21 Nina
NINA
Hasta estirarme al despertar me pareció un lujo.
No quería abrir los ojos, porque una parte de mí asumía que lo ocurrido la noche anterior no podía haber sido más que un sueño.
¿Hacer el amor tres veces, tener cuatro orgasmos, y a un hombre tremendamente sexi que parecía dedicado en cuerpo y alma a darme placer de todos los modos posibles?
Esas cosas no ocurrían en la realidad, ¿verdad?
Pero no, esa vez, podía recordar toda la noche con la clase de detalles en tecnicolor que los sueños no ofrecían nunca. Casi podía sentir aún el roce de la barba incipiente de Logan en la parte interior de mis muslos.
Y hablando de…
Estiré un brazo para palpar el otro lado de la cama e intentar encontrar su cuerpo cálido; pero, cuando por fin abrí los ojos, vi que estaba sola en el camarote. Me senté y parpadeé bajo la luz tenue.
¿Dónde demonios estaba?
Había dormido desnuda, así que cogí el albornoz que me había dejado al pie de la cama, de un suntuoso tejido blanco muy espeso que daba la sensación de abrazarme. Aún estaba acostumbrándome a la idea de que, en el mundo de Logan, todo parecía calculado para ofrecer la máxima comodidad.
Me dirigí descalza al salón principal en el que habíamos cenado la noche anterior y lo vi, sentado al otro lado de las puertas de cristal, en la cubierta reluciente, hablando por teléfono y con varios documentos de aspecto legal y el portátil abierto delante de él.
No llevaba camisa, solo los calzoncillos.
Estuve segura de que no había tomado la decisión consciente de exhibirse con un aspecto tan increíble, pero a mí me pareció una invitación para hacer lo que quisiera con él.
Salí de puntillas a la brillante luz del sol, y él me guiñó un ojo, sin dejar de escuchar a la persona al otro lado del teléfono.
¿Qué hora sería? ¿Y dónde estábamos? A mi alrededor, lo único que veía era una extensión azul centelleante.
Me dejé caer en la silla frente a la suya, y él me entregó un menú impreso en una tarjeta de papel muy espeso.
Logan solo tenía una taza de café ante sí, como si me hubiera estado esperando para desayunar.
Siguió escuchando a la otra persona con el ceño fruncido, y me disgustó que el mundo real se estuviera entrometiendo tan pronto en nuestra escapada mágica.
Miré los papeles extendidos delante de él, me fijé en las palabras acuerdo posnupcial, y sentí la necesidad de sacarlo del montón para leerlo con calma.
Claro, tenía sentido que hubiera pedido que le redactasen algo para proteger sus activos y a sí mismo…
dado que todo aquello era solo temporal.
—¿Qué es esto? —pregunté, dando unos golpecitos al papel.
Logan me miró a mí, después al papel, y su cara se torció en una expresión incómoda. Tapó el micrófono del teléfono con los dedos.
—No te preocupes, solo es algo de papeleo sobre todo esto.
—¿Todo esto?
Él hizo un gesto con la mano entre nosotros dos.
—No tiene importancia —dijo—. Te lo prometo. Luego lo hablamos.
Noté un peso en el estómago. Logan había vuelto a escuchar a la persona al otro lado de la llamada.
Incluso en plan jefe, estaba guapísimo. De hecho, casi estaba más guapo en ese plan, lo que no me ayudaba nada.
Siendo racional, yo sabía que nuestra situación era temporal, y que cuando decidiéramos terminar nuestra representación, los documentos legales saldrían a relucir.
Aun así, me molestaba que se lo tomara tan a la ligera.
Las otras chicas Ashford habían insistido en que yo era buena para Logan y que le estaba ayudando a relajarse y disfrutar la vida. Si era cierto que lo necesitaba, como ellas habían dicho, no debería dejarle contestar llamadas de trabajo durante nuestra mini escapada.
—Oh, vamos. Me dijiste que tenías el envío listo para salir ayer —espetó al teléfono.
Vaya, el jefe estaba vivito y coleando, y parecía necesitar una intervención en ese mismo momento. Se me ocurrió una idea.
La noche anterior, Logan había dicho que la tripulación solía quedarse en la cubierta inferior salvo que se los llamara, lo que significaba que estábamos solos, a pesar de estar en una zona común. Hora del espectáculo.
Yo no era una exhibicionista, pero la situación era desesperada.
Inspiré hondo, me puse en pie a su lado, y dejé que el albornoz me resbalara de un hombro, mientras lo miraba provocativamente.
Él pareció sorprendido; después, confuso, pero no dejó de gruñir a la persona que estaba al otro lado del teléfono.
Debía continuar. Cambié de postura y bajé también el otro hombro del albornoz, de forma que lo único que lo mantenía sobre mi cuerpo eran mis manos, sujetándolo contra mis pechos.
Eso llamó su atención por fin. Se le enredaron las palabras, clavó los ojos en mí y cambió de postura en su asiento.
Yo dejé caer el albornoz un poco más hasta que mis pezones casi quedaron al aire.
—Esto, ¿puedes repetir eso? —Logan volvió a revolverse en su silla—. La llamada se ha cortado un momento.
Yo reí, me di la vuelta y dejé resbalar el albornoz aún más, para que pudiera ver la parte superior de mi culo. Logan se aclaró la garganta. Entonces, dejé caer el albornoz del todo y me quedé de pie, desnuda y de espaldas a él.
—No, no, ya vale, no tienes que leérmelo todo —masculló Logan entre dientes.
Empecé a contonearme y levanté las manos sobre la cabeza, como una bailarina, en un espectáculo para una sola persona. Tal vez debía reconsiderar si era una exhibicionista, porque estar desnuda bajo el sol caliente resultaba muy liberador.
—Tienes dos minutos, Brad —dijo con voz tensa—. Tengo, esto, otra reunión.
Me di la vuelta para mirarlo, sin dejar de moverme, y él inspiró hondo al ver mis pechos desnudos. Me acerqué a él, me dejé caer de rodillas y me situé debajo de la mesa. La noche anterior, él había hecho magia con la boca, y no me había dado la oportunidad de devolverle el favor.
Logan se recostó sobre el respaldo de su asiento para mirarme gatear hacia él por debajo de la mesa.
Deslicé las manos por sus fuertes piernas, dándole unos cuantos besos por el camino, y él emitió un gemido, que tuvo que disimular enseguida con una tos.
Yo recorrí su muslo con una mano hasta introducirla por el hueco de sus calzoncillos y rodear su erección con ella.
Me acerqué más a él y empecé a tirar de sus calzoncillos hacia abajo, mientras le daba besos en la cintura.
—Te tengo que dejar —gruñó al teléfono y, enseguida, lo tiró sobre la mesa y se inclinó aún más hacia atrás para darme mejor acceso a su cuerpo—. Maldita sea, ¿qué me estás haciendo?
—Mostrarte lo agradecida que estoy por este viaje tan maravilloso —reí, entre un beso y otro—. Y compensarte porque anoche no me dejaste besarte justo aquí.
Había bajado sus calzoncillos lo bastante como para liberar su polla, erguida y atenta. Esperé hasta que me miró a los ojos y, entonces, descendí despacio sobre ella, sin apartar mis ojos de los suyos.
—Nina, no deberíamos…
A pesar de sus palabras, no se apartó de mí, así que seguí acercándome más y más al monstruo que tenía entre las piernas, hasta deslizar mis labios sobre la punta.
—Oh, joder —susurró cuando, por fin, me lo introduje entero en la boca.
No fue fácil, dado su tamaño, pero había aceptado el desafío. Me moví despacio, presionando la lengua contra él y deslizando la boca a lo largo de su longitud.
—Por favor, no pares —susurró él—. Nunca.
El cumplido me habría hecho sonreír, pero estaba demasiado concentrada en lo que hacía.
Le sujeté la base de la polla con una mano mientras la introducía y sacaba de mi boca, tratando de no precipitarme a meterla donde la quería de verdad.
Con suerte, tendríamos bastante tiempo para una segunda parte.
—No voy a durar mucho —logró decir con voz tensa.
Al notar los latidos iniciales de su excitación, aceleré el ritmo. Estaba tan concentrada en hacerle sentir bien que apenas escuché el timbre del teléfono. Logan se incorporó un poco para mirarlo, y yo me aparté de él un instante.
—Que no se te ocurra cogerlo.
—No, no lo entiendes —dijo él, y cogió el teléfono.
¿Pero qué narices?
Me senté sobre los talones, indignada y dolida por que hubiera preferido contestar una llamada de trabajo en lugar de recibir la mejor mamada del mundo. Noté que me sonrojaba, y recogí el albornoz que había tirado antes.
—Es Josie, debe de haber pasado algo en casa.
El tono de su voz lo cambió todo. No era otra llamada de trabajo.
—Sabe que no debe llamar a menos que se trate de algo serio.
—Oh no —dije, sentándome en la silla junto a la suya.
—¿Qué pasa, Josie? —preguntó él, al contestar la llamada.
Yo no aparté la vista de su expresión tensa mientras escuchaba.
—¿En serio? ¿Y la señora Miller ha ayudado en algo? —Escuchó de nuevo, con el ceño fruncido—. Vale, de acuerdo, lo entiendo. ¿Me lo puedes pasar?
Mientras esperaba, Logan tapó el micrófono del teléfono.
—Una pesadilla. Se ha despertado llorando y no para, pero no quiere contarme qué ha soñado. Supongo que tiene que ver con su madre.
El corazón se me rompió por Noah. El duelo tenía sus vaivenes, pero eso no hacía que sorprendiera menos cuando volvía con intensidad. La cara de Logan se transformó cuando Noah se puso al teléfono, como si supiera que debía sonar más animado para contrarrestar lo que le estuviera pasando a su hijo.
—¡Hola, Noey! Ya estamos volviendo. Sí, Nina también está aquí. ¿Quieres hablarme de ese sueño? —Escuchó un momento—. Vale, te pongo en manos libres.
Me lanzó una mirada y puso el teléfono sobre la mesa, entre nosotros dos.
—¿Hola? —La vocecita de Noah sonaba baja y temblorosa.
—¡Hola, Noah! —saludé yo—. ¿Qué pasa?
—¿Podéis… podéis volver a casa ya? —sollozó.
—Estamos de camino, peque —respondió Logan—. Aún tardaremos un poco, pero vamos lo más rápido que podemos.
Mientras lo decía, cogió el teléfono y envió un mensaje de texto rápido al capitán.
—Noah, ¿has tenido una pesadilla? —pregunté con precaución.