Cómo desafiar a tu jefe (Los Hermanos Ashford 3) 34 Nina
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La visita a la nueva casa de Oliver y Candace confirmó lo que ya sabíamos todos: estaban exactamente donde debían estar.

El clan Ashford se había reunido al completo antes de que empezara la fiesta de inauguración de la casa, como si la familia necesitara estar un tiempo a solas para poder procesar los cambios.

La nueva casa era solo una fracción de la anterior, pero seguía siendo impresionante.

En lugar de techos altos decorados con lámparas de araña, estaba más orientada a una comodidad acogedora.

Eso incluía una gran cocina blanca con taburetes suficientes para acomodarnos a todos y puertas correderas que se abrían a un jardín más pequeño pero precioso.

Estábamos todos reunidos en la cocina mientras Oliver y Candace enseñaban a Noah y la pequeña Sophia dónde estaban sus habitaciones porque, por supuesto, los abuelos tenían habitaciones de sobra para sus queridos nietos.

—Me gusta. Han hecho un gran trabajo —dijo Harrison, pero miró a su alrededor con el ceño un tanto fruncido, como si aún le disgustara un poco admitir que su padre estaba mejor con Candace en su vida.

—Es perfecta —confirmó Emilia—, y parecen muy felices aquí.

Nos quedamos callados un momento, pensando en todos los cambios que habían ocurrido durante la mudanza.

Sí, se habían derramado muchas lágrimas al ir asimilando el final de una era, pero eran lágrimas que combinaban la tristeza con la alegría, en un reconocimiento del fin de unos capítulos y el nuevo comienzo.

Candace había encontrado el equilibrio perfecto entre ayudar a Oliver a seguir adelante y darle espacio cuando intuía que los hombres Ashford necesitaban tiempo para asimilar los cambios.

Y luego estaba la nueva realidad para nuestra pequeña familia.

Aunque Noah había pasado su infancia visitando la casa de su abuelo, el cambio que supuso el que ahora fuera nuestra casa provocó algunos problemas de comportamiento.

Se había despertado muy confuso en varias ocasiones, en las que había terminado durmiendo en nuestra cama hasta la mañana.

Otro día, Ariel desapareció y tuvimos que poner la casa patas arriba hasta que la descubrimos durmiendo dentro del armario de Noah.

Y él no era el único al que, en ocasiones, le costaba adaptarse a todos los cambios.

Sobre el papel, mudarse a la mansión Ashford había sido como un cuento de hadas para mí, sobre todo dada mi vida nómada anterior.

Por fin tenía estabilidad y mi propio hogar; pero también hubo algunos baches en el camino, como una pequeña discusión sobre cambiar el color de la pintura de la entrada, o reemplazar los electrodomésticos de la cocina.

Comprendí que a Logan le costaría un tiempo asumir que la casa era un proyecto cambiante, y no un monumento al pasado.

Sí, había habido algunas… esto, disputas sobre los cambios, pero la buena noticia fue que las resolvimos como un equipo, y cada una de ellas demostró más y más que Logan estaba dispuesto a tratarme como una igual.

—Ay, mira, las chicas Ashford ya son oficiales —exclamó Gwen, señalando una de las fotos enmarcadas en una pared—. Solas por nuestra cuenta, sin los chicos. Me encanta esa foto, es de la subasta de vestidos, ¿os acordáis?

Nos dirigimos a donde estaba observando la foto, que nos mostraba a las tres con un montón de vestidos en los brazos, y grandes sonrisas.

—Fue una noche increíble —comentó Drew—. Hicisteis un trabajo fantástico. Aún no me creo la cantidad de dinero que recaudamos por esos vestidos viejos.

—Perdona, ¿vestidos viejos? —Emilia lo miró incrédula—.

Tu madre tenía un auténtico tesoro de alta costura clásica.

—Se dirigió a otra foto colgada en la pared, donde Alicia, junto a Oliver, llevaba un vestido impresionante de organza roja—.

Como este. Ella empezó a llevar McQueen mucho antes de que nadie hubiera oído hablar de él.

—Ni te imaginas cuánto pagaron por ese vestido —asintió Gwen—. La directora del refugio de mujeres se echó a llorar cuando le contamos lo que habíamos recaudado.

Hicimos una pausa para observar las fotos colgadas de aquella pared que narraba el paso del tiempo.

Las de Alicia con cada uno de sus hijos recién nacido, los alocados años de la infancia, las adolescencias incómodas, las fotos de graduación, premios, vacaciones familiares, galas, cumpleaños…

Aquella pared de fotos representaba un extracto de la familia Ashford que celebraba a su matriarca.

No se me escapó el hecho de que Candace solo apareciera en algunas de las fotos.

Sabía de primera mano lo mucho que se había implicado en las renovaciones y el diseño de los interiores de la casa, y sabía que no era Oliver quien la había dejado al margen de la historia familiar.

Era ella quien había decidido apartarse para honrar a la mujer que había ocupado un lugar tan importante en la historia de la familia.

Se había ido, pero no había sido olvidada, y siempre sería amada.

Logan se situó detrás de mí y me rodeó la cintura con los brazos.

—Esta es mi favorita.

Señaló una foto de nosotros tres que parecía hecha por un profesional, en lugar de un selfi que nos habíamos hecho en casa un sábado normal por la noche.

Habíamos estado acurrucados en el sofá viendo una película, y aquella imagen en blanco y negro, hecha sin ninguna preparación, había logrado captar de algún modo un momento perfecto.

Noah estaba adormilado en mi regazo, yo apoyaba la barbilla sobre su cabeza y Logan nos rodeaba a los dos con los brazos, sonriendo como un hombre que tenía todo lo que podía desear.

Si una foto podía resumirnos a los tres, era aquella, y me honraba que hubiera merecido un lugar en la pared Ashford de la fama.

Noah entró corriendo en la cocina.

—¡Papá! ¡El abuelo dice que podemos poner literas en mi cuarto si tengo un hermano!

Todo el mundo se echó a reír. Noah había estado pidiendo un hermano desde que nos habíamos instalado en la nueva casa.

—¿Eso ha dicho? —Logan miró a su padre, que entró en la cocina con las manos en alto, como si fuera inocente—. Lo tendré en cuenta.

—Sí, creo que tus padres deben estar esforzándose un montón por convertir tu sueño en realidad —comentó Drew—. ¿Verdad? Estoy seguro de que estáis haciendo horas extra.

Me sonrojé, porque tenía razón.

—Bueno, ¿y qué hay de vosotros dos? —le pregunté riendo—. Tal vez ya es hora de que la tortuga Winston tenga un hermano.

—Quizá algún día —respondió Emilia, que dedicó un guiño a Drew—. Por ahora, estoy disfrutando de ser la tía divertida.

Candace se reunió con nosotros en la cocina, muy elegante con un traje de chaqueta de seda color mandarina y sin que pareciera importarle lo más mínimo que Sophia le hubiera dejado unas babas en el hombro.

—¿Estáis todos aquí? —Miró al grupo—. Hemos reservado una botella de champán para nosotros.

La seguimos a donde los camareros habían preparado las copas para la fiesta. Oliver hizo los honores de abrir la botella y nos sirvió una copa a cada uno, además de entregar a Noah una con ginger ale. Después, levantó su copa.

—Quiero hacer un brindis o, más bien, daros las gracias a todos por ayudarnos a llegar hasta aquí. Habéis cargado con un gran peso, desde el aspecto emocional hasta los trastos que tiramos a la basura. Sé que no ha sido fácil, pero creo que ahora podemos decir que todos estamos donde debemos estar.

Todos asentimos y emitimos murmullos de afirmación, y hasta la pequeña Sophie expresó que estaba de acuerdo. Oliver se volvió hacia Harrison y Gwen.

—Por mi hijo mayor, que me enseñó a ser padre.

No sé cómo expresar lo mucho que significa para mí ver la vida que estás construyendo con tu familia.

—Se volvió hacia Drew—. Por mi segundo hijo, que convirtió un momento de crisis en una vida nueva y maravillosa con una mujer que sabe cómo mantenerlo a raya, al igual que su madre solía hacer conmigo.

Emilia rio un poco y se apoyó en Drew, quien le besó la cabeza con cariño.

—Y, por último, por mi hijo menor, que se ha enfrentado a un montón de desafíos, y los ha superado con una fuerza y una claridad que le guiará el resto de su vida. Tu familia es un testamento al poder transformador del amor.

Logan me pasó un brazo por la cintura y apretó un poco.

—Brindemos por el clan Ashford tal como es ahora. —Oliver cogió la mano de Candace y la besó—. Y por lo que será con el paso de los años. Os quiero muchísimo a todos. Gracias por convertirme en el hombre más afortunado de la tierra.

Se volvió a Candace para tocar su copa con la suya y darle un beso, y la pequeña Sophia exigió otro también.

—Y yo, y yo, y yo. ¡Yo también quiero! —reclamó Noah, saltando de un modo que casi le hizo derramar el ginger ale de su copa.

Todo el mundo se echó a reír y procedimos a chocar nuestras copas con la suya, uno por uno.

—Los invitados empezarán a llegar enseguida —señaló Candace—. Queríamos asegurarnos de agradeceros a todos lo que habéis hecho por nosotros. Significa mucho.

Aún me sorprendía lo rápido que me había sentido en familia entre los Ashford. Gracias a las personas reunidas en aquella habitación, tenía una familia y un futuro brillante por delante.

Miré a Logan que, de algún modo, había conseguido beberse el champán con una mano sin dejar de hacer girar a Noah con el otro brazo.

Antes de que él y yo nos conociéramos, yo me había sentido a la deriva, pero lo que había parecido un naufragio, se había convertido en el accidente más afortunado de mi vida, gracias al guapo marinero que no podía dejar de sonreírme.