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S usan apoya una mano sudorosa en la espalda de Jack. Él no quiere que ella lo toque. Las ruedas de la maleta repiquetean sobre la grava mientras los dos avanzan hasta la entrada del orfanato.
Rebecca Collins le planta el micro a Susan en la cara, interponiéndose entre ellos y el coche que los espera.
—¿Qué se siente al tener que despedirse de Jack?
—Pues muchísima pena —responde Susan, llevándose una mano al pecho—. Jack es mi niño. Siempre ha sido mi preferido. Él lo sabe.
Jack permanece callado.
La cámara graba el momento en el que Susan lo abraza con fuerza para despedirse y finge emocionarse.
—¿Seguiréis en contacto? —pregunta otra reportera de Rose News .
Ella la mira y se sorbe la nariz.
—Eso espero.
Las lágrimas son de mentira, el pelo le huele a pollo frito y Jack no puede dejar de pensar en que ojalá no tenga que volver a verla nunca más.
—Te quiero mucho, hijo.
Henry le hace un gesto a Jack para que le entregue su equipaje y lo guarda en el maletero. Después se prepara para abrirle la puerta. Sabe que tiene que hacerlo rápido si no quiere que los fans se abalancen sobre Morgan.
Susan vuelve a abrazar a Jack y lo aprieta con más fuerza de la necesaria. Les sacan más fotos. Entonces, Jack aprovecha que su boca está a un centímetro de la oreja de Susan, y que solo ella puede oírle, para soltar lo que tanto tiempo lleva queriendo decirle: —Vete a la mierda.
Se libera de sus brazos y ve a Susan a punto de perder el control, pero los gritos de los fanáticos hacen que la mujer parpadee y recuerde que las cámaras también la están grabando a ella.
Entonces su expresión se dulcifica y vuelve a adoptar el papel de madre que no quiere despedirse de su hijo.
Pero no importa, porque, cuando le dice adiós, Jack es capaz de ver en sus ojos todo el odio que no puede expresar en voz alta.
—Tenemos que irnos —le apremia el chófer—. ¡Ahora!
Henry abre la puerta del Rolls-Royce y una ráfaga de flashes los deslumbra. Todos quieren conseguir una foto de Morgan con su nuevo hijo adoptivo.
Dentro del coche, Jack se siente mejor. Abandonan el orfanato y el cuerpo de Susan se convierte en un punto negro que termina desapareciendo. Los gritos y las cámaras quedan atrás y los sustituye una canción clásica que sale de la emisora de radio.
Jack deja de mirar por la ventanilla trasera y gira su cara hacia el Cisne Negro. Traga saliva.
Ella también lo mira a él. Y sonríe. El Cisne Negro le está sonriendo.
Aunque evita mirarlo directamente a los ojos.
—Me llamo Morgan —lo saluda.
El chico se pregunta cómo debe sentirse alguien que, en realidad, no necesita decir su nombre porque todos saben quién es.
—Yo soy Jack.
Se dan la mano y él siente que está tocando un cisne de verdad.
—A partir de ahora voy a ser tu madre.
—Sí, eso me han dicho.
—¿Estás contento?
—Abrumado.
Jack no sabe realmente lo que siente. Aliviado por haberse alejado de Susan, pero también inquieto al no saber por qué Morgan insistió tanto en adoptarlo a él.
Intenta preguntárselo y no le sale la voz.
Entonces ella mira por primera vez a Jack a los ojos.
Los ojos del chico son verdes. No son verde menta, sino de un verde más oscuro, como el de una botella de vidrio.
Cuantos más segundos se queda mirándolos, más le cuesta no retocarse los labios.
Sin embargo, Morgan se obliga a no meter la mano en su Birkin.
Después de toquetear la hebilla dorada, deja el bolso a un costado y clava sus uñas, largas y puntiagudas, en el asiento .