33 Nina
NINA
—De hecho —dijo Logan cuando dejamos de reírnos—. Tenemos que hablar de casa. Sí, hablemos de casa.
Noah y yo lo miramos con idénticas expresiones de confusión.
—¿Qué pasa con la casa? —pregunté despacio, preparándome para recibir malas noticias.
—Pues que no tendremos que ir muy lejos, porque ya estamos en casa. Se la he comprado a mi padre. No soportaba la idea de dejarla y que unos desconocidos vivieran aquí. Esta es la casa Ashford, desde siempre y para siempre.
—Un momento… —pidió Noah—. ¿Quieres decir que vamos a vivir aquí ahora? ¿Con el abuelo?
—No. —Logan se echó a reír—. Tu abuelo se va a ir a vivir a su nueva casa, y esta será para nosotros tres.
No pude contenerme. Me abalancé sobre él, riendo y llorando a la vez.
—Nunca quise decir nada sobre todo eso de tu guarida, pero allí nunca me sentí cómoda del todo —admití, presionando los labios contra su cuello—. ¡Pero esta casa es de ensueño!
No me di cuenta de que estaba estrujando a Logan hasta que Noah se echó a reír a carcajadas.
—¡Os estáis peleando!
Yo me aparté un poco.
—¿Estás seguro de que esta casa tan grande es adecuada para nosotros tres? —Una propiedad como aquella, prácticamente pedía ser habitada por una gran familia.
Logan se encogió de hombros.
—Creo que, si solo estamos los tres, será perfecta, pero quién sabe lo que nos deparará el futuro.
—¡Logan! —reí, y apoyé la cabeza contra su pecho—. ¿En serio? ¿Quieres…?
—Sí, quiero. Otra como tú —insistió.
Los dos nos quedamos pensando un momento en la magia que estaba por venir, hasta que el estómago de Noah rugió lo bastante alto como para que lo escuchásemos Logan y yo.
—¿Podemos comer ya? —preguntó.
Yo me separé con cuidado de mi prometido. ¿Marido?
—Vamos. —Tendí una mano a Noah—. Busquemos a los otros para ir a cenar.
Más tarde, tan pronto como terminamos la cena, mis cuñadas, que ahora lo eran de verdad, me acorralaron y, alegando alguna excusa, me llevaron al jardín, lejos de oídos intrusos.
—¿Y bien? —preguntó Gwen, pero en cuanto miró mi mano, empezó a dar saltos de alegría—. ¡Has dicho que sí!
Me dio un abrazo, y Emilia se sumó a él, riendo.
—Vaya locura —dijo Emilia cuando por fin nos separamos—. Matrimonio falso, separación real, y boda de verdad. ¿Es así como han ido las cosas?
—Creo que sí —reí—. Aún estábamos tramitando la separación, así que, a efectos legales, seguimos casados. Supongo que seguiremos casados, pero me imagino que ahora organizaremos una fiesta para hacerlo oficial.
—¿Con un vestido blanco enorme y todo? —preguntó Emilia.
—Totalmente de princesa —bromeé—. Tan grande, que las dos tendréis que ayudarme al ir al baño.
—¿He oído que se van a celebrar las buenas noticias? —preguntó Candace, uniéndose a nosotras. Me miró y sus ojos cayeron sobre el anillo—. ¡Sí, eso parece!
Me dio un abrazo.
—Soy muy feliz —susurré, y empecé a llorar un poco cuando me separé de ella y las miré a las tres—. Aún no me lo creo del todo.
Me resultaba difícil creer que aquellas tres mujeres increíbles fueran ahora mi familia. Después de estar sola durante toda la vida, por fin tenía una auténtica red de apoyo, y la casa de mis sueños.
—Oliver está emocionadísimo —continuó Candace—. Se muere de ganas de mudarse. Tan pronto como Logan le hizo la propuesta, llamó a su agente inmobiliario para que acelerase el proceso.
—Ay, qué bonito —dijo Gwen, con una mano sobre el corazón—. Y me alegro mucho de que Sophia y Noah puedan seguir disfrutando de esta casa.
Miré a mi alrededor.
—Y hablando de ella, ¿dónde está ese precioso bebé? Me vendrían bien unos achuchones.
—Oh, venga. —Gwen hizo un gesto con la mano—. Está con su padre, hoy le toca ocuparse de ella todo el día. —Ladeó la cabeza y me miró con una ceja levantada—. ¿Por qué? ¿Estás pensando ya en bebés, o algo?
Candace y Emilia me miraron con atención.
—No sé. ¿Tal vez? —respondí con voz aguda, y las tres rompieron en vítores—. Logan me ha dado a entender que él está por la labor.
Esa admisión me ganó aún más exclamaciones de alegría.
—Cuánta felicidad —observó Candace, mientras nos miraba a las tres con ojos brillantes—. Me honra formar parte de ella.
Gwen puso una mano sobre el brazo de Candace.
—Por supuesto. Espero que sientas que eres parte de la familia.
—Sí —asintió ella—. Por fin.
Por un momento, compartimos un sentimiento mutuo. Todas nosotras habíamos entrado en la familia Ashford de diferentes formas complicadas, pero por fin estábamos donde debíamos estar.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó una voz grave que nos sobresaltó.
—Logan, ¡el hombre del momento! —exclamó Emilia—. ¡Enhorabuena!
Lo abrazaron una tras otra, mientras él se sonrojaba.
—He venido a rescatar a mi prometida —explicó.
Me rodeó la cintura con un brazo y apretó. Las tres rieron, pero entraron en la casa y nos dejaron contemplando el jardín. Mi jardín. Eso aún no tenía sentido para mí.
—Creo que este es el día más perfecto de mi vida.
Logan se inclinó hacia mí y sus labios rozaron mi oído.
—Se me ocurre una forma de hacerlo aún mejor.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero intenté disimular.
—¿Lo dices en serio? ¿Ahora?
—Candace está a punto de cortar la tarta de merengue y helado que ha preparado para el postre, y todo el mundo va a estar pendiente de eso durante, al menos, veinte minutos.
Yo hice un puchero y lo miré a los ojos.
—¿De verdad crees que veinte minutos son suficientes? ¿Después de todo lo que ha pasado? ¿En serio?
Él miró alrededor para asegurarse de que no nos viera nadie y, después, metió la mano por debajo de la parte trasera de mi blusa para rodearme la espalda y acariciar la parte inferior de un pecho.
—Para mí, nunca habrá suficiente tiempo, pero, aunque solo tuviéramos treinta segundos, también los aprovecharía. Necesito estar a solas contigo.
Su pulgar rozó mi pezón y me hizo dar un respingo. Él se inclinó para susurrarme al oído.
—¿Eso es un sí?
Volvió a acariciarme y casi se me doblaron las rodillas. Me rendí a la sensación de los dedos cálidos de Logan acariciándome por encima del fino encaje del sujetador.
—Dilo —volvió a susurrar.
Miré a mi alrededor para asegurarme de que siguiera sin haber nadie a la vista.
—Sí —respondí por fin con otro susurro, y mi voz tembló con aquella única sílaba.
Él me cogió la mano y tiró de mí para conducirme al otro lado de la casa, hasta la puerta que daba a la zona de lavandería.
—¿Aquí? —protesté, mirando la secadora.
—Para nada —rio él—. Vamos a subir por la escalera de servicio, para que no nos vean.
Logan me condujo por un pasillo hasta su antiguo dormitorio.
—Vamos a convertir una de mis fantasías en realidad.
—¿Nunca trajiste a una chica a tu cuarto? —pregunté, incrédula.
—¿Estás de broma? —resopló él—. Mi madre llevaba la casa con mano firme.
No entraba ni salía nadie sin que ella lo supiera y, cuando instalaron las cámaras de vigilancia, no quedó ni la más mínima posibilidad.
—Abrió la puerta y los dos entramos a trompicones en el dormitorio—.
Así que ahora podremos crear nuevos recuerdos.
Me lancé sobre él antes de que terminara de hablar, y le interrumpí con un beso, mientras mis manos iban directas a la cremallera de sus vaqueros.
—Eh, oye —rio él contra mi boca.
Intentó detener mi mano, pero aparté la suya de un manotazo, bajé la cremallera de un tirón y me puse de rodillas delante de él.
—Has dicho que querías convertir tus fantasías en realidad, así que déjame.
Con un gruñido, Logan me permitió bajarle los pantalones y los calzoncillos y liberar su miembro erecto. Con los ojos clavados en los suyos, lamí la punta de su polla.
—Nina. —Cerró los ojos cuando yo me metí en la boca todo lo que pude—. Me vas a matar.
Lo rodeé con los labios y dejé que mi lengua le respondiera.
Logan enredó sus dedos en mi pelo y cerró el puño sobre mis rizos para dar un pequeño tirón.
Cuando acaricié sus testículos, volvió a gruñir.
Me tomé mi tiempo para hacerle disfrutar, para excitarlo, recorriendo su polla con mi boca y alternando entre un ritmo rápido y uno más lento, para mantenerlo en vilo.
Notaba que se estaba conteniendo para no empujar demasiado hacia el interior de mi boca, pero yo estaba más que dispuesta y no quise consentirlo.
Lo quería entero. Por fin, le puse las manos en el culo para empujarlo hacia dentro todo lo que pude y demostrar que era capaz de tragarme hasta el último centímetro de su increíble polla.
Eso pareció darle el permiso que estaba esperando, porque empezó a moverse de forma cada vez más desesperada, y supe que estaba llegando al momento, a punto de dejarse ir. Entonces, se apartó de mí con un gruñido frustrado.
—Tú, a la cama —dijo con voz ahogada, y sujetándose la polla húmeda por la base.
—Un segundo.
Sonreí con picardía mientras me quitaba la camiseta, los vaqueros cortos y, por fin, las bragas y el sujetador, hasta quedar desnuda delante de él.
Logan emitió un sonido gutural y me empujó sobre la cama para caer encima de mí.
Su boca y sus manos recorrieron todo mi cuerpo, como si intentara recuperar el tiempo perdido.
Reí un poco, hasta que sus dedos encontraron la humedad entre mis piernas.
—Estás empapada —susurró en mi oído.
No pude contestar, porque él ya me estaba acercando al éxtasis, acariciando y presionando mi clítoris con tanta habilidad que empecé a gemir enseguida.
—Déjate llevar —me indicó en un susurro ronco—. Quiero que te corras tres veces antes de que se den cuenta de que no estamos.
No dejó de describir círculos deliciosos en mi clítoris, mientras yo me apretaba contra su mano, jadeante.
¿Cómo era capaz de hacerme perder el control con tanta rapidez?
Pero no me llevó al orgasmo directamente.
Me excitó y me acercó una y otra vez, para luego bajar el ritmo o la presión, hasta que estuve a punto de suplicarle que dejara de torturarme.
—¿Estás lista, preciosa? —susurró.
Dejó caer la cabeza para meterse un pezón en la boca, y estuve a punto de gritar.
Me mordí el labio, y noté que la tensión alcanzaba su punto máximo.
Por alguna extraña razón, sentí ganas de llorar, pero no llegué a hacerlo, porque una explosión recorrió todo mi cuerpo, y me estremecí cuando él introdujo los dedos dentro de mí.
—Así me gusta —dijo Logan, mientras yo disfrutaba de las últimas oleadas de placer.
Había quedado exhausta, y no le había costado más de unos minutos llevarme hasta ese punto. Él apretó los labios contra mi cuello mientras yo recuperaba la conciencia.
—¿Lista para más?
Asentí, porque no podía hablar, y le rodeé el cuerpo con los brazos para darle un apretón.
—Un momento —murmuró él, en un tono irritado que no tenía sentido, considerando que me tenía desnuda y feliz en sus brazos—. Tenemos un problema.
Aquello me sacó de la ensoñación posorgásmica y, por fin, encontré la voz.
—¿Qué quieres decir?
—Condones —gruñó él, mirando a su alrededor por la habitación, antes de incorporarse—. Aquí no hay ninguno.
Le acaricié la espalda y reuní el valor para decirle las palabras que resonaban en mi cabeza.
—Bueno… ¿crees que los necesitamos? —pregunté al fin.
Logan se quedó quieto, y después se apartó para mirarme a la cara.
—¿Lo dices en serio?
Me encogí de hombros y oculté una sonrisa.
—¿Vamos a estar juntos el resto de nuestros días? ¿No vas a cambiar de opinión?
—Nunca —afirmó.
El estómago se me encogió ante la seguridad de su respuesta.
—Entonces, lo que quiero es estar tan cerca de ti como sea posible. Te he echado de menos, Logan.
—Yo también te he echado de menos.
Se quitó los pantalones, que aún llevaba bajados hasta los tobillos, y se sentó para quitarse la camiseta por la cabeza. Después, me miró.
—¿Estás lista?
Respondí enlazando mis manos detrás de su cuello y atrayéndolo hacia mí para darle un beso. Él se situó entre mis piernas y, despacio, se introdujo dentro de mí, completamente desnudo.
Nos detuvimos en ese momento de deliciosa conexión.
Por mucho que los dos ansiáramos movimiento, era evidente que esa unión representaba el principio de algo más grande que nosotros dos, y el momento era demasiado relevante como para dejarlo pasar.
Debíamos saborearlo, apreciarlo. Era el inicio oficial de nuestro matrimonio, y también una promesa de futuro.
Por fin, Logan empezó a mover las caderas hacia mí.
Yo estaba muy excitada y lista para otro orgasmo, y cuando él introdujo las manos entre nuestros cuerpos para encontrar mi clítoris de nuevo, supe que iba a llegar en cuestión de segundos.
Y, a juzgar por la expresión tensa en su cara, no sería la única.
—Eres perfecta —me susurró al oído.
No pude responder, porque aquel hombre era mágico. Nos movimos juntos, con más ganas, más rápido.
—No aguanto… más —dijo Logan con los dientes apretados.
Y, a continuación, procedió a desmentirse y a seguir follándome durante no supe cuánto tiempo.