Cómo matar a un cisne 12
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C hloe ayuda a Jack a esconder la herida con maquillaje antes de bajar al comedor. Nolan, Rubí y Bonnie están terminando de desayunar en la mesa de mármol.

—¿Puedes cerrar tu estúpida caja? —le pregunta Rubí a Bonnie—. Estoy harta de escuchar esa melodía.

Bonnie tiene una caja de música en su regazo que se abre con una preciosa llave de metal.

Llevaba un mes sin poder escuchar la melodía porque había perdido la llave, pero esta mañana la ha encontrado en el bolsillo de una falda.

Cierra la caja a regañadientes, la deja en el suelo y se guarda la llave en el bolsillo.

Cinco minutos después llega Maximus, el mago, frotándose los ojos y bostezando. Aunque sigue en pijama, no se separa de su sombrero de copa. Lo lleva como una extensión de sí mismo.

—¿Quieres un bollo? —Maximus se sienta al lado de Jack, pone su sombrero sobre la mesa y saca de su interior un cruasán con pepitas de chocolate por encima.

—A saber cuánto tiempo lleva ahí. —Rubí hace una mueca de asco—. ¿Alguna vez lavas ese sombrero?

—No te pongas celosa, mujer, que también hay algo para ti —responde Maximus. Después de fingir que busca dentro del sombrero, le saca el dedo corazón.

Rubí pone los ojos en blanco y bebe otro sorbo de café.

En ese momento, Rosario entra en el comedor, deja la bandeja de plata con cuidado en el centro de la mesa y sonríe a Jack con un cariño maternal. La bandeja está repleta de tacitas de porcelana con café y bollería.

—Buenos días, Jack. Espero que le guste el desayuno que he preparado.

—Joder, tiene una pinta increíble. Gracias. —Al chico se le hace la boca agua al descubrir que algunos de los bollos están rellenos de chocolate blanco, pero también se siente mal por tener a un equipo de personas que les sirve el desayuno.

Jessie y Grace son las siguientes en sumarse. Natalie aparece poco después, y lo primero que hace es mirar a Jack para comprobar que sigue de una pieza.

Solo falta un hermano.

Cuando Austin se presenta en el comedor, todos se quedan mirándolo.

Rubí es la primera en romper el silencio.

—¿Quién te ha partido la cara?

Su mejilla izquierda tiene un color rojo muy feo y ni siquiera ha intentado disimularlo con maquillaje. Austin luce el hematoma como una herida de guerra.

—Nadie —responde al tiempo que se sienta frente a Jack y clava sus ojos en él.

Jack desvía la mirada a su café y bebe un sorbo. Después toma un cruasán y moja una esquina. Necesita mantenerse ocupado porque Austin Brooks no le quita los ojos de encima.

No se siente intimidado por él, pero sí se siente incómodo por tener que fingir que no tiene ni idea de quién ha podido pegarle un puñetazo. Para Jack la mentira es una araña que, si no la matas, no te la quitas de encima.

Entonces llega el Cisne Negro, y Jack presencia el momento exacto en el que sus ojos se abren con horror al ver el hematoma de Austin.

—Un accidente —se adelanta este antes de que ella ponga el grito en el cielo.

—¿Cómo que un accidente? ¿Te metes en una pelea por accidente?

El actor agacha la cabeza y baja la voz como un perro apaleado.

—No me he metido en ninguna pelea. Me he caído.

—¡Estás rodando la cuarta temporada de Besar o morder !

¿En qué estabas pensando? Esto a los del estudio no les va a hacer ninguna gracia.

—Morgan rodea la mesa. Sujeta a Austin del mentón e inspecciona la gravedad de la situación—.

Por Dios. ¿Cómo vas a salir en cámara con la cara así?

¡Dime ahora mismo quién te ha hecho esto!

Austin no responde. Los ojos del Cisne Negro van de un hijo a otro buscando al culpable que él está protegiendo al no delatarlo.

Todos bajan la mirada a su desayuno.

Todos menos una persona.

—Fue Jack —dice Natalie—. Anoche los encontré discutiendo en la cocina. —Después se lleva el café a los labios y bebe un sorbo.

Morgan posa los ojos en Natalie. Ella le hace un gesto de asentimiento mientras deja la taza sobre el plato de porcelana.

Entonces Morgan gira la cabeza lentamente hacia Jack sin mover el resto de su cuerpo, como una muñeca a la que le puedes dar las vueltas que quieras, y le clava una mirada sombría.

—Jack… ¿Es eso cierto? ¿Le has pegado un puñetazo a Austin?

Al chico se le forma un nudo en la garganta que no le deja respirar. Ahí es cuando descubre dónde reside el poder real del Cisne Negro.

No es que sea una leyenda viva de Hollywood, no es el dinero que posee, no es su belleza inalcanzable: es ella , el aura que desprende; su presencia en sí misma consigue engullirte de un solo bocado.

Cuando Jack observa esos ojos azules llenos de ira, se da cuenta de que el miedo que se activa en su interior se parece bastante al que le despertaba Susan. Solo que este miedo es nuevo, más fuerte y más grande; mucho, mucho más.

—Sí, fui yo —admite.

Si algo tiene Jack, por encima del miedo, es que nunca dejará de ser una persona valiente que se enfrenta a todo, incluso a sus propios errores.

El rostro de Morgan se oscurece como si el cisne hubiese extendido sus alas.

—¿Por qué? —pregunta con tono ausente mientras se acerca despacio a él.

Rosario se detiene antes de entrar en el comedor.

Lo normal sería que se retirase de inmediato —es lo que acostumbra a hacer cuando Morgan se enfada—, pero se da cuenta de que la actriz ahora está enfadada con Jack.

Eso la detiene en seco y la deja pensando unos segundos, debatiéndose entre abrir la boca y enfrentarse a ella por primera vez o hacer como hace siempre y desaparecer hasta que pase la tempestad.

Elige lo segundo; y no por miedo a Morgan, sino por el trato que hicieron las dos.

Entretanto, los ojos de Morgan se entrecierran y parecen querer aplastar a Jack.

Sus nuevos hermanos también lo miran.

Austin apoya las manos en la mesa y se levanta para dar la cara por él.

—Lo hizo porque yo lo amenacé primero con una navaja. Jack tiene un pequeño corte en el cuello que ahora no ves porque se lo ha tapado con maquillaje.

Rosario lo escucha desde la cocina y agradece el gesto que Austin tiene con su nuevo hermano.

Morgan se pasa las manos por la cara, suelta un suspiro y maldice en voz baja.

Después los mira a ambos con el ceño fruncido.

Está tan enfadada que parece que va ponerse a gritar, y al final grita.

Porque los nervios la traicionan y ahora no hay una cámara delante que pueda difundir unas imágenes en las que no se la ve siendo la madre y mujer perfecta que todo el mundo cree que es.

—¡¿Le pusiste a Jack una navaja en el cuello?!

Austin vuelve a sentarse. Sus ojos caen hasta el sobrecito de azúcar que tiene al lado del café.

—Pensaba que era un ladrón.

—Un ladrón…

—Sí. Creía que estaba protegiendo a mi familia.

—Para proteger a la familia ya tenemos a Gus y a Owen.

Owen es el guardaespaldas de Morgan y Gus el de sus hijos.

—No apareció ninguno de los dos.

El resto de los hermanos permanecen callados.

Jack se da cuenta de que todos se comportan de una forma distinta delante de Morgan; con ella presente, hablan y se mueven como si tuvieran miedo.

La actriz cierra los ojos y se pellizca el puente de la nariz.

Tiene una agenda tan apretada que no puede permitirse perder su tiempo con tonterías, aunque sabe que es su responsabilidad como madre procurar que no haya ningún conflicto en casa.

Está tan obsesionada con cuidar la imagen de su familia y de lo que la opinión pública dice sobre ellos que, cuando algo se escapa de su control, le da un dolor de cabeza terrible.

No está contenta. Ni con Austin ni con Jack.

«Uno le pone una navaja en el cuello y el otro le pega un puñetazo. Pero ¿esto qué es?».

Empieza a pensar cómo hacer de cortafuegos.

Nadie del exterior puede ver el pequeño corte que tiene Jack cerca de la nuez.

Eso es fácil. Lo que no le parece tan fácil es disimular el hematoma que tiene Austin.

Cualquiera que lo vea va a saber que alguien le ha pegado un puñetazo.

Es imposible que alguien se crea que se lo ha hecho por accidente.

La gente no es tonta. ¿Qué le dirán los productores cuando regrese al set?

Pero lo que más le preocupa son los programas de tertulia, como El show de Sally Rucco . Si se enteran, empezarán a hablar de Austin y se inventarán cualquier cosa que agrande y estire la historia que creen alrededor del hematoma.

Morgan tiene que pensar en algo creíble para proteger a sus hijos.

No puede dejar que la verdad salga a la luz.

Y lo tiene difícil: Jack se muda a la Casa del Cisne y, en menos de veinticuatro horas, Austin sale de allí con media cara marcada.

Sabe lo que van a decir, a quién van a señalar.

Sobre todo porque, con la reciente adopción, todos los medios de comunicación están como locos por conocer más a Jack y sacar cualquier tipo de información sobre él.

Y algunas cosas que han salido no son buenas.

Lo primero que Morgan ha leído esta mañana ha sido una entrevista que les hicieron ayer por la tarde a los antiguos padres adoptivos de Jack, que lo han definido como un chico violento, inestable e impulsivo.

Quizá, que le haya dado un puñetazo a Austin, no debería haberle sorprendido tanto; pero tampoco puede repetirse.

Morgan también sabe que el nombre de Jack es trending topic en Twitter y que las fotos de su salida del orfanato se están viralizando en TikTok.

Lo que no sabe es si Jack es consciente de que, a partir de ahora, su vida ha cambiado y ya no volverá a ser la misma.

Que la Casa del Cisne es el único espacio seguro en el que no tendrá una cámara encima que lo espíe, pero que la vida que le espera fuera lo hará con las orejas y los ojos muy abiertos, y que deberá tener cuidado con cualquier cosa que diga o haga para que el poder y la popularidad no se vuelvan en su contra.

Por eso, lo peor que le puede pasar a Jack es que todos terminen hablando sobre la pelea que ha tenido con Austin. Porque dirán que ha sido él y, cuando lo hagan, la gente no tardará en echársele encima. La presión será insoportable y le harán la vida imposible.

Morgan se imagina lo que dirán sobre Jack por redes sociales: que es un maltratador y que debería volver al orfanato del que ha venido. Algunos incluso llegarán a desearle la muerte.

Es el precio que sus hijos tienen que pagar por tener el apellido de los Brooks y al Cisne Negro como madre: un día te suben a un trono y al otro cometes un error y piden tu cabeza.

—Diremos que estás enfermo. Habrá que esperar a que se te vaya el hematoma del todo. Dos semanas deberían ser suficientes. Hablaré con Robert. —Robert es el representante de Austin.

—¿Dos semanas? A la productora no le va a gustar —dice Austin—. Les voy a hacer perder mucho dinero.

Morgan se clava las uñas en las palmas.

—Pues la productora tendrá que esperar —dice, y después se dirige tanto a él como a Jack con una seriedad cortante—. Vosotros dos, haced las paces. Y que esto no se vuelva a repetir.

Austin y Jack se miran.

—Siento haberte puesto una navaja en la garganta.

—Y yo siento haberte pegado un puñetazo.

Pero después los ojos de Austin adquieren un brillo malicioso.

Jack se pone en alerta, cree que el actor trama algo.

—Bueno, ¿qué me dices, Jack? ¿Empezamos de cero? —comenta Austin con un tono sarcástico.

Esa es la señal que Jack necesitaba. No es ninguna casualidad que le haya lanzado la misma pregunta que le hizo anoche justo antes de que él le pegase un puñetazo. Con eso, lo que Austin en realidad le está diciendo es: «No vamos a empezar de cero. Nos vamos a odiar».

Jack se tensa y le declara la guerra con la mirada.

—Empezamos de cero —acepta.

El actor también capta el mensaje.

Los dos saben que es mentira.

Y entonces Austin sonríe porque se le ocurre una idea .