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A ustin sigue con los ojos clavados en la sonrisa de Rebecca Collins.
Esa mujer ya tiene lo que quería. Aunque también vayan a usar un par de fotos de la sesión que se han hecho en el estudio, la portada y las fotos que irán en las primeras páginas, repletas de jugosos titulares, saldrán del momento de tensión que acaban de capturar en el interior del camerino.
—Una vez más, ha sido un placer hacer la entrevista con vosotros —dice Rebecca.
Austin la encara.
—Si publicas estas fotos, denunciaremos a la revista.
Rebecca asiente tranquila, asumiendo el riesgo.
—Con el dinero que vamos a ganar, nos sigue mereciendo la pena. Pero mirad la parte positiva: las fotos del camerino no saldrán a la luz hasta que la revista se publique en papel.
—¿Y cuál es la parte positiva? —pregunta Austin.
—Para vosotros, que hasta mitad de mes podréis estar tranquilos. Para nosotros, que de esta forma nos vamos a asegurar de que todo el mundo compre la revista.
—¡Serás…!
—Austin —lo llama Jack, tratando de tranquilizarlo.
El actor inhala por la nariz hasta llenar su pecho por completo. Aprieta su mandíbula y, señalando con la barbilla al chico que sujeta la cámara, escupe:
—Supongo que también le subiréis el sueldo después de esto.
—Oh, seguro que sí.
Austin exhala abruptamente antes de volverse hacia Jack y ofrecerle su mano.
—Venga, rubio. Volvamos a casa.
A Jack le sorprende el gesto que tiene con él. Le sorprende que, en un momento en el que los dos se sienten vulnerables porque han invadido su privacidad, Austin le tienda la mano. Es como si con eso le dijera: «Esto nos afecta a los dos, pero desde ahora somos un equipo».
Sobre todo le sorprende que le sorprenda, porque no es el único gesto bonito que ha tenido con él ese día.
Por eso no duda en aceptar su mano.
—Sí. Vámonos de aquí.
Scott los escolta hasta el coche y, de camino a la Casa del Cisne, Austin se vuelve hacia su hermano.
Jack mira por la ventanilla. Observa la facilidad con la que el paisaje se desdibuja creando una explosión de colores verdes y marrones cuando la mirada se desliza a toda velocidad por las copas de los árboles.
—Esto… siento haber insinuado antes que sentías algún tipo de interés por mí.
Jack se gira en su dirección.
—Tranquilo.
Una pausa, y después:
—¿Ya no estás enfadado?
Antes de responder, baja la vista hasta su mano, donde hace un momento tenía la de Austin.
—No, no lo estoy. Además, me parece más importante pensar qué van a decir de nosotros después de las fotos que nos han hecho en el camerino y de qué forma le afectará a cada uno.
—Y no podemos olvidar que uno de nuestros hermanos ha intentado matar a Maximus. Podría intentar lo mismo con nosotros. También nos tenemos que encargar de eso.
—Veo que el trabajo se nos acumula.
—Y que todo nos lleva a trabajar en equipo —completa Austin.
Los dos se quedan en silencio hasta que el actor lanza una pregunta.
—¿Crees que nos han escuchado?
—¿Los de All The News ? Puede, pero ni idea. En dos semanas lo sabremos.
Los árboles envuelven la carretera mientras el coche atraviesa el bosque y los lleva de vuelta a casa. Jack cierra un momento los ojos. Su cabeza se mueve con el suave balanceo del Rolls-Royce.
Mientras, Austin aprovecha ese nuevo silencio para observar mejor a su hermano.
Mira sus párpados cerrados, su nariz. Sigue bajando unos centímetros más y, tras encontrar lo que buscaba, sus ojos se quedan a vivir en la boca de Jack.
Su mirada azul recorre esos labios una y otra vez.
Lo hace a conciencia, como si quisiera trazar todos los caminos que caben en su rostro para llegar a ellos.
El primero empieza en los ojos, el segundo en la nariz, el tercero en la oreja derecha, el cuarto y más corto en la barbilla…
No importa desde qué punto empiece, todos los caminos terminan en el arco de Cupido.
Lo cierto es que seguiría dibujando caminos nuevos sobre su rostro, pero termina apartando la mirada con brusquedad cuando Jack, con los párpados aún cerrados, pronuncia su nombre.
—Austin…
—¿Sí?
—Recuérdame que te enseñe cómo se engancha a alguien del cuello.
El actor esboza una sonrisa de las suyas.
—Te lo estás tomando a broma, pero… no eres consciente de la repercusión que esto va a tener.
Entonces sí, Jack abre los ojos y se vuelve hacia él.
—Cuando se publiquen las fotos, la gente solo verá a un actor violento pegando a su nuevo hermano. Eso te dejará a ti como el malo de la historia.
—Yo no te he…
—¿Pegado? Lo sé, pero no importa. Me estabas agarrando del cuello, así que la gente completará el resto de la narrativa en su cabeza. Y, si no tienen suficiente con las imágenes, estará lo que escriba el All The News , que seguro que lo exagerarán todo.
Austin se frota la cara con las manos, pensando que Jack tiene razón: cuando All The News publique su número especial de verano, el que va a salir más perjudicado va a ser él.
A no ser…
—¿Y si ven otra cosa y la revista también lo aprovecha?
—¿A qué te refieres?
Austin susurra para que Scott y Henry no le escuchen preguntar:
—¿Y si la gente cree que entre tú y yo…?
Jack niega, y también baja la voz:
—La gente solo verá que tu mano estaba en mi cuello.
—Pero la gente no es estúpida y también se dará cuenta de… lo otro.
—¿Qué «otro»?
—Lo que hay entre tú y yo.
—Pero es que no hay nada entre nosotros, Austin. Solo rivalidad.
—Claro… Pues a ver cómo lo defiendes cuando la gente vea que nos estábamos comiendo con los ojos. Te deseo suerte con eso.
Jack se tensa de golpe. Pero, después de meditarlo, vuelve a hablar en un tono normal:
—En cualquier caso, yo tengo las de ganar y tú las de perder.
—¿Eso crees? —El otro también ha dejado de susurrar.
—Sí. Puede que ahora mismo sea «el chico del momento», pero los dos sabemos que las modas son pasajeras.
Austin asiente.
—Te queda un largo camino por recorrer si quieres que tu nombre siga sonando.
—Exacto —coincide Jack, relajando los hombros—. Pero la gente hablará mucho de lo que ha pasado hoy. Y esa polémica me viene muy bien.
El actor, desde su asiento, lo observa con curiosidad.
—Pareces muy seguro.
—Hombre, con lo que publique la revista voy a conseguir desviar el foco de que soy una persona violenta.
Al final yo ya arrastro dos polémicas. La primera, lo que mis antiguos padres adoptivos han dicho sobre mí.
La segunda, que alguien ha dado el chivatazo de que, aunque fuera en defensa propia, te pegué un puñetazo.
Eso me estaba dejando en muy mal lugar, ¿no te parece?
«-50 puntos: Si tu imagen pública resulta dañada».
Si no cambiaba nada, Morgan no iba a tardar en quitármelos, pero ahora…
—Ahora tienes una oportunidad. ¿Es lo que me intentas decir?
—Sí.
—De todas formas, ya le hemos dicho a Rebecca Collins que era mentira.
—Sí. Pero luego nos lo hemos echado en cara en el camerino. Y tampoco sabemos qué han oído…
—Crees que es posible que sí nos hayan oído y que lo incluyan en la revista.
—Lo que creo, Austin, es que, incluso si eso también sale a la luz, las fotos me benefician a mí.
Con ellas voy a distraer la atención de los que me acusan de violento: o bien porque la gente decide hablar de que me estabas enganchando del cuello de la camiseta…
, o bien porque deciden hablar de «lo otro», como tú dices.
Austin se da cuenta de que Jack vuelve a tener razón.
No es lo mismo leer una noticia a verla con tus propios ojos.
La primera imagen que recordarán los lectores será la de él sujetándole a Jack del cuello.
Y cuando no piensen en el conflicto que mostraba esa imagen, se preguntarán si realmente hay algo más o no entre los dos hermanos.
Ambas opciones benefician a Jack y lo perjudican a él.
Por eso se queda mirando al chico de los ojos verdes con una mezcla de irritación y otra cosa que no acierta a descubrir qué es.
—Cabrón —dice el actor, sacudiendo la cabeza—. Al final esto te ha salido bien y todo.
Entonces Jack, por fin, después de muchísimo tiempo, sonríe.
—Como alguien me dijo en mi primera noche: «Bienvenido a la familia Brooks».
Austin acepta la derrota mientras sus ojos, recordando todos los caminos posibles, toman el más corto hasta la sonrisa de Jack.
No tiene ni idea de lo que hará cuando se publique la revista.
Pero se le ocurren mil cosas que hacer con su boca .