Cómo matar a un cisne 8
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–Como intentes moverte, te corto el cuello. —Esa voz, masculina y rasgada, choca contra la piel desnuda de su garganta.

La reconoce al instante: es la voz de Austin Brooks.

—Soy Jack —consigue decir.

Pero el actor no retira la navaja. No le suena de nada su nombre, y no sabe que ese chico con el pelo largo y rubio es, desde hoy, su hermano.

—No te he dado permiso para abrir la boca.

Jack cierra los ojos y prueba de nuevo, ignorando su advertencia.

—Soy el nuevo hijo de Morgan. ¡No soy un ladrón!

—Cállate.

—Joder, te estoy diciendo la verdad.

—Y yo te he dicho que te calles.

—No me estás escuchando. Ahora yo también vivo aquí… —Jack se interrumpe y hace una mueca de dolor cuando el filo de la navaja ejerce una presión superficial contra su piel. Un hilo de sangre se desliza hasta su clavícula trazando una línea roja brillante.

Al actor se le agota la paciencia.

—Otra palabra más y te rajo el cuello, rubio.

Además de sangrar, Jack está sudando. No tiene miedo, aunque sabe que tampoco puede moverse. Si lo hace, el otro podría rebanarle la garganta. Pero sí que puede hablar. Por eso, dice con tono firme:

—Suéltame. —No es una súplica, es una orden.

Austin no entiende cómo alguien que tiene una navaja en el cuello sigue siendo capaz de ponerlo a prueba. Se está jugando la vida, y a Jack no parece importarle demasiado.

—¡¿Eres imbécil?!

—Si me sueltas ya, prometo no hacerte nada.

El actor parpadea y se pone de los nervios. ¿Desde cuándo la víctima amenaza al verdugo?

—¡He dicho que te calles, joder!

—Me estás haciendo daño. Y el dolor se paga con dolor.

Austin tensa la mandíbula. No está acostumbrado a que nadie lo confronte y la actitud de Jack lo descoloca.

Entonces pasa lo que pasa siempre que algo se escapa de lo normal y no llegamos a comprender: el actor empieza a tener miedo y eso le hace apretar el mango de la navaja, los nudillos pierden su color natural y se tornan blancos.

Es como si quisiera estar seguro de que es él el que tiene la navaja, no Jack.

Levanta la voz para intentar recuperar el control de la situación:

—¡Cállate! ¡Lo digo en serio! ¡Si no te callas la puta boca, te rajo ahora mismo!

La navaja se aprieta un poco más en la piel del otro y hace que brote una nueva gota de sangre que repasa el camino que ha hecho la anterior. Es una advertencia por parte de Austin de que lo que le dice es verdad.

A Jack le llega el mensaje. El problema es que en lugar de pensar: «Mejor me callo», piensa: «Debería pegarle una patada en los huevos. Seguro que así se le baja la fama de golpe».

—Los dos sabemos que no lo vas a hacer —pronuncia Jack, con una calma que irrita aún más al actor—, así que haz el favor de bajar la navaja.

—Tú no sabes de lo que soy capaz, imbécil.

Puede insultarlo las veces que quiera, pero la realidad es que Jack lo ha puesto en jaque.

—Te prometo que no te haré daño. Me olvidaré de que esto ha ocurrido y no tendrás que preocuparte por lo que te pueda pasar.

—¡¿A mí?!

—Sí, Austin. A ti. Por atreverte a ponerme la mano encima.

El actor deja escapar una risa seca e incrédula.

Se encuentra en una encrucijada. Claramente no pensaba matar a Jack; solo quería asustarlo. Pero el chico no se ha asustado. Y ahora no sabe qué hacer con él.

Está meditándolo cuando Jack suelta un grito al notar otro pinchazo y después intenta zafarse. Pero el actor lo agarra con el brazo que tiene libre, lo inmoviliza, y se asegura de que no vaya a escapar pegando su cuerpo al de él.

—¡Austin! ¡¿Qué estás haciendo?! —grita Natalie a sus espaldas.

El actor se asusta y escupe una palabrota. Se separa lo suficiente de Jack como para no tocar su espalda pero seguir agarrándolo con fuerza. También retira un centímetro la navaja de su cuello, aunque la sigue manteniendo a la misma altura.

Vuelve la cabeza hacia atrás para mirar a su hermana.

—Sube a tu cuarto, Natalie. Ya me las arreglo bien yo solo con este tipo.

—Imbécil. Este «tipo» es nuestro hermano. Lo sabrías si hubieras estado con nosotros a la hora que nos dijo madre. Pero al parecer tenías cosas más importantes que hacer en tu habitación con la zorra de Sarah.

Los dos hermanos se fulminan con la mirada.

Jack no puede girar la cabeza para ver a Natalie. Si lo intenta, el filo de la navaja se clavará en su piel. Permanece completamente quieto, como las estatuas del jardín que decoran el laberinto.

—No estaba con Sarah, estaba solo. Pero atrévete a llamarla «zorra» otra vez y verás quién es la siguiente en tener una navaja en el cuello.

Su hermana se cruza de brazos y levanta la barbilla.

—¿Me estás amenazando?

Austin sonríe.

—¿Qué pasa? ¿Me vas a exponer en tus redes sociales?

—Debería —responde Natalie con frialdad—. Ya sé, ¿por qué no hago un directo? Así les explicas a mis seguidores qué hace Austin Brooks a las tres de la madrugada con una navaja en la mano y por qué está amenazando a su nuevo hermano con rajarle el cuello. ¡Seguro que tienen muchas preguntas!

El actor suelta una risa falsa. La presencia de su hermana mayor hace que esté más tenso de lo que ya le estaba poniendo ver que no hay forma de asustar a Jack.

—Seguro que prefieren eso a tu mierda de contenido. Aunque, pensándolo bien, ¿aún hay gente que te sigue viendo?

Austin conoce el punto débil de cada uno de sus hermanos y sabe dar donde más le duele a Natalie.

Su hermana, la mayor de los diez, tiene veintiséis años y se dedica a tiempo completo a ser influencer .

Casi todo su contenido está centrado en la categoría life style y últimamente sus fotos no están recibiendo los likes a los que está acostumbrada.

Eso le genera ansiedad e interrumpe su sueño.

Algo que a Jack no le ha venido nada mal, dadas las circunstancias; que el chico no tenga miedo no significa que no esté en apuros.

Aunque lo cierto es que, esta noche, si Natalie está despierta no es por la ansiedad, sino por un secreto que esconde a su familia.

—Suéltalo, Austin. Si no lo haces, voy a gritar hasta que Morgan se despierte y baje a ver qué demonios está pasando.

El actor deja de sonreír y sus ojos se llenan de dudas. Meter a Morgan en la ecuación es la peor amenaza que puede hacerle un hermano a otro.

Por supuesto, él no iba a ser el único en conocer los puntos débiles de los demás. Sobre todo si hay uno que tienen en común todos porque les afecta por igual. Es lo que hace que finalmente retire la navaja y ponga las manos en alto.

—Está bien, está bien. Lo suelto.

Natalie asiente satisfecha.

Jack toma una larga bocanada de aire y se gira para enfrentarse al tipo que podría haberlo matado, que no es otro que la persona con la que, desde hoy, comparte el mismo apellido.

—Hola —dice Austin con tono despreocupado. Su rostro no refleja ni un atisbo de arrepentimiento.

Jack por fin lo tiene cara a cara. Se fija en sus pestañas largas y espesas.

En esa mirada fría y azul en la que, si te detienes el tiempo suficiente como para estudiarla de cerca, descubres que es la suma de rayajos grises y celestes superpuestos a un precioso azul marino.

El resultado es un azul eléctrico que recuerda a una tormenta de nieve.

Ha visto antes esos ojos en pantalla, pero es la primera vez que los ve en la vida real.

Jack aparta la mirada y observa a Austin de arriba abajo: lleva puesto un pijama veraniego de dos piezas —camiseta blanca y pantalón azul marino— y unas sandalias de Loro Piana.

El actor enarca una ceja al darse cuenta de que el chico nuevo se ha quedado mudo y luego curva los labios en una sonrisa torcida que parece mal dibujada a posta.

—Hablas más cuando te ponen una navaja en la garganta, ¿te lo han dicho alguna vez?

—Y tú eres más feo en persona, ¿te lo han dicho alguna vez?

Natalie ríe, Austin tensa su mandíbula y Jack medita sobre el poder que la fama ejerce sobre los demás. Por eso se ha quedado callado al ver a Austin en carne y hueso. ¿Quién no se sorprendería al estar delante de un actor de Hollywood? Aún es pronto para separar al Austin real del vampiro.

También por eso, y a pesar de lo enfadado que está con él por lo que acaba de hacerle, Jack no puede evitar sentir que, dentro de esa rabia que parece ocuparlo todo, hay un pequeño hueco que da cabida a esa ilusión que le hace conocer al actor.

Es lo que le lleva a sentir dos emociones completamente opuestas a la vez: quiere pegarle un puñetazo para vengarse, pero también quiere pedirle una foto.

Porque Austin es él y también es Andrew, y Andrew no le ha hecho nada.

Y haber visto a Andrew en la serie, durante tantas horas y tantos episodios, le da una falsa sensación de familiaridad; como si ya lo conociera.

Pero Andrew no es real y Jack no sabe nada de Austin.

Solo que podría haberlo matado .