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S iguen caminando hasta que atraviesan los árboles que los conducen al estanque. Es ahí cuando Morgan decide romper el silencio preguntándole a Jack:
—¿Cómo os fue a Austin y a ti en la entrevista para All The News ?
Él se pone en tensión. Aunque vaya a salir favorecido, no piensa en lo que ocurrió en esa entrevista, sino en el beso que casi se dieron a principios de mes.
De eso hace ya casi dos semanas.
Desde entonces, Jack a veces siente que Austin y él se miran como si fueran dos desconocidos que se han encontrado en un vagón de tren y sienten un flechazo; ninguno se atreve a pedirle el número al otro, y al final uno de los dos se tiene que bajar.
Con Austin, Jack se sube y se baja a ese tren continuamente.
Le gustaría enfrentar la conversación que tienen pendiente para no seguir tomando el mismo tren. Decirle algo como: «Oye, mira, creo que los dos confundimos las cosas, y solo nosotros podemos hacer que esto no siga siendo incómodo. ¿Te parece si nos olvidamos de todo y empezamos de cero?».
Por supuesto, todo ese discurso sería mentira: Jack tiene claro que no ha confundido las cosas, pero siente un miedo atroz y, como no está acostumbrado al miedo, tampoco sabe gestionarlo.
Así que prefiere una mentira que acabe con esa presión que le oprime el pecho, a seguir recordando el beso que no se dieron y que le persigue todas las noches.
—¿Jack? —La voz de Morgan le saca del trance.
Parpadea, y luego hace un esfuerzo por recomponerse y regresar. Está con su madre en el jardín. Ella le ha hecho una pregunta y espera una respuesta, pero Jack no consigue recordar cuál era.
—Perdón. ¿Qué me has dicho?
—Te he preguntado cómo os fue en la entrevista a Austin y a ti.
Supongo que te sorprenderá que haya esperado al último día para preguntártelo, pero ya estaba bastante preocupada con lo que le pasó al pobre Austin en la piscina…
como para sumar una nueva preocupación. Así que he preferido confiar en que todo salió bien.
Ahora, lo que quiero es asegurarme de que no me he equivocado con vosotros. ¿La entrevista fue bien?
—S-sí, fue bien. —Intenta ocultarle que está nervioso. Se encoge de hombros y finge que las cosas salieron según lo previsto.
Ella levanta una ceja por encima de la otra.
—¿Respondisteis lo que acordamos?
—Eeeh… sí…
Morgan deja de caminar, gira la cabeza hacia su hijo, lo mira de cerca.
—¿Pero?
—Luego la cosa se torció.
Espera una reacción por parte de su madre, pero ella sabe que el silencio es la mejor arma para hacer que la otra persona siga hablando.
—Nos dijimos cosas horribles en el camerino y… nos sacaron fotos. Lo siento. Creíamos que estábamos solos. Ya habíamos terminado la entrevista y… y…
Y como Morgan permanece sumida en ese silencio que cada vez se hace más incómodo, los labios apretados y la mirada fría clavada en él, Jack termina contándoselo todo.
—Está bien —dice cuando el chico termina—. Gracias por contármelo. Veré qué puedo hacer para solucionarlo.
Jack creía que su madre pondría el grito en el cielo, pero ni siquiera parece enfadada con él. Sus ojos azules no reflejan la ira que esperaba encontrar en ellos. No hay enfado, porque otra emoción lo reemplaza con tanta fuerza que no deja espacio para nada más: la culpa.
Morgan se siente culpable con Jack porque lo ha llevado hasta el estanque donde se encuentra el cisne.
Y siempre que vuelve a este lugar, el pasado también regresa a ella; el miedo a que algún día alguien la descubra.
Por eso la actriz se esconde en la Casa del Cisne.
Por eso solo puede hablar con ese cisne sobre lo que hizo.
De no hablarlo con su mascota, ese horrible secreto acabaría con ella.
Aunque, más bien, habla con Christian a través del cisne como si el animal fuera un catalizador…
Sabe que Christian no puede oírla aunque ella intente convencerse de lo contrario, pero a veces creer en pequeños milagros supone la diferencia entre mantenernos a salvo o acabar volviéndonos locos.
Por eso sigue confesando sus pecados al animal y le cuenta todas esas cosas horribles por las que podría acabar en la cárcel.
Cuando termina, Morgan se siente mejor, porque hay alguien, aunque sea un cisne blanco, que la escucha.
Después abandona el estanque y vuelve a ponerse la máscara negra con la que los tiene engañados a todos .