Cómo matar a un cisne 37
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V an a grabar una escena en el bosque. Sarah espera sentada en una roca y Austin aparece entre los árboles.

Sus colmillos brillan bajo la luz de la luna; están manchados de sangre porque ha mordido a Sarah hace unos minutos.

Regresa a por ella después de haberse visto obligado a esconderla en ese rincón del bosque y correr en dirección contraria para despistar al resto de los vampiros y así evitar que la encuentren.

La están buscando, quieren matarla antes de que se transforme.

—Menos mal que estás aquí. Creí que te había perdido.

Austin se agacha e inspecciona su cuello. La carne blanca y suave marcada con dos puntos negros y cubierta de sangre que lo ensucia todo.

La cámara mete zoom hasta hacer un primer plano.

—Has vuelto —dice Sarah, con un hilo de voz, esbozando una sonrisa cansada, como si se estuviera quedando sin fuerzas.

—Sí, he vuelto. Los he despistado, Scarlett. Estoy solo. Pero tú… tú estás sangrando mucho. Me preocupas.

—No es nada.

La voz del director interrumpe la escena.

—¡Corten! Vale, tenemos un problema con el sonido. ¿Puede, alguien, hacer el favor de colocarle bien el micro a Sarah? La estamos perdiendo de verdad.

Un técnico de sonido le ajusta el micrófono.

Sarah tapa el micro con la mano en cuanto el técnico le da la espalda, y mira a Austin para que él haga lo mismo. Solo entonces susurra:

—Menos mal que se te ha ido del todo el hematoma. Ese subnormal te había dejado una marca horrible.

—Se llama Jack —responde él, hablando igual de bajito.

—Él te hizo daño, así que deja que yo lo llame como me dé la gana.

—Eso no es del todo justo. Yo también le hice daño a él.

El técnico vuelve a colocarse detrás del director.

Sarah no entiende la actitud de Austin.

—¿Qué te pasa? Tú nunca sacas la cara por nadie. ¿Por qué a Jack sí lo defiendes?

Él se pone nervioso. Como si lo hubieran sorprendido robando en una tienda.

—No lo defiendo.

—Sí lo haces. Es más, sacaste la cara por Jack para protegerlo de tu madre.

Sarah no estaba, y él no se lo ha dicho.

—¿Quién te lo ha contado?

—Eso no importa.

El director grita desde su asiento.

—Vale, ¡genial, chicos! ¡Repetimos desde el principio!

—¿Ha sido Natalie?

—Fue Rubí.

Los dos apartan las manos del micro a la vez.

Austin vuelve a esconderse detrás de los árboles.

Comprueban que la iluminación es correcta, la cámara encaja el plano y todos se quedan en silencio. Claqueta, y acción.

—Menos mal que estás aquí. Creí que…

No llega a terminar su frase, porque, esta vez, al mirar a Sarah a los ojos, en lugar de marrones, le parece estar delante de unos ojos verdes.

Está viendo a Jack a través de ella, por eso se queda en blanco.

—¡Creí que te había perdido yo también! —grita el director, desde su silla.

Vuelven a repetir la escena.

Austin se concentra, dice sus frases y llegan a la parte en la que habían parado la primera vez por un problema de sonido.

—No es nada —dice Sarah, sin dejar de sangrar.

Él inspecciona su cuello.

—Te he mordido. Debería funcionar. Ya tendrías que estar transformándote.

No ocurre nada y Sarah, simulando sentirse cada vez más cansada, se tumba sobre la piedra.

—Scarlett, ¡no te duermas!

—Vale.

Ella empieza a cerrar los ojos, y él… Él vuelve a pensar en otros ojos verdes: acaban de salir del ascensor, vienen de la piscina, los dos tienen el bañador mojado, él lo está agarrando de la muñeca.

Su propia voz, a lo lejos, como un recuerdo: «Te suelto, pero antes mírame a los ojos.

Quiero comprobar una cosa». La respuesta de Jack, en su cabeza: «¿Y bien… ? ¿Has encontrado lo que buscabas?».

Intenta concentrarse de nuevo. Él ahora no es Austin, es Andrew, un vampiro que está viendo cómo su novia se desangra. La mira tumbada sobre la piedra y se da cuenta de que esos podrían ser sus últimos momentos juntos. Los ojos se le llenan de lágrimas.

—¡No, no, no! ¡Aguanta, Scarlett! ¡Aguanta un poco más!

—Estoy muy cansada, Andrew.

—¡Si te duermes, morirás!

Con una voz más débil que antes, Sarah susurra contra la piedra fría y gris sobre la que se abraza:

—Ellos van a volver. No van a parar hasta encontrarme. Da igual si duermo un poco o no. Voy a morir igualmente. Los dos finales son lo mismo.

Él no va a dejar que eso ocurra, no va a dejar que la maten. Se ha enamorado y está dispuesto a arriesgarlo todo por ella, aunque para eso haya tenido que romper la regla más importante: no convertir a nadie en vampiro.

—Scarlett, yo…

Pasan unos segundos, pero Austin no termina su frase.

El director estalla al darse cuenta de que el chico ha vuelto a quedarse en blanco.

—¡Corten, corten! Pero ¡¿esto qué es?! ¡¿Cómo vienes sin haberte aprendido el guion?!

—Perdón. De verdad que me lo he estudiado.

—¡Así es imposible grabar una serie! —Se masajea las sienes como si le doliera la cabeza. Ya van con dos semanas de retraso porque Austin estaba «enfermo».

—Lo siento mucho. No sé qué me pasa hoy.

—¿Sabes qué? Mejor vete a casa. Quiero que ensayes todas las escenas con Sarah hasta que te salgan con los ojos cerrados. Apréndete cada maldita palabra y coma del guion.

—Sí.

—Te doy hasta el lunes. El lunes por la mañana volvemos a rodar. —Después extiende los brazos echando la cabeza hacia atrás y grita—: ¡Qué difícil me estáis poniendo esta temporada, por Dios !