Cómo matar a un cisne 68
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M organ se tumba en la cama, mira el techo y piensa en todos sus hijos. Se hace preguntas que ya se ha hecho otras noches y que no consigue responder, como quién es el topo, quién puede haber intentado matar a Maximus o si podría haber algo entre Austin y Jack.

Recuerda el aluvión de titulares que se publicaron sobre el actor y el futuro cantante a raíz de la supuesta conversación que el topo escuchó en la terraza.

La opinión general del público fue que Rebecca Collins se lo había inventado para conseguir nuevos lectores y Morgan también había llegado a la misma conclusión.

El problema es que ella siempre ha creído que entre Austin y Jack no hay nada porque eso es lo que quiere creer.

Pero ahora, con la sábana hasta el cuello, se pregunta: «¿Y si el topo hubiera dicho la verdad?

». Al fin y al cabo, toda la información que ha filtrado hasta la fecha sobre los Brooks es cierta.

Eso la deja pensando y dando vueltas en la cama.

Media hora más tarde, el agotamiento hace que se quede dormida buscando una solución.

Los primeros rayos de sol dibujan rectángulos de luz sobre sus sábanas de satén.

Morgan se da una ducha fría, se seca el pelo y se maquilla tapando todas las pequeñas imperfecciones que van saliendo con la edad y que el bisturí no consigue eliminar del todo.

Como toque final, se pinta los labios con su labial rojo de Chanel mirándose en el espejo del tocador.

El Cisne Negro sonríe a su reflejo y llama al ascensor.

—Buenos días, Morgan, ¿ha dormido bien? —Rosario la estaba esperando en la cocina con el desayuno hecho y servido en una bandeja de plata.

La actriz no responde y bebe un sorbo de café. Su pintalabios queda impreso en la cerámica blanca; da la sensación de que la taza está cubierta de sangre.

Se queda unos minutos observando la taza, pensando en Austin y Jack.

Y entonces, antes de que el café se enfríe, se le ocurre una idea.

—Rosario.

La voz de Morgan hace que la criada regrese corriendo a la cocina.

—¿Hay algo más que pueda hacer por usted?

—Tráeme el ordenador.

Rosario vuelve con él en menos de un minuto, pero no sale de la cocina, sino que se mantiene con las manos unidas en su regazo esperando una nueva orden.

Morgan despega los ojos de la pantalla.

—¿Piensas quedarte mirándome todo el rato?

—No, lo siento.

La criada se marcha.

El Cisne Negro redacta una nueva regla que se añadirá a la competición.

Cuando termina, pincha para publicarla.

Todas las televisiones de la mansión se actualizan a la vez.

Austin y Jack, cada uno desde su habitación y recién levantados, miran la pantalla y descubren algo que los afecta directamente a los dos:

Si en algún momento el ganador comparte la herencia con otro Brooks, tendrá que renunciar a ella de forma inmediata y se verá obligado a devolver todo el dinero que se haya gastado.

Las pantallas están bloqueadas y lo único que pueden hacer los hijos del Cisne Negro es leer una y otra vez la nueva regla, pero no pueden acceder al menú para ver la clasificación o las pruebas.

Ni siquiera funciona el lector que les permite ver sus pruebas individuales.

Austin ya lo ha intentado en la suya y no sucede nada.

El actor apaga y enciende la tele, pero sigue sin funcionar.

Como último intento, tira del cable y la desenchufa.

Cuando la vuelve a encender, sobre el fondo negro de la pantalla aparecen escritas las mismas letras en blanco.

—Pues nada, esto se ha roto.

Austin, al igual que el resto de sus hermanos que lo intentan en sus respectivas habitaciones, cree que se trata de un fallo del sistema; pero no ha habido ningún error. Esto, al igual que todo lo que sucede en torno al juego de la herencia, vuelve a ser cosa de Morgan.

Ella ha programado una cuenta atrás y todas las televisiones se desbloquearán a la vez en media hora. Entonces, la pantalla mostrará la clasificación.

Morgan no quiere estar presente cuando eso suceda, porque se imagina los gritos, la desesperación y el llanto. Porque sí habrá una lista, pero no seguirá ningún orden específico, ya que no será de un recuento de puntos, sino un recuento de participantes.

De los nueve que siguen compitiendo.

Uno de ellos no estará .