18 #2
Jack se hace preguntas que no sabe si quiere que sean respondidas, porque le da miedo lo que pueda descubrir de sí mismo. Y al final, con todas esas dudas en la cabeza y los labios rozando la toalla, dice:
—Quítate de encima. —Como no recibe una respuesta inmediata, añade—: Voy a contar hasta tres.
Austin tensa la mandíbula, despega las manos de su espalda, se levanta de golpe.
—No es necesario que cuentes hasta tres.
Sin el peso de Austin, Jack siente algo parecido al frío y al vacío. Se arrepiente al instante de haberle pedido que se levante. Él también se pone de pie. Se tapa la erección envolviendo su cintura con la toalla y mira al actor a los ojos.
Este le devuelve la mirada.
Los dos se quedan muy callados.
Jack tiene delante de él un azul frío y gris como un mar furioso.
Austin, un verde oscuro como una botella de vidrio.
—Bueno, yo subo a ducharme —dice Jack en voz alta.
—Qué casualidad. Yo iba a hacer justo lo mismo.
Jack lo fulmina con la mirada, pero lo prefiere así. Prefiere la versión de Austin que le saca de quicio, no la que le resulta atractiva. En la primera solo tiene que controlar su puño. En la segunda, es el actor el que tendría control sobre él.
Dentro del ascensor, Austin le pregunta:
—Oye, y… ¿por qué al principio no querías que te echase crema en la espalda? Me lo puedes decir, estamos solos.
Como si Jack fuera a confiar en él. Como si el hecho de estar solos no fuera peligroso para los dos.
—Porque me voy a duchar.
—Ya…, ¿no será que se te estaba empalmando con el masaje?
—No se me ha puesto dura, imbécil.
El ascensor empieza a subir. Jack aprieta más el nudo de la toalla para esconder las consecuencias de haber pasado por sus manos.
Austin se da cuenta, por supuesto, y lo mira de arriba abajo con la espalda apoyada en el espejo. Tiene la toalla y la camiseta sobre su hombro. El bañador rojo le gotea y forma un pequeño charquito bajo sus pies.
—No se te ha puesto dura…, pero por si acaso te la tapas con la toalla.
—Es para no mojar el suelo.
—Claro… el suelo.
—Deja de reírte de mí.
—No me estoy riendo de ti. Solo te miro.
—Pues no mires tanto. ¿Y tú por qué querías echarme crema? ¿Has ganado puntos con eso?
Austin sonríe y le confiesa:
—Diez puntos.
—¿Por echarme protector solar?
—Por tener un gesto bonito contigo. La prueba no especificaba que tuviese que hacer nada en particular para que fuese válida.
—Y supongo que también has hecho una foto de mi espalda para enviársela a Morgan.
Asiente.
—Supones bien.
Jack suelta un bufido. Le fastidia que Austin vaya a ganar más puntos a su costa, pero por lo menos tiene una explicación de lo que ha pasado.
El ascensor se detiene en la tercera planta. Cuando las puertas metálicas se separan, el actor se mueve para bloquear la salida con su cuerpo.
Jack intenta pasar, pero el otro no le deja salir. Se cruza de brazos con una mueca divertida. Su pecho se hincha en la siguiente respiración. Un pecho desnudo, apretado, y cubierto de diminutas gotitas de agua.
Jack traga saliva y se esfuerza para que sus ojos no resbalen hasta su bañador. Si lo hace, dará igual lo que diga porque se dejará en evidencia.
—Escucho tu corazón desde aquí —señala Austin.
—Me parece estupendo. ¿Me dejas salir del ascensor?
El actor no se aparta ni un centímetro y las puertas vuelven a cerrarse detrás de él. Los dos se quedan encerrados en el ascensor.
—Cuánta prisa tienes, ¿no? ¿Qué pasa? ¿Te da miedo que estemos tan cerca?
—No es miedo, es que ¡soy tan fan tuyo!
Austin ignora el tono sarcástico de Jack y sigue insistiendo.
—¿Te pongo nervioso?
—Eeeh… no. Menudo creído.
Jack pulsa el botón para que las puertas se abran de nuevo. Pero Austin sigue bloqueando la salida.
—Pensaba que no te gustaban los chicos…
—No me gustan.
—… pero veo que yo soy la excepción.
—Lo que tú digas, estrella. ¿Me vas a dejar salir o no?
—¿Qué pasa si no quiero?
Jack se abre camino pegándole un fuerte empujón a Austin, que choca de espaldas contra el marco de la puerta del ascensor y el impacto hace que el cubículo entero se tambalee como si fuera a caerse.
—Esto es lo que pasa.
—¡Eres un puto animal!
—Menos mal que a mí se me ve venir desde el principio, ¿no?
—Te vas a arrepentir por haberme empujado.
—Me arrepiento de no haberlo hecho más fuerte para tirarte al suelo.
Vale, está claro que no va a conseguir superar la prueba individual. Solo espera que Morgan no tarde en ponerle otra nueva y que no tenga que ver con Austin.
Cuando cree que ya lo va a dejar en paz, una mano enorme lo detiene tres pasos más adelante: Austin lo agarra de la muñeca. Jack intenta zafarse como lo ha hecho en la piscina, pero esta vez el actor lo aprieta con tanta fuerza que no puede.
Austin no está dispuesto a soltarlo sin antes jugar su última carta:
—Cuando me has visto en bañador, te has puesto cachondo.
—No es verdad.
—Mírame —le pide, tirando de él.
Jack se mantiene erguido y con los pies clavados en el suelo, dándole la espalda.
—Como no me sueltes, te juro que esto va a acabar muy mal para los dos.
—Te suelto, pero antes mírame a los ojos. Quiero comprobar una cosa.
Pero Jack no quiere comprobar nada. No quiere comprobar el poder que Austin parece ejercer sobre él, la forma en la que su cuerpo reacciona tensándose y se pone en alarma cuando está cerca del suyo… o cómo se queda sin aire.
No quiere nada de eso.
Solo quiere darse una ducha fría para bajar la erección que se esfuerza en ocultar.
Además, ¿por qué insiste tanto? Ya se ha asegurado los puntos de su prueba, así que no necesita nada de esto.
—No vas a comprobar nada, Austin. Te he dicho lo que hay.
—Y yo te digo que hay algo más. Los ojos nunca mienten.
Al final, a Jack no le queda más remedio que volver la cabeza hacia atrás y clavar sus ojos en él. Lo mira con rabia, porque tampoco cree que se trate de una nueva prueba.
Pero odia tener que ceder y que Austin se salga con la suya.
Odia tener que demostrarle que se equivoca, que no se le ha puesto dura al verlo en bañador porque a él no le gustan los chicos.
Odia estar esforzándose por mantenerle la mirada mientras Austin le mira con una entereza y seguridad que a él le ha sido robada de golpe.
—¿Contento? —escupe Jack, cuando ya ha pasado el tiempo suficiente para que el actor compruebe lo que sea que quería comprobar.
Austin libera su muñeca.
—Sí.
Ya no hace falta que se sigan mirando.
No hace falta y, a pesar de ello, los dos se quedan un poco más.
—¿Y bien…? ¿Has encontrado lo que buscabas?
Las comisuras de Austin se estiran lentamente hacia arriba.