Cómo matar a un cisne 17
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A ustin pocas veces se ha sentido tan incómodo como ahora, desayunando. En el comedor reina un silencio tenso, tan solo interrumpido por los sonidos que hacen las tazas al apoyarse en el plato de cerámica o el crujido de una tostada al masticarla.

Natalie tiene la mirada perdida en su café, las ojeras de Rubí dejan claro que se ha pasado toda la noche en vela, Maximus baja sin su famoso sombrero de copa…

Los diez están ahí y a la vez es como si estuvieran en otro lugar, porque ahora solo piensan en ganar puntos para escalar en el puesto de clasificación, que sigue sin actualizarse y mantiene el orden de llegada.

La tensión no solo se refleja en el silencio, también se ve escrita en los ojos de cada uno de ellos, impregnados de envidia, codicia, miedo y supervivencia.

Jack agradece haber terminado y poder disfrutar de un rato a solas en la piscina. Se tira de cabeza y se queda unos segundos bajo el agua. Es curioso: solo cuando su cuerpo está completamente sumergido siente que puede respirar.

Es viernes, su cuarto día viviendo con los Brooks. A él nunca se le ha dado demasiado bien hacer amigos, aunque tenía la esperanza de empezar de cero con su nueva familia y de abrirse a los demás; ahora sabe que va a ser imposible.

Los diez hermanos compiten por el mismo premio. El juego ya se ha puesto en marcha y cada uno sabe cuál es su prueba individual. Jack tiene grabada la suya:

10 puntos: Demuéstrame que te llevas bien con Austin.

Se queda flotando con el cuerpo sumergido hasta el cuello, cierra un momento los ojos y se imagina a sí mismo como una criatura marina que ha llegado por error a un lugar que no está hecho para él.

Con el maldito sistema de puntos y la clasificación, Jack siente que Morgan le ha robado la posibilidad de formar parte de algo.

Tiene claro que nunca va a ser un Brooks de verdad.

Esa certeza hace que se pregunte de nuevo por qué Morgan se empeñó en adoptarlo.

Necesita saberlo. Aunque, después de lo que pasó entre él y Austin, prefiere esperar a que las cosas se calmen un poco.

Se acerca nadando al borde de la piscina y observa la mansión que se alza frente a él y amenaza con tocar las nubes.

La casa parece envuelta por algo oscuro.

Se queda mirándola mientras intenta descubrir por qué tiene la impresión de que la Casa del Cisne puede respirar, como si en cualquier momento fuese a separarse del terreno sobre el que se construyó para convertirse en una especie de araña gigante.

Entonces se da cuenta de que hay una persona observándolo desde lo alto de la terraza, entre dos gárgolas.

Austin Brooks.

Tiene los brazos apoyados en el pasamanos de piedra. Los mechones negros y desordenados se balancean sobre sus ojos, y su sonrisa se retuerce a medida que la comisura izquierda sube por encima de la derecha. Es una sonrisa que parece un nuevo aviso: «Corre».

Jack se tensa de golpe. Aun así, entorna los ojos y le dedica una mirada igual de amenazante.

¿Le habrá puesto Morgan a Austin la misma prueba que a él?

¿Por eso lo vigila desde la terraza? Con esas preguntas rondando por su cabeza, el chico sumerge la cabeza y sigue nadando.

Los músculos de su espalda se estiran con cada nueva brazada.

Se ha metido en la piscina porque buscaba un sitio en el que pudiera estar solo sin sentir que la persona de la que quiere alejarse está al otro lado de la pared.

Pero Austin está decidido a no separarse de Jack.

O a superar la prueba.

La siguiente vez que saca la cabeza del agua y sube los ojos hasta la terraza que comparte con su nuevo hermano, el actor ya no está.

Lo ve entrar poco después por la valla metálica que separa la zona de la piscina del jardín.

Camina como lo haría una estrella si estuviera desfilando por una alfombra roja, con pasos largos y seguros.

Coloca su toalla al lado de la suya —a pesar de que el resto de las hamacas están libres y no hay necesidad de compartir espacio—, deja las gafas de sol en uno de los brazos de la hamaca, se quita la camiseta azul marino y la lanza sobre la toalla.

—He estado pensando en lo que nos dijo ayer Rubí —comenta Austin distraído—, lo de que Morgan quiere que solo haya un ganador para que nos matemos entre todos.

Jack nada hasta el bordillo y apoya los antebrazos para no hundirse.

—¿Tienes miedo? —Sabe la respuesta, pero le encantaría que Austin le dijera que sí.

—¿Miedo? Si ya me parece interesante que ahora vivas con nosotros, que Morgan nos obligue a pelearnos por su fortuna lo hace todo mucho más divertido.

Jack levanta una ceja.

—¿Por qué te parece interesante que viva con vosotros?

El actor esboza una sonrisa mal dibujada.

—Eres todo lo opuesto a mí y mis hermanos.

—Tú no me conoces —dice cortante.

Austin se sienta en el bordillo, a dos metros de Jack, y mete las piernas en el agua sin dejar de mirarlo a los ojos.

—Lo poco que te conozco me basta para hacerme una idea. En cuanto a lo de la herencia de Morgan… Me divierte no saber con qué me voy a encontrar cuando la tensión entre los diez se haga tan insoportable que saque lo peor de cada uno.

—Ah.

—Sí… Bonnie, por ejemplo, es una niña muy dulce. Pero también la veo capaz de envenenarte con una de sus famosas magdalenas.

—¿Eso no le haría perder puntos?

—No, si hace que parezca un accidente.

A Jack le sacude un escalofrío.

Austin sigue haciendo predicciones de sus hermanos.

—Maximus se arriesgaría a atravesarte con una espada para realizar un truco de magia. Natalie nos vendería a todos por un puñado de likes . Grace pisaría la cabeza de cualquiera con tal de conseguir un papel…

—¿Y Nolan? —Jack no cree que el mimo presente ninguna amenaza.

—Nunca le he oído hablar —responde Austin—. No sé si porque no puede, por algún trauma o porque está obsesionado con no salirse de su papel de mimo. A él me lo imagino apuñalando a otra persona a sangre fría, sin que su rostro refleje ninguna emoción.

Jack parpadea.

—Veo que tienes para todos. ¿Y Rubí?

—Ella me recuerda a una mantis religiosa.

—¿Qué hay de Jessie? Ella es humorista.

—Nunca te fíes de alguien que se esfuerza tanto en hacer reír a los demás. Probablemente lo haga para que no veas sus propias sombras. Las personas como Jessie suelen ser tremendamente infelices.

—Ahora, si intenta hacernos reír, seguro que es para superar alguna prueba individual —comenta Jack—. Me imagino cómo pueden ser: «10 puntos: Consigue que todos tus hermanos se rían».

—¿A ti cuál te ha tocado? —lanza Austin.

—Lo sabrás si consigo superarla.

—Y… ¿es fácil o difícil?

—Depende de lo que cueste engañar a Morgan —responde Jack, porque no se imagina llevándose bien con alguien como él.

La base de una relación, sea del tipo que sea, comienza por la confianza. Y Austin Brooks es, de lejos, la persona en la que menos confía.

—Yo sé que superaré la mía.

—¿Por eso has venido a hablar conmigo? ¿La prueba que te ha puesto tiene algo que ver con eso?

—No.

Jack estudia los ojos del actor desde la piscina y no consigue descifrar si miente o no.

—¿Qué opinas de Chloe? —le pregunta entonces.

—Opino que deberías tener cuidado con ella. De todas formas, no hace falta que te diga nada. Lo comprobarás tú mismo. El tiempo hace que te fijes en los pequeños detalles, y los pequeños detalles desvelan secretos que no se ven a simple vista.

—Parece que en vuestra familia os encanta tener secretos.

La sonrisa de Austin se ensancha más.

—Tú, en cambio, eres al único al que no veo como una amenaza.

—Vaya.

—Sí… Por eso te he dicho que eres todo lo opuesto a nosotros.

A ti se te ve venir desde el principio. Tienes un carácter de mierda y no intentas convencer a nadie de lo contrario.

Si alguien no te cae bien, lo sé con solo mirarte a los ojos.

Seguro que si estás intentando superar alguna prueba, también lo sabré.

—Y, sin embargo, lo de que te partiese la cara no lo viste venir.

— Touché .

—Quizá no soy tan transparente como tú crees, ¿no te parece?

—Me parece que sigues siendo del que menos me tengo que preocupar. Además, tú empezarás con cero puntos en el marcador.

Los dos se quedan mirándose en silencio. Jack con el cuerpo sumergido hasta los hombros, Austin balanceando los pies dentro del agua mientras sigue sentado en el bordillo.

—Entonces, ¿ves bien que Morgan nos obligue a competir entre nosotros?

Austin asiente.

—Hay personas a las que nos gusta ver el mundo arder. —Después saca los pies del agua y alcanza el bote de crema.

Jack se aleja del bordillo, aunque, en lugar de nadar, se queda mirando a Austin por el rabillo del ojo desde el centro de la piscina.

Lo hace fingiendo absoluta indiferencia, pero en realidad no se pierde ningún detalle de su cuerpo: la línea de vello oscuro que une su ombligo con el bañador rojo de Polo, cómo se reparte la crema por el vientre o cuando una de sus manos se interna en la tira del bañador hasta los nudillos.

El actor tiene la V tan marcada que parece que se la hayan pintado con un aerógrafo. También lo ve recolocándose el paquete.

Jack ni siquiera sabe por qué lo mira.

Y el pequeño tirón que siente lo deja más confundido que antes.

Entonces Austin se vuelve hacia él y lo sorprende espiándolo. Sonríe burlón.

—Vaya, vaya. Qué rápido empiezas a fijarte en los detalles. Espero que ver cómo me unto el cuerpo en crema te haya dado alguna pista de por qué no puedes fiarte de mí.

Jack no tiene la cabeza sumergida; de lo contrario, habría tragado un montón de agua del susto. Abre los ojos como platos.

—¡No te estaba mirando a ti! Miraba… la casa.

—Ya. La casa. ¿Y qué te parece?

Solo puede pensar en el bañador rojo, en el bulto que se le ha marcado al recolocársela.

—Es… enorme.

—¿Te gusta que sea tan grande?

Le arde la cara, así que se pone el disfraz de seguir enfadado con Austin y tensa la mandíbula. Por supuesto, tampoco responde. En lugar de eso, se da la vuelta y nada un par de largos más.

Intenta huir de algo de lo que no puede escapar porque nace desde dentro. Es una emoción que se parece bastante a una cuerda que tira de su estómago. Un hormigueo. La sensación de que algo que es más grande que él empieza a despertar e intenta tomar el control.

Jack nada con fuerza mientras recuerda la forma en la que Austin se repartía la crema por su abdomen. Intenta pensar en otra cosa, pero no puede. El movimiento de sus piernas hace que estas rocen constantemente su polla, que se le acaba de poner dura.

Sabe que ha sido por recordar la forma en la que Austin se echaba la crema por el cuerpo, pero no quiere echarle la culpa a él porque entonces tendría que asumir algo que le sigue pareciendo imposible.

No, Austin no puede ser la razón. Eso no tendría ningún sentido. Él es un chico, y a Jack le gustan las chicas.

Comienza a agobiarse. Sabe qué pensará Austin de él si se entera de que se le ha puesto dura.

Por eso Jack se siente vulnerable estando tan cerca del actor.

Necesita protegerse de alguna forma, pero tampoco sabe qué pretende proteger exactamente.

¿Qué le da tanto miedo? Nada parece tener sentido.

Todo su interior parece desordenado. Quizá lo mejor sea dejar la mente en blanco y centrarse solo en nadar.

En un intento por mantener la calma, se recuerda a sí mismo que no tiene la necesidad de convencer a nadie de quién es. ¿Y qué si Austin descubre su erección y piensa que por eso le gustan los chicos? Él sabe que no es gay y que solo le atraen las mujeres.

Saca la cabeza del agua y observa a Austin de pasada.

Vuelve a fijarse en su apretado abdomen y en su pecho trabajado, en cómo la tira de su bañador se le ajusta a la cintura…

También vuelve a ver el bulto que se marca entre una pierna y otra.

Vuelve a sentir un tirón y, casi a la vez, su polla se endurece un poco más bajo el agua.

Eso lo deja más confuso si cabe. No entiende nada. Es como si su cuerpo le perteneciese ahora a otra persona. No se reconoce y no sabe cómo lidiar con la corriente de emociones nuevas que lo invaden. Lo único que tiene claro es que necesita salir de la piscina. Cree que, si no lo hace, se ahogará.

—¿Te importa si me baño contigo? —le pregunta Austin.

Jack sale del agua sin responder.

Austin lo agarra con fuerza del brazo.

—Eh, te estoy hablando.

Entonces Jack pega un tirón y consigue que el actor lo suelte. Después levanta la otra mano con la intención de agarrarlo del cuello. Lo hace rápido, tanto que a Austin Brooks no le da tiempo a reaccionar y sus ojos se tiñen de algo parecido al miedo.

Jack no llega a tocarlo. Podría tener ahora mismo los dedos clavados en la garganta de Austin y, en lugar de eso, su mano se queda quieta antes de cerrarse sobre él, porque no olvida lo que le dijo Maximus: «Con Morgan no hay segundas oportunidades.

Si la cagas otra vez, no volverás a pisar la Casa del Cisne», y tampoco olvida su prueba individual: «Demuéstrame que te llevas bien con Austin».

—No vuelvas a tocarme.

—Joder —responde Austin, tragando saliva.

No se esperaba que Jack fuera a reaccionar así.

Por lo menos, no sin ver antes alguna señal de peligro.

Confiaba en que, después del puñetazo en la cocina, estaría más atento para la próxima vez que este tuviera la intención de atacarlo.

Pero lo cierto es que, si no tiene su mano cortándole la respiración, es porque el otro no ha querido.

Algo le ha hecho cambiar de opinión en el último segundo.

Ahora los dos respiran por la boca, mirándose a los ojos. Y luego se separan con brusquedad porque escuchan unas voces que se acercan.

Son Maximus y Nolan.

Acaban de cruzar la puerta metálica, pero se han quedado quietos y han dejado de hablar.

Austin y Jack se vuelven en su dirección y levantan el brazo a la par para saludarlos en la distancia, fingiendo normalidad.

El mago y el mimo tardan un poco en devolverles el saludo. Antes de hacerlo, se miran entre ellos porque tienen la sensación de que han interrumpido algo .