Cómo desafiar a tu jefe (Los Hermanos Ashford 3) 28 Logan #2
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28 Logan #2

—Drew —advirtió nuestro padre—. Vamos.

—Lo que quiere decir Drew es que ya has perdido demasiado tiempo compadeciéndote de ti mismo y es hora de que hagas algo. Tienes que arreglar las cosas con Nina —dijo Harrison en un tono ligeramente más amable.

Antes incluso de que terminara de hablar, yo ya estaba negando con la cabeza.

—Ni en broma. Sí, ahora mismo las cosas son un poco complicadas, pero…

—Pero esto no trata solo de ti —interrumpió mi padre—.

Nina hizo un milagro con Noah. Le ayudó a sonreír de nuevo y, durante un tiempo, todos creímos que el Noah de antes había vuelto.

Pero desde que ella se ha ido… —Su mirada se dulcificó un poco—.

Seguro que tú también te has dado cuenta, Logan.

Ya no se ríe, ni se divierte como antes.

—Bueno, para eso está la terapia —respondí—. Ha ido hoy, el proceso es largo.

Harrison se apoyó sobre la mesa y me miró a los ojos.

—La terapia tiene su función, pero no lo cura todo. Sí, es importante, pero tú sabes que tenías a alguien viviendo bajo tu techo las veinticuatro horas del día, que había supuesto una diferencia enorme para tu hijo. Y ahora que se ha ido, Noah está mucho peor que antes.

Yo hice una mueca, pero no dije nada, mientras todos me miraban con severidad.

—Ya no está tan enfadado conmigo —ofrecí al fin—, y eso es una mejora.

—¿Sabías que ha utilizado el teléfono especial de Nina para llamarme? —preguntó Drew.

Yo me enderecé en mi asiento. Aquello debía ser cosa de Josie.

—No, ¿cuándo?

—Da igual —respondió, con un gesto desdeñoso de la mano—. A lo que voy es que me llamó para decirme que está preocupado por ti, tío.

El alma se me cayó a los pies.

—¿Cómo?

—Siente unas emociones muy confusas por la marcha de Nina, pero eso no le impide preocuparse por su padre.

Dijo que estabas triste y no entiende por qué.

Tampoco entiende por qué le has dicho que lo de estar casados no ha funcionado.

Ese niño ve cosas, Logan. Sabe muy bien que los tres lo pasabais bien juntos, y no entiende qué ha salido mal. Me ha preguntado si es culpa suya.

El corazón se me encogió al pensar que Noah se había atribuido la culpa por lo que nos había ocurrido.

—Ya le he explicado que no ha sido por él.

—Sí, pero no se lo cree, y es evidente que le está afectando.

—Y hablemos de ti —intervino mi padre—. Tu hijo no es el único que está llevando mal la ruptura.

—Yo estoy bien. —Me crucé de brazos y me recosté en la silla.

—Estás hecho polvo, y se te da fatal ocultarlo —insistió Drew—. Tienes que recuperarla, por el bien de los dos.

—Ah, ¿eso crees? —Me obligué a hablar, a explicarles la historia completa de lo ocurrido y la razón por la que había tenido que romper con Nina.

Tal vez, si lo escuchaban todo, lo entenderían por fin—.

No os he contado por qué apartamos la vista de Noah un momento en el parque cuando él se cayó.

Estábamos discutiendo porque se le había ocurrido la estúpida idea de mandar a Noah a un campamento artístico, ¡sin consultármelo siquiera!

Los tres me miraron con cara de no entender nada.

—¿Y qué? —me instó Harrison.

—Pues que buscó un montón de información, asumiendo que yo estaría de acuerdo con enviarlo a un campamento de varios días.

—¿Lo apuntó al campamento sin tu permiso? —preguntó Harrison, mirándome con ojos entornados, como si yo fuera un puzle que no lograra resolver, al que le faltara alguna pieza.

—Bueno… En realidad, no.

Él asintió, sin dejar de mirarme con la misma suspicacia.

—Y ella se encargó de buscar toda esa información —continuó Drew, que parecía haber seguido la línea de pensamiento de Harrison—, para que tuvieras todos los datos del campamento, y pudieras decidir si querías enviar a Noah.

Es decir, ella hizo todo el trabajo para ofrecerte la posibilidad de tomar una decisión bien fundada.

Resoplé, porque no me gustó nada lo razonable que sonaba todo, visto así.

—Bueno, sí, supongo, pero aun así. ¿No veis hasta qué punto es presuntuoso por su parte asumir que me parecería bien enviar lejos a Noah? —Me detuve al ver las miradas enfurecidas que me lanzaban todos—. Bueno, esa discusión fue la razón por la que Noah se cayó. Nos distrajimos.

—Ah, ya veo. —Mi padre rio un poco—. Entonces, ¿crees que basta con observar a Noah más de cerca para impedir que se haga daño?

—Bueno…

—Hijo, yo tengo tres archivos llenos de vuestros problemas médicos. La mayoría de ellos ocurrieron cuando vuestra madre o yo estábamos a menos de tres metros. Siempre va a haber golpes o accidentes, y no es realista creer que puedes proteger a Noah de todos los problemas del mundo.

—No me refería a eso —insistí.

—¿Y a qué te referías? —preguntó Harrison.

—Debería haber aprendido la lección con Gretchen. Ella hizo lo mismo, intentó alejar a Noah.

—¿En serio crees que puedes compararlas a las dos? —preguntó Harrison.

—Si un tío le compra flores a su novia porque la quiere y las cosas bonitas le recuerdan a ella, y otro le compra flores a su novia porque acaba de engañarla, ¿dirías que la situación es la misma? —preguntó Drew—. Después de todo, los dos han comprado flores a sus novias.

—Pues claro que no es lo mismo —resoplé.

—Porque los motivos son importantes, ¿a que sí? No puedes limitarte a ver una acción y asumir que eso te dice todo lo que necesitas saber.

Sacudí la cabeza, sin querer admitir que tenía razón.

—Con Gretchen, las cosas se complicaron porque esa relación fue un desastre, y tú lo sabes —dijo Harrison—.

Y sí, cuando propuso alejar a Noah, lo hizo para quitarlo de en medio, pero eso no quiere decir que Nina tuviera la misma intención.

Sabes que ella no es así, y no se comportaría como Gretchen ni en un millón de años. Ella no es así de fría.

El estómago se me revolvió al escucharlo verbalizar unas ideas que ya se me habían ocurrido, aunque no quise escuchar más.

Si Harrison tenía razón, yo había sacrificado una relación con una buena mujer por nada.

Nina tenía que ser como Gretchen porque la alternativa, el que yo me hubiera equivocado, resultaba demasiado dolorosa.

—¿A dónde quieres ir a parar? —pregunté, sin cejar en mi terquedad.

—A que te has enamorado de Nina, mientras que con Gretchen, ni te acercaste a eso.

No te dolió terminar con Gretchen porque, en realidad, nunca te importó mucho, ¿verdad?

Era una relación de conveniencia, y Noah ni se enteró cuando desapareció.

Compara cómo se comportó cuando rompiste con Gretchen con su comportamiento actual.

Tú mismo has dicho que está inconsolable.

Odiaba su lógica. Harrison me observó en silencio antes de continuar.

—Este problema no lo ha causado el amor, sino el que lo alejaras de ti.

Los cuatro dejamos escapar una exhalación a la vez al escuchar su opinión. Era un resumen muy sombrío de mi vida, y no sabía si quería considerarlo.

—Ahora mismo no soy capaz de enfrentarme a todo eso —insistí—. Los altibajos, las complicaciones… Estoy mucho mejor sin nada de eso, y Noah también, aunque aún no se haya dado cuenta.

—Yo pensaba lo mismo —musitó Drew—, sobre todo cuando las cosas se pusieron feas con Emilia. Pero durante todo aquello, siempre supe, en el fondo, que mi vida era mucho mejor estando con ella.

—Y, algún día, yo os contaré cómo estuve a punto de perder a vuestra madre antes incluso de tenerla —intervino mi padre con una sonrisa triste—.

Pero ahora debemos centrarnos en ti. No sé de cuántos modos diferentes necesitas que te lo digamos, pero tienes que arreglar lo que has roto.

Es la única manera de que Noah y tú seáis felices de verdad.

Sí, las relaciones pueden ser como una montaña rusa pero, al final, el amor es lo que hace que la vida merezca la pena.

Los tres se me quedaron mirando como si esperasen que me pusiera en pie de un salto y corriera a buscar a Nina, estuviera donde estuviera, como en una comedia romántica. Pero yo no era así.

Al menos, aún no.

Aunque su intervención debió surtir efecto porque, de repente, lo único que se me venía a la mente era una reunión apasionada en un aeropuerto, o en lo alto de un rascacielos.

—¿Y bien? —inquirió Harrison—. ¿Tienes algo que decir?

Negué con la cabeza, y me puse en pie.

—No. Tengo algo que hacer.