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–¿Por qué quieres ser cantante?
—Es mi sueño desde que era niño, y ahora, por primera vez, siento que es posible.
Carter Edwards junta los dedos y apoya los codos sobre la mesa de su despacho.
Es un hombre pequeño y delgado con la cabeza y la nariz demasiado grandes.
A sus espaldas, una estantería que llega hasta el techo expone las fotos con los famosos con los que ha trabajado y los premios recibidos a lo largo de su trayectoria profesional.
Hay discos de oro, discos de platino, un Grammy, recortes de revistas en los que se leen titulares como: «Carter y la fábrica de estrellas»…
—No te he preguntado desde cuándo quieres ser cantante, te he preguntado por qué.
—Porque cuando canto siento que la gente me ve.
—Yo te estoy viendo ahora y no estás cantando.
—Siento que, cuando canto, la gente me ve a mí de verdad, por dentro. Usted ahora está viendo solo a un chico, pero no sabe nada sobre mí.
—Bueno…, eso de que no sé nada… Últimamente has salido bastante en la prensa del corazón. No sales de una y te metes en otra…
Cuando All The News publicó su número especial de verano y se hizo eco del enfrentamiento entre Austin y Jack, la gente se dividió para apoyar a uno y criticar al otro.
Pero cuando salió la noticia de que los dos hijos del Cisne Negro podrían tener algo , todos parecieron olvidarse del episodio de la navaja y el puñetazo o de que Austin había enganchado a Jack del cuello de la camiseta después de su entrevista con Rebecca Collins.
A la gente ya no le importaba tanto que se llevasen mejor o peor; la gente solo quería saber la verdad.
Conocían la versión del topo, pero faltaba la de los propios protagonistas, y estos no habían dicho nada.
Todos se preguntaban lo mismo: «¿Por qué los chicos no se pronunciaban? ¿Era por su madre? ¿Morgan les había prohibido hacer declaraciones públicas? ¿De verdad habían estado Austin y Jack a punto de besarse?».
El Cisne Negro habló con los dos. Ellos le dijeron que era mentira y entonces Morgan, en lugar de pensar qué hacer para solucionarlo, dejó que el tiempo pasase y que la gente siguiese preguntándose qué había realmente entre Austin y Jack.
Austin continuó manteniendo su falsa relación con Sarah, que se convirtió en un gran apoyo para él, y la gente, poco a poco, empezó a decir que quizás Austin no era gay, y eso hizo que todos fueran en masa a por Rebecca Collins, a la que acusaron por su falta de profesionalidad al haber extendido un rumor sin tener ninguna prueba.
Ni siquiera sus hermanos se han llegado a creer la noticia. Los siete —porque Chloe sabe la verdad— coinciden en que es imposible que entre Austin y Jack haya nada.
Cuando leyeron la noticia, lo primero que pensaron fue: «El topo se lo ha inventado para intentar cargarse la carrera de Austin. Sabe que, si no hace algo, Austin Brooks terminará ganando la herencia. Por eso el topo es uno de nosotros».
La hipótesis llegó hasta Morgan, que ya sospechaba de uno de sus hijos. Era lo que más sentido tenía: el topo había ido a por el contrincante más fuerte. Al ver que todo encajaba, Morgan dejó de estar pendiente de Austin y Jack. Era una tontería pensar que esos dos pudieran acabar acostándose.
Rebecca, nerviosa ante el aluvión de comentarios negativos, llegó a pensar que Chloe le había tomado el pelo.
Esta le aseguró que sabía muy bien lo que había oído esa noche, pero no importaba si la escritora decía la verdad o no, porque Collins seguía enfrentándose al mismo problema: las críticas contra la revista cada vez iban a más y temía que su puesto de trabajo estuviera en riesgo, así que decidió tomarse un tiempo sin escribir ni una palabra sobre los Brooks.
En la última llamada telefónica, Rebecca le dijo:
—Las cosas han cambio, Chloe. Ahora mismo estoy con las manos atadas. No puedo arriesgarme a hablar del Cisne Negro. Si la gente vuelve a decir que me lo estoy inventando, podrían echarme de la revista.
Chloe no entendía por qué la situación era tan grave.
—Las revistas del corazón siempre han publicado lo que les ha dado la gana.
—Pero All The News no es solo una revista del corazón, también habla de temas más serios, y a mis jefes no les hace ninguna gracia que la gente haya empezado a llamarnos All The Fake News .
No van a darme más oportunidades, Chloe.
No después de la que se ha liado con Austin y Jack.
Y eso que en ningún momento afirmé que hubiese beso.
Dije que habían estado a punto de besarse, y que era algo que podía pasar porque Austin le había dejado la puerta abierta.
Pero a la gente le encanta sacar las cosas de contexto y ahora unos me acusan de haberlos sacado del armario a la fuerza, otros de habérmelo inventado todo y el resto me llama «hija de puta».
—Lo siento mucho —se disculpó Chloe—, nunca pensé que pudiera volverse en tu contra.
—Imagino que es muy cómodo quedarse en la sombra y que nada de esto te salpique. Pero yo soy la cara visible, Chloe, y me está tocando comerme todo el problema.
—¿Y qué quieres que haga?
—Que lo soluciones. Tráeme algo que pueda usar contra el Cisne Negro, pero que pueda demostrar. Me da igual: una grabación, fotos… Lo que sea. Con eso salimos ganando las dos: tú hundes a tu madre y yo recupero mi credibilidad.
Chloe le prometió que lo haría y cerraron el trato.
Ahora, Jack mira a Carter Edwards e intenta convencerle de que no va a seguir metiéndose en más polémicas, ignorando que Chloe tiene otros planes para él.
—No tengo nada con Austin Brooks —asegura Jack—. Lo que dijeron en esa revista es mentira.
—¿Como la pelea y las fotos que publicaron en verano?
Jack se queda callado.
—Me da igual si es mentira o no —dice Carter—. Lo que me importa es lo que la gente crea.
—La mayoría están de nuestro lado. Hasta hicieron una campaña en contra de All The News .
Es cierto. Al final Austin y él, a rasgos generales, han salido ilesos de la polémica. Agosto y septiembre han sido meses complicados, pero, gracias a esa campaña en contra de la revista, las cosas parecen haberse calmado un poco con la llegada de octubre.
—Mira —dice Carter—, en realidad el tema de las polémicas no sería un problema si cuando cantases me hicieras sentir algo.
Al final las estrellas también tienen polémicas, y todo ese ruido que te rodea ahora mismo podemos aprovecharlo a nuestro favor.
Nos interesa que tu nombre salga en las revistas porque eso nos sirve de publicidad, pero solo si tienes algo que decir.
¿Quién es Jack como artista? Para crear una estrella hay que construir una narrativa que sustente al personaje; es en lo que más tendríamos que trabajar.
Y sé que tú estás decidido a convertirte en una estrella.
—Sí. Lo estoy.
—También sé que tienes muchas ideas y que quieres que empecemos cuanto antes a hacer música. Que eres «el chico del momento», que tus antiguos padres adoptivos dijeron que eras violento y… ¿Qué más? Inestable e impulsivo.
—Pero yo no…
Carter lo interrumpe.
—No te gusta cortarte el pelo, eso también lo sé. Y todas las cosas que dicen sobre ti y Austin. Lo sé todo . Pero solo lo sé porque tu madre es el Cisne Negro, no por la actuación que acabas de hacer.
Jack traga saliva.
—Entonces no le ha gustado.
—Al contrario, me ha gustado.
—¿Pero?
—Tienes un timbre de voz muy especial, pero tus canciones no me sirven. Yo no me molestaría en producirlas.
—¿Tan malas cree que son?
—Lo son si dicen poco o nada sobre ti, y podrían estar hablando de cualquier persona.
Cuando te miro no te veo por dentro, te veo por fuera; y lo que veo me deja con muchas incógnitas, porque sigo sin saber quién eres en realidad —dice, y después extiende sus manos sobre la mesa y separa los dedos—.
¿Ves mis uñas? Yo si me quedo sin uñas es porque me las muerdo, no por estar rascando para conocer el fondo de una persona.
Me aburro si tengo que esperar demasiado.
Tienes dos minutos y medio para decirme quién eres, lo que dura la canción, y no me ha quedado nada claro.
Jack suelta un suspiro aceptando que lo ha hecho lo mejor que ha podido y que no ha sido suficiente, pero entonces el señor Edwards esboza una sonrisa calmada, apoya la espalda en el respaldo de su larga silla y le dice: —Pero haremos que eso cambie.
Haremos que la gente olvide que eres el hijo del Cisne Negro y te convertiremos en una estrella.
A Jack se le ilumina la cara y le invaden tantas emociones que no sabe qué responder.
—El primer paso podría ser aprovechar tu polémica con Austin. Algunas polémicas hacen que crezcas en lugar de empequeñecerte, pero para eso hay que saber controlarlas, y resulta que yo sé hacerlo. Dime, ¿qué tienen en común la gente que te critica y la que te apoya?
Se aclara la voz y lo medita.
—Que todos hablan de mi orientación sexual.
Carter sonríe porque se le ocurre una idea.
—Genial. Empezaremos a trabajar con eso. Te quiero en mi estudio mañana por la mañana.
—¿He pasado la audición?
—No.
—¿Entonces?
—Entonces… vienes mañana con todas las demás canciones que hayas escrito.
Quiero ver si hay algo que podamos salvar, pero, sobre todo, quiero que cantes unas que tengo yo por ahí guardadas.
Son canciones que pensaba dárselas a otro artista, pero si me demuestras que puedes decirme quién eres cuando las cantes…
—¡Se lo demostraré!
—En ese caso, las canciones pasarán a ser tuyas y yo seré tu productor musical.
—No le fallaré, se lo aseguro.
—Eso espero, porque tengo el nombre perfecto para ti.
—¿Cuál?
—Te lo diré si superas la prueba.
A la mañana siguiente, Jack se reúne con Carter Edwards en el estudio.
Primero escuchan la maqueta con la letra cantada y después la base sin la letra.
Entonces, hacen varias tomas hasta que Jack encuentra el tono y el ritmo adecuados.
Se siente cómodo cantando algo que no lo expone ni le hace sentir vulnerable.
Cuando se encierra en la cabina para grabarla, se deja llevar y se divierte como un niño en un parque de atracciones.
En la tercera toma, Carter levanta el pulgar a través del cristal para que Jack deje de cantar, y le dice: —Tengo una buena y una mala noticia.
Jack suelta el micro de pie y se quita los auriculares.
—La mala siempre primero.
—La mala es que la canción es sexual y tu voz no transmite sensualidad. Cuando cantas, lo haces como si no supieras de lo que estás hablando.
—Lo puedo hacer mejor.
—Esa es la buena noticia: te voy a dar otra oportunidad. Está bien, quiero que cierres los ojos y que pienses en la última vez en la que has sentido ganas de besar a alguien.
Jack vuelve a ponerse los auriculares y a tomar el micro. Cierra los ojos y el recuerdo le lleva hasta Austin.
Empieza a cantar sin dejar de imaginarse en la terraza con él: es de noche y ninguno de los dos puede dormir, se van acercando hasta que el camino que siempre los hace coincidir los deja a un palmo de distancia.
Entonces, como en su imaginación no existe el miedo, se ve inclinando la cabeza hacia Austin y besando su boca.
Sus labios lo acompañan durante el resto de la canción, y el beso termina cuando deja de cantar y abre los ojos. Se quita los auriculares y mira a Carter, que está aplaudiendo.
—Vale. No sé en qué has pensado, pero a esto me refería. Esto es justo lo que quiero.
—¿De verdad?
—Aún puedes hacerlo mejor, pero vas a firmar conmigo. Ya no vas a ser Jack Brooks. A partir de ahora, todos te conocerán como el Ángel Caído .