Cómo matar a un cisne 45 Antes
58%

45 Antes

Hace un año

E l Cisne Negro estaba en su habitación cuando recibió la llamada de Daphne, su representante. Puso el teléfono en la mesa del tocador y se quitó los pendientes delante del espejo.

—¿A qué se debe el placer?

—Tengo una película para ti.

—Déjame adivinar: La mujer que siempre sonríe .

—Es justo lo que necesitas.

Morgan frunció el ceño, pero relajó las facciones como el que retira la mano del fuego, al ver la arruga que le surcó la frente. Temía que esa línea de expresión quedase impresa en su rostro sin que pudiese borrarla.

—Yo no necesito esa película. La película me necesita a mí .

«Lo que sí necesito es hacer desaparecer esta arruga», pensó, inclinando su cuerpo hacia el espejo para inspeccionarla de cerca.

Nunca se ha sentido cómoda con la idea de que el paso de los años vaya a arañar su precioso rostro.

Después pensó en Daphne. Esa mujer fuerte, elegante, veinte años mayor que ella, que aceptaba que el tiempo pasa igual de rápido para todos.

Desde que Daphne decidió dejar a un lado su sueño de ser actriz para dedicarse a representar e impulsar la carrera de otros actores, no se ha vuelto a preocupar por parecer eternamente joven.

Acostumbra a llevar un maquillaje que le aporta esa luminosidad que su piel ha perdido, se pinta los ojos con una raya azul y también se tiñe el pelo con un castaño otoñal para esconder las canas.

Pero no quiere saber nada de retoques estéticos; prefiere respetar sus arrugas, a que le estiren la cara como una muñeca y jugar a la máquina del tiempo.

La voz de Daphne la devolvió a la realidad, a dejar de pensar en la estética y hacer una introspección a su carrera como actriz, y su mensaje fue parecido a un bofetón.

—Desde que hiciste El Cisne Negro no has vuelto a hacer nada sorprendente.

—Hace tres años me dieron un premio por Mamá vive un día más .

—¡Ja! Las dos sabemos que ese papel parecía hecho aposta para que te dieran un premio.

Morgan tensó la mandíbula al oír aquello y le rechinaron los dientes.

Pero no podía rebatirla porque en el fondo su representante tenía razón.

La única baza que podía usar era el efecto que esa película tuvo en Daphne: la primera vez que la vio en el cine con ella, la mujer no pudo evitar contener las lágrimas.

—Di lo que quieras, pero esa película te hizo llorar.

—Es cierto, nos hiciste llorar a todos… Pero yo también lloro con los anuncios de Navidad. Repito lo que te he dicho: en mi opinión, llevas años sin hacer nada sorprendente.

Morgan tomó el teléfono y lo apretó contra sus dedos.

Le habría encantado hacer una bola de papel con él.

Si en lugar de Daphne hubiese sido otra persona —cualquier otra—, la actriz habría colgado sin decir ni una palabra.

Pero Daphne es su única amiga de verdad.

Siempre ha estado a su lado; lo estuvo incluso antes de convertirse en lo que se convirtió, cuando eran tiempos difíciles para Morgan y no tenía la posición privilegiada de la que ahora disfruta.

Daphne cree en Morgan, cree en ella como artista y persona. Pero eso no significa que vayan a estar siempre de acuerdo en todo. De hecho, es la única que se atreve a decirle a Morgan las cosas que ella no quiere oír; la única que, cuando la mira a los ojos, la ve de verdad.

A los sesenta y cinco años, Daphne continuó llevando la carrera de Morgan por petición de la actriz.

Cuando le comentó que estaba pensando en jubilarse más pronto que tarde, Morgan le rogó que no la abandonara, pues es la única persona en la que confía.

Daphne siempre la ha protegido y la ha tratado con un cariño especial.

Ella es lo que debería haber sido Beth Thompson para Morgan: una madre; por eso no puede perderla.

Pero, a pesar del amor y el respeto que le tiene, la actriz no encajó bien que Daphne le diera esa bofetada de realidad.

¿Cómo podía decir que no había vuelto a hacer nada sorprendente desde hacía casi veinticinco años y esperar que ella no lo fuera a sentir como una patada?

Es lo peor para el ego de una estrella que está acostumbrada a que todo el mundo la idolatre…

Cuando Morgan le habló al auricular, lo hizo enfadada.

Su voz era fría y tajante, demasiado dura como para dirigirse a alguien que en el fondo solo trataba de ayudarla porque siempre ha querido lo mejor para ella.

Aunque Morgan no lo veía así entonces. Al final, las personas que más queremos son también a quienes peor llegamos a hablar.

Nadie quiere hablarle mal a una madre, pero todos nos hemos visto perdiendo la paciencia y diciendo algo de lo que luego nos hemos arrepentido.

—Soy todo lo que a ti te habría gustado ser.

Ni en cien vidas podrías llegar a alcanzar el éxito que yo he conseguido en esta.

Me he convertido en un icono, soy la actriz mejor pagada de Hollywood y, cada vez que salgo en una película, la gente vuelve a ir al cine.

Conmigo se aseguran de que la película sea un éxito en taquilla.

¿Me vas a decir que todo eso no te parece sorprendente?

Daphne hizo de tripas corazón con la parte que le tocaba directamente a ella. Su sueño era convertirse en actriz, y lo estaba viviendo a través de Morgan; pero eso no quitaba que le doliese y que siempre tuviera una espinita clavada de lo que podría haber sido su vida y no fue.

—Todo eso, Morgan, me parece estupendo.

—¿Pero?

—Pero creo que si echaras un vistazo al guion…

Morgan se cerró en banda y la interrumpió:

—Te dije que ese papel no era para mí.

—Ni siquiera me dejas terminar de hablar.

—Te dejo hablar, pero si hago de Violette en La mujer que siempre sonríe , la gente creerá que estoy contando mi historia. Cuando la vean, pensarán que los he engañado a todos.

—La gente sabe que va a ver una película, Morgan.

—La gente solo se convence de la realidad que quiere ver.

Ya sabes cómo funciona este mundo: si empiezan a relacionarme con esa mujer como lo hicieron con el cisne, no me dejarán en paz.

Les estaré brindado la posibilidad de que inventen todo tipo de calumnias sobre mí.

No quiero eso. No quiero que nadie pueda pensar, ni por un segundo, que me parezco a Violette.

—Nadie va a pensar eso de ti. Sigo sin comprender a qué le tienes tanto miedo.

—Acabo de explicártelo, Daphne, no te lo voy a repetir.

Daphne, a pesar de conocer a Morgan desde hace tantísimos años, de haberla visto convertirse en toda una mujer y de ser para la actriz lo más parecido a una madre, desconocía la verdadera razón que alimentaba su miedo.

Porque sí: había una razón por la que Morgan no quería hacer esa película; y no era la que le había dado a su representante.

Morgan, al igual que Violette, esconde un secreto horrible.

Por eso, cuando Daphne le pidió que hiciera de Violette, lo que en realidad le estaba pidiendo era que les pusiera a sus fans la verdad en la cara.

Eso es lo que temía: exponerse de esa forma, aunque el público supiera que estaba actuando.

—Con ese papel, todo el mundo volvería a hablar de ti.

Morgan no iba a dar su brazo a torcer, por eso sintió que su representante le estaba haciendo perder el tiempo.

—Por si lo has olvidado, todo el mundo ya habla de mí. Soy una estrella.

La risotada que se le escapó a Daphne no le gustó ni un pelo; le pareció desagradable. Le hizo sentir como si ella fuera una impostora y Daphne la hubiese descubierto porque era la única a la que no podía engañar.

—Serás una estrella, pero ya no sorprendes a nadie. Todo el mundo sabe qué esperar de ti y creen conocerte mejor que tú misma.

—¿Y qué más da? A la gente le encanta el Cisne Negro.

—Si haces de Violette, les demostrarías la gran actriz que se esconde bajo ese disfraz de cisne.

—Ya he demostrado todo lo que tenía que demostrar a la gente.

—A mí lo único que me demuestras ahora es que tienes miedo.

—Al final vas a conseguir que me enfade contigo.

Morgan esperó a que Daphne respondiera escuchando su respiración, una pausa que solo logró ponerla más nerviosa de lo que ya estaba.

Daphne lo sabía y por eso alargó esa pausa a propósito.

Disfrutó su posición de ser de las pocas personas que puede hablarle de igual a igual a la estrella de cine, porque Morgan no causa en Daphne el respeto y la inclinación que sí ejerce sobre los demás.

En ocasiones, su representante se aprovecha un poco de poder tratar a Morgan como a una hija con la que discutes, y no con la amabilidad y el cuidado exagerado a los que el mundo la tiene acostumbrada.

Le gusta sacarla de vez en cuando de sus casillas, apretar la tuerca hasta que consigue hacerla enfadar.

Cuando eso sucede, Morgan, simultáneamente, siente que habla con alguien que le quita la tirita de golpe y que no pide perdón después.

Le gusta porque Daphne le pone los pies en la Tierra, y a la vez la saca de quicio.

Por eso, para Morgan, Daphne es más que su representante: es su mejor amiga, es parte de su familia, es la madre que le habría gustado tener.

—Quizá ha llegado el momento de quitarse todos esos vestidos de plumas y enseñarles que puedes volver a dar un golpe maestro. Piénsalo, Morgan.

Morgan lo meditó: «Puede que Daphne tenga razón.

Además, la gente que va al cine sabe que es solo una película.

Nadie que ve a un actor disparando a otra persona piensa que lo ha hecho en la vida real.

Pero, aun así, ¿merece la pena que me enfrente a los fantasmas del pasado por rodar una película?

». Negó con la cabeza. Seguía sin verlo claro.

—¿Alguna cosa más?

Daphne puso los ojos en blanco, aunque no tiró la toalla. Todavía podía probar a convencerla de otra forma.

—¿Recuerdas a la Morgan de veintidós años?

Ella asintió y se miró en el tocador. La imagen de su reflejo cambió haciendo un viaje al pasado: borró las marcas de expresión y las arrugas en la frente, se llevó consigo el tinte negro y su pelo recuperó su color natural, un precioso dorado chispeante que le devolvió a la joven que fue y que tuvo que matar para que nadie volviera a aprovecharse de ella.

—Fue cuando me convertí en cisne —murmuró como si se lo dijera a la mujer que fue y no a la que tenía delante, en su reflejo.

Daphne sonrió al otro lado de la línea.

—Exacto. Te convertiste en cisne para conseguir el papel, y lo hiciste.

Te dieron el papel que tanto querías, por el que tanto te habías esforzado.

¿Recuerdas la sensación que experimentaste cuando te plantaste en aquel evento con tu vestido negro y te pusiste a bailar delante del director y los invitados?

Morgan inhaló lentamente.

—Lo recuerdo —afirmó, llenándose de una felicidad cubierta de nostalgia.

—Podrías volver a hacerlo —propuso Daphne, con la voz repleta de entusiasmo—.

Transformarte en otra cosa. ¿De verdad quieres morir siendo un cisne el resto de tu vida?

¿No te apetece tomar un papel que te brinde la posibilidad de hacer algo completamente distinto a lo que has hecho hasta ahora, y dejarlos a todos con la boca abierta?

Durante unos segundos Daphne no oyó nada, e incluso llegó a pensar que Morgan había terminado colgándole el teléfono. Pero entonces ella respondió:

—Está bien, Daphne. Hagamos esa película .