Cómo matar a un cisne 48
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A ustin, con un traje cruzado azul marino de lana y seda de Loro Piana, es el primero en posar.

La cámara dispara mientras él realiza distintas poses que le salen con la naturalidad del que lleva desde pequeño pisando photocalls .

Cuando la revista tiene todo el material que necesita de él, llega el turno de Jack.

Este, con una chaqueta beige de lana ligera de Yves Saint Laurent, se coloca delante de la cámara.

Detrás de él, un fondo de tela blanco. Intenta recordar e imitar las poses que ha hecho Austin, pero se siente torpe.

No sabe qué hacer con las manos, si guardarlas o no en los bolsillos.

Ni siquiera sabe si tiene un perfil bueno.

El fotógrafo, al ver que Jack parece perdido, intenta sugerirle alguna pose.

Cuando terminan, Jack no tiene ni idea de lo que ha hecho, si ha sonreído o no. Seguro que solo sale con cara de susto.

—Ahora los dos juntos.

Austin se acerca a su hermano. Jack nota que se siente menos nervioso al no tener que enfrentarse a la cámara él solo.

Es curioso: cuando están en casa, el efecto que causa Austin Brooks en él es el opuesto al de ahora.

Aquí, con toda esa gente que trabaja para la revista, los focos y el objetivo apuntándolos, Jack agradece estar con Austin porque se siente más tranquilo.

—¿Podéis acercaros un poco más?

Al juntarse en el centro, sus manos se rozan sin querer. Ambos las apartan como si hubiesen recibido una descarga eléctrica.

—Ahora miraos a los ojos.

Austin sonríe. Sabe que a Jack no le gusta nada la idea, y eso le divierte.

Giran la cabeza y se miran.

Al hacerlo, Jack siente que dos emociones completamente opuestas suben por su estómago.

El actor podrá caerle mejor o peor, pero lo cierto es que, gracias a él, está descubriendo una parte de sí mismo que desconocía. También, gracias a él, sigue en la Casa del Cisne y dentro de la competición.

Unas cuantas fotos más tarde, el fotógrafo les dice:

—Buen trabajo, chicos.

Jack se pregunta si la cámara les guardará el secreto de la atracción que sienten o si, por el contrario, las fotos que salgan en la revista reflejarán aquello que él mismo se niega —o no se atreve— a reconocer en voz alta.

Austin, que hasta que ha comenzado la sesión no ha dejado de darle vueltas sobre quién ha podido intentar matar a Maximus, gracias a lo cerca que está ahora de Jack, consigue distraerse y que su cabeza piense en otra cosa: cómo sería besarlo.

Se pregunta si Jack tiene las mismas ganas de besarlo que él. Se pregunta si los dos serían capaces de aguantarse las ganas en caso de encontrarse solos en casa y no en un estudio de fotografía rodeados de las personas que trabajan para la revista que ha sacado todos sus trapos sucios.

Cuando terminan la sesión, hacen un pequeño descanso antes de pasar a otra sala, en la que los espera Rebecca Collins, la mujer que se encarga de escribir los cotilleos en All The News y les tiene una entrevista preparada.

Austin y Jack se sientan en el sofá que hay frente a Rebecca.

Scott, el nuevo guardaespaldas de los chicos, que no se ha apartado de ellos en ningún momento, se queda de pie junto al fotógrafo de la sesión y parte del equipo de la revista, vigilando a los dos hermanos a través de sus enormes gafas de sol.

Cuando Rebecca mira a ese hombre tan grande vestido de traje, con la cabeza calva y brillante y su eterna cara de matón, no puede evitar tragar saliva.

La periodista se reacomoda en su sillón, cruza las piernas, apoya el iPad en su regazo y avisa a su equipo de que está lista para empezar.

Les dedica una sonrisa de tiburón a los hijos del Cisne Negro antes de lanzar su primera pregunta:

—La gente se muere por conocer la verdad. ¿Qué pasó realmente la noche que os conocisteis?

Jack se aclara la garganta y responde por los dos:

—Nada. Hablamos un poco, ya sabe, para presentarnos, y luego… luego cada uno regresó a su habitación.

—¿Y ya?

—Sí. Eso fue todo.

Rebecca mira al otro hermano para confirmar la declaración de Jack.

Austin asiente.

—Fue exactamente así.

—Entonces, ¿lo de la navaja y el puñetazo…?

—Es mentira —responden al unísono.

—Pero, Austin, retrasaste las grabaciones de la serie dos semanas. ¿Qué pasó? No me creo que estuvieses enfermo.

—¿Por qué no? ¿Los famosos nunca nos ponemos enfermos?

—Pero estarás de acuerdo conmigo en que es mucha coincidencia: el día que Jack llega a la casa, tú ya no puedes salir.

—De hecho, si no nos conocimos hasta la noche fue porque yo llevaba todo el día encerrado en mi habitación vomitando —resuelve Austin con soltura.

—Bueno, menos mal que te pusiste mejor —comenta Rebecca, sin ocultar su decepción al no estar sacando nada jugoso de la entrevista, aunque intenta reconducirla para ver si aún no está todo perdido—: De todas formas, en la premier de Grace, las cosas entre tú y Jack parecían estar un poco «tensas».

Jack traga saliva. Rebecca se vuelve hacia él y le pregunta:

—Jack, tú apartaste la mano a Austin con el hombro cuando él se apoyó en ti. ¿Por qué?

—Creo que eso se malinterpretó…

Rebecca parpadea despacio.

—¿Ahora lo niegas? Porque te recuerdo que yo también estaba presente. Sé lo que vi. Y vi que, por tu parte, no había muy buen rollo. Así que dime: ¿qué pasó? ¿Por qué estabas enfadado con Austin?

—No estaba enfadado conmigo —se mete Austin—, lo que estaba era un poco picado, solo eso.

—¿Picado?

—Sí, bueno… —El actor se recuesta en el asiento, haciéndose el interesante—.

Antes de la premier, Jack me acababa de confesar que yo era su hermano favorito, y yo le dije que mi hermano favorito era Maximus.

Creo que eso le dio un poco de celos. Aunque yo ya le he dicho que no se preocupe.

—Sin dejar de mirar a Rebecca, palmea la espalda de Jack, que no puede estar más rígida ahora—: Él acaba de llegar.

Todavía tiene mucho tiempo para conquistar el corazón de este vampiro.

—¿Igual que lo hizo Sarah? —pregunta la entrevistadora, moviendo las cejas.

—Bueno, espero que Jack no vaya con esa intención… —Austin ríe.

Rebecca también ríe con él, pero Jack no. Él permanece en silencio, sin mover ni un solo músculo de la cara, y se pasa el resto de la entrevista sin mirar a Austin.

Rebecca se interesa por el estado de salud de Maximus, sin saber que el propio Austin estuvo igual de cerca de la muerte. Cuando termina de hacerles todas las preguntas que tenía anotadas en el iPad, se levanta y les da las gracias a los dos por dedicarle su tiempo.

Austin y Jack regresan al camerino. Ahora están solos y por eso Jack descarga contra Austin toda la rabia que lleva conteniendo desde el principio de la entrevista.

—¡¿A qué ha venido eso?!

—¿Perdón?

—¡Le has insinuado que yo siento algún tipo de interés por ti!

—Vamos, Jack. No es para tanto. Solo estaba bromeando.

—Pero sabías que eso me iba a cabrear.

—Lo que sé es que te cabreas por todo.

—¿A ti no te habría molestado? ¿Qué hubiera pasado si, después de eso, yo le cuento que en realidad eres tú el que va detrás de mí?

Austin se pone serio.

—Ya de paso, le dices también que no estuve enfermo y que es cierto que me partiste la cara.

—Te partí la cara porque tú me pusiste una navaja en el cuello, que parece que solo recuerdas lo que te interesa.

—Y parece que tú no recuerdas de dónde vienes. Ahora serás un Brooks, pero, sin ese apellido, no eres nadie.

Jack se queda mirándolo a los ojos y sacude la cabeza.

—En realidad, me das hasta pena —dice—. Me molestaba ser solo un capricho para ti, pero el que debería estar molesto eres tú contigo mismo.

Es una lástima que siempre vayas a sentir que nada es suficiente y que estés tan vacío por dentro.

La gente creerá que tu vida es maravillosa, pero a mí me parece que es jodidamente triste.

Austin no piensa lo que hace. Se planta frente a Jack y lo engancha del cuello de la camiseta.

—Retíralo ahora mismo —dice sobre su cara.

—¿Quieres que retire que te sientes vacío? Pero si me lo dijiste tú.

Austin, sin soltarlo, apoya la frente contra la suya.

—Quiero que lo retires todo .

Pero Jack, por orgullo, permanece callado.

—¿Así me agradeces que haya decidido confiar en ti? —escupe el actor—. Te he salvado el puto culo, joder.

—¿Te arrepientes?

Se escucha el sonido que hace la tela de la camiseta de Jack al rasgarse bajo el agarre de sus dedos. Ve cómo la carne de sus nudillos se vuelve amarilla, y entonces Austin afloja su agarre. No suelta la camiseta de Jack, pero ya no ejerce presión sobre su cuello.

—Me arrepiento de otra cosa.

—Cuéntame.

—No. Prefiero dejar que lo adivines tú.

Ahora los dos se miran con intensidad.

Jack intenta buscar la respuesta en sus ojos, pero lo único que hace es enfrentarse a una mirada azul que parece contener el agua turquesa de la piscina sobre la que Austin casi se ahoga la otra noche, como si su final hubiese estado escrito desde el principio en ellos.

Traga saliva al recordar que él estuvo a punto de morir.

Pensar en ese momento, en lo que sintió entonces, le hace olvidar la discusión que acaba de tener y la respuesta que tenía que encontrar.

A Jack le sigue molestando un poco el cuello, pero lo que en realidad le tiene preocupado es todo lo que le ha echado en cara: que Austin se sienta vacío por dentro y él solo sea un reto que se ha propuesto conseguir.

Le gustaría que las cosas fueran de otra forma.

Y le gustaría que sus ojos no hubieran resbalado hasta la boca de Austin.

O que los del actor tampoco hubieran seguido el mismo camino.

Porque, si las ganas no fueran compartidas, la tentación no sería tan grande.

El actor sigue sujetando el cuello de la camiseta de Jack con su puño, pero ahora sus bocas están demasiado cerca y los dos notan la energía que fluye en ambas direcciones, la tensión sexual que carga la atmósfera, la cuerda invisible que tira de uno y de otro y los empuja a estar así de cerca y olvidar por qué, hace un segundo, discutían.

Jack no lo sabe, pero la respuesta que ha dejado de buscar la tiene justo delante.

A veces lo que está tan cerca de nosotros es lo que más tardamos en descubrir.

Mientras se miran a los ojos, ni Austin ni Jack se dan cuenta de que la puerta del camerino está entreabierta y que el objetivo de una cámara los apunta como un ojo enorme.

Les están haciendo fotos a escondidas.

El sonido de la cámara hace que los hermanos se separen bruscamente y miren en esa dirección.

Hay a un fotógrafo; el mismo que les ha hecho antes la sesión.

A pesar de que él sabe que lo que está haciendo está mal, lleva poco tiempo trabajando para la revista y es consciente de que esto hará que Rebecca Collins esté contenta con él.

Por eso el chico olvida durante unos segundos sus valores y prioriza que ese trabajo se convierta en algo fijo para él.

Sin soltar la cámara, dispara una nueva ráfaga de fotos para seguir capturando esa tensión que acaba de presenciar entre los dos hermanos.

Entonces alguien lo empuja, impidiendo que siga haciéndoles más fotos. Es el nuevo guardaespaldas; pero llega demasiado tarde.

Austin y Jack lo saben. Lo saben cuando salen del camerino y se chocan con Rebecca Collins, a la que ven sonreír después de que el fotógrafo, compañero suyo, levante un pulgar hacia arriba.

La revista ya tiene su portada para el número especial de verano .