43 Antes
Hace veinticinco años
M organ Brooks e Isobel Jones se encontraban en el estudio grabando Las despedidas . Las dos tenían veintiún años y un sueño por cumplir. Las dos querían convertirse en la próxima estrella de Hollywood.
—¡Guau! Creo que eres la mujer más espectacular que he visto en toda mi vida. —Fue lo primero que le dijo Isobel a Morgan cuando se vieron por primera vez en persona.
Morgan sonrió por el cumplido, pero lo que más le gustó fue que Isobel la llamase «mujer», que no la viese como una niña.
Hablaron un poco antes de grabar. Isobel la felicitó por Bella e indomable y dijo que le encantaba que se hubiese atrevido a hacer un desnudo, que el cuerpo de la mujer tenía que dejar de ser un tabú, que no entendía por qué ellas no podían enseñar los pezones y los hombres sí.
—A nadie le gusta admitir que es machista, pero todos, alguna vez, cuando hemos visto a una mujer enseñando las tetas, hemos pensado que era una guarra. Tenemos que deconstruirnos.
—Pues no va a ser fácil. No hay nada más tedioso que desaprender aquello que nos han inculcado desde pequeñas.
Isobel la miró y sonrió.
—Me caes bien.
Morgan se dio cuenta de que a ella también le caía bien Isobel.
—Y tú a mí.
Después, Isobel le dio algún consejo de interpretación, y Morgan, en lugar de pensar que Isobel le estaba dejando leer entre líneas que no le gustaba cómo actuaba, recibió sus consejos como un acto de generosidad; algo que casaba perfectamente con el discurso que Isobel le había dado sobre el empoderamiento femenino y lo importante que era recordar que las mujeres no tenían que competir entre ellas, sino apoyarse las unas a las otras.
Morgan se sintió mal por haber prejuzgado a Isobel y hasta lamentó haberla considerado una amenaza.
—Supongo que tú también habrás hablado con tu representante —dijo Isobel, como si le hubiera leído la mente—.
Dicen que una de las dos va a ser la próxima estrella, que solo puede haber una ganadora.
Pero ¿sabes qué? ¡A la mierda! Yo creo que hay sitio para las dos.
No quiero pisar tu carrera, Morgan. Quiero demostrarles a esos cabrones que mueven los hilos que las dos podemos hacer grandes cosas, y que no nos vamos a tirar al barro para pelearnos por ningún premio.
Esa confesión —el hecho de que Isobel compartiese abiertamente con ella una realidad que podría haberse callado para tener algún tipo de ventaja sobre la otra— le hizo creer a Morgan que algún día Isobel Jones podría convertirse en su amiga.
—Estoy contigo, Isobel. ¡Que les den a esos cabrones!
Cuando Daphne pasó a buscar a Morgan y le preguntó que tal había ido el día de rodaje, Morgan compartió sus primeras impresiones sobre Isobel. Estaba feliz, parecía una niña que había vuelto después del primer día de escuela y estaba emocionada por haberse hecho una amiga.
—Sé que te he dicho que Isobel Jones podría ser un problema, pero ya no quiero verlo de esa forma. Me cae bien y no quiero competir contra ella, Daphne. No quiero que todo se reduzca a que solo una de las dos puede ganar. Quiero creer que habrá sitio para las dos en el cine.
Daphne la escuchaba callada.
—Isobel Jones no es un tiburón dentro de un acuario —siguió diciendo Morgan—, no se va a comer al resto de los peces. Seguro que las dos podemos conseguir buenos papeles sin pisarnos la una a la otra.
Daphne se alegraba de verla tan positiva. Aun así, le advirtió que tuviera cuidado.
—Las apariencias son un juego de cartas, nunca sabes qué te puedes encontrar en la otra mano.
—Crees que es mejor que Isobel y yo no seamos amigas, ¿es eso lo que intentas decirme?
Daphne inhaló con fuerza.
—Después de esta película, a pesar del buen rollo que haya entre Isobel y tú, la realidad es que solo a una de vosotras le darán el papel protagonista de lo siguiente que hagan.
Lo siento. Ojalá no fuera así. Ojalá todos tus futuros proyectos fueran con coprotagonistas femeninas como en Las despedidas .
—Ya…
—Pero es que, incluso en esta película, tú misma me has dicho cuál de las dos se lleva el papel estrella.
Sabes que Isobel podrá lucirse más que tú, y que el público no podrá evitar comparar su actuación con la tuya.
Y esto no te lo digo para desanimarte ni nada, te lo digo para que lo tengas siempre presente.
—De acuerdo.
—Por supuesto que me alegraré si Isobel Jones consigue triunfar en Hollywood. Pero yo estoy apostando por ti. Las que remamos en el mismo barco somos tú y yo. Y, como tu representante, te aconsejo que tengas cuidado en quién decides confiar.
Fue uno de los mejores consejos que Morgan recibió, pero cometió el error de olvidarlo cuando Isobel y ella se hicieron inseparables. Y parecía imposible imaginar lo que pasaría después .