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M aximus está en el sótano, donde tiene una zona reservada para él en la que practica sus números de magia. Morgan habilitó este espacio para que el mago saliera de la mansión lo menos posible.
El agua sale de la manguera y llena hasta el borde el tanque de cristal de dos metros. Cierra el grifo y luego observa el cristal empañado mientras su ambición le echa un pulso al miedo.
Maximus agita la mano en la que sujeta tres llaves de metal.
Tiene que tomar una decisión.
Tres grilletes. Dos minutos para abrirlos. Es un número muy peligroso.
Pero después piensa en los aplausos del público. A la gente le gusta un buen espectáculo y está claro que no dejaría indiferente a nadie. Por eso sabe que es imposible que Morgan no lo premie con un montón de puntos.
Si sale bien, todo el mundo querrá ir a verlo y volverá a hacer sold out . Saldrá en las noticias, estará en boca de todos durante unas semanas.
Todo eso se traduce en puntos y más puntos.
Quizá podría hasta superar a Austin en la clasificación.
Ese último pensamiento es el empujón que necesita para que la balanza caiga hacia un lado .