29 Nina
NINA
—¿Estás bien? —preguntó Ashley, mirando la mancha en la camisa de mi uniforme.
—Otro día en el paraíso —reí, dando tirones a la tela.
Me alegraba de estar de nuevo en el barco y volver a trabajar con un montón de pequeños muy pringosos que hacían que la vida fuera divertida y desastrosa; pero, a mi alrededor, todo me recordaba a Noah y Logan, y eso hacía que me resultara muy difícil seguir centrada en el trabajo de hacer felices a los niños.
—¿Quieres ir a cambiarte? —Arrugó la nariz—. Porque parece que alguien te hubiera reventado las tripas.
Miré las manchas de pintura roja que cubrían mi polo blanco, que eran el resultado de una combinación de niños con un subidón de azúcar y un montón de tarros de pintura. Un niño había tropezado cuando iba cargado con un contenedor con la tapa suelta, y yo había sufrido las consecuencias.
Al principio, volver al trabajo me había resultado un tanto incómodo, porque todo el mundo sabía lo de mi idilio superrápido con Logan y la posterior ruptura por sorpresa.
O, mejor dicho, conocían la versión oficial de la historia, destilada por la maquinaria de relaciones públicas de Empresas Ashford.
Habían divulgado que se había tratado de un romance relámpago, seguido de una boda rápida y unos meses de felicidad, antes de darnos cuenta de que nos iba mejor siendo solo amigos.
Era evidente que los de relaciones públicas se habían diversificado y ahora se dedicaban a vender historias ficticias, aunque era una pena que nadie se las creyera.
En mis primeros días a bordo, había tenido que contestar un montón de preguntas de mis compañeros sobre lo que había ocurrido entre nosotros en realidad. Al menos, cada vez se me daba mejor mantener una expresión neutra en la cara cuando mentía.
¡Logan es un tío estupendo! ¡Ahora nos llevamos muy bien!
¡Noah está mejorando muchísimo!
Es lo mejor, ¡y seguimos siendo amigos!
Porque de ningún modo podía decir la verdad y contar que Logan Ashford era un capullo egoísta y cabezota que no sabía amar.
Un momento, eso no era cierto porque, sin duda, sabía cómo querer a su hijo. Daba igual lo mucho que se complicaran las cosas: el amor entre ellos estaba fuera de duda. El problema era que no sabía cómo entregarme su corazón a mí.
Ashley agitó una mano delante de mi cara.
—Eh, oye, ¿sigues aquí? Tu polo…
Reí para ocultar el hecho de que había desconectado por un momento, algo que había estado haciendo con frecuencia últimamente.
—No, puedo dejármelo puesto. Ya casi hemos terminado por hoy. —Me encogí de hombros—. Así tendré una buena historia que contar cuando vengan los padres a recogerlos.
Nos apoyamos en la pared y miramos a los pequeños pasajeros que, por fin, estaban concentrados en crear sus criaturas marinas para el mural que estábamos preparando.
—¿Estás bien? Es el primer viaje después de… todo —preguntó Ashley con cara de preocupación.
Yo asentí con rapidez e intenté adoptar una expresión desenfadada.
—Todo bien. ¿Por qué? ¿Parezco distinta?
—Pareces perfecta, pero yo te conozco. Eres muy buena actriz. —Me miró con una preocupación evidente.
—Estoy bien —insistí—. ¿Cuánto falta para la recogida de la tarde, por cierto?
Saqué el teléfono de mi bolsillo trasero para mirar la hora, y me sorprendió ver el número de notificaciones de mensajes recibidos. Cuando estaba con los niños, siempre mantenía el sonido apagado porque no quería que pensaran que me distraía con el móvil.
La tormenta de mensajes procedía de Tasha, y todo ese montón de notificaciones significaba que algo iba mal.
—Oh, oh —dije al desbloquear el teléfono—. ¿Ha muerto alguien?
Ahsley estiró el cuello para mirar mi pantalla.
—Anda, ¿qué pasa?
—No estoy segura, pero está claro que pasa algo —murmuré—. ¿Te importa si salgo un momento para ver qué es?
—Ay, Dios —dijo ella, agitando una mano—. Sí, ve, yo me encargo del rebaño.
Tasha y yo no nos habíamos visto desde la ruptura, así que había tenido que contárselo todo por FaceTime. El resultado fue que ella se convirtió en miembro honorario del club de las enemigas de Logan, pero aquellos mensajes tenían un tono distinto.
Mira esto. Igual hasta tiene un corazón, después de todo, decía el mensaje.
Toqué el enlace, que me llevó a un artículo anunciando que Cruceros Ashford había iniciado la construcción de la nueva guardería para los empleados de la oficina principal.
El corazón se me encogió al leerlo, porque me recordó que se suponía que yo dirigiría aquel proyecto.
No dudaba que Logan y su equipo harían un trabajo perfecto, por supuesto.
Sabía que sería algo especial, pero lo que me dolía era lo mucho que quería ser parte de aquel cambio tan positivo.
Después de todo, la idea era básicamente mía.
Caminé de un lado a otro mientras seguía leyendo.
No solo construirían las nuevas instalaciones, sino que serían más grandes de lo que habíamos previsto al principio, y mucho mayores de lo necesario para la plantilla actual.
Al poco, llegué a la explicación para la ampliación: el resto de las plazas de la guardería serían para los niños de familias monoparentales trabajadoras.
Además, la fundación tenía la intención de construir otras guarderías y asociarse con ellas para ofrecer deducciones en sus gastos, de modo que pudieran ofrecer sus servicios de forma gratuita.
Resultaba evidente que Logan había prestado atención cuando expliqué al consejo de administración lo ocurrido con la empresa en la que había trabajado antes, que se vio obligada a cerrar por falta de financiación.
El nuevo plan mejoraba mi idea original de un modo que nunca se me habría ocurrido y, a pesar de todo lo que Logan me había hecho pasar, me reconfortaba un poco, aunque no lo suficiente para conmoverme.
Era yo quien había iniciado aquel proyecto, su equipo se había apoderado de él y era inevitable que lo llevaran a término.
Llegados a ese punto, ya no tenía nada que ver conmigo; se había reducido a una buena decisión empresarial.
Levanté la vista hacia la expansión de océano azul y suspiré.
Sabía que llegaría el momento en que me recuperaría de la ruptura, pero aún parecía bastante lejano, sobre todo en ese instante, cuando las cosas que me lo recordaban parecían seguirme a todas partes, a pesar de mis intentos de expulsarlo de mi vida.
El móvil empezó a sonar en mi mano y asumí que vería la foto de perfil de Tasha, pero en lugar de eso, vi un primer plano de la sonrisa divertida de Noah, y sonreí yo también.
Por suerte, había sido capaz de compartimentar mi dolor lo bastante como para que mi relación con Noah siguiera siendo tan buena como era posible en esas circunstancias.
Me encantaba poder seguir en contacto con él bajo la mirada atenta de Josie.
Ella y yo habíamos decidido que la mejor manera de que Noah pudiese hablar conmigo con toda libertad era que Logan no se implicase para nada.
El que fuera Josie quien lo supervisara me permitía comportarme como la persona alegre y positiva que Noah recordaba.
—¡Hola, peque! —saludé—. ¿Cómo estás?
—¡Hola, Nina! Estoy bien. ¿Has leído el periódico?
Su voz sonaba con un eco, lo que significaba que había puesto el altavoz. Contuve una sonrisa, porque hacía años que no veía un periódico. Deduje que había estado leyendo cómics antiguos en los que salían periodistas, y eso le había dado la impresión de que los periódicos seguían siendo habituales.
—Sí. He leído unas noticias estupendas sobre la nueva guardería.
—¿Y has sonreído?
Su emoción me hizo reír un poco.
—Pues claro. Es maravilloso.
—¡Bien! Papá ha dicho que quería hacerte feliz.
Hice una pausa, porque Noah no solía mencionar a su padre.
—Sí, me ha hecho feliz, sin duda.
—Vale, entonces ¿eso significa que os casaréis otra vez y volverás a casa? Porque papá ha dicho que antes estabas triste, pero ahora que estás feliz, vas a volver, ¿no? Ariel te echa de menos.
—Noah. —Oí la voz de Josie en el fondo.
—Pero papá dijo que no eran felices y ahora lo son… —Su voz sonó más lejos, sin duda porque se habría alejado un poco para dirigirse a Josie.
—¿Noah? —llamé, para que volviera a centrarse en la llamada.
—¿Qué?
—Tengo que explicarte por qué no va a pasar eso —empecé con cuidado, pensando en que no necesitaba conocer los detalles de la ruptura, y debía ofrecerle expectativas realistas—.
Lo que va a hacer tu padre con la guardería es absolutamente maravilloso, y hará feliz a mucha gente.
Pero ese edificio nuevo no cambiará lo que ha pasado entre tu padre y yo.
Había intentado hablar de un modo que tuviera sentido para él, sin dejar mal a su padre. Por mucho que me hubiera dolido la forma en que Logan terminó conmigo, no quería dañar la relación entre padre e hijo.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Noah con voz temblorosa.
Escuché unos sonidos al otro lado del teléfono, pero seguí hablando.
—Noey, por muy feliz que me haga la guardería, sigo estando triste por lo que pasó con tu padre.
Esperé a que dijera algo, pero siguió callado.
—Él hirió mis sentimientos. Me hizo daño. ¿Y qué se dice cuando haces daño a alguien?
Era una lección que habíamos repetido varias veces, a medida que se ampliaba su grupo de amigos.
—Se pide perdón —respondió Noah en voz baja.
—Exacto —confirmé—. Pero tu padre nunca me ha dicho que lo siente, y eso me ha hecho aún más daño.
—¿No te ha pedido perdón? —preguntó Noah—. ¡Eso no está bien!
—No —dije, conteniendo las lágrimas.
Tenía que mantener la calma, porque notaba que Noah se estaba empezando a alterar con la conversación. No me gustaba nada implicarlo en el problema, pero necesitaba saber que las posibilidades de que yo volviera a su casa eran, básicamente, nulas.
—Pero ¿y si te pide perdón ahora mismo…?
—Noey —interrumpí—. No se trata solo de pedir perdón, hay que sentirlo.
Decirlo de verdad. Y es importante que la persona que ha hecho daño entienda por qué el otro está triste.
Si te disculpas pero no entiendes por qué debes hacerlo, puedes volver a hacer daño.
El que se disculpa debe hacerlo de corazón, ¿sabes?
Y el que recibe la disculpa debe saber que va en serio.
Mi respiración se había acelerado y miré por la ventana al horizonte. Intentar explicar nuestra ruptura a Noah me hacía sentir como si estuviera en la cuerda floja.
—Ahora estoy triste —dijo Noah con un hilo de voz.
—Lo sé. Yo también.
Apoyé la cabeza en el cristal. Al otro lado del teléfono se escuchó un ruido que me hizo pensar que Noah habría dejado caer el teléfono, pero entonces escuché una voz profunda muy familiar.
—Nina… —empezó Logan.
Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. En una fracción de segundo, sentí sorpresa, vergüenza y enfado.
—¿Logan? ¿Has estado escuchando todo este tiempo? —pregunté disgustada—. ¡Eso no está bien! Josie y yo teníamos un acuerdo, y te prometo que ella ha supervisado todas las llamadas, así que no hay motivo para que tú…
—Yo sigo aquí —dijo Josie algo más lejos—. Él acaba de entrar justo ahora.
—Y solo he escuchado lo último, lo de disculparse de corazón —dijo Logan.
Escuché unos ruidos y una protesta de Noah desde más allá.
—¡Papá, es mi rato de hablar con Nina!
—Lo sé, peque, solo necesito un momento —respondió él.
Me fijé en que unos padres se acercaban al Club de Juegos y les sonreí, tensa. Saludé con la mano, y me alejé por el pasillo hasta una sala vacía.
—No, no lo necesitas —mascullé entre dientes.
—¿Podemos hablar de la guardería, al menos? —preguntó Logan.
—Vale —suspiré—. Es muy bonita. Enhorabuena. ¿Algo más?
—Nina, por favor.
—¿Qué? ¿Necesitas que te haga más la pelota? ¡Es increíble, Logan! —dije con falsa alegría—. Dios mío, ¡eres todo un visionario!
—No fue idea mía —respondió con sequedad.
—Ya, exacto.
Durante un momento, solo respiramos, y tuve la sensación de que Josie se había llevado a Noah para darnos algo de intimidad y permitirnos hablar con franqueza, aunque no era necesario. Yo no tenía nada que decir a Logan, y mantenía el dedo justo encima del botón de finalizar la llamada.
—¿Cómo estás? —preguntó Logan.
—¿A ti qué te importa? —repliqué como una adolescente malhumorada—. Logan, no intentes fingir que estamos bien, porque no es así.
—Me preguntaba si querrías…
A través de la pared divisoria de cristal, vi a otra pareja dirigirse al club para recoger a un niño.
—Escucha, lo siento, pero estoy trabajando. A Noah le cogeré el teléfono siempre, pero tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Me dejaste muy claro que no hay sitio para mí en tu vida, así que no tengo más opción que respetar tu decisión.
Empezó a decir algo, pero le interrumpí de nuevo.
—Por favor, dile a Noah que, si necesita más aclaraciones, podemos volver a hablar de disculpas y perdón. Pero, a partir de ahora, te pido que te asegures de que Josie sea la única persona presente cuando hablamos. Me siento muy incómoda si estás tú espiando.
—Lo siento mucho. No lo he hecho a propósito. Entré y escuché tu voz, y… —Sin terminar la frase, emitió un suspiro profundo.
—Bueno, pues si sigues las reglas que acordamos, no tendrás que preocuparte por eso, ¿no crees? Bueno, tengo que volver con los niños para supervisar las recogidas. Dile a Noah que estoy aquí siempre que me necesite.
—Nina…
El dolor que delataba su tono estuvo a punto de conmoverme, pero recordé lo que había hecho. Aquella ira inexplicable con la que había reaccionado cuando yo solo intentaba ayudarle, y su falta de disposición para hablar del problema con calma.
No era el hombre por el que yo lo había tomado, y los dos debíamos aceptar ese hecho.
—Adiós, Logan.
Empezó a hablar, pero yo corté la llamada antes de dejarme llevar por su voz.
Necesitaba una buena sesión de llanto, pero ya había muchos padres dirigiéndose al Club de Juegos para recoger a sus hijos antes de cenar, y Ashley necesitaría mi ayuda para registrar correctamente todas las salidas. No había tiempo para las lágrimas.
Deseé que mi cuerpo recibiera el mensaje, e intenté todos los trucos que me sabía para contener las lágrimas; desde saltar un poco, hasta pasar la lengua por los dientes delanteros, un truco de teatro bastante raro que me habían contado una vez.
No sirvió para nada, así que encontré un lugar tranquilo y me prometí que esa sería la última vez que llorase por Logan Ashford.