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E l Rolls-Royce negro aparca en los estudios y Morgan entra en el plató acompañada de Owen.
—Hola, Morgan.
—Hola, Daphne.
Daphne mira detrás de Morgan. Esperaba ver a otra persona además de a su guardaespaldas, pero parece que no ha traído a nadie más con ella.
Morgan le hace un gesto a Owen para que les deje espacio; quiere hablar a solas con su amiga. El hombre se aleja unos metros sin perder de vista a la actriz.
—¿Y Grace? —pregunta Daphne a bocajarro.
—¿Cómo dices?
—¿No venía contigo? El director os esperaba a las dos.
Morgan frunce el ceño.
—No. Claro que no viene conmigo.
—¿Y ahora por qué pareces enfadada? Me dijiste que estabas de acuerdo con esto, que lo haríais.
—No —replica Morgan—, dije que yo haría la película. En ningún momento accedí a que Grace también saliera.
Daphne responde, más calmada:
—Pero… Morgan. Es una gran oportunidad para Grace.
Ese papel le va como anillo al dedo y la alejaría de la serie infantil en la que la tienen encasillada.
Si graba contigo, la llamarán para nuevos proyectos.
¡Sería un gran impulso para su carrera como actriz!
¿No dices siempre que quieres lo mejor para tus hijos?
—Sí, pero como ya habrás podido leer en las noticias, mis hijos están compitiendo por mi herencia.
Morgan desbloquea su móvil y le da la vuelta para enseñarle a Daphne el titular que ha publicado All The News : «El Juego de Morgan», o cómo hacer que tus hijos se maten por la herencia.
—Me he enterado, sí —dice Daphne—. Lo he leído esta mañana. También me he comprado la revista porque salían Austin y Jack.
—No están juntos —asegura con rotundidad la actriz.
—De acuerdo, no lo están. Pero no hace falta que te enfades conmigo. Ni siquiera me ha dado tiempo a comentar nada.
—No me enfado contigo, pero me molesta que esa tal Collins se invente bulos sobre algo que podría afectar a la trayectoria profesional de Austin. No sé, quizá debería cortarlo de raíz… Ponerme en contacto con ella y aclararlo todo.
—Rebecca Collins solo va a intentar sacarte más información. Le interesa tener material jugoso y hacer la pelota más grande, no deshacerse de ella. Nadie renuncia al dinero, y hablar de vosotros le da dinero a la revista.
—Lo sé, por eso hacen cosas moralmente cuestionables. Como sabrás, tanto las fotos del camerino como la conversación que mantuvieron en él era algo privado. Ya he interpuesto una denuncia.
—Les sale a cuenta pagar la multa.
—Pero la tendrán que pagar —replica Morgan—. Lo que todavía no me entra en la cabeza es que también sepan lo de la herencia. ¡Incluso saben que Jack va a hacer una audición con Carter Edwards!
Daphne asiente, pensativa.
—La cosa se está descontrolando.
—Hay un topo entre nosotros. Alguien le está pasando información a Collins.
—Y… ¿tienes alguna idea de quién puede ser?
—Es uno de mis hijos. Al principio no dudé de ninguno.
De hecho, pensaba que era Gus. Ya sabes, por haberlo despedido —dice Morgan, frunciendo ligeramente el ceño al recordar a ese hombre desnudo con su hija Natalie—.
Pero hay cosas que han pasado después de su salida, como lo de que le haya conseguido a Jack la audición con Carter, así que no ha podido ser Gus.
Tampoco creo que haya sido Jack. Alguien nos debió escuchar cuando hablé con él en el estanque.
En cualquier caso, encontraré a la persona que esté poniendo al tanto a esa arpía sobre todo lo que pasa en mi casa.
Y, si no lo hago yo, lo hará alguno de mis hijos. El que lo descubra me lo dirá.
—Pareces muy segura de ello.
—Porque me he encargado de que así sea.
—A propósito, ¿por qué tus hijos lo llaman «El Juego de Morgan»?
—Me han dicho que fue idea de Maximus.
—¿Y qué tiene que ver ese juego con Grace?
—Todo —dice Morgan—. Si le consigo a Grace ese papel, si salimos las dos en los carteles, le estaría dando una gran ventaja sobre los demás.
Grace conseguiría impulsar su carrera sin esfuerzo, y eso me obligará a regalarle puntos y más puntos.
Pero si quiere escalar posiciones para ganar, tendrá que conseguir que le den los papeles por su propia mano, igual que hice yo en su día.
Bueno, igual no. Yo tenía a mis padres moviendo los hilos por detrás para que echasen abajo los papeles que ya eran míos.
Grace no tendrá una madre que le quite nada, pero tampoco me voy a convertir en la madre que se lo da todo en bandeja.
Si quiere ganar, que se esfuerce en ser una buena actriz y superar las pruebas.
—Ya veo —dice Daphne, frotándose el mentón con los dedos, sin sonar convencida—. Y te parece bien hacer que tus hijos compitan entre ellos y que solo uno se vaya a quedar con tu dinero. Yo pensaba que ibas a repartirlo de forma equitativa.
—Las cosas han cambiado —responde con sencillez.
Daphne entrecierra los ojos, una de sus comisuras sube por encima de la otra.
—No para todos.
Morgan le clava la mirada.
—¿Qué insinúas?
—Jack. Ese chico… A él no dejas de ayudarlo. Primero te vas de compras con él, le haces un cambio de look … y después le consigues una audición con Carter Edwards, el mejor productor musical que se haya visto en años. ¿Por qué?
—Es el último que ha llegado a la Casa del Cisne —responde Morgan, intentando justificarse—. Lo más justo es que al principio le allane un poco el camino.
—Pero le estás ayudando más que al resto. Rubí lleva años intentando hacerse un hueco en la industria de la música y nunca le has dado una oportunidad como la que le ofreces a Jack.
—A ella también le conseguí una productora en su día. Rubí es feliz grabando sus canciones. Cada persona tiene un camino distinto.
—La mayor parte de la promoción que hace Rubí es a través de TikTok. No hay una apuesta real detrás de su proyecto. La productora con la que firmó no se acerca, ni de lejos, a lo que Jack puede conseguir trabajando con Carter Edwards. ¿Sabe Rubí lo de Carter?
—No. Bueno, supongo que ahora sí lo sabe.
Daphne sonríe.
—¿Por qué siento que hay algo que me estás ocultando?
Morgan finge no saber de qué le habla.
—Eres como una madre para mí, Daphne. Entre nosotras nunca ha habido secretos.
Daphne hace una pausa, cruza los brazos, se queda mirando esos ojos azules que han robado el corazón del público.
—Y tú eres una gran actriz, pero sé reconocer cuando mientes.
Morgan se pone más seria.
—No lo hago. Te estoy diciendo la verdad.
—No pasa nada, Morgan, todo el mundo tiene secretos. Yo también tengo los míos. Pero me da que tú me escondes más de uno. Mira, no sé por qué eres tan generosa con Jack ni por qué parece que nada de lo que haces por él es suficiente, pero tengo la sensación de que te sientes en deuda con ese chico.
Morgan suelta una risotada como si Daphne acabara de decir una estupidez. Luego, sin dejar de reír falsamente, su mano se ciñe con fuerza en su bolso de Celine. Está nerviosa y se muere de ganas de sacar su pintalabios rojo.
—Bobadas. Ya te he dicho que solo lo hago porque ha llegado el último. Sin mi ayuda, Jack no va a tener ninguna posibilidad de competir con sus hermanos en igualdad de condiciones.
Daphne comienza a enumerar las trayectorias profesionales de alguno de los hijos de la actriz:
—Los días de Natalie como influencer han terminado.
La gente cada vez lee menos, así que Chloe lo tiene bastante difícil como escritora.
Jessie no consigue hacer reír a la gente; su show es nefasto y la crítica no es buena.
Las canciones de Rubí no suenan en la radio.
Y Maximus ha tenido que suspender todas sus funciones por… el accidente.
—¿Y tengo yo la culpa de que a ellos no les vaya bien?
—No. Solo era para recordarte que esos cinco tampoco tienen ninguna posibilidad real de ganar. La mayor parte de los puntos solo los pueden conseguir si tienen muchísimo éxito con su carrera, y no pinta bien para ellos. Lo más seguro es que se queden estancados con los que tienen ahora.
Eso último, la dinámica de los puntos y las pruebas, también lo sabe gracias a la revista.
De hecho, el topo ha filtrado la lista completa de pruebas generales.
Aunque no ha compartido ninguna de las individuales para así no revelar su identidad.
Por eso Morgan está convencida de que es uno de sus hijos.
—Bueno, pero luego hay cuatro que sí —replica el Cisne Negro—. Nolan ha hecho tres sold out seguidos…
—¿El mimo? Pues al menos yo, desde que salió de America’s Got Talent , no lo he vuelto a ver en la televisión.
Morgan finge no escucharla y sigue mencionando a los hijos que le faltan:
— Besar o morder es todo un éxito y todas las fans están enamoradas de Austin. Grace acaba de estrenar la segunda temporada de Mi mejor amiga es un hada .
—Sí, y a Grace le has quitado la posibilidad de que le vaya aún mejor en su carrera. Parece que has olvidado la lección más importante que te enseñé: entre nosotras nos tenemos que ayudar.
—Yo no le he quitado nada a nadie.
Daphne decide dejarlo estar y pasar a otra hija.
—Te falta Bonnie.
—Mi pequeña triunfa en su canal de YouTube con sus recetas de cocina —dice orgullosa—. Ha publicado un libro de recetas de cupcakes y está escribiendo uno nuevo.
—A Bonnie le va bastante bien, sí. La nieta de una amiga mía tuvo una temporada en la que estaba obsesionada con sus vídeos y quería hacer galletas todos los días. Me dijo que era imposible sacarla de la cocina.
—¿Lo ves? Algunos de mis hijos están haciendo grandes cosas y llevan su carrera hacia arriba.
Precisamente por eso, lo más justo es que Jack tenga las mismas oportunidades.
De todas formas, habrá que ver qué ocurre con él.
Nadie le asegura el éxito. Puede que su música no guste y que todo se quede en un intento fallido.
Daphne permanece unos segundos callada. Después dice:
—Sigo pensando que hay algo que no me estás contando sobre Jack, pero está bien. Si crees que es lo correcto…
—Creo que soy yo la que toma las decisiones. Soy su madre y también es mi herencia.
Las dos amigas se miran a los ojos, dando por finalizada la conversación.
El director aparece y lo primero que le pregunta a Morgan es por qué no ha venido Grace.
Ella le dedica una sonrisa radiante.
—Me temo que ha habido un malentendido. Grace no saldrá en la película.
Esa misma tarde, sale a la luz la entrevista del director dando alguna pista sobre la nueva película en la que se encuentra trabajando.
Cuando lo entrevistaron para el Old Hollywood , el director aún creía que Grace formaría parte del elenco, así que menciona lo entusiasmado que está por ver a Morgan y a su hija juntas en plató; está convencido de que va a ser la película del año.
Grace, desde casa, termina de leer la noticia en el móvil y se le pone la cara roja y los ojos llenos de lágrimas.
De repente, una fuerza oscura y violenta crece de forma incontrolable contra su madre, a la que desea hacer daño para que ella también sufra y sepa qué se siente cuando te arrebatan la que podría haber sido la oportunidad de tu vida.
Vuelve a leer la noticia: el director contaba con ella, quería que ella saliera en la película, y su madre se lo ha impedido, «la zorra de Morgan Brooks».
Odia a su madre. La odia de verdad. Es un sentimiento horrible que hace un momento no estaba y que toma fuerza y ocupa todo su ser, como si ese fuera el lugar que va a ocupar a partir de ahora.
Arroja el móvil al suelo, la pantalla se raja tras el impacto.
Dos lágrimas surcan sus mejillas y entonces se pone a gritar.