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—Mmm… ¿Sí?
Jack mira a Austin a los ojos, sintiéndose un poco culpable por el cajón que está a punto de abrir, y también por caer en lo que parece ser una trampa preparada por el Cisne Negro.
—¿Qué fue lo que pasó para que Morgan comenzase a contratar seguridad?
Nota la rapidez con la que todos los músculos de la cara de su hermano se tensan. Austin aprieta la mandíbula con fuerza y sus ojos azules han pasado de sonreír a convertirse en una línea que parece capaz de cortar. Con su voz sucede lo mismo.
—¿Qué te hace pensar que yo lo sé?
Jack trata de suavizar el tono y contagiar el suyo.
—Morgan me dijo que le daba miedo que volviesen a hacerte daño. —Al ver que su cara se contrae aún más, aclara—: Tranquilo, no me contó qué te pasó.
—Pero sí que sabes que algo sucedió. Supongo que también te dijo que eso tendrías que preguntármelo a mí.
—Sí.
—¿Cuándo tuvisteis la conversación?
—Fue poco después de que me mudase con vosotros.
Cruzan el enorme portón.
—¿Y por qué has esperado tanto para preguntármelo? Un momento. ¿Esto… tiene algo que ver con una prueba?
Jack guarda las manos en los bolsillos, incómodo.
—Qué va.
El actor se detiene en seco en el caminito de piedra.
Jack lo imita y, en consecuencia, el guardaespaldas echa un vistazo hacia atrás y también se detiene unos metros más adelante.
En realidad, ya los ha acompañado de vuelta a casa, pero hasta que el portón no se cierre por completo no habrá cumplido con su deber.
Además, Austin y Jack no son los únicos preocupados: Scott, que sustituye desde hace poco a Gus, sabe que debería haber evitado que les hicieran fotos en el interior del camerino y que escuchasen esa conversación privada.
Como también sabe que, cuando la revista se publique y Morgan se entere, no estará muy contenta de haberlo contratado.
Ahora tiene miedo de perder su trabajo, y no quiere cometer ni un solo error más.
Por eso no se despega de los hermanos, que siguen inmersos en una nueva y tensa conversación.
—Te lo voy a preguntar una última vez —dice Austin—, pero necesito que me mires.
Jack lo mira.
—¿Te lo ha pedido Morgan como una prueba individual?
Él no responde, pero tampoco hace falta que lo haga, porque Austin escudriña su rostro buscando la verdad y se da de bruces con la mentira. Decepcionado, deja escapar una risa amarga.
—¿Sabes? Tiene gracia que luego seas tú el que desconfía de mí.
Jack baja los hombros.
—Lo siento, ¿vale? Tienes razón. No debería haberte…
—¿Cuántos puntos ibas a ganar?
—Austin, ya te he pedido perdón.
—¿Cuántos? —insiste.
—Treinta.
En lugar de alegrarse por descubrirle intentando ganar puntos a su costa, el dolor que le despierta el recuerdo de lo que le sucedió c uando era pequeño le golpea por sorpresa. Es la razón de que sus ojos se hayan llenado de lágrimas que ya no puede contener.
—No vuelvas a preguntarme por eso. Nunca .