Cómo matar a un cisne 28
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N o tan lejos de donde se encuentra Morgan, Jack se adentra, casi sin ser consciente de lo que hace, en el laberinto de estatuas.

Gira en una dirección y otra al azar, sin saber que alguien lo está siguiendo, oculto entre los setos y ese silencio extraño que surge en la oscuridad de la noche.

De pronto, un chasquido, el sonido que emite una ramita seca al romperse bajo el peso de una pisada.

Ha sonado cerca, detrás de él.

Ahí es cuando se da cuenta de que no está solo.

Se gira y clava sus ojos en la oscuridad, donde distingue una mancha negra y alargada que se mueve hacia él.

—¿Quién anda ahí? —lanza contra la mancha.

La mancha vuelve a moverse. Cada vez más cerca, cada vez más grande.

Después, una voz de mujer:

—Soy yo, Natalie.

Jack relaja los hombros.

—¿Por qué me estás siguiendo?

—No te seguía.

Por supuesto, es mentira. Están rodeados por altos y frondosos setos que te hacen elegir cada pocos pasos qué dirección tomar, derecha o izquierda, así una y otra vez, lo que significa que la influencer no podía andar muy lejos si ha llegado hasta él.

Ha debido de seguirlo desde una distancia corta, si no, no habrían acabado en el mismo punto.

El laberinto de estatuas es tan inmenso que tres personas podrían estar caminando durante horas sin llegar a cruzarse ni una sola vez.

—Sí lo hacías —responde, tensándose de nuevo—. ¿Qué quieres?

El cuerpo de la influencer avanza unos pasos hacia él. Mientras lo hace, la luna baña el rostro de Natalie con una luz fantasmal que va revelando poco a poco sus facciones: los ojos, la nariz, la boca… Jack tiene la sensación de estar hablando con un cadáver.

—Quería contarte… algo. Durante la cena, Rubí me ha confesado que no cree que tengas ninguna posibilidad de ser el heredero.

Dice que, como has llegado el último, estás en desventaja.

Pero yo creo que a ella se le ha olvidado que todo el mundo está hablando ahora de ti.

La gente no deja de preguntarse quién eres y por qué Morgan ha decidido adoptar a un chico de diecisiete años en lugar de alguien mucho más joven que tú.

Jack, gracias a que Morgan le regaló un móvil, está al corriente de todo lo que sucede y se especula fuera de la mansión. En otras circunstancias, quizá no se habría molestado en leer las noticias y lo que cuentan sobre él, pero esto le interesa de cara a cómo influirá en la clasificación.

Al resto de sus hermanos, por el contrario, les interesa que la gente se aburra de él y hablen de otros nepo babies . De momento, sin embargo, es Jack quien acapara casi todos los titulares de las revistas del corazón.

Natalie se ha hecho la misma pregunta que todos: «¿Cuántos puntos le obsequiará Morgan si esto sigue así?

». Hace un cálculo mental: cincuenta puntos si consigue que el público le quiera.

Por ahora, y a raíz de las declaraciones que dieron a los medios sus antiguos padres adoptivos, en las que le describieron como un chico inestable, violento e impulsivo, la reputación de Jack no es precisamente buena, así que las opiniones del público respecto a él están divididas.

Veinte puntos si se le sigue mencionando hasta llegar a las ocho semanas.

Y diez puntos extra porque, supone, eso también hará muy feliz a Morgan.

La suma total son ochenta puntos, los mismos puntos que acumula ella en la clasificación en este momento. Jack alcanzaría a la hermana mayor sin mover un solo dedo, únicamente por ser la novedad.

Natalie procura mantener el rostro relajado para que él no descubra lo enfadada que está.

—También se habla mucho de tu pelo —continúa ella, con un entusiasmo forzado—.

Acabo de ver un vídeo de una chica en TikTok que muestra el tinte que se ha comprado para tenerlo igual que el tuyo.

Has vuelto a poner el rubio de moda, hermanito, y ¡sin hacer nada!

Además, como acabas de llegar a la familia, a ti te resultará más fácil que a nosotros desvincularte del apellido Brooks.

Quizá, después de todo, sí que tengas una oportunidad de ganar.

—Supongo que el tiempo lo dirá.

Natalie esboza una sonrisa rápida y nerviosa.

—¿Tienes un plan o… todavía nada?

Jack no tiene un plan trazado como tal, pero sí dos cosas en las que sabe que debería centrar su energía: aprovechar las clases de piano, canto y composición, y hacer algo para lavar su imagen.

La primera tiene fácil solución, solo se trata de echarle horas y esforzarse en ser el mejor para no decepcionar a Morgan.

Para lavar su imagen, en cambio, no tiene ni idea de qué hacer.

Tampoco sabe si lo que dicen sus antiguos padres sobre él es mentira o no.

Jack no se siente identificado con cómo lo han descrito, y sabe que la envidia es mala y afila la lengua.

Pero también sabe que existe algún episodio de su pasado que su mente ha eliminado por completo; espacios en blanco que no logra rellenar, como la vez en la que no recordaba si se había peleado con Mason o con otro niño.

Por eso, durante estos días, hasta se ha planteado ponerse en contacto con Susan para preguntarle si ella de verdad cree que hay algo en él que está mal y que debería tratar con un profesional, o si el problema no era él y todo se ha resumido siempre en que ella no lo tragaba y punto.

Quizá, por una vez y a pesar de todo, Susan pueda ayudarlo.

—¿Jack? ¿Tienes un plan o no? —insiste su hermana.

Él la mira, y como no ve nada malo en confesárselo, le dice:

—Me gustaría ser cantante.

—¡Cantante! ¡Por eso has empezado las clases de piano y canto! Verás cuando se lo diga a Rubí. ¡No le va a hacer ninguna gracia saber que le ha salido competencia! Cuidado con esa arpía. Por las buenas, es muy buena, pero por las malas… Mejor que te andes con ojo.

—Parece que en esta casa nadie puede confiar en nadie.

—¿Te das cuenta ahora? Por supuesto que no puedes confiar en nadie. Y el primero del que tienes que mantenerte alejado es de Austin Brooks. ¡Es el más peligroso de todos!

—Tranquila, de Austin ya sé que no me puedo fiar.

—¿Te acuerdas de que yo te salvé el culo en la cocina? —Es demasiado evidente que Natalie está a punto de pedirle un favor.

Jack por fin entiende de qué va todo esto, por qué su hermana mayor lo estaba siguiendo.

Esa noche de la que le habla, Austin se mofó de su carrera como influencer porque su audiencia había bajado.

Ahora que la atención está puesta en Jack y es «el chico del momento», no es de extrañar que Natalie quiera arrimarse para que la luz de ese foco también la alumbre a ella.

—También me acuerdo de que me delataste a la mañana siguiente —responde Jack—. Por eso sé que tampoco puedo confiar en ti.

Los dedos de Natalie se enroscan contra la palma de su mano.

Le está saliendo todo al revés. Ella, efectivamente, venía con la intención de cobrarle el favor a Jack.

Pero ha cometido el error de abrir la boca cuando no debía y ahora…

Ahora no tiene un plan B. Está acabada. Ya no sabe qué hacer para volver a recuperar esa atención que sus seguidores le brindaron un día, antes de aburrirse de ella y tirarla como un juguete viejo.

Cuando estaba siguiendo a Jack dentro del laberinto, confiaba en poder usarlo como cebo para resolver el problema de su baja audiencia.

Pero él no parece estar por la labor. Y eso que no tendría que hacer gran cosa.

Una foto con su nuevo hermano podría hacer que sus redes sociales ardiesen durante varias semanas.

Solo una foto. Lo fácil que sería: sacar el móvil de su bolsillo, pasarle un brazo por los hombros, pegar su mejilla a la de él, disparar el flash , escribir en el pie de foto algo sobre él que nadie más sepa.

Sus seguidores e interacciones subirían como la espuma, las miradas se volverían hacia ella.

Está tan cerca de Jack, sería tan fácil rascar un poco de esa popularidad que él ha ganado de la noche a la mañana sin ningún esfuerzo, que tenerlo delante y no poder hacer nada hace que le entren unas ganas terribles de gritar.

En cambio, su voz, aunque el tono sea cortante, sale suave y afilada, como un suspiro apagado:

—Supongo que eso quiere decir que no me vas a ayudar a conseguir lo que quiero.

—No.

Natalie saca pecho y, sin apartar los ojos de él, mantiene una falsa calma mientras su mirada se llena de odio.

—¿Sabes? Me confundí contigo. La primera vez que te vi, pensaba que serías una buena persona.

—Lo que pensabas es que podrías manipularme.

—Si empiezas a desconfiar de todos tus hermanos, te quedarás solo.

—En ese caso, tampoco será tan distinto a la vida que tenía antes de acabar aquí.

—Hablo en serio, Jack. Ten cuidado. Ya te llevas mal con Austin. A Rubí tampoco le caes bien. Si no me ayudas con esto, te vas a ganar otra enemiga.

Él se encoge de hombros.

—Todos somos rivales en el juego por quedarse con la herencia.

Ya oíste a Morgan: solo puede haber un ganador.

—La tranquilidad con la que Jack se lo dice, dejándole claro que su amenaza no le importa lo más mínimo, termina irritando a la influencer , que gira sobre sus talones y desaparece entre las altas paredes del laberinto.

De un segundo a otro, Natalie es engullida por la oscuridad, dejando a Jack completamente solo .