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A veces el ser humano necesita encontrar la forma de volver a tener la conciencia tranquila por mera supervivencia. Bonnie encuentra la suya hablando a solas con Rubí.
La cantante le acaba de asegurar que ella tampoco quería poner la vida de Maximus en riesgo.
—Creía que se daría cuenta de que una de las llaves no era la suya y lo pararía todo. No pensaba que fuera a hacer el número de su estúpida jaula de agua.
—Ya. Yo tampoco.
Rubí desea cortar la conversación cuanto antes.
Es peligroso hablar de ese tema en la mansión, alguien podría escucharlas.
Pero antes de dejar escapar a Bonnie, necesita estar segura de que su hermana no se irá de la lengua.
Para eso, primero tiene que tranquilizarla y luego convencerla de que, tanto la una como la otra, son inocentes del trágico incidente con la llave que sacudió el teatro.
Porque si Bonnie le sigue dando vueltas al asunto, si su conciencia no deja de torturarla, al final terminará confesándolo todo y las descubrirán a las dos.
No lo permitirá. No cavará su propia tumba por culpa de una niña de once años. Tiene que enseñarle a Bonnie a ser más fuerte o a darle una salida a esos pensamientos que la atormentan.
Por eso se queda un rato más hablando con su hermana.
—La idea era que Maximus hiciera la misma función de siempre para que no ganase más puntos. ¿O crees que realmente quería matarlo?
—No.
—¡Por supuesto que no! Y estoy segura de que tú tampoco querías…
Bonnie niega con la cabeza.
Rubí respira hondo, envuelve la mano de su hermana con las suyas y le da un suave apretón antes de endulzar la voz para preguntarle:
—¿Sabes por qué hemos llegado a esta situación? Por Morgan.
—Pero nosotras…
—Shhh. Escúchame, Bonnie. Si nosotras tenemos la culpa de lo que casi le pasa a Maximus, ella tampoco se queda atrás. Ya os avisé a todos desde el principio de lo que pasaría si competíamos por su herencia. ¿Lo recuerdas o no?
Bonnie hace memoria.
—Sí…
Rubí le aprieta la mano con más fuerza.
—Ahora, lo único que podemos hacer para que ninguno de nosotros pierda la cabeza es recordar quién es la verdadera villana. Y la villana tiene nombre y apellido y es Morgan Brooks. Ella es la culpable de que nuestro hermano estuviera a punto de morir.
Bonnie, que había agachado la cabeza, alza el mentón para mirar a Rubí a los ojos y asiente. De pronto se siente completamente liberada. Tal es el alivio que la invade que está a punto de sonreír.
—Gracias —pronuncia con un hilo de voz.
—Gracias ¿por qué?
—Por cuidar de mí.
La intención de Rubí no era cuidar de Bonnie, sino asegurarse de que ella no las iba a delatar. A pesar de ello, le suelta la mano despacio y dice:
—De nada.
Bonnie se siente mucho mejor. La idea de que la culpa es de su madre comienza en ese preciso momento, siendo algo tan pequeño como una chispa, pero irá tomando más y más fuerza en su interior hasta convertirse en una llama capaz de devorar la inocencia que aún queda en ella.
A partir de ahora, usará ese fuego siempre que necesite liberarse de la culpa y señalar otro nombre en lugar del suyo.
La niña que se hizo conocida en YouTube por hacer recetas de cupcakes aún no lo sabe, pero esto acaba de marcar un antes y un después en ella.
De hecho, cada vez le costará menos exculparse de sus malas acciones porque creerá que cualquier cosa que haga para intentar ganar o proteger sus puntos será culpa de Morgan Brooks, que los ha condenado a todos.
Y olvidará que un día estuvo a punto de matar a Maximus porque el odio que sienta hacia su madre no dejará sitio para nada más.
Pero eso será más adelante. Ahora, es importante que se encargue de otra cosa.
Por eso regresa a su habitación. Lo hace enfundada en su precioso vestido rosa de volantes, como una princesa que ha escapado de un cuento infantil.
Se sube a la cama y toma un libro de cocina de la estantería.
Nada más sacarlo, el objeto metálico que se aplastaba entre las páginas del extenso volumen cae sobre el colchón.
Es la llave que abre el tercer candado.
Guardó la llave dentro de ese libro porque no se le ocurrió otro lugar mejor para esconderla después de que fracasara intentando enterrarla en el jardín.
La asistenta les anuncia que la cena está servida. Todos sus hermanos, excepto Maximus, que sigue recluido en su cuarto, bajan al comedor.
Ahí es cuando Bonnie aprovecha para entrar a hurtadillas en la habitación de Jack y dejar la llave debajo de su cama.
En lugar de irse de inmediato, la pequeña vuelve la cabeza hacia la cama y se queda mirándola, sintiéndose fatal.
Aún está a tiempo de volver a tomar la llave y confesar lo que hizo. Eso sería lo correcto.
Se queda unos segundos sopesándolo, no más de cinco, con la mano sobre el pomo de la puerta.
Sabe que es horrible que Jack vaya a cargar con el muerto, que el chico no se lo merece, como tan poco se merecía Maximus pasar por lo que ha pasado…
Pero tan pronto llega esa nueva oleada de culpa que comprime su pecho, Bonnie respira hondo y en su interior se abre paso la voz de Rubí: «Recuerda quién es la verdadera villana».
Después cierra la puerta y baja a cenar con su familia.