51 Antes
Hace veinticuatro años
L as despedidas fue un rotundo éxito. Morgan e Isobel estaban espectaculares, pero la crítica tenía su favorita: Isobel Jones opacó el trabajo de Morgan Brooks, se llevó toda la atención y dejó a la otra en un segundo plano.
Desde que las dos pisaron la alfombra roja, daba la sensación de que todos los que estaban allí sabían cómo acabaría la noche.
Isobel Jones iba a ganar el Óscar a mejor actriz.
Ella fue la primera en posar en el photocall . Morgan posó después acompañada de su novio, Adam Miller, que no dejaba de mirar a Isobel como si viese en ella una luz más brillante.
Adam tuvo que esperar a Morgan, apartado de las cámaras, cuando los medios pidieron entrevistar a las dos actrices juntas. Fue algo que lo enfadó profundamente, pero que supo disimular esbozando una sonrisa impostada mientras la ira se cocía en su interior.
—Ha sido un placer trabajar con Morgan en Las despedidas —respondió Isobel, porque aunque las preguntas fueran para las dos, los micros la apuntaban solo a ella—. Espero que podamos seguir colaborando juntas en nuevos proyectos.
Morgan no sabía que esas palabras eran mentira y que Isobel tenía otros planes.
Cuando anunciaron la ganadora, Isobel subió al escenario y recogió la estatuilla.
El público dejó de aplaudir para escuchar su discurso.
A Morgan, que se encontraba entre la multitud y miraba a su mejor amiga llena de emoción, le sorprendió que Isobel olvidase incluir su nombre en los agradecimientos.
Había mencionado al director, a la productora…
Incluso le había dado las gracias a Adam Miller por llevarle un botellín de agua a su camerino.
«¿Y eso cuándo ocurrió?», se preguntó Morgan desde su asiento.
Ella le había conseguido a su novio un papel pequeño en la película. Él solo tenía una frase y, las demás veces que se había pasado por el estudio, habían sido para acompañarla a ella y con la esperanza de que el director lo contratase para otro proyecto.
Adam también había conocido a Isobel, claro; porque Morgan se la había presentado como una amiga, pues eso eran la una para la otra. Desde el principio las dos habían conectado, y las lecturas de guion y los ensayos previos al rodaje habían terminado de consolidar su amistad.
Morgan había visto varias veces hablar a Adam con Isobel, pero no se había preocupado por ello hasta que su amiga mencionó a su novio en el discurso.
Le parecía extraño que Isobel recordase que su novio había tenido con ella un gesto bonito el año pasado, y que olvidase que la película por la que se llevaba el Óscar la había grabado con su mejor amiga.
Unas horas más tarde, tras finalizar la ceremonia y en los baños, Isobel se golpearía la cabeza con la mano y le pediría perdón.
—Estaba nerviosísima. Se me pasó por completo.
Era mentira; sí se había acordado de ella.
De hecho, al subir a recoger su premio la había buscado entre el público y, luego, al verla sentada con su vestido rojo, Isobel había disfrutado del agradable sabor del éxito.
El mundo había decidido que ella era mejor actriz que Morgan Brooks, por eso su amiga seguía sentada y ella estaba encima del escenario.
Después había mirado brevemente a Adam y había sonreído.
El novio de su amiga también parecía haberla elegido.
—¡Es todo tan raro! —continuó diciendo—. Joder, ¡me han dado un puto Óscar!
Movió la mano en la que sujetaba el premio y luego lo apoyó en el lavabo, dejando la estatuilla brillante y dorada entre las dos.
—Enhorabuena, Isobel —dijo Morgan, notando una punzada de envidia a pesar de que también se alegraba por ella—. Lo has conseguido.
—Perdón otra vez por olvidarme de ti. Ha habido un momento en el que me he quedado en blanco, ¿sabes? Tanta emoción…, tanta gente mirándome… Si te soy sincera, ni siquiera sé si me he acordado de mencionar a mis padres. —Su cara se arrugó durante un segundo—. Dime que sí lo he hecho, por favor.
Morgan asintió.
—Tranquila, lo has hecho.
Isobel se relajó y volvió a sonreír.
—Uf, menos mal. Si no, mis padres me matan.
Las dos se miraron a través del espejo. Morgan respiró hondo e intentó sonreír igual que su amiga, pero el gesto se quedó a medio camino.
Llevaba unas horas dándole vueltas a algo que la tenía preocupada.
Se había fijado de cómo su novio miraba a Isobel mientras ella posaba en el photocall o subía recoger el premio, y luego Isobel había mencionado a Adam durante el discurso, lo que significaba que ella también pensaba en él.
—Oye… lo del… botellín de agua…
—¿Sí?
Estuvo a punto de echarse atrás, porque «seguro que no es nada». Pero luego pensó que esa anécdota que no era «nada» la sabía ahora medio mundo; sabían que Adam había tenido un gesto bonito con Isobel, y que para ella había sido importante.
—¿Pasó algo más? Entre Adam y tú…
Isobel miró a su amiga con horror, y se llevó una mano al pecho.
—¿Me estás preguntando si me acuesto con tu novio? ¿Va en serio, Morgan?
La otra apartó la mirada y se arrepintió al instante; se sintió fatal por pensar que Isobel podía hacerle algo tan mezquino.
Isobel siguió interpretando su papel de amiga decepcionada, lo que hizo que Morgan borrase las dudas de su cabeza y se centrase en cómo arreglar el desastre.
Era la gran noche de su mejor amiga y ella acababa de meter la pata.
Era normal que a Isobel le molestara la acusación, estaba en su derecho de sentirse ofendida. Morgan tenía que arreglarlo.
—Perdona, soy una estúpida. Siento haber dudado de ti.
—Vale.
—De verdad… que no… No sé cómo se me ha podido pasar por la cabeza. Perdóname.
—Te perdono, pero ¿puedo preguntarte algo?
—Claro. Pregunta lo que quieras.
—¿Tú y Adam, estáis bien?
Morgan pensó en él. Recordó las palizas en casa y el cariño con el que luego la besaba en la frente. Recordó la violencia y el amor a bocajarro. Dos versiones opuestas dentro del mismo hombre. Un demonio que se convierte en ángel para luego volver a ser demonio.
Se preguntó a sí misma cómo era posible que estuviera tan enamorada de Adam Miller hasta el punto de creer que no podría vivir sin él.
Se preguntó si tenía algo que ver con sus padres, el amor que ellos le habían negado, el hecho de sentir que ella nunca sería lo suficientemente buena, que siempre habría algo que mejorar: de niña, ella podría haber sido un poco más lista, un poco más guapa, un poco más delgada.
Se preguntó si los traumas que arrastraba de la infancia la habían empujado a caer en los brazos de un tipo como Adam.
Se preguntó si por eso se aferraba a él como si fuera su única salvación…
Y se dio cuenta de que, de alguna forma, así era.
Porque la razón por la que le daba tanto miedo soltar a su novio era que, en el fondo, Morgan sabía que si Adam le rompía el corazón, ella no volvería a amar a nadie.
Quererlo a él era su última esperanza antes de cerrarse completamente al amor, sin importar del tipo que fuera.
Después de Adam Miller, ella no volvería a abrir su corazón a nadie; solo así podría protegerlo y construir un lugar seguro para él.
Cuando miró a Isobel para darle una respuesta, le pareció que su cara se hacía borrosa y líquida como si se derritiera bajo el sol. El problema no era su amiga, era ella. Sus ojos se estaban llenando de lágrimas.
—Creo que sí —respondió.
—¿Aún le quieres?
—Con todo mi ser.
—¿Y él a ti? ¿Crees que aún lo hace?
Las lágrimas rodaron por sus mejillas. Parecía que lloraba sin querer, porque ni sus hombros temblaban ni ella emitía ningún sonido. Era como si no se atreviera a sacar todo lo que guardaba por dentro, por miedo a que su vulnerabilidad volviese a caer en las manos equivocadas.
Isobel la abrazó.
—Eh, no, no. No llores. Oye, espera, ven, mírame. Soy tu mejor amiga, ¿sí o no?
—Sí.
—¿Me vas a contar de una vez lo que te pasa con Adam?
—No… no puedo. Lo siento.
—¿Por qué no?
—Es complicado.
—Soy yo, Morgan. Soy Isobel, tu mejor amiga —insistió—. ¿Confías o no confías en mí?
Ella asintió despacio.
—Confío en ti.
—Entonces cuéntamelo.
Y allí, en uno de los baños de la ceremonia, con un Óscar como segundo testigo entre dos amigas que soñaban con pertenecer a la élite de Hollywood, Morgan le abrió su corazón porque creyó que con ella estaría a salvo y se lo acabó contando todo.
Lo hizo sin saber que, en realidad, Isobel no la estaba ayudando a ella; solo se estaba informando.
Porque, por aquel entonces, Isobel tenía una aventura con el novio de su mejor amiga.
Había empezado el año anterior, durante el rodaje de Las despedidas y con un botellín de agua que había acabado en un polvo rápido en su camerino.
La cosa se había extendido durante meses hasta tornarse cada vez más seria, y ahora que Isobel había ganado el Óscar y creía que eso haría que él por fin cortase con Morgan, quería saber lo malo y lo feo de haberse enamorado de Adam Miller.
En la fiesta de los Óscar, Daphne se acercó a Morgan con dos copas de champán cuando vio que Adam se ausentaba un segundo para ir al baño.
—¿Te lo estás pasando bien?
Morgan miró el líquido dorado y burbujeante contenido en ese finísimo cristal y se imaginó tirándolo al suelo. Quizás así la gente dejaría un segundo de mirar a Isobel Jones y se volverían hacia ella. Quizás así recordarían que ella también salía en Las despedidas .
—Perfectamente.
Daphne bebió un trago de su copa y sonrió con dulzura.
—Estás enfadada.
—Ni siquiera me ha mencionado en su discurso.
—¿Te molesta eso o que se haya acordado de Adam?
—No hay nada entre ellos, se lo he preguntado a ella antes.
—¿Antes?
—En el baño.
No le contó que también había llorado y que, mientras Isobel la abrazaba y ella decidía confiar en su amiga y confesarle que su novio la maltrataba, no había podido evitar quedarse mirando, absorta y maravillada, el Óscar.
Lo recuerda apoyado en el lavabo, justo entre las dos.
Morgan jamás se había sentido tan cerca y tan lejos de un mismo objeto.
Había dejado de mirar la estatuilla cuando una mujer había entrado en el baño y había felicitado a Isobel por la película. La había felicitado solo a ella, no a las dos; como si la película fuera de Isobel.
—¿Sabes qué, Morgan? Que yo estoy orgullosa de la actriz en la que te estás convirtiendo —dijo Daphne.
Morgan puso los ojos en blanco y pensó: «Yo diría lo mismo para intentar animar a una perdedora».
—Eh, lo digo en serio. —La mujer apoyó su mano libre en el hombro de Morgan, y la miró fijamente para que prestase atención a lo que estaba a punto de decirle—: No habrás ganado esta noche, pero te aseguro que tu actuación está muy por encima de la que hizo Isobel.
—No lo dices en serio.
—Mira, Morgan, te voy a ser sincera: antes de que grabaras Las despedidas , pensaba que Isobel Jones era mejor actriz que tú. Pero me has demostrado que me equivocaba.
—¿Y de qué me ha servido? El Óscar se lo han dado a ella, no a mí.
—No importa. Escúchame: tienes muchísimo más que ofrecer de lo que parece a simple vista. Siempre he creído que acabarás siendo una estrella, pero nunca imaginé que aprenderías tan rápido. Con esta película has mejorado una barbaridad.
Morgan Brooks señaló con el champán a toda la gente del mundillo que estaba presente: actores, directores, productores… La mayoría de ellos famosos, todos bien vestidos.
—Parece que esta gente no está de acuerdo contigo.
—Es complicado no tenerle manía a un personaje al que todo le sale bien cuando hay otro que sufre tanto.
La gente siempre se pone de parte del débil, e Isobel Jones era la débil, pero no ha sido la que mejor lo ha hecho de las dos; eso te lo aseguro.
Y sabes que yo no soy de las que van regalando cumplidos como si fueran caramelos.
Morgan meditó las palabras de Daphne y se sintió un poco mejor.
Su representante tenía razón: Emily hacía que Isobel Jones brillase sin apenas esfuerzo.
El público empatizaba con su dolor, con su pérdida, y, cuando la veían tirada de rodillas con esa música triste de fondo, pensaban: «Qué buena es».
En cambio, el personaje de Morgan no gustaba.
Era como si a todos les molestase un poco que Elisabet saliera tan guapa y encima tuviera la suerte de enamorarse, mientras que Emily tenía que enterrar a su novio y luego intentaba suicidarse.
La gente salía del cine con ganas de abrazar a Isobel Jones y con la sensación de que Morgan Brooks no les caía demasiado bien.
Todos, en el fondo, sabían cuál de las dos actrices lo había hecho mejor. Pero eso daba igual, porque todos querían que Isobel Jones ganara esa noche.
Morgan negó con la cabeza y dijo:
—De todas formas, me alegro por Isobel.
Que su amiga ganase el Óscar lo cambió todo: al día siguiente, Adam le dijo que no era la mujer de la que creía haberse enamorado y rompió con Morgan Brooks. Ella intentó buscar refugio en los brazos de Isobel, pero su amiga no respondía a ninguna de sus llamadas.
Lo siguió intentando durante varios días. Y nada.
Era como si a Isobel se la hubiese tragado la tierra.
Por suerte, todavía tenía a Daphne. Ella fue su refugio, además de su hermano Christian. Su representante fue quien la acompañó durante el duelo, quien le abrió los ojos y le dijo que, desde el principio, Adam solo la veía como una oportunidad para cambiar de vida y hacerse famoso.
Una semana más tarde, su ex y su mejor amiga salieron en la portada de una revista paseando juntos por el Central Park. Entonces comprendió la razón de que Isobel ignorase sus llamadas y el corazón de Morgan terminó de romperse del todo.
Ella confiaba en Isobel Jones, pero su amiga la había traicionado y, años después, acabaría casándose con Adam Miller .