Cómo desafiar a tu jefe (Los Hermanos Ashford 3) 21 Nina #2
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21 Nina #2

—Sí. ¡He soñado que había monstruos viviendo en casa del abuelo! —exclamó él—. Unos monstruos grandes muy malos, y en la piscina había serpientes que me intentaban morder los pies y me daban miedo.

Así que le estaban afectando los cambios en casa de su abuelo. Habíamos intentado no hablar de la mudanza que se aproximaba, pero Noah era un niño muy perspicaz. Logan me miró como pidiendo consejo.

—Oh, eso debe haber dado mucho miedo —dije, en tono tranquilizador—, pero la buena noticia es que los monstruos no existen.

—Pero las serpientes sí —replicó él.

—Tienes razón, sí que existen —admití—, pero si estuvieran en la piscina, las veríamos, y la última vez que miramos, no había ni una sola serpiente.

—Nina tiene razón —añadió Logan—. Y, en el peor de los casos, si encontráramos una serpiente, yo la atraparía antes de que te hiciera daño.

—¿No te dan miedo? —preguntó Noah, con asombro en la voz.

—No. Me gustan las serpientes.

Se quedó en silencio mientras lo pensaba, y luego me preguntó:

—Nina, ¿te gustan las serpientes?

Mis ojos bajaron al regazo de Logan antes de que pudiera evitarlo y él me pilló. Los dos sacudimos la cabeza a la vez, algo avergonzados por nuestra forma de pensar.

—Sí que me gustan —me limité a decir.

—Noey, llegaremos a casa enseguida, te lo prometo. Mientras tanto, ¿por qué no dibujas a Ariel con la señora Miller? Necesito un dibujo para colgarlo en mi despacho.

—¿De verdad? Vale, sí, te puedo hacer un dibujo. —Hizo una pausa—. Pero ven ya a casa, ¿vale?

—Claro que sí, peque.

Oímos cómo soltaba el teléfono y, después, echaba a correr llamando a su gatita.

—Crisis evitada —suspiré.

—¿Hola? ¿Estás ahí, Logan? —preguntó Josie.

—Sí, aquí estoy. Vamos de camino y deberíamos llegar a casa hacia las once. ¿Estáis todos bien? ¿La señora Miller puede quedarse un poco más?

—Sí que puede. Creo que lo tenemos todo controlado. Parece que Noah está bien por ahora, pero ha pasado un mal rato. Creo que aún no se ha acostumbrado a estar sin ti. El pobre aún es muy frágil.

—Estoy de acuerdo —respondió Logan—. Nos estamos haciendo cargo de eso. Volveremos enseguida, gracias por llamar.

Logan cortó la llamada y dejó caer el teléfono sobre la mesa con un suspiro.

—Justo cuando creía que estábamos avanzando.

—No es un proceso lineal —le recordé—. Es normal.

Él hizo una pausa antes de responder.

—Gracias. Por todo.

Su agradecimiento directo hizo que mis mejillas enrojecieran.

—Soy yo quien debería darte las gracias por una noche increíble. Ha sido maravilloso.

—Tú eres maravillosa —contestó, cogiendo mis manos con las suyas.

Y, durante ese instante, a pesar del estrés que me habían causado la llamada y el acuerdo posnupcial, mi vida entera pareció algo así como perfecta. Estaba en un maldito yate, en mitad del océano, bajo un cielo soleado, y un hombre increíble me miraba con una sonrisa divertida.

Una sonrisa divertida y embelesada.

Y, a pesar de la llamada triste de hacía un momento, Noah mejoraba un poco más cada día y, si seguíamos esa trayectoria, estaría más que preparado para enfrentarse al colegio cuando llegara el otoño.

La recuperación era un objetivo variable, pero se veía que Noah había avanzado mucho hacia el punto de equilibrio.

Al pensarlo, noté una punzada, y me invadieron sentimientos contradictorios de alegría y preocupación. En algún momento, las vidas de Noah y Logan se estabilizarían, los dos superarían las turbulencias del duelo y volverían a la normalidad. Y eso haría que yo resultara innecesaria.

Aunque era fácil asumir que Logan sentía auténtico afecto por mí, yo había aprendido por las malas que todas las relaciones venían con expectativas.

Nuestra asociación había surgido de mi trabajo con Noah: si yo no hubiera logrado que se abriera a mí, Logan nunca me habría contratado, y no me habría invitado a cenar para celebrarlo, ni se habría acostado conmigo.

Daba igual nuestra química; la esencia de nuestra relación era que yo fuera capaz de ayudar a su hijo y, mientras lo fuera, le resultaba útil.

Una vez que Noah volviera a ser el de antes, ¿qué sería de mí?

No quería asumir que lo que había entre nosotros dos fuera condicional, pero sabía muy bien lo que ocurriría cuando ya no me necesitaran en sus vidas.

Había pasado por situaciones similares con amigos, cuando era evidente que les resultaba inconveniente permitirme dormir en su sofá, a pesar de mis esfuerzos por ayudar con las tareas de casa y ocupar la menor cantidad de espacio posible.

Y, por supuesto, también había pasado por algo parecido con mi ex, que me había tomado por su asistenta a tiempo completo.

Yo resultaba útil hasta cierto punto, y luego resultaba fácil descartarme.

Logan volvía a estar al teléfono, intentando reajustar su agenda para el resto del día con el fin de hacer un hueco para nuestro viaje de vuelta a casa.

Me recordé que yo aún tenía mucho por hacer y que, cuando llegáramos a la casa, mi trabajo era intervenir para calmar a Noah.

Todo iría bien, al menos durante un tiempo.

Porque mi destino en la vida era ser útil.