Cómo matar a un cisne 56
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A mediados de agosto, a tan solo un día de que la revista All The News publique su número especial de verano, Jack se da cuenta de que, aunque esté mentalizado de lo que les espera, teme por la reacción de Morgan.

De momento ha notado que su madre se ponía nerviosa cada vez que la revista subía a las redes sociales alguna foto de Austin y de él con pequeños avances para ir creando expectación; y eso que aún no han desvelado nada de lo que ocurrió en el camerino.

Pero ahora esas imágenes están a punto de salir a la luz.

Jack intenta pensar en otra cosa. Entonces, el recuerdo de lo que estuvo a punto de pasar en su habitación con Austin, cuando él dejó de cantar y el actor estaba demasiado cerca como para disimular que las ganas no lo empujaban hacia su boca, hace que le ardan las mejillas.

No ha vuelto a hablar de ese tema con él.

Sabe que ha solucionado las cosas con Sarah y que son amigos de nuevo porque se lo ha contado, pero los encuentros entre los dos han sido distintos a los anteriores.

Han sido más cuidadosos, como si les diera miedo descuidarse y no proteger sus sentimientos.

No ha habido comentarios subidos de tono por parte del actor ni enfados por la suya; ni siquiera han discutido, porque Austin no lo ha pinchado ni ha seguido con esa dinámica a la que los dos se habían empezado a acostumbrar.

Que estuvieran a nada de besarse ha marcado un antes y un después en su relación.

Desde entonces, cuando han coincidido en algún punto de la casa, se han mirado con intensidad a los ojos.

Y donde antes solo había espacio para la provocación o la desconfianza, se ha empezado a colar una emoción más cálida y difícil de controlar. Es un cambio que han sentido los dos.

El primero en notarlo fue Jack y fue por culpa de Austin.

El actor logró despertar ese sentimiento de ternura en él con un gesto tan sencillo como el roce de unos dedos contra el dorso de su mano: Jack estaba agobiado porque le preocupaba el hecho de que, cuando se metía en la cama y cerraba los ojos, pensaba en Austin y en el beso que casi se habían dado en ese mismo colchón.

Para sacárselo de la cabeza, fue en dirección al baño con la intención de lavarse la cara y Austin salió de su cuarto un segundo después con la intención de asegurarse de que Jack se encontraba bien.

Como Austin tampoco podía dejar de pensar en Jack, también estaba despierto y lo había oído.

—Eh, Jack, ¿va todo bien?

La boca de este se abrió para soltar la mentira y el actor la cazó al vuelo cuando le respondió:

—Perfectamente.

Austin asumió que Jack no iba a contarle qué le pasaba porque seguía sin confiar en él, así que cambió las palabras por el roce de sus dedos contra su mano.

La primera reacción de Jack fue retirarla y tensar la espalda al sentir el tirón, pero la destensó cuando el calor se expandió por su pecho y se sintió confuso.

—¿Por qué…?

Antes de darle la respuesta que buscaba, Austin alzó la vista hasta sus ojos y lo miró de verdad. Se quitó el disfraz de vampiro y le mostró a Jack su cara más vulnerable.

—Porque quiero que sepas que, bromas aparte y aunque se haya creado una tensión rara…, si en algún momento necesitas hablar de algo, yo…

Jack asintió moviendo la cabeza y se despidió de Austin. Aquella noche no le importó dormirse pensando en un vampiro.

Los días fueron pasando, y Jack notaba que Austin seguía pendiente de él. Aún no habían tenido «la conversación», pero los dos se cuidaban mutuamente a pesar de lo que se guardaban por dentro.

Jack también comenzó a fijarse en el estado de ánimo de Austin; quería que estuviera bien. Algunos días ni siquiera se acordaba de que era su rival, e incluso llegó a ofrecerse para ayudarle con un casting dándole la réplica.

Casi sin querer, o porque la inercia y el cariño los empujaba a hacerlo, crearon muchos momentos agradables juntos.

Y esos momentos hicieron que la tensión de lo que se había dejado en el aire se ablandase y tomase una forma distinta.

Morgan fue testigo de ello, por eso dio por superada la prueba individual que le había puesto a Jack: «10 puntos: Demuéstrame que te llevas bien con Austin».

Y, cuando Jack lo vio, en lugar de alegrarse por los puntos que había obtenido le preocupó que Austin creyese que lo había utilizado.

Aquella prueba individual no tardó en revelarse junto a otras que habían superado sus hermanos.

A Jack ni siquiera le había hecho falta engañar a Morgan para ganar los diez puntos, porque era un hecho.

Se lleva bien con Austin, y… algo más; pero eso solo lo saben ellos y el topo.

El resto de su familia solo ve que Austin y él han pasado de estar todo el día discutiendo por tonterías a conseguir llevarse tan bien como para considerarse, además de hermanos, amigos.

Lo cierto es que, desde que Austin ayudó a Jack a deshacerse de la llave y fabricaron ese secreto juntos, cada vez se guardan menos y comparten más el uno con el otro.

Por eso Jack tenía claro que Austin tampoco se guardaría las dudas para él y que acabaría mencionándole lo de la prueba individual en algún momento.

Pero no sabía si se lo diría de pasada o si lo haría desde la desconfianza. Fue lo segundo y sucedió ayer.

Jack lo vio en su rostro: Austin se estaba debatiendo entre si debía protegerse de él y encerrarse en sí mismo, o si podía mantener la puerta abierta. Y para tomar la decisión necesitaba hacerle primero la pregunta clave y luego asegurarse de que el otro le decía la verdad.

Ocurrió en la cocina y lo soltó de sopetón. Aunque antes de liberar lo que le oprimía el pecho, Austin se aseguró de que nadie de su familia ni del servicio estuviera cerca.

—¿Todo esto ha sido por los puntos?

—¿Lo dices por…?

—Sí, por tu prueba —le interrumpió, porque quería quitarse la duda lo antes posible, y porque tampoco sabía de cuánto tiempo disponían antes de que tuviesen que cambiar de tema—. ¿Me has estado utilizando o solo ha sido un daño colateral?

Jack parpadeó y, de pronto, no supo si debía sentirse ofendido.

Le molestaba que Austin lo acusara de algo que él mismo había hecho antes, pero luego volvió a ponerse en su lugar.

Si Austin se lo estaba preguntando era porque se sentía vulnerable.

Además, estaba convencido de que plantarse en la cocina y hablar de esto con él, demostrándole así que el tema le afectaba y le había estado dando vueltas, también debía suponerle un esfuerzo.

—Necesito saberlo —insistió el actor—. Es importante.

Era importante porque confiaba en Jack más de lo que jamás habría creído que lo haría, y quería saber si podía seguir haciéndolo.

Jack se aclaró la voz.

—No te he estado utilizando.

Austin enarcó una ceja, se cruzó de brazos, y luego esperó a que él añadiera algo más.

—Obviamente, sabía que Morgan acabaría dándome la prueba por válida. Pero no pensaba en la prueba mientras hablaba contigo.

—¿Tampoco al principio? —preguntó Austin con reticencia.

—Al principio nos llevábamos a matar.

—Me refiero a cuando empezamos a llevarnos mejor.

—Bueno… reconozco que sí, en alguna ocasión —dijo Jack. Y luego se defendió señalándolo a él—: Pero tú también. A ti te dieron puntos por echarme crema en la espalda.

Austin lo miró a los ojos con tanta intensidad que parecía que iba a meterse en ellos.

—Sí, pero eso era antes.

—¿Quieres decir que ahora no lo harías?

—Quiero decir que ahora no pienso solo en el premio .