Cómo desafiar a tu jefe (Los Hermanos Ashford 3) 32 Nina
94%

32 Nina

NINA

Noah me había invitado a la siguiente cena de la familia Ashford en casa de su abuelo.

Yo había intentado excusarme, pero él había insistido en que, si yo no iba, él tampoco iría.

Josie pareció preocupada por su enfado repentino, el primero desde antes de su cumpleaños, así que terminé por asegurarles a los dos que lo pensaría. Eso pareció calmarlo.

Desde entonces, no había pensado en otra cosa.

Los documentos para la tutela legal estaban sobre mi cómoda, y había perdido la cuenta del número de veces que los había leído. Logan me estaba ofreciendo un lugar en la vida de su hijo, uno permanente, que no dependería de si nuestra situación se solucionaba.

Yo sabía lo que quería, pero necesitaba saber si Logan quería lo mismo.

El día de la cena familiar, me encontré aparcando en el largo camino de entrada y caminando hacia la casa. Cuando llamé a la puerta, fue Logan quien abrió, y su expresión incrédula me hizo mucha gracia.

—Has venido —susurró, como si yo fuera algún tipo de aparición que podría desaparecer en un instante.

—Noah me ha invitado —respondí, entrando en la casa.

—Se lo pedí yo.

—¿Por qué? —pregunté, sin añadir: creí que querías darme tiempo.

—Ya te dije que te planteé mal todo eso de la tutela —explicó—. Debería…

—¡Nina!

Noah salió corriendo al vestíbulo y se lanzó a mis brazos a toda velocidad. Yo lo cogí, riendo con una alegría que llenó todo mi ser.

—Papá quiere preguntarte una cosa.

Logan se echó a reír y se rascó la nuca.

—Peque, yo creo que eso puede esperar hasta después de la cena.

Noah miró a su padre, con una cara demasiado seria para un niño de siete años.

—Pero si esperamos tanto, ¿se lo vas a preguntar de verdad?

Logan se agachó para mirar a su hijo a los ojos.

—Peque, ¿nos das un momento para hablar?

Hizo un gesto con la cabeza hacia el pasillo por el que había venido, y Noah le respondió con un puchero.

—Pero papáááááá —protestó.

—No te vayas muy lejos —indicó Logan—. Nina y yo solo necesitamos hablar un minuto, ¿de acuerdo? ¿Por qué no vas a ver qué hacen tus tíos?

Era evidente que a Noah no le hacía mucha gracia la idea, pero aceptó darnos unos minutos a solas y se alejó por el pasillo. Logan se enderezó con aspecto visiblemente nervioso, y eso me provocó una punzada en el estómago.

—Di ya lo que tengas que decir —le pedí.

Así, si no se trataba de lo que yo quería oír, podría marcharme sin tener que enfrentarme al resto del clan Ashford.

Logan asintió, inspiró hondo y su expresión cambió a una de determinación.

—Nina —empezó, y no supe por qué me gustaba tanto la forma en que su boca parecía acariciar mi nombre—. Te quiero.

Vaya, había ido directo al grano.

—Ya me lo habías dicho una vez, en el cumpleaños de Noah. Pero ¿por qué? ¿Porque me llevo bien con tu hijo?

Ese era el quid de la cuestión, ¿no? Podía quererme por la forma en que trataba a Noah, pero esa clase de amor no significaba que me quisiera a mí. Ofrecerme la tutela también estaba relacionado solo con Noah, no con nosotros dos. Necesitaba saber cómo encajábamos él y yo.

—Te quiero porque, desde el momento en que nos conocimos, nunca te asustó enfrentarte a mí —dijo, con una sonrisa dulce y los ojos brillantes—.

Se te ocurrió un plan de negocio completo sobre la marcha.

Recitas a Austen conmigo. Y hay mucho más.

Si hiciera una lista de todo lo que me encanta de ti, estaríamos aquí todo el día.

—Tendió una mano y limpió las lágrimas que no había notado caer por mis mejillas—.

Te entregué mi corazón mucho antes de lo que pensaba, y fui un imbécil por apartarte de mí.

Incliné la cabeza, llorando abiertamente.

Eso era lo que había esperado escuchar cada una de las veces que había leído los papeles de la tutela.

Quería ser mucho más que la tutora de Noah.

Quería que fuéramos una familia. Quería que aquel hombre me quisiera tanto como yo a él. No por Noah, sino por sí misma.

—Tengo la sensación de que, si no hago esto oficial, lo lamentaré el resto de mi vida. —El corazón se me aceleró y me preparé, mientras él seguía hablando—. Nina, sé que lo fastidié todo, y te prometo que, con tu ayuda, lo haré mucho mejor. Quiero pasar contigo el resto de mi vida.

Se metió una mano en el bolsillo del pantalón y sacó la bolsita de terciopelo que yo había dejado en mi habitación aquella noche horrible. La abrió, y sacó de ella el anillo de compromiso que me había dado la noche del crucero privado.

—¿Quieres casarte conmigo, por favor?

Me costó un minuto. Un minuto muy largo, que necesité para ordenar mis pensamientos lo bastante como para responder.

—Logan Ashford —empecé, en voz baja y temblorosa—. Me hiciste sentir cosas que no creí que fueran posibles. Me hiciste sentir que pertenecía a una familia, que tenía un… hogar. Y cuando me lo arrebataste todo…

—Me equivoqué —respondió enseguida, con aspecto arrepentido—.

Fui un idiota, y ese fue el error más grande de toda mi vida.

Te prometo que no volveré a hacer nada parecido jamás.

Estoy seguro de que mis hermanos estarán dispuestos a poner por escrito que me harán entrar en razón a puñetazos si alguna vez se me ocurre hacer algo parecido.

Se escucharon unos pasos por el pasillo y apareció Noah, con expresión disgustada.

—Nada de peleas, papá.

—Noah, se suponía que ibas a ver a tus tíos —exclamó Logan.

—No quería —respondió él, encogiéndose de hombros.

Yo estaba riendo y llorando a la vez al escucharlos. Mis chicos, pensé, loca de alegría.

—Así es, Noah —confirmé con una risa—. La violencia no es la solución. Y por ese motivo, lo único que puedo responder a tu pregunta es: sí, me casaré contigo. De nuevo. Y esta vez, de verdad.

Mi respuesta fue recibida con una voltereta un tanto inestable por parte de Noah, pero Logan optó por atraerme hacia su cuerpo para darme un beso largo e intenso. Después, me puso el anillo en el dedo.

—¡Bien! ¡Nina va a volver a casa con nosotros!