27 Nina
NINA
Tasha no volvería de su última aventura hasta dentro de unos días.
Al principio, me alegré de tener el piso para mí sola y poder dedicarme a llorar durante todo el tiempo que quisiera, sin interrupciones.
Pero, después de un día entero de hacerlo, comprendí que, si no cambiaba de escenario, iba a perder la cabeza.
Así que, en lugar de quedarme mirando las paredes de nuestro deprimente piso, me obligué a quedar con mis antiguos compañeros de trabajo.
El barco había vuelto a puerto durante un par de días, y Ashley se había puesto en contacto conmigo cuando se enteró de la ruptura.
Ellos querían cotilleos, y yo quería un poco de aire fresco.
De algún modo, me las apañaría para ponerlos al corriente, pero sería discreta sobre los detalles. Necesitaba desahogarme un poco, y ellos eran las mejores personas con las que hacerlo. Después de todo, los empleados de Ashford debían firmar acuerdos de confidencialidad.
Intenté arreglarme un poco el pelo y ocultar las sombras debajo de mis ojos, pero acabé haciéndome una coleta y poniéndome gafas de sol. Todo me daba igual; sobre todo, mi aspecto.
En cuanto llegué al bar hawaiano lleno de turistas, y con la música tan fuerte que se oía desde la acera de enfrente, empecé a dudar de mi decisión. ¿Por qué había decidido venir? Por un momento, pensé en seguir andando sin detenerme, pero alguien dijo mi nombre y me di la vuelta.
—¡Estamos aquí!
Era Jared, el director de actividades deportivas del crucero, que agitaba los dos brazos desde donde estaba sentado en la terraza al sol.
Era él quien se había ocupado de Noah el día que intentó escalar por primera vez y, al recordar aquel día, casi parecía lógico que hubiera venido, teniendo en cuenta que mi situación actual estaba relacionada con un accidente de escalada.
—Hola. —Le devolví el saludo a desgana.
No tenía salida, ya no podía echarme atrás.
Me convencí de que socializar un poco me vendría bien, y me acerqué a donde estaba el grupo de mis antiguos compañeros de trabajo.
En lugar de atravesar el restaurante como un ser humano civilizado, pasé por encima de la verja que rodeaba la terraza.
Estaba hecha un desastre, y no me importaba si todo el mundo se daba cuenta.
Me recibieron con un montón de abrazos, y entonces comprendí lo mucho que los había necesitado.
Además de Jared, estaban Beth, de atención al cliente, y Ashley, que me abrazó unos segundos más de lo necesario, porque había sido testigo directo de la trayectoria inicial de mi relación con los Ashford.
Los tres parecían bronceados y felices, en un fuerte contraste con mi palidez y depresión.
—La pregunta no es si te apetece una copa, sino cuántas quieres —dijo Jared cuando estuvimos todos sentados.
—Empecemos con una caja de vino —propuse con una risa fingida.
—Ay. —Ashley se inclinó hacia delante y me apretó el hombro, con expresión entristecida—. Qué poco me gusta verte así.
—Ya somos dos —respondí.
—¿Quieres hablar de ello? —preguntó Beth con cautela—. Estamos para lo que necesites.
Pensé un momento en cuánto podía contarles.
Con o sin acuerdos de confidencialidad, Logan y yo habíamos acordado mantener en secreto el comienzo pasado por alcohol de nuestra relación, con la única excepción de nuestros familiares más cercanos, para no parecer un par de idiotas, así que no mencioné el ouaca para nada.
—Bueno, vosotros estuvisteis en la rueda de prensa, así que ya sabéis cómo empezó todo —dije, encogiéndome de hombros—. A partir de ese momento, las cosas fueron a la perfección. Mi relación con Logan iba a las mil maravillas, y Noah estaba haciendo progresos.
—Yo fui testigo de esos progresos durante el crucero —dijo Jared—. No había esperado que fuera tan valiente en el muro de escalada.
—Y cómo empezó a relacionarse con los otros niños —añadió Ashley—. Fue como si se hubiera convertido en un niño diferente durante el viaje. Y todo, gracias a ti.
Asentí, y me tragué las lágrimas que empezaban a formarse en mis ojos.
No había duda de que había cumplido mi cometido y le había resultado útil a Logan, pero él me había pagado con un dolor que debí haber esperado.
Aún me dolía pensar que, seguramente, todo el progreso que Noah había conseguido con mi ayuda se habría esfumado como consecuencia de mi desaparición involuntaria.
Solo podía imaginar lo confuso que se sentiría sin mí en la casa y, además, con un brazo roto.
Mis compañeros se dieron cuenta al mismo tiempo de que estaban echando sal en la herida.
—Bueno, pasemos a otro tema —propuso Ashley—. ¿A alguien le interesa la historia de la señora que se quedó encerrada en el baño de su camarote durante cuatro horas?
—Paso —resopló Jared—. ¿Qué más tienes que ofrecer?
—Nos hemos enterado de la decisión de hacer una guardería, que tomaron cuando tú trabajabas en la oficina principal —dijo Beth—. ¿Eso va a seguir adelante?
Beth no se había enterado de que sería mejor no hablar de nada relacionado con los Ashford.
—Ni idea. —Negué con la cabeza—. No tengo ninguna información.
—No lo entiendo —observó Ashley—. Parecíais muy felices juntos, y se ha venido abajo rapidísimo. Ha sido como si saliera de la nada. ¿Ha ocurrido algo?
—Sí, un par de cosas —dije con un resoplido—, y no le encuentro sentido a ninguna de las dos.
Ellos me miraron expectantes y, después de pensarlo un momento, pensé que sí podía contarles esa parte. La camarera apareció entonces para tomar nota de mi bebida, pero Beth se me adelantó.
—Una jarra de sangría para todos, por favor —pidió.
—Perfecto —asentí.
No había comido casi nada en las últimas treinta y seis horas, así que me imaginé lo rápido que me iba a afectar el alcohol.
—Y también nachos y guacamole —añadió Ashley, como si me hubiera leído la mente. Después, se inclinó hacia mí—. Bueno, sigue contando.
Me quedé mirando los azulejos de la mesa que tenía delante, mientras Jimmy Buffett cantaba algo sobre cambiar de latitud. Habría querido hablarles de todas las formas en que Logan me había hecho daño, pero no me salían las palabras.
—Lo entenderemos si no quieres hablar de ello —me aseguró Jared.
—No, sí que quiero. Es solo que...
—¿Es una mierda? —terminó Beth por mí, con una mueca.
—Se puede decir así —respondí con una risilla.
—Bueno, tu secreto está a salvo con nosotros, digas lo que digas —me tranquilizó Jared.
Yo ya no quería guardar más secretos por Logan Ashford. Él no se merecía mi silencio, y su tripulación debía saber hasta qué punto era un capullo.
—De acuerdo —empecé despacio—. Creo que todo empezó cuando sugerí que Noah fuera a un campamento centrado en los cómics.
Le gustan mucho las novelas gráficas, así que me pareció una buena forma de que conociera mejor ese mundo y ampliara un poco sus horizontes.
Se lo conté a Logan, y reaccionó de un modo muy raro.
Sugirió que estaba tratando de quitar a Noah de en medio para tener a Logan para mí sola.
—¿Cómo? —preguntó Ashley con sorpresa evidente—. ¿Pensaba que no querías estar con Noah? Eso no tiene ningún sentido. Salta a la vista lo mucho que quieres a ese niño.
—Eso es ridículo —repuso Jared, sacudiendo la cabeza—. Y el sentimiento era mutuo, porque Noah te seguía a todas partes.
—Gracias —respondí, haciendo un gesto de asentimiento con la cabeza—.
Llegué a pensar que me estaba volviendo loca, pero habéis confirmado lo que pensaba.
Y esperad, porque aún es peor. Estábamos en el parque Zuma, con Noah, discutiendo sobre lo del campamento y nos enzarzamos tanto en la discusión que no nos fijamos en que se había puesto a trepar por el muro de escalada.
—Ay, no —murmuró Jared—. Me imagino lo que pasaría.
—Desde luego. Se confió demasiado y terminó por caerse.
Beth dio un respingo.
—¿Se hizo mucho daño?
—Sí, tuvimos que ir al hospital. Se ha roto un brazo y tiene que llevar una escayola durante un mes.
—Ay, pobrecito —se lamentó Ashley.
—Exacto. A mí se me partió el corazón, pero Noah fue muy valiente.
—¿Y eso es todo? —preguntó Jared—. ¿Habéis roto por un campamento y una caída?
La camarera volvió con una jarra de sangría deliciosa que, en ese momento, me apetecía muchísimo. Sacudí la cabeza, mientras Jared me servía un vaso.
—La pelea por el campamento fue el catalizador. Cuando volvimos a casa del hospital, Logan volvió a acusarme de tratar de apartar a Noah, y lo remató diciendo que yo tenía la culpa de que Noah se hubiera roto el brazo porque no le estaba prestando atención.
—Un momento… —Beth arrugó la nariz—. Estabais en el parque… juntos… y Logan es su maldito padre.
—Bingo —confirmé—. Pero la culpa es toda mía.
—Qué capullo —exclamó Jared—. Aunque no me sorprende demasiado. Le pega bastante.
Nos quedamos callados cuando la camarera vino a traernos los nachos y el guacamole.
—Es oficial, Logan Ashford está cancelado —dijo Beth con la boca llena—. Es lo peor, eso ha sido imperdonable. Es una plaga para la humanidad.
—Bueno, eso igual es un poco… fuerte —sugirió Ashley, que me lanzó una mirada de disculpa—.
Como jefe no es tan malo, si lo piensas con calma.
Nos paga bien, lo que se espera de nosotros está bien definido, y recibimos aumentos y bonificaciones por rendimiento.
También se asegura de que los clientes no se pasen con nosotros, y el buen trabajo de la tripulación se reconoce y se recompensa.
—Vale, trabajar para él está bien, pero no estamos hablando de eso —replicó Beth.
—Y aunque sobre el papel sea un buen jefe, no es un hombre agradable. Es muy reservado, ¿sabes? Siempre parece estreñido. Hasta cuando sonríe, parece que le cuesta un esfuerzo —insistió Jared.
Me mordí el interior de una mejilla para evitar echarme a llorar.
Yo conocía bien sus sonrisas auténticas, porque me las había dedicado muchas, muchas veces.
Y, aunque había costado bastante trabajo sacarlo a la luz, también había encontrado su lado agradable.
Había veces en las que me había mirado y yo me había sentido…
muy especial. Deseada, sí, pero también valorada, como si solo tenerme cerca le hiciera feliz.
Pero hasta los recuerdos se habían estropeado. Al pensar en su cara, ya solo recordaba el frío desdén que había mostrado cuando me fui de su casa para siempre.
—Sí, pero ¿hablaste con él hacia el final del crucero? —preguntó Beth—. Te prometo que casi no lo reconocí. Parecía más relajado, ¿sabes? Noah no fue el único que se benefició de tus artes mágicas.
—Gracias —murmuré, y bebí un trago enorme de sangría.
—¿Sabes qué? —Jared se inclinó hacia delante y apoyó los codos sobre la mesa—. Que se joda.
—Vaya, caray —dijo Ashley por lo bajo.
—No, lo digo en serio. Tenía algo muy bonito contigo, al igual que Noah. Si no se da cuenta, es que no te merece —insistió Jared.
—Estoy de acuerdo —añadió Beth, asintiendo.
—Por el olvido. —Jared levantó su vaso—. Y por el futuro.
Se me volvieron a llenar los ojos de lágrimas.
Había creído que mi futuro empezaba a perfilarse gracias a Noah y Logan, y no sabía qué sería de mí después.
En una sorprendente concesión por parte de Logan, los de recursos humanos se habían puesto en contacto conmigo para informarme de que mi antiguo puesto en el crucero seguía disponible, si me interesaba.
Me habría gustado ser demasiado orgullosa como para seguir asociada con cualquier cosa relacionada con los Ashford, pero la realidad era que necesitaba un trabajo, y me encantaba trabajar con niños.
Ashley extendió una mano para coger la mía, y el sobresalto me sacó de mi trance depresivo.
—Sé lo mucho que te importa Noah, y que él se ha abierto tanto gracias a ti. Así que, da igual lo mal que hayan acabado las cosas: al menos sabes que, para ese niño, has supuesto una gran diferencia.
Ya no pude contener más las lágrimas.
—Sí, pero y ahora, ¿qué? ¡Logan me obligó a marcharme sin despedirme de Noah!
—¿Estás de puta coña? —chilló Beth, tan alto, que la mitad de los clientes de la terraza se volvieron a mirarla.
Yo solo pude asentir entre lágrimas, mientras ellos tres se cabreaban, y sus reacciones me hicieron ver que mi angustia ante la decisión de Logan estaba justificada al cien por cien.
—Es un monstruo —dijo Jared, enfadado—. Pobre niño.
—Y pobre Nina —añadió Beth—. Ella ha perdido a dos personas muy especiales.
Yo ya estaba sintiendo la pérdida en el fondo de mi corazón, y oírlos confirmar lo horrible que había sido todo solo sirvió para hacerme llorar aún más fuerte.
—Bueno, chicos, ya vale —les reprendió Ashley—. Esto no ayuda. Tenemos que distraerla, no hacerle recordar la desgracia.
Me frotó la espalda con una mano, mientras yo hipaba entre lágrimas.
—Eh, mirad, están montando un karaoke —señaló Jared, muy serio—. ¿Ayudaría si canto esa canción de Scarlet Rush, Small Man y se la dedico a Logan?
Su expresión intensa fue suficiente para hacerme reír un poco.
—Sí, eso sería increíble.
—Bien. Hagamos toda una lista de canciones sobre rupturas. ¿Chicas? —Miró a Beth y Ashley.
—De acuerdo —respondió Beth—. Yo cantaré Thank You, Next.
—Esa es demasiado blandita —protestó Ashley—. Yo voy a cantar a gritos You Oughta Know, que parece muy apropiada.
—Y yo, Cry Me a River —añadió Jared—. Vais a alucinar con mi falsete.
—Muchas gracias, chicos —dije.
—No te preocupes, te haremos olvidar la existencia de Logan Ashford —dijo Ashley.
Conseguí esbozar una leve sonrisa para agradecerles el esfuerzo, aunque sabía que aspiraban a algo imposible.