lo digo en serio —respondió, acercándose a mí—.

Sabes que necesitamos un organizador de eventos en plantilla.

Podríamos considerar esta boda como una prueba y, después, trabajarías para el hotel y tendrías todas las ventajas de un trabajo fijo y a tiempo completo: vacaciones pagadas, un plan de pensiones, un seguro de salud excelente, alojamiento gratuito en cualquiera de nuestros hoteles.

Y se acabarían los eternos problemas de ser autónoma.

—¿Y por qué te importan mis problemas? —pregunté.

—Me importan mis problemas, y esto resolvería un par de ellos. Te da un incentivo para que la boda vaya a la perfección y el hotel salga bien en el programa. Y, cuando empieces a trabajar aquí, yo ya no tendré que organizar los eventos personalmente.

—¿Después de todo eso que has dicho sobre que no estoy cualificada?

—Cuando estoy irritado, puedo dar golpes bajos —dijo él, de un modo que no sonó nada arrepentido—. Y tú pareces causar ese efecto.

—Ah, ¿sí? Pues te digo lo mismo, capullo. Así que, ¿cómo vamos a compaginar eso con que yo trabaje para ti? —Lo desagradable de la idea me hizo estremecer.

—Tenemos hoteles por todo el mundo —dijo él, encogiéndose de hombros—. Yo no vivo en Carmel a tiempo completo porque viajo mucho. Estoy aquí para hacerme cargo del hotel durante esta época tan difícil, nada más. Solo tendrías que trabajar conmigo durante esta boda, eso sería todo.

Sacó el teléfono del bolsillo y dio unos toques a la pantalla.

—Haré que te merezca la pena.

Drew levantó el teléfono para enseñarme la descripción del puesto y señaló el salario en la pantalla.

—Si estás de acuerdo con mi propuesta, te pagaré el doble de esto.

Me obligué a mantener una expresión normal porque, la leche, eso era un montón de pasta.

Me permitiría terminar todas las obras de casa de golpe, con materiales de la mayor calidad, y hasta alquilar un piso en el que quedarme hasta que terminaran los trabajos.

¡No tendría que aguantar más obras! El abuelo y Winston estarían encantados.

Y, siendo sincera, el puesto parecía increíble.

Sí, me encantaba organizar bodas, pero en el hotel se celebraban toda clase de eventos: galas, celebraciones sociales, eventos benéficos…

Todos ellos representaban un tipo de desafío diferente, pero sería fantástico no tener que lidiar todo el tiempo con novias infernales.

Y cobrar un salario fijo, y tener vacaciones, y bajas.

Y un plan de pensiones. Pero tenía que mantener la calma.

—Es interesante.

—¿Y bien? —Hizo un gesto circular con el dedo en el aire, porque el resto del grupo estaba volviendo a sus puestos alrededor de la mesa—. ¿Eso es un sí?

Oh, ¡cómo me gustaba dejarlo en ascuas! ¿Estaba a punto de cometer un error? Era posible, y las próximas semanas no serían sencillas. Pero la recompensa haría que todo mereciera la pena al final. Le tendí una mano.

—Ponlo por escrito, y tenemos un trato.