11
L os primeros rayos de sol se filtran por las cortinas de seda y despiertan a Jack. Antes de levantarse, entierra la cara en la almohada y suelta todo el aire por la nariz. Apenas ha descansado.
Hasta ayer, Jack dormía en un colchón viejo en el que podía notar cada uno de los muelles que soportaban el peso de su cuerpo y ahora tiene uno que te hace sentir que estás flotando en una nube.
Y está agotado. Porque solo ha podido pensar en dos cosas que se repetían sucesivamente en su cabeza: La navaja.
Los ojos azules.
Jack se lava la cara con agua fría en el baño e inspecciona el pequeño corte. Después sale del cuarto y empieza a bajar las escaleras, pero sus pies se detienen en el tercer peldaño porque alguien lo observa por encima de su hombro.
Son unos ojos azules, pero no son los de Austin y están dentro de un cuadro.
Jack se queda mirando el retrato del Cisne Negro. Está tan concentrado que no se da cuenta de que hay otros ojos observándolo a él al final de la escalera con la misma curiosidad.
—Buenos días, Jack. —Es Chloe, la escritora.
—Joder, qué susto.
—¿Qué haces?
—Nada.
Chloe sube y se queda mirando el retrato del Cisne Negro con Jack.
—El vestido es de Schiaparelli, y ella siempre se pinta los labios con un labial de Chanel. ¿No te parece toda una provocación?
—¿Por qué?
—Da igual. ¿Qué te parece el vestido de plumas?
—Nunca había visto a nadie llevar algo así.
—Porque otra mujer parecería un pollo calcinado. Pero ella es Morgan Brooks, todo le queda bien.
—Pero no es solo que le quede bien. Es como si las plumas…
—… salieran de ella —termina por él.
—Sí. ¿Cómo sabías que iba a decir eso?
Chloe sonríe.
—Porque a todos se nos queda la misma sensación: la ves con esos vestidos negros llenos de plumas y por un segundo te preguntas si Morgan es mitad humana y mitad animal. Sabes que es imposible, pero en ella parece posible. Y por eso no puedes dejar de mirarla.
—Totalmente.
—También por eso la llaman para ofrecerle tantos papeles. Con Morgan se aseguran de que la película sea un éxito en taquilla.
Jack se vuelve hacia Chloe.
—¿Cómo es? Me refiero a vivir con una estrella. ¿Te acostumbras?
—A mí no me afectó que fuera famosa…, pero sí me llevó mi tiempo dejar el pasado atrás.
Estuve un año despertándome desorientada.
Cada vez que abría los ojos, tenía la sensación de que no sabía dónde estaba.
No reconocía mi nueva habitación. Era como si una parte de mí se hubiera quedado en el orfanato.
Pero luego, con el tiempo, me dejó de pasar.
Y entonces supe que ya me había acostumbrado.
—Entiendo.
—¿Y tú qué? ¿Qué tal tu primera noche? ¿Has podido descansar?
—No mucho —reconoce Jack—. Oye, Chloe… Cuando te adoptaron a ti, ¿cuántos hermanos erais?
—Conmigo, cuatro. Fui la tercera niña a la que adoptó.
Estábamos Natalie, Jessie, Austin y yo. Pasó un año y medio hasta que Morgan decidió adoptar a Maximus y a Rubí.
Lo hizo prácticamente a la vez, creo que con dos o tres semanas de diferencia entre uno y otro.
Después de ellos llegó Nolan, al que nunca hemos oído hablar.
Quizá por eso es mimo porque… bueno, ¿qué otra cosa podría hacer?
—pregunta ella, encogiéndose de hombros—.
Las últimas fueron Grace y Bonnie. Bonnie es la pequeña de la casa, y se convirtió desde el primer día en la debilidad de Morgan.
—¿Cuántos años han pasado de eso?
—Creo que Bonnie tenía cuatro años cuando llegó, así que unos siete.
—Joder, siete años.
—Sí. Por eso dábamos por hecho que Morgan no volvería a adoptar a nadie más. Creíamos que acabarían moviendo los cuadros para rellenar el hueco. Pero, en fin, aquí estás.
Jack no sabe si Chloe parece contenta o no, por eso decide quedarse callado.
—Sin duda, esta decisión nos ha sorprendido a todos —añade la escritora.
Él asiente con la cabeza. Entiende que ellos también necesiten acostumbrarse al cambio. Pero ¿lo aceptarán más pronto que tarde, o pasarán años hasta que dejen de verlo como a un intruso?
¿Y qué pasa con Morgan? ¿Llegará a querer a Jack como a un hijo? ¿Y él? ¿Llegará a quererla a ella como a la madre que nunca tuvo?
Jack mira a Chloe.
—¿Puedo preguntarte algo? —dice.
—Lo que quieras.
—¿Sientes a Morgan como una madre de verdad?
El rostro de Chloe cambia. Tiene unas gafas de pasta rojas en la mitad del puente de su nariz, que se recoloca pegándoselas a los ojos mientras responde a Jack con otra pregunta:
—¿Qué es para ti una madre de verdad?
La mirada verde de Jack se apaga un poco. Se coloca un mechón dorado detrás de la oreja y se encoge de hombros, algo incómodo por tener que hablar de sí mismo.
—No lo sé. No llegué a conocer a mis padres.
—Mi padre nunca quiso hacerse cargo de mí, así que mi madre tuvo que criarme sola. Murió en un accidente de coche cuando yo tenía diez años.
—Lo siento.
—En cuanto a tu pregunta… no. No siento a Morgan como una madre de verdad.
—¿Por qué?
—Yo ya tengo una madre que me cuida desde el cielo. Morgan nunca podrá reemplazarla.
—Pero tampoco creo que ella pretenda…
—Jack —le corta.
Pero luego se queda callada y lo mira en silencio a través de los cristales de sus gafas. No lo conoce y está decidiendo si puede confiar en él. Finalmente decide arriesgarse.
—Tú no conoces a Morgan. Todo el mundo cree que sí porque es famosa, pero nadie sabe cómo es en realidad. Y, cuando la conozcas, te darás cuenta de que Morgan no sabe lo que es ser una madre porque solo se quiere a sí misma.
Jack vuelve a mirar el cuadro con las palabras de Chloe haciendo eco en él.
Ese vestido ajustado, sumado a esos ojos azules que te siguen, es una advertencia: Morgan es una rosa y las plumas son sus espinas.
—¿Sabes quién lo pintó? —le pregunta Jack para cambiar de tema.
—Un señor mayor con el pelo blanco. No recuerdo su nombre.
—Parece que en lugar de pintar al Cisne Negro lo ha metido dentro del cuadro.
—Parece una fotografía, sí. Solo si te acercas mucho distingues los trazos del pincel.
Jack sigue las huellas de pintura como un caminito que lo lleva a unos pómulos altos y luego a los labios de color cereza que resaltan sobre la tez blanca.
La actriz es demasiado delgada, por eso sabes que sus pechos no son naturales y que han pasado por manos de un cirujano.
Aun así, todo en ella parece tan estudiado al milímetro que es como si ya hubiese nacido con ellos.
Los medios de comunicación no exageran al decir que es la mujer más hermosa del mundo.
De pronto Chloe sujeta a Jack del brazo y señala el corte que tiene en el cuello.
—¿Cómo te has hecho eso?
—Me habré arañado sin querer.
—Eso no es un arañazo. ¿Ha sido Austin?
Jack aparta la mirada para esconder mejor el secreto.
—No.
Pero Chloe conoce a Austin.
—No sé ni para qué te pregunto. Claro que ha sido él.
—No ha sido él.
—Lo conozco bien —dice mientras se apoya en el pasamanos—.
Austin es un actor de método. Lleva tres temporadas seguidas interpretando a un vampiro que está metido en mil movidas y todas las resuelve cortando cabezas o mordiendo cuellos.
Dos años metiéndose en el papel de un personaje oscuro, con la edad que tiene…
—Sé lo que me intentas decir.
—Pues eso: que me da miedo, Jack. Sobre todo cuando lo escucho soltar frases que ha dicho Andrew en la serie y que no diría él. Creo que a veces a Austin se le va la cabeza y se piensa que es Andrew. Hasta los fans lo llaman «Andrew» cuando pisa una alfombra roja.
Jack se queda callado. No quiere confesarle que a él no le da miedo por si Chloe piensa que es estúpido por subestimarlo.
—No digo que tenga una doble personalidad…
Pero sí he visto cómo Austin, en momentos puntuales, se olvida de quién es porque se siente demasiado cómodo dándole al público lo que quieren de él.
Y lo que el fandom de Besar o morder quiere es que haga de vampiro dentro y fuera de la serie.
Por eso sé que ese corte no te lo has hecho tú.
«Y por eso no dudó en ponerme una navaja en el cuello», completa mentalmente Jack; «Austin no era Austin, era Andrew, su personaje. Estaba actuando como él actuaría en la serie».
—No me malinterpretes —añade ella—. No intento justificar lo que te ha hecho al decirte que es actor de método. Lo que intento es avisarte de que tengas cuidado con Austin. Cuando se deja llevar por su personaje, se convierte en alguien… peligroso. Y ahí conviene no estar demasiado cerca de él.
Jack traga saliva y le pide a Chloe:
—Por favor, no le cuentes a nadie que ha sido Austin.
Ella parpadea exageradamente despacio.
—¿Por qué no quieres que…?
—Por favor. Tú solo… guárdame el secreto.
La escritora vacila unos segundos, pero termina suspirando y cediendo.
—Está bien, no se lo diré a nadie.
—A Morgan tampoco.
—Nadie es nadie —le promete para que esté tranquilo.
Jack se relaja al saber que puede contar con Chloe.
Ella cree que él está en apuros, que Jack es el bueno y Austin el malo de la historia.
Lo que Chloe no sabe es que, en la versión completa de lo que sucedió anoche, los dos terminan siendo los malos.
Porque Jack le pegó un puñetazo a Austin, pero no lo hizo para defenderse, porque la navaja ya no estaba sobre su cuello. Lo hizo porque quería vengarse de él.
Primero mintió cuando le dijo que, si le soltaba, no le haría nada. Y luego descargó su ira contra la cara bonita de Hollywood.
Si le acaba de pedir a Chloe que no cuente lo que Austin le ha hecho, es porque a Jack tampoco le interesa que salga a la luz lo que él le hizo a Austin después.
Prefiere esperar y ver qué ocurre. Si el actor no lo delata, él tampoco lo hará.
Pero Chloe, que no tiene esa información, se preocupa por el chico nuevo.
—¿Puedo darte un consejo?
—Claro.
Es lo que necesita: consejos. Sobre todo aquellos que le puedan ayudar a adaptarse mejor a la Casa del Cisne.
Hay algo en esta mansión que no le gusta y le hace estar incómodo.
Puede que el episodio de anoche tenga algo que ver, o puede que sea esa certeza pegajosa de que él nunca pertenecerá a este lugar.
—Ya has visto… —Chloe calla de golpe y mira a ambos lados de la escalera antes de seguir. Parece que están solos y que nadie más los escucha, aun así, baja la voz—: Ya has visto lo que pasa si estás cerca de Austin.
—Sí.
—Que no se te olvide cuando Austin te haga creer que puedes confiar en él .