29
A l salir del laberinto, a la influencer le sorprende ver a Bonnie a esas horas de la noche. La cocinera está de rodillas, de espaldas a ella. Natalie se acerca con sigilo y frunce el ceño al descubrir que las pequeñas manitas de Bonnie están manchadas de tierra. Su hermana está cavando un agujero.
—¿Bonnie? ¿Qué haces?
La pequeña se sobresalta y gira la cabeza abriendo los ojos de par en par, como un cervatillo que es deslumbrado por los focos de un coche antes de ser atropellado.
—Nada.
Natalie la observa de pie, con la mirada apuntando al suelo y la luna detrás recortando su figura.
—¿Qué estás enterrando?
—N-no estoy…
—Espera. ¿Qué es eso?
—T-te he dicho que no es nada, Natalie. Vete a d-dormir.
Natalie se agacha a su lado y mete la mano dentro del agujero. Sus dedos tocan la tierra húmeda, pero descubren algo más: un objeto alargado y frío. Lo saca y se lo acerca a los ojos para verlo mejor. Es una llave de metal.
—¿De dónde la has sacado?
—Es mía.
Natalie no reconoce la llave, pero sí reconoce a un mentiroso, y sabe que Bonnie no le está diciendo la verdad.
—Te tiembla la voz. ¿Por qué me mientes? ¿Crees que soy estúpida?
—No es lo que… No es nada. Esta llave solo abre mi caja de música.
La influencer sacude la cabeza, negando. Aunque lo que dice Bonnie fuera cierto, seguiría sin explicar por qué su hermana intenta deshacerse de la llave, en mitad de la noche, y se muestra tan nerviosa. Al final decide dirigir el rumbo de la conversación a lo que le interesa.
—¿Esto tiene algo que ver con tu prueba individual?
Bonnie responde demasiado rápido.
—No.
—Pero sí está relacionado con la prueba de otra persona. ¿Es eso?
Esta vez, Bonnie duda un instante antes de abrir la boca y decir:
—Puede ser.
Natalie vuelve a negar, perdiendo la paciencia.
—Un «puede ser» no me sirve. Necesito saber qué está pasando y por qué parece que te he encontrado haciendo algo que no debías. Vamos, empieza a contarme la verdad.
La cocinera se retuerce las manos y echa una mirada rápida al agujero en el que pensaba esconder la llave.
—No puedo, Natalie. De verdad que no.
Natalie intenta encontrar algún tipo de conexión entre el objeto con cualquiera de sus hermanos tras confirmar que, tal y como temía, no se trata de una simple llave.
Esto tiene que servir para algo más que para abrir una caja de música.
De hecho, ni siquiera cree que pueda usarla para abrir la caja de Bonnie.
Seguro que abre otra cerradura. Es lo único que explicaría por qué su hermana se estaba tomando tantas molestias en esconderla donde nadie más fuera a encontrarla.
—Vale, no me lo cuentes si no puedes —acepta a regañadientes—. Pero… ¿Esto me afecta directamente a mí?
—No —le asegura Bonnie—. A ti no.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo.
Examina a su hermana con el ceño fruncido. Esta vez, parece que dice la verdad.
—Está bien. —Natalie relaja un poco los hombros—. Entonces, ¿qué pasa si les cuento a todos que tú tienes esta llave?
—¿Me estás amenazando?
—Solo te estoy haciendo una pregunta. —Natalie disfruta al ver lo nerviosa que se pone—. ¿Qué pasaría? O mejor aún: ¿crees que Morgan se enfadaría contigo?
—Sí.
—¿Y cuántos puntos crees que te quitaría?
Ella lo tiene claro.
—Veinte.
Natalie asiente.
Bonnie agacha la cabeza porque sabe que lo que está haciendo está mal.
Pero solo lo sabe porque está incumpliendo una de las principales reglas de la competición.
Lo que no sabe es que esto va más allá de un concurso y hasta qué punto es peligroso para Maximus.
Si fuera consciente de las trágicas consecuencias que podría estar a punto de desencadenar, jamás le habría robado la llave al mago ni intentaría deshacerse de ella enterrándola en el jardín de su casa.
No habría llegado tan lejos para evitar que uno de sus hermanos la adelantase en la lista de clasificación.
Pero, con once años, Bonnie sigue siendo demasiado pequeña.
O quizá en este caso no influye tanto la edad y lo que pasa es que el miedo a perder el hogar y la vida de lujo de la que disfruta hace que no sea capaz de pensar en otra cosa que no sea luchar por ganar.
A veces, nuestro instinto de supervivencia nos convierte en una persona tremendamente egoísta.
El problema es que eso también nos puede convertir en un asesino.
Natalie, por su parte, vuelve a fijarse en la llave.
Al girarla entre los dedos, la tierra comienza a desprenderse creando una finísima lluvia de arena.
Medita sobra la decisión que va a tomar.
Puede delatar a Bonnie para que pierda veinte puntos por intentar perjudicar a otro hermano…
o puede aprovecharlo para algo que a ella le suena mucho mejor.
—Creo que ya sé qué te voy a pedir que hagas.
—¿A mí?
Asiente con la cabeza.
—Por supuesto que a ti. Es lo mínimo a cambio de mi silencio, ¿no te parece?
La cocinera se queda callada y espera a que Natalie diga algo más. No le gusta nada la sonrisa tan extraña que se dibuja en los labios de la influencer ni la oscuridad con la que le brillan los ojos al sujetarla de la muñeca y girársela para ponerle la palma bocarriba.
—Ten —dice Natalie, devolviéndole la llave.
Bonnie nota el frío del metal sobre su palma. Luego, con la otra mano, su hermana mayor le insta a que enrosque los dedos sobre la llave para que no la suelte.
—Pero tengo que…
—Oh, no la vas a enterrar, vas a hacer algo mucho mejor. Quiero que entres en la habitación de Jack, sin que él te vea, y que escondas la llave allí. Tendrás que esperar a que él no esté para que sea seguro. Si alguien te descubre, les contaré a todos lo que intentabas hacer.
—Rosario encontrará la llave cuando limpie su habitación.
—Esa es la idea. Que la encuentre y se la entregue a Morgan.
—Pero si la encuentra mañana antes de… —Bonnie se interrumpe. Ha estado a punto de contárselo—. Si la encuentra mañana, mi plan no funcionará y tampoco habrá consecuencias para él.
—En ese caso, guarda la llave hasta que puedas usarla en su contra —resuelve Natalie.
Bonnie mira un segundo el objeto metálico manchado de tierra. Después vuelve a fijar los ojos en su hermana.
—¿Por qué Jack?
—Porque él ha echado a perder mi plan, y ahora quiero que lo hagas parecer culpable .