46
–¡Jack! ¿Cómo es vivir con los Brooks?
—¡Jack, a tu derecha! Para All The News . ¿Cómo se gestiona ser el chico del momento?
La familia al completo ha abandonado la Casa del Cisne, se han repartido en seis coches y han ido saliendo uno detrás del otro del pequeño mundo que Morgan ha creado para protegerlos del que los espera fuera.
Después de recorrer durante una hora las carreteras de Los Ángeles, los once se encuentran en la premier de Grace, que estrena la segunda temporada de Mi mejor amiga es un hada , serie en la que ella es la protagonista.
Aunque no lo está siendo en el photocall .
Toda la atención la acapara Jack, su nuevo hermano, y a nadie parece importarle que ella sea la actriz principal.
Le han hecho un par de preguntas vagas sobre la serie y luego han ido directamente hacia él.
Desde hace cinco minutos solo se escucha su nombre: Jack, Jack, Jack.
—Estás guapísimo desde que te hiciste el cambio de look , Jack. ¿Fue Morgan la que te recomendó que no te cortases el pelo?
—¿Cómo se porta el Cisne Negro contigo?
A Jack ni siquiera le da tiempo a responder. Antes de pronunciar la primera palabra, ya le han lanzado tres preguntas nuevas. Se siente aturdido con tanta foto y no entiende que alguien como él suscite tanto interés.
—¿Estás contento en la Casa del Cisne? ¿Imaginabas que tu vida iba a ser esta?
—¿Cómo van las clases de canto y de piano? ¿Te gustan tus profesores?
—¿Cuándo piensas sacar tus propias canciones?
—¿Tienes discográfica?
—¿Con qué artista te gustaría colaborar?
Grace, que al principio se lo ha tomado con filosofía, está cada vez más inquieta al ver que Jack le roba el protagonismo.
A ella no le han preguntado qué ha sido lo más difícil de grabar en esta nueva temporada, ni los episodios que se emitirán, ni por la evolución de su personaje.
Ni siquiera han comentado su outfit , y eso que se ha puesto un vestido rojo chillón que parece escupir fuego y lleva la coleta llena de purpurina.
Es más, hasta les ha prohibido a sus hermanos ir vestidos de forma excéntrica.
E incluso Bonnie, acostumbrada a ir siempre como un cupcake humano, ha tenido que conformarse con algo mucho menos llamativo.
Ellos son sus invitados en su día especial, y Grace opina que una premier es como una boda: solo la novia puede ir de blanco; nadie puede llamar la atención más que ella. Pero la niña no contaba con que el problema no iba a ser la ropa.
—¡Jack, aquí, por favor! ¿Cómo se siente uno después de perder el anonimato? ¡Eres famoso! ¡Y de la noche a la mañana! ¿Eso te da vértigo o lo llevas bien?
—Sigo sin hacerme a la idea —responde él de forma educada—. Imagino que terminaré acostumbrándome, pero se me hace raro que la gente se interese por mí.
Grace mueve la pierna izquierda sin parar. Jessie se inclina a su oreja y le susurra:
—La alfombra no tiene la culpa.
—Cállate, Jessie.
Esta suelta una risita malvada.
—¡Jack, aquí! ¿Con cuál de tus hermanos te llevas mejor?
—Me llevo bien con todos.
La apretada coleta de Grace deja su frente al descubierto, donde se le marca una vena que traza una vertical desde el nacimiento del pelo hasta la ceja.
Su cara, redonda y amable, se arruga enrojecida.
No hay rastro de sus hoyuelos porque hace rato que no sonríe.
Dirige una mirada cargada de odio a su hermano Jack, que acapara toda la atención de los medios en un día en el que se suponía que ella iba a ser la estrella.
Por supuesto, Morgan se da cuenta de lo que ocurre.
Se da cuenta ella y el resto de los Brooks.
Los nueve hermanos miran a Jack de reojo, en silencio. Ocho de ellos fingen con una sonrisa impostada que no les hierve la sangre por dentro al saber que, alguien que acaba de llegar a la familia, suscita un interés que ellos no generan porque ya los tienen a todos muy vistos.
El único que no parece tener una sonrisa impostada, que disfruta de la tensión que se hace visible en la mandíbula y los rostros del resto de sus hermanos, es Austin Brooks. Nada le gusta más que ver cómo se acumula esa tensión que amenaza con sacar lo peor de cada uno.
—Llevas tres semanas viviendo con los Brooks. ¿Echas de menos tu antigua vida?
El tiempo para las preguntas se termina.
Los Brooks, antes de asistir a la proyección de los primeros dos episodios de la serie, miran al frente y se quedan quietos para realizar un último posado.
Es ahí cuando Austin, que hasta entonces estaba a una distancia de cuatro hermanos con Jack, abandona su sitio para colocarse a su lado y posar una mano sobre su hombro.
De repente, Jack recuerda cuando su mano estaba rígida y congelada, el pelo negro pegado a la frente, los ojos cerrados, la botella de ginebra vacía…
Austin había dejado de respirar. Y entonces…
el abrazo que le dio cuando abrió los ojos, la fuerza con la que se agarró a él —como si tuviera miedo de que Jack lo dejara y volver a caer en la piscina—, lo que le dijo a la mañana siguiente: «Yo no te pedí que me salvaras», la impotencia que sintió en ese momento…
Jack necesitaba borrar la imagen de él ahogándose, así que agarró el jarrón de la dinastía Ming y lo reventó contra la ventana con rabia, y también con la esperanza de abrir un agujero en su recuerdo que le hiciera olvidar que el actor había estado a punto de morir.
Morgan, alertada, subió corriendo y exigió saber qué había pasado.
Fue la segunda vez que Austin sacó la cara por Jack: le dijo que el jarrón lo había roto él porque ya no le gustaba y se llevó la bronca que le correspondía a su hermano.
—¡Jack, sonríe un poco más a la cámara!
Mientras a Jack le invade ese desagradable recuerdo, todos los periodistas siguen pendientes de él.
La mano de Austin, su firmeza, le quema en el hombro; pero es un calor muy distinto al que ha experimentado las otras veces.
Por eso necesita apartarse de él, para dejar de ver al actor flotando en la piscina bocabajo.
Sin embargo, como no quiere generar una nueva polémica y hacer enfadar a Morgan, Jack se mantiene en su sitio e intenta que su cara no refleje ninguna emoción.
Después, sin decir ni una palabra, empuja su hombro hacia atrás en un movimiento rápido y seco para quitarse la mano de Austin de encima.
Ese pequeño gesto es captado por la cámara. Los periodistas se dan cuenta y encuentran un hilo del que tirar .