Cómo matar a un cisne 26
32%

26

M ientras Jack estaba de compras con Morgan, Rubí intentaba componer un tema pegadizo para que la gente lo escuche en bucle.

Necesita conseguir más puntos y necesita que los demás no ganen nuevos. O mejor aún: que los pierdan.

Después de criticar a Jack con sus hermanos, cada uno regresa a su cuarto. Rubí solo permanece cinco minutos en el suyo, la mitad de ese tiempo mirando la imagen fija que proyecta la televisión de la pared: la lista de los hermanos ordenados por la cantidad de puntos obtenidos.

Acerca el dedo índice al lector que hay bajo el televisor. Una luz roja surca su yema. La imagen cambia y le muestra su prueba individual:

50 puntos: Consigue que tu próxima canción llegue a diez millones de reproducciones.

No cree que vaya a superarla. Por lo menos, no a corto plazo.

El resto sigue igual. No hay ningún cambio dentro de su perfil. Rubí sabía que lo más probable era que Morgan no añadiera nuevas pruebas individuales tan pronto, pero quería asegurarse.

Exhala abruptamente. Está convencida de que a los demás les ha tocado una prueba más fácil. Austin, sin ir más lejos, solo necesitaba tener un gesto bonito con Jack para llevarse diez puntos.

Piensa en el resto de sus hermanos. ¿Qué estarán maquinando para ganar?

De momento, cree saber lo que se trae Maximus entre manos.

Tiene que ver con lo que ha visto en el sótano: la jaula de agua, que antes estaba protegida por una sábana polvorienta, destapada.

Y no es una prueba individual. No, eso no tendría ningún sentido.

Morgan le parece una mujer cruel por meterlos en esto, pero jamás los empujaría a hacer algo que pusiera en riesgo la vida de uno de sus hijos.

Hay líneas rojas. Por eso Rubí tiene tan claro que esto no ha sido idea de Morgan, sino de Maximus. Lo hace porque quiere impresionarla.

Pero ahora que su hermana cree saber lo que trama el mago, que está convencida de que él tiene pensado hacer el número de escapismo en su próxima función, se le ha ocurrido una idea.

Si su plan sale bien, la cantante demostrará que Maximus no es el único en la mansión que conoce algunos trucos de magia.

Sin embargo, para evitar que su hermano se salga con la suya, necesita la ayuda de otra persona.

Podría hacerlo ella misma, claro, pero prefiere exponerse lo menos posible.

Cuando las cosas se complican, la gente siempre busca un culpable, así que es mejor no dejar cabos sueltos.

Por eso sale de su habitación y se dirige a la de Bonnie.

Llama a la puerta dos veces.

—Hola.

—¿Rubí?

—Sí. ¿Puedo pasar?

Bonnie se hace a un lado para dejar pasar a la cantante, que recorre la habitación y se sienta a los pies de la cama mientras echa un vistazo a su alrededor. Sobre la mesa, ve un pequeño trípode y un montón de libros de cocina.

—Maximus está preparando un número nuevo para su próxima función —dice a bocajarro.

Antes de que Rubí la interrumpiese, Bonnie estaba pensando en el siguiente postre que se grabará cocinando para su canal de YouTube. Deja la libreta en la que anota sus ideas y mira a su hermana con el ceño fruncido.

—¿Y tú cómo te has enterado?

—Porque he bajado al sótano y he visto que ha vuelto a llenar el tanque de agua.

—Eso suena peligroso.

Los ojos de la cantante barren la habitación como si buscasen un objeto en concreto.

—Tu caja de música…

—¿Sí?

—… se abre con una llave.

La última vez, durante el desayuno, le pidió a Bonnie que cerrase su caja de música porque no soportaba seguir escuchando la maldita melodía.

—Sé cómo funciona —protesta su hermana, cruzándose de brazos.

—Pero ¿a que no sabías que tu llave se parece muchísimo a las que usa Maximus para su número de magia? Sería muy fácil confundirlas…

Bonnie arquea las cejas.

—¿Quieres que cambie mi llave por una de las suyas?

Rubí se lleva la mano al corazón con un gesto teatral.

—Oh, yo no he dicho eso. —Sin poder evitarlo, se le escapa una sonrisa casi imperceptible—. Aunque… si a Maximus le sale bien su número de magia, podría ganar muchos puntos y hacer que tú bajes a la tercera posición. Se quedará con tu puesto, Bonnie, ¿qué te parece?

Su hermana pequeña traga saliva, agobiada.

Y entonces Rubí añade:

—Pronto dejarás de ser la segunda si no haces nada para impedirlo .