17 Nina
NINA
Me sentí muy nerviosa al entrar en las oficinas Ashford por muchas razones, y la principal era que todo el mundo me estaba mirando.
No podía culparlos. Seguro que nadie había esperado que el viaje inaugural terminara con una esposa sorpresa. Y yo, tampoco.
Iba a reunirme con el equipo de relaciones públicas para decidir la mejor manera de utilizar nuestro matrimonio accidental en relación con la nueva línea de cruceros para familias.
Logan me había explicado que estaban seguros de poder manipular la historia para crear una estrategia de marketing basada en la idea de ser felices para siempre.
Caí en la cuenta de que, en algún momento posterior, también tendrían que enfrentarse a las consecuencias de nuestro futuro divorcio, aunque aún no lo supieran.
Nuestra representación tenía que ser muy buena, y eso significaba que Logan y yo debíamos parecer una pareja auténtica desde el momento que salíamos de casa.
Cuando nos encontramos con Logan en las oficinas, me pareció de gran ayuda que Noah me hubiera acompañado.
Josie se había ofrecido a cuidar de él mientras estábamos en la reunión, pero yo no había querido cargarla con más trabajo.
Además, su presencia ayudaría a desviar un poco la atención de Logan y de mí.
Aún nos sentíamos algo incómodos estando juntos, porque no nos habíamos acostumbrado todavía a fingir.
—¿Puedo dar a los botones? —preguntó Noah cuando entramos en el ascensor para subir al piso ejecutivo.
—Botón, en singular —le avisé—. Es el número que está más arriba, por favor.
Él se puso de puntillas y presionó el botón del último piso.
—¿Has venido muchas veces a la oficina? —pregunté mientras subíamos, porque aprovechaba todas las oportunidades posibles para aprender más cosas sobre su relación con su padre.
—Solo una vez —respondió, negando con la cabeza.
Eso estaba bien. Tenía la impresión de que Logan se cogía tiempo libre cuando Noah le visitaba, y me pregunté cómo irían las cosas si, al ser un padre a tiempo completo, se dejaba llevar de nuevo por su adicción al trabajo.
Después de todo, vivir bajo el mismo techo suponía un ambiente muy distinto del de las vacaciones.
Cuando se abrió la puerta del ascensor, Logan nos estaba esperando, con una sonrisa que me alegró el alma.
—¡Papá! —gritó Noah, antes de correr a lanzarse a los brazos de su padre.
—Vaya, hola, chaval.
Se puso en pie y me miró, tan rápido que casi no me di cuenta.
Me había vestido con la única ropa adecuada para una oficina que tenía y que, en realidad, había heredado de Tasha.
Era un vestido camisero muy sencillo, con estampado de pata de gallo en blanco y negro; pero, acompañado de unos tacones, un cinturón y un moño, casi me hacía sentir que encajaba en ese lugar.
Claro, que no sabía bien en qué consistía encajar. Llevaba toda la vida trabajando con niños, y la cultura de oficina resultaba nueva para mí.
—¡Bienvenida, señora Ashford!
Miré a mi alrededor, preguntándome cuál de los parientes de Logan habría hablado, hasta que vi a una mujer muy elegante, provista de una tableta y con la vista clavada en mí.
—Oh, esto, ¡gracias!
—Soy Bev Carson, Directora de relaciones públicas —se presentó, tendiendo una mano—.
Estamos ansiosos por ayudaros a encontrar el titular perfecto para vuestra historia de amor.
—Bajó la vista a Noah—. ¡Y hola a ti también!
¿Quieres un portátil para jugar mientras hablamos los mayores? Podríamos descargar algunos juegos.
—Ah, no es necesario —dije, sin dejar contestar a mi compañero, el aficionado a los juegos—. Tratamos de limitar el tiempo dedicado a las pantallas durante el día. He traído cosas para que dibuje. —Me giré un poco para mostrar la bolsa de suministros y comida que había traído.
—¡Perfecto! El equipo está listo para empezar. Así que, Logan, si estáis listos…
—Empecemos ya —asintió él—. Hoy tenemos mucho que hacer.
Estaba a punto de conocer otra faceta de aquel hombre.
Ya me había familiarizado con su personalidad de dueño y patrón del barco, me había desnudado con él estando borracho y había quedado prendada de su forma de actuar en casa.
Ahora, seguro que verlo actuar como jefe en la oficina me dejaría impresionada.
Observé cómo reaccionaban sus empleados ante él mientras atravesaba el amplio espacio abierto, y vi que nadie corría a ocultarse, lo que era buena señal.
Bev se detuvo delante de una sala de reuniones con paredes de cristal, en la que todos los asientos estaban ocupados.
¿Había una docena de personas, o trescientas? El pulso se me aceleró, y miré a Logan.
Era evidente que aquella multitud no le afectaba lo más mínimo, y esperé que se me contagiara parte de su confianza, porque me sentía como si me fuera a enfrentar al pelotón de fusilamiento. ¿Se dedicarían a buscar grietas en nuestra historia?
En cuanto terminaron las presentaciones formales y cesaron los aplausos, descubrí que nadie había previsto la asistencia de Noah. Intenté encontrar un lugar adecuado para él en aquella sala abarrotada donde pudiera utilizar sus pinturas.
—Eh, oye, ¿dónde instalamos a Noah? —susurré a Logan.
Él miró a su alrededor.
—Vaya, buena pregunta. Chris, ¿sabes si la sala Concord está abierta? ¿O alguna de las salas más pequeñas?
El interpelado tecleó en el portátil que tenía delante.
—Esto… Parece que está todo lleno. Hay reuniones con proveedores nuevos y otras cosas con algunos influencers.
Logan frunció el ceño.
—¿Y si lo sentamos en un rincón? —propuse.
En la parte trasera de la habitación había una sola silla. A Noah no le resultaría fácil enfrascarse en sus pinturas si tenía que apoyar el cuaderno en sus pequeñas rodillas durante las próximas horas, pero tampoco teníamos muchas opciones.
—Supongo que no hay elección —dijo Logan.
—Dame dos segundos —pedí.
Llevé a Noah hasta la silla, lo senté y saqué con rapidez todas las cosas que podía utilizar en aquel espacio reducido.
—¿Estarás bien? —le susurré.
—Sí —respondió en otro susurro—. ¡Voy a dibujar piratas!
La sala había quedado en silencio y todo el mundo estaba observando cómo situaba a Noah. Abrí la boca y empecé a hablar, antes de poder contenerme.
—¿Sabéis qué sería increíble? Que instalarais una guardería en las oficinas.
El silencio en la sala se hizo aún más denso.
—Interesante —dijo Bev—. Sigue hablando.
Un momento, ¿qué acababa de hacer? Noté cómo el sudor se acumulaba en la base de mi cuello cuando todos los asistentes se volvieron a mirarme.
—Oh, no me hagáis caso —pedí, agitando una mano delante de mí, y esperando que el estampado de mi vestido ocultara las posibles manchas de sudor—. No he dicho nada. Empecemos con el orden del día.
—No, esa idea me encanta —dijo una voz.
—Y a mí —añadió alguien más—. Eso supondría un valor añadido a la hora de atraer a nuevos empleados.
—Y encaja muy bien con nuestra nueva línea de cruceros para familias. Logan, ¿qué opinas? —preguntó Bev—. Si pudieras imaginar la guardería perfecta aquí, ¿cómo sería?
—¡Habría pinturas! —intervino Noah desde el fondo de la sala, y todo el mundo se echó a reír.
—De acuerdo —rio Logan—. Pero no estoy seguro de ser la persona adecuada para dar vida a esa idea. Nina, ¿cómo diseñarías tú una guardería?
Abrí mucho los ojos y di un paso atrás.
—¿Yo?
Y yo que había pensado limitarme a asistir, sonriente y silenciosa, a la reunión. ¿Cómo había terminado siendo el centro de atención?
—Claro que tú —respondió Logan con firmeza, y se volvió para dirigirse a los demás—. Nina tiene mucha experiencia en el desarrollo temprano de la infancia. Nadie mejor que ella para definir los detalles concretos de una posible guardería.
Aquel cumplido me dejó sin habla durante unos segundos.
No solo porque lo hubiera dicho delante de sus empleados, sino porque sonó auténtico.
El que me valorasen de ese modo era una sensación muy extraña.
Seguramente, mis mejillas sonrojadas informaron a todos los asistentes de mi sorpresa, y me sentí como si estuviera a punto de defender una tesis.
—Eso suena muy caro —dijo una voz más grave—. No sé si tendremos presupuesto para algo así.
Gracias a mi experiencia, tenía algunas estadísticas preparadas para enfrentarme al aguafiestas de la parte posterior.
—Sí, bueno, al principio hay una serie de gastos fijos, pero a la larga, merece la pena.
Se calcula que los costes de guardería, para una familia, equivalen al veinte por ciento de los ingresos de uno de los padres, y dado que están cerrando muchas guarderías por problemas con la financiación federal, encontrar una resulta cada vez más difícil —expliqué, con la voz un tanto temblorosa—.
Ofrecer cuidado de niños en la oficina no solo reduce el estrés de los empleados, sino que crea lazos más fuertes entre la empresa y los empleados, y hace que sea más fácil retenerlos.
Al mirar a mi alrededor, me fijé en que todo el mundo estaba pendiente de mis palabras. En lugar de ponerme más nerviosa, aquello me dio más ánimos. Sabía que mi idea representaba una gran ventaja y, por la forma en que asentía todo el mundo, era evidente que todos estaban de acuerdo.
—De acuerdo —dijo Bev—. Me interesa más saber qué haría a una guardería Ashford destacar sobre todas las demás. Me refiero a no reparar en gastos, en cualquier cosa que se nos ocurra.
El corazón se me aceleró. Construir una guardería desde cero me permitiría poner en práctica todo lo que había aprendido, tanto mientras estudiaba la carrera como en mi trabajo, y construir algo maravilloso de verdad.
En lo referente a crear programas para el cuidado de niños, estaba acostumbrada a apañarme con lo que hubiera disponible.
Sabía cómo hacer que un bote de pintura durase más con agua, utilizar las dos caras de una hoja de papel y aprovechar al máximo cada dólar, así que la idea de planificar una guardería desde cero, sin límite de gastos, era como recibir un regalo de Navidad.
Y poder ayudar a tantas familias me parecía algo salido de un sueño.
—Personal muy cualificado —empecé, como si lo viera delante de mí mientras hablaba—. Queremos que dé tantos beneficios que la gente se muera por venir a trabajar con nosotros, y el primer paso es atraer a los mejores empleados.
Bev emitió un murmullo, valorando la idea.
—¿Qué más? —preguntó.
Respondí después de considerarlo un momento.
—Luego está la instalación en sí. Sé de primera mano que Ashford solo elige a los mejores arquitectos y decoradores, porque el Club de Juegos en los barcos es increíble. Deberíamos recurrir a la misma creatividad para construir algo que sea duradero, pero adecuado para el día a día.
Hice una pausa para comprobar si mi público seguía interesado y, a juzgar por sus caras, pensé que lo estaban encontrando fascinante.
Pero eso también podía deberse a que intentaban determinar cómo era la nueva señora Ashford.
Desde luego, no era una mujer florero, y estaba dispuesta a trabajar. Continué hablando.
—Necesitamos un lugar que fomente la creatividad y la exploración, pero también adecuado para quienes tengan problemas con el exceso de estimulación. Debería haber una zona tranquila y con menos luz para los niños con problemas de sobreestimulación, y una zona principal luminosa y alegre.
Escuché algunos murmullos de asentimiento.
—También necesitaremos un montón de zonas para actividades.
Una para manualidades, por supuesto. —Hice un gesto a donde Noah estaba dibujando—.
Y otras áreas que despierten la curiosidad.
Podemos tener una zona para actividad física, como una pequeña pared para escalada y, no sé, tal vez sea necesario hacer adaptaciones para discapacitados.
—Me encanta —intervino Bev—. Eso lo agradecerán los padres de niños que tengan limitaciones.
Yo me había entusiasmado con la idea, y seguí hablando.
—También podemos invitar a expertos locales, como panaderos o artesanos, para que nos hablen de su trabajo y hagan talleres con los niños. ¡Hasta podemos traer a organizadores de experiencias con animales salvajes!
—Vaya, a eso me apunto —rio Logan.
—Está claro que sabes de qué hablas —me alentó Bev—. Supongo que el siguiente paso es organizar una reunión ejecutiva para asegurarnos de estar todos de acuerdo y acordar los plazos y el presupuesto, además de un estudio de viabilidad con nuestro responsable de instalaciones. Logan, ¿qué opinas?
Todos nos volvimos a mirar al gran jefe porque, después de todo, era él quien tenía el poder de poner todo el tema en marcha.
Él se tomó un instante antes de contestar y me dedicó una mirada intensa que me erizó la piel de los brazos.
Durante un segundo, me pareció inapropiada, pero luego recordé que, para el resto del mundo, estaba mirando a su recién estrenada esposa.
Caray, sí que resultaba convincente. Si no supiera de qué iba todo, habría dicho que tenía ganas de arrancarme la ropa y tomarme allí mismo, sobre la mesa de reuniones.
Por fin, pareció volver a la realidad.
—Creo que esto es el principio de algo muy excitante —empezó, y no se me escapó el doble sentido de esa palabra—.
Me gustaría que diéramos prioridad a este proyecto y nos aseguremos de que Nina esté implicada en él.
La imagen que daríamos es demasiado buena como para no aprovecharla.
—Se volvió a mirarme—. Eso, si mi preciosa mujer tiene tiempo para un proyecto de esta envergadura.
Apenas podía concebir la enormidad de esa oportunidad y, aun así, Logan estaba dispuesto a convertir mi sueño en realidad, conmigo al mando.
Aun así, se me había quedado grabado su comentario sobre la imagen.
¿Estaba de acuerdo con mi idea porque creía en ella de verdad, o me estaba tratando como una ventaja en el terreno de las relaciones públicas?
Tendría que demostrar a esa gente, y a Logan, que yo era mucho más que una buena imagen.
La idea era buena y sólida, y si Logan me iba a ofrecer los recursos, pensaba aprovecharlos.
—Dios mío, por supuesto —suspiré, mirando a mi alrededor—. Esto es un sueño para mí. ¡Tengo muchísimas ideas!
—Nina tiene ideas muy buenas —aportó Noah desde el fondo de la sala, y todo el mundo se echó a reír.
—Es verdad —corroboró Logan, con los ojos puestos en los míos—. Y la mejor de todas fue aceptar casarse conmigo.
La sinceridad de su tono y la mirada cariñosa que me estaba dedicando, como si no hubiera nadie más en la sala, me hicieron temblar las rodillas.
Me sonrojé, sin saber qué decir. ¿Cómo era posible que aquella relación falsa pareciera más real que ninguna otra que hubiera tenido antes?