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M organ necesita callar las voces de su cabeza. Necesita encontrar la forma de ponerle fin a la conversación que se reproduce en su mente —una de tantas conversaciones que ha tenido con el cisne, cuando ha venido sola a hablar con él—, porque ahora está aquí con Jack, su hijo.
Y si Jack nota algo raro, podría estar más cerca de descubrir la verdad.
La actriz inhala profundamente. Llevaba conteniendo la respiración desde que han atravesado los árboles y se estaba quedando sin aire. Abre la boca y sus pulmones se expanden en su pecho. El corazón le late tan fuerte que nota el pulso detrás de su oreja.
—¿Qué vas a hacer para ganar? —Morgan lanza la pregunta para protegerse a sí misma de sus propios pensamientos.
A Jack le sorprende que ella le cambie de tema de una forma tan brusca. Aun así, siente un alivio tremendo. Cuando responde a su madre, lo que le dice le parece un sueño imposible de alcanzar.
—Ser cantante y convertirme en una estrella, igual que tú.
Se escucha un chasquido, como si se hubiera partido una rama. Morgan y Jack se dan la vuelta; observan el anillo de árboles que protege el estanque, pero no ven a nadie.
«Será una ardilla», piensa Morgan, y luego le pregunta a Jack:
—Bueno, ¿y cómo piensas conseguir tener éxito?
—Primero necesito un nombre artístico, uno realmente bueno.
Morgan asiente y se concentra en el sueño de Jack para dejar sus preocupaciones a un lado.
—Es importante elegir un buen nombre. El Cisne Negro es un nombre poderoso; evoca fuerza, misterio, belleza y oscuridad. Necesitas algo que la gente recuerde y lo asocie a ti.
Jack baja la mirada al estanque y mira el cisne a lo lejos. Luego hunde las manos en sus bolsillos como si fuese a encontrar dentro un papelito con el nombre perfecto para él.
—Tengo curiosidad —dice Morgan—: ¿Cuántas películas mías has visto?
—Más de diez. Y sé que te dieron un premio por Mamá vive un día más hace tres años. Te lo merecías, hiciste una actuación brillante.
—Tenía claro que iba a ganar —dice, tras recordar la reciente conversación con Daphne—. Igual que sé que algún día ganaré un Óscar.
—Espera. ¿Lo sabías?
—Por favor. —Ríe—. Soy la mejor actriz de Hollywood. Claro que sabía que iba a ganar.
Su seguridad le choca, pero lo que más le sorprende a Jack es que no sabe por qué se le hace raro que una mujer con tanto poder como Morgan se muestre segura de un trabajo bien hecho.
—Pensaba que no sabías que ibas a ganar.
Morgan sonríe levemente. Los rayos de sol que se filtran entre las hojas de los árboles acarician sus pómulos marcados. Sus piernas, largas y delgadas, se mueven hasta detenerse en el borde del estanque, donde el césped es menos frondoso y la tierra se vuelve húmeda y blanda.
Jack se coloca a su izquierda. La cabeza del cisne blanco gira en su dirección al notar un nuevo movimiento.
La actriz se queda mirando a Christian, su cisne. El animal parece devolverle la mirada durante unos segundos antes de apartarla y seguir nadando en otra dirección.
—Era imposible que no me llevase ningún premio con esa película.
Sabía que me lo iban a dar a mí, pero cuando subí al escenario a recogerlo tuve que hacerme la sorprendida y fingir que el resto de mis compañeras se lo merecían tanto como yo para no parecer una bruja.
Pero no estaba sorprendida en absoluto: merecía ganar ese premio porque era mucho mejor actriz que las demás.
Fui tan buena actriz que incluso hice creer a la industria del cine y a los telespectadores que no esperaba ganar esa noche.
—¿Y no te cansas de fingir ser la mujer que todos quieren que seas?
—Sí, pero tampoco tengo muchas más opciones, porque, a pesar de lo que la sociedad presume, el mundo sigue siendo un lugar peligroso para las mujeres poderosas.
Lo mismo sucede con la belleza; todos me dicen lo delgada y hermosa que soy, pero nadie quiere que mi respuesta sea: «Lo sé», porque entonces me tacharían de creída y dejaría de caerles bien.
Necesito convencerlos de que yo no soy consciente de mi belleza ni de lo buena actriz que soy para que me sigan queriendo.
Jack mira a Morgan Brooks y ya no ve solo a una actriz hermosa y con talento, también ve a una mujer inteligente que sabe cómo conseguir que todos la adoren.
—A ti también te idolatrarán —le advierte Morgan.
—¿A mí? —Jack se señala el pecho.
—Sí. Pero, cuando lo hagan, cuando la gente empiece a llamarte guapo y te digan que nunca han visto un pelo tan bonito como el tuyo, acuérdate de hacer exactamente lo que has hecho ahora: sorpréndete; que no parezca que sabes que eres guapo y tienes un pelo precioso. Así empezarás a caerles bien.
—Es que yo no me veo tan guapo.
—Aprendes rápido. Me gusta. —Morgan apoya una mano sobre su hombro.
El gesto es tan maternal que a Jack, que siempre ha querido sentir el amor de una madre, se le encoge un poco el corazón—.
Ahora eres Jack Brooks. Es importante que seas consciente del poder que te da tener ese apellido.
Pero, cuando empieces a convertirte en una estrella, deberás convencer al público de que eres como ellos.
—Es que para mí todos somos iguales.
—No, Jack, no somos iguales. Si fuéramos iguales, cualquiera podría estar en nuestra situación, y no es así. Hay personas que nacen para hacer grandes cosas, y tú eres una de ellas.
El chico puede ver el brillo en los ojos de Morgan, que lo mira como si de verdad él fuera importante para ella, pero él sigue sin saber qué es eso que le hace especial. Le gustaría volver a preguntárselo: «¿Por qué yo? ¿Por qué me adoptaste a mí?».
Se queda mirando el agua del estanque, su propio reflejo, hasta que Morgan dice:
—Aún no hemos hablado del revuelo que se formó contigo en la premier de Grace. Eres «el chico del momento».
—No durará para siempre.
—No, desde luego. En un par de meses nadie hablará de ti si no les das algo a cambio. Pero, visto lo visto, eso ya no va a ser un problema.
—Lo dices por All The News .
—Con las nuevas fotos que van a salir y la discusión que probablemente también han escuchado, vas a seguir en boca de todos durante bastante tiempo. El mundo del corazón se va a frotar las manos contigo.
—Yo no quiero que hablen de mí por eso —dice Jack—, quiero que hablen de mi música.
—¿Qué música? Aún no tienes nada.
—Quiero sacar un disco lo más pronto posible.
Morgan ríe con suavidad.
—Eres ambicioso.
—Más bien, competitivo. Y, si quiero llegar a mil puntos, necesito ponerme las pilas. Los demás ya tienen sus carreras consolidadas, pero yo ni siquiera he empezado.
—Bueno, te estás formando y te prometí que te ayudaría si te esforzabas. Y ya me has demostrado que lo has hecho: has mejorado con el piano y tu voz suena más limpia y afinada que antes.
—Gracias.
—De hecho, el motivo principal por el que quería hablar contigo era para decirte que ya te he conseguido la audición con Carter Edwards, el productor musical.
Jack abre mucho los ojos.
—¿Lo dices en serio?
Morgan sonríe como respuesta.
—¡Gracias! ¡No sabes lo que esto significa para mí!
Pero ella lo detiene poniendo una mano en alto.
—No tan rápido. Si quieres trabajar con él, deberás dar lo mejor de ti. Yo te he conseguido una audición con Carter, pero eres tú el que tiene que convencerlo con tu voz y las canciones que has compuesto. Te toca hacer tu parte y debes ser impecable.
Jack es consciente de que nunca volverá a tener una oportunidad como esta. Siente la presión, pero sabe que es ahora o nunca.
—Le demostraré a Carter Edwards que voy a ser una estrella.
Morgan sonríe ante la seguridad de su hijo y, por un segundo, se ve reflejada en él al mirar dentro de esos ojitos verdes llenos de determinación y con un sueño por cumplir, aunque las prisas y las ganas estén motivadas, en cierta parte, por el premio por el que todos sus hijos compiten.
—Perfecto. La audición será el siete de octubre —dice, y luego añade—: Por cierto, Jack…
—¿Sí?
—No le cuentes a Rubí que te he conseguido una audición con Carter Edwards.
—Tranquila, no diré nada.
Ninguno de los dos se da cuenta. No saben que no están solos, que Chloe se ha levantado después de hablar con Rebecca Collins, que los ha seguido hasta el estanque y que desde hace unos minutos los observa oculta tras un árbol.
—Bueno, despídete de Christian —dice Morgan, señalando a su cisne blanco.
—¿Por qué le pusiste el nombre de tu hermano?
Esa pregunta la atraviesa como una daga y Morgan tarda unos segundos en responder. Traga despacio, pero no consigue desenredar los nudos. Su voz sale estrangulada.
—Para sentir que, cuando le hablo al cisne, en realidad estoy hablando con él. —Se arrepiente al instante de habérselo contado a Jack.
—¿Hace cuánto que no ves a Christian?
—Diecisiete años —se oye responder.
El número se pierde entre las ramas y se hace un silencio espeso que lo llena todo.
Los dos se quedan mirando el animal, que está en el centro del estanque, con el sol peinándolo con su luz y haciendo que sus plumas sean más blancas, el agua dibujando ondas alrededor de su cuerpo, el cuello largo con forma de S y las alas recogidas.
El cisne vuelve la cabeza en su dirección y sus ojos enormes y negros se quedan fijos en Jack. A Morgan le parece ver a su hermano en el interior de los ojos del cisne; cierra los suyos y se queda pensando en los ojos de su hermano Christian, verdes como una botella de vidrio .