10
–Así que tú eres mi nuevo hermano. Interesante. —Austin rodea a Jack como un depredador.
A Jack no le gusta sentir que es la presa y que el otro está jugando con él.
El actor se sube a la encimera de un salto, se estira para alcanzar una manzana de la fuente llena de fruta que hay a su derecha y, cuando se la lleva a la boca, lo hace sin dejar de mirar a Jack; le parece alguien que se ha perdido.
Jack, por su parte, trata de controlar la ira que se cuece y burbujea en su interior.
—Podrías haberme matado.
El actor le da otro mordisco a la manzana y responde con la boca llena:
—Yo te veo bastante vivo, la verdad.
—¿Siempre eres así?
—¿Así, cómo?
—Así de imbécil.
Austin sonríe, pero es otra sonrisa torcida.
—No dejáis de insultarme con lo mismo, así que supongo que… sí. Aunque prefiero que pienses que soy un capullo antes que un imbécil.
Jack aparta la mirada después de fijarse en cómo el otro muerde la fruta, la forma en la que sus labios se deslizan sobre la piel de la manzana al arrancar un trozo.
—De todas formas… —comenta Austin, con calma—. Te he dicho que te calles mientras te ponía una navaja en el cuello y aun así tú has seguido hablando. Así que, dime una cosa, ¿quién es más imbécil de los dos?
—Podría denunciarte por esto.
—Te equivocas. Morgan no permitiría un escándalo. Así que no, no puedes hacer nada. Y… por cierto, ¿tú qué hacías en la cocina?
—He bajado porque tenía hambre, pero se me ha cerrado el estómago cuando me has puesto una navaja en la garganta.
—Tiene gracia, a mí me ha pasado justo al revés. Estar a punto de cargarse a alguien gasta mucha energía. Será por la adrenalina del momento. Ahora mi cuerpo me pide reponer fuerzas y para eso necesito combustible.
—Un puñetazo en la cara es lo que necesitas, si me preguntas.
—Pero como no te he preguntado, mejor cállate.
A Jack le encantaría quitarle la navaja y ponérsela a Austin en el cuello, intercambiar los papeles.
El actor se baja de la encimera y se acerca a él. Quizá demasiado.
—¿Qué…?
—Tranquilo —dice Austin—. Solo voy a inspeccionar la herida.
A Jack le gustaría dar un paso atrás y aumentar la distancia entre los dos, pero no quiere que el otro lo interprete como que le impone su presencia. Aun así, no duda en decirle:
—Macho, hay algo que se llama «espacio personal».
Austin ni se inmuta.
Jack lo mira con desconfianza mientras el actor tiene los ojos en su cuello. Lo ve estudiar la herida que le ha dejado con atención. Por un segundo parece que de verdad le importa y que quiere asegurarse de que está bien.
—Bah, no es nada. Ni siquiera creo que te quede cicatriz.
Entonces el actor hace algo inesperado: se lleva el dedo índice a la boca, lo chupa y después se lo pasa a Jack por el cuello para cubrir la zona afectada con su propia saliva.
El contacto de la yema húmeda con la herida abierta provoca una punzada de dolor. Escuece. Jack se aparta de Austin con brusquedad.
—¡¿Qué demonios haces?! —El corazón le late desbocado, como si hubiera hecho una carrera. Antes no se ha movido y ahora necesita alejarse de Austin Brooks todo lo posible.
Pero el otro no se lo permite. Le agarra del brazo y tira con fuerza para atraerlo hacia él.
—Estate quieto. La saliva es un desinfectante natural.
Natural es la soltura con la que Austin se lo explica antes de volver a chuparse el dedo. Al sacarlo de su boca, un hilo de saliva crea un puente entre su labio inferior y la punta de su índice.
—Ni de puta broma —brama Jack.
Ve que el dedo de Austin se acerca a él, ignorándolo por completo. Pero esta vez, Jack reacciona. Estampa las manos en el pecho del otro con furia y lo aparta de un empujón. Y lo hace con tanta fuerza que tira al actor al suelo.
—¡¿Qué crees que haces con ese dedo, pedazo de subnormal?! —grita Jack.
Austin permanece un instante de rodillas antes de levantarse despacio.
—Dices muchas palabrotas. A mamá pato no le va a gustar. Intenta controlar esa lengua afilada que tienes.
—Y tú intenta mantener la tuya lejos de mí. ¡No vuelvas a tocarme!
El actor se encoge de hombros.
—Solo quería ayudar.
—¿Después de estar a punto de matarme?
—Reconozco que no ha sido mi mejor presentación, pero no sabía quién eras. Podrías haber sido un fan loco que se había colado en casa. Estaba tan asustado…
Se guarda las manos en los bolsillos y pone cara de no haber roto un plato en su vida.
Y, por un segundo, Jack está a punto de creérselo.
Solo un segundo. Luego ve la forma en la que Austin se muerde el labio inferior para contener una sonrisa de cabrón que amenaza con salir y dejar al descubierto que este, de inocente, tiene poco.
—Bueno, ¿qué me dices, Jack? ¿Empezamos de cero?
Ahora son los labios de Jack los que se curvan en una sonrisa; y él casi nunca sonríe. Es la ira que le corroe por dentro. Deja que se expanda para que todo arda.
«Este tipo no me conoce», piensa, y luego dice:
—Sí, claro. Empezamos de cero. —Después le pega un puñetazo.
A Austin no le da tiempo a reaccionar. El puño de Jack impacta en el centro de su mandíbula.
Es curioso cómo funciona el tiempo para cada uno de ellos.
Para el actor todo sucede muy deprisa; no se esperaba la reacción tan violenta del otro, y por eso no consigue esquivar el puñetazo que le propina.
Para Jack, en cambio, todo sucede a cámara lenta.
Tenía tantas ganas de vengarse por lo que le ha hecho que ahora se empapa de hasta el más mínimo detalle que le ofrece la cara de Austin: su expresión de sorpresa, sus ojos abriéndose asustados y luego cerrándose tras recibir el golpe, los nudillos impactando contra el hueso de su mandíbula, el dolor palpitante en la mano tras el golpe, el pelo negro de Austin siguiendo la dirección de su cabeza, que se voltea hacia su derecha y se queda unos segundos ahí, quieta, antes de girarse lentamente y mirarle a los ojos.
—¡¿A qué ha venido esto…?! —Se frota la mandíbula, con el rostro desencajado.
Jack nota la mano caliente e hinchada. Tiene la respiración entrecortada por la adrenalina.
—Ahora estamos sangrando los dos. Ya podemos empezar de cero.
Aun así, el cuerpo de Jack adquiere una actitud defensiva. Cierra las manos y las pone a la altura de su cara. Se protege porque espera un contraataque.
Pero Austin se queda quieto, en silencio. Analiza la situación que tiene delante de sus narices. La situación es Jack. De nuevo, no sabe qué hacer con él. Aunque tampoco parece interesado en iniciar una guerra estúpida en la que los dos acaban tirados en el suelo a puñetazo limpio.
El brillo azul de sus ojos pasa de una emoción a otra, de la rabia a la incredulidad.
—Me has dicho que no querías problemas —le recuerda Austin.
—A lo mejor el problema he sido yo desde el principio.
Enarca una ceja. Eso ha despertado su curiosidad.
—¿Lo eres?
—¿Un problema? Pues no lo sé. Depende de a quién se lo preguntes. Mis antiguos padres adoptivos te dirían que sí. Y desde luego Susan también.
—¿Susan? —repite el otro, sin saber quién es.
—Susan es la directora del orfanato del que vengo.
Es lo más parecido a una conversación normal que han tenido hasta ahora.
Austin escupe una pelotilla de saliva mezclada con sangre dentro del fregadero, abre el grifo y se agacha para beber y escupir otra vez.
Después se incorpora y mira a Jack. Lo hace igual que miraría alguien a un animal que no ha visto nunca y que no sabe hasta qué punto es peligroso.
Con cierta chulería y los dientes manchados de sangre, dice: —Así que te gusta ir de tipo duro.
—Me gusta devolver el golpe el doble de fuerte.
—¿Qué pasa? ¿Te crees mejor que yo?
—Creo que puedo con veinte como tú y que yo no necesito una navaja para ser una amenaza.
Austin ríe ante la seguridad aplastante de Jack, pero luego lo mira como si solo fuera un niño que no sabe lo que dice.
—No eres más fuerte que yo. Eso sí, reconozco que los tienes bien puestos y que sabes defenderte solo.
—Se pasa el dorso de la mano por los labios y se mancha los dedos en el proceso.
Después se limpia la sangre en el pantalón como el que se seca las manos cuando no tiene una toalla cerca—.
Aunque… también eres un mentiroso. Has dicho que, si te soltaba, no me harías nada.
—Sí.
—Pero me has pegado un puñetazo.
—Me amenazas con cortarme el cuello, y piensas que voy a pasar por alto ese pequeño detalle —responde Jack con ironía. Luego lo parafrasea—: Dime una cosa, ¿quién es más imbécil de los dos?
Al actor se le escapa una sonrisa pequeña y torcida, como si le divirtiese este juego peligroso en el que los dos se están metiendo poco a poco sin darse cuenta. Pero a Jack no le divierte en absoluto. No entiende nada de lo que está pasando con Austin Brooks ni por qué actúa como actúa.
Austin vuelve a subirse a la encimera y recupera la manzana que se estaba comiendo. Se la lleva a la boca sin apartar los ojos de Jack.
Y entonces Jack se da cuenta de que el actor tiene los ojos de Morgan Brooks. Y el parecido le hace ser consciente de que acaba de pegar un puñetazo en la cara al único hijo biológico del Cisne Negro.
Los dientes de Austin se clavan en la piel de la manzana. Despedaza un trozo. Mastica.
Y Jack, que está atento a cualquier movimiento nuevo que hace, nota un pinchazo en el cuello.
Como si, en lugar de esa manzana, le estuviese mordiendo a él.
Como si sus dientes se hundiesen donde antes estaba su navaja.
Se lleva una mano al cuello y se frota para deshacerse de esa sensación que lo deja confundido.
—Si vamos a empezar de cero —aclara Austin—, espero que también lo hagamos sin más mentiras.
Jack lo único que quiere es ponerle fin a esto y volver a su habitación, por eso responde:
—Siento haberte pegado.
Austin niega mientras termina de masticar.
—He dicho sin más mentiras —insiste, señalándolo con lo que le queda de manzana.
—Tienes razón. No lo siento, lo he disfrutado porque sentía que te lo merecías. Pero, aun así, quiero pedirte perdón por haberlo hecho.
Austin saca la navaja de su bolsillo derecho y juega a hacerla girar sobre la punta de su pulgar.
—Me lo pensaré.
—¿Si perdonarme o no?
—No. Qué hacer contigo.
—¿Es una amenaza?
La navaja deja de girar sobre su dedo. Austin levanta la mirada y clava sus ojos en los de Jack.
Se da cuenta de que el chico que acaba de llegar, por fin, tiene algo de miedo.
Eso le hace sonreír. Es una sonrisa mucho más amplia que la anterior.
Tanto como para dejar la fila superior de sus dientes al descubierto, rojos y brillantes por culpa de la sangre.
Ahí es cuando Jack también descubre, unos segundos más tarde que Austin, que se siente inseguro.
Está más tenso que cuando el otro lo amenazaba con una navaja.
El peligro que percibe ahora es distinto; como si de alguna forma supiera que no es seguro para él quedarse en este lugar.
Su corazón comienza a latir más deprisa y su intuición no deja de decirle que salga de la Casa del Cisne cuanto antes.
—Bienvenido a la familia Brooks —dice Austin.
Y le da otro mordisco a la manzana .