Cómo desafiar a tu jefe (Los Hermanos Ashford 3) 13 Nina
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NINA

Me arrodillé delante de Noah para arreglarle el cuello del polo.

—Estás muy guapo —le susurré—. No te preocupes, esta reunión tan aburrida se acabará enseguida. Lo único que tenemos que hacer es sonreír. Eso es fácil, ¿no?

Aunque esa no había sido su intención, Logan había recalcado tanto la importancia de la rueda de prensa al terminar el viaje, que Noah se había puesto muy nervioso.

Por supuesto, Logan no había dicho directamente que el mundo entero estaría analizando nuestra relación inesperada, pero yo comprendía las implicaciones.

Por desgracia, lo único que escuchó Noah fue que habría un montón de gente y de cámaras esperándonos cuando llegáramos a puerto.

Durante el viaje, había experimentado un montón de cambios positivos, pero yo era consciente de que la depresión posvacacional nos esperaba a la vuelta de la esquina, y esperaba que no diera señales de aparecer hasta que se fueran las cámaras.

Cuando desembarcaran todos los pasajeros, los tres haríamos nuestra gran aparición como una familia de película.

Yo había pedido prestado a Ashley un vestido color naranja muy bonito, aunque algo más corto de lo que me habría gustado, y Noah vestía una pequeña chaqueta muy mona y un polo, como una versión en miniatura de su padre, el directivo.

Como siempre, Logan desafiaba toda descripción.

Su belleza era casi ridícula. Me alegré de que nuestra supuesta relación me diera una buena excusa para explicar el hecho de que no podía dejar de mirarlo.

Al menos, la admiración parecía mutua, hasta cierto punto.

La forma en que me había mirado de pies a cabeza cuando nos vimos había parecido una invitación.

Por supuesto, yo sabía que no era así, pero él no había ocultado su admiración por mi cuerpo.

Logan volvió a entrar en la sala de espera y dio un par de palmadas para animarnos.

—¿Estáis listos, gente?

—Oye, Noah, ¿tú estás listo? —le pregunté en broma, y le clavé un dedo en la tripa.

Él asintió en silencio y me cogió una mano, con aspecto de un niño que tiene que ir al dentista.

Oh, oh. Eso no sugería la gran «familia feliz y bien avenida» que Logan esperaba que pareciésemos.

Yo tenía que servir de barrera para Noah, e interponerme entre él y los periodistas. Logan, como debía ser, se dedicaría a contestar las preguntas, de modo que yo podía preocuparme por el estado mental de Noah. A juzgar por lo pálido que parecía, iba a ser un trabajo considerable.

—Logan, oye, esto… ¿Habéis hecho algo así antes? —Esperé que comprendiera que no quería hablar con claridad, y miré a Noah de un modo muy exagerado—. ¿R-u-e-d-a- de p-r-e-n-s-a?

Cuando comprendió lo que le estaba preguntando, su expresión pareció más tensa.

—Sí, ahora que lo dices, en cierto modo, sí lo hemos hecho. Fue en un a-e-r-o-p-u-e-r-t-o, después de algo que ocurrió con mi hermano Harrison. Hubo… Bueno, intentaron que hiciera unas declaraciones justo cuando yo estaba llevando a Noah de vuelta a su casa. Se pusieron muy insistentes.

Entonces lo entendí. Noah ya se había enfrentado a la prensa estando con su padre, y eso explicaba por qué parecía no tener una visión muy positiva de lo que iba a ocurrir.

—Entendido.

Tendría que asegurarme de que Noah no volviera a refugiarse en la conducta de niño solitario a la que había recurrido al principio del viaje.

Habíamos progresado mucho desde entonces, pero todo había ocurrido durante unas vacaciones.

Se me ocurrió que él era consciente de que la diversión estaba a punto de terminar y pronto tendría que enfrentarse al mundo real.

Un asistente se asomó para avisar de que la prensa estaba lista para nosotros, y eso significaba que yo debía meterme en mi papel de bufón de la corte.

Me inventé algunas canciones tontas para cantárselas a Noah mientras nos dirigíamos a la soleada zona de prensa en la cubierta, y logré arrancarle un par de sonrisas.

Pero, al ver la cantidad de periodistas que nos aguardaban, tragué saliva, y Noah redujo el paso.

—No pasa nadaaaa —canturreé para él—. Solo nos haremos un par de fotos, ¡y ya está!

Me pareció que los dos sabíamos que eso era mentira.

Nos situamos delante del telón con la marca Ashford instalado para servir de fondo, y Logan se acercó al atril para hablar.

—Bienvenidos a todos —dijo al micrófono con voz resonante—. ¡Ha sido todo un viaje!

La multitud vitoreó y él procedió con el resto de las palabras de presentación, mientras yo no apartaba la vista de Noah. Por suerte, él se relajó al ver que yo le había dicho la verdad y no tenía que hacer nada más que sonreír, hasta que comenzaron las preguntas.

Las primeras fueron para Logan, pero al poco tiempo, uno de los periodistas decidió cambiar el planteamiento y me preguntó a mí por nuestra boda sorpresa.

Logan se volvió a mirarme como si eso no fuera un problema, e hizo un gesto para que nos acercásemos al micrófono.

Yo volví a tragar con dificultad, apreté un poco la manita de Noah y me acerqué a Logan despacio.

¡Mierda, mierda, mierda! Había creído estar preparada, pero tuve la sensación de estar a punto de enfrentarme a un examen para el que no había estudiado. Logan estaba acostumbrado a hablar con la prensa, pero yo no. Me pregunté si el sudor que notaba caer por mi cuerpo haría un charco a mis pies.

Me situé ante el atril junto a Logan, y él me frotó la espalda durante un instante. Aquel contacto tan breve me ayudó a calmarme un poco.

—¡Hola, señora Ashford! —El periodista pronunció mi nuevo nombre con una sonrisa—. De todos los lugares en los que podían haberse casado, ¿por qué han elegido Nésion? ¿Tiene ese lugar algún tipo de significado para ustedes dos?

La implicación estaba bastante clara. ¿Por qué demonios dos adultos cuerdos, que alegaban estar comprometidos y enamorados, habían elegido casarse sin más en un lugar conocido por sus fiestas, y en mitad de un importante proyecto de negocio?

Me sentí como un pez fuera del agua, se me nubló la vista y me temblaron las piernas, así que decidí ceñirme a la historia que Logan se había inventado cuando hablamos ante la puerta de la sala de cine.

—Llevábamos mucho tiempo soñando con el día de nuestra boda —empecé.

—¡Mas alto! —gritó uno de los periodistas.

Noah se ocultó detrás de mí, y yo me incliné hacia el micrófono.

—El día de nuestra boda ha sido un importante tema de conversación durante algún tiempo. El problema es que teníamos demasiadas opciones.

Alguien se echó a reír. Con sus recursos, Logan habría podido casarse en la luna, si hubiera querido.

—Ninguno de los dos era capaz de decidir cómo celebrarla, y esa noche en Nésion… —Miré a Logan, que me dedicó un pequeño guiño para indicarme que iba bien—. Esa noche, simplemente decidimos que el hecho de casarnos era mucho más importante que cómo hacerlo.

—¿Y dónde está su anillo de compromiso? —gritó alguien.

El grupo comenzó a murmurar, como si previeran que se estaba preparando alguna historia interesante. Logan se acercó al micrófono.

—Eso es culpa mía, y es un tanto ridículo. Es que no dejo de buscar el anillo perfecto. Cada vez que me convenzo de que he encontrado uno ideal para ella, encuentro otro aún más bonito. Me ha dicho que no piensa ponerse el anillo hasta que me comprometa a quedarme el que sea.

—¿Y cuántos anillos van ya? —preguntó una voz.

—Esto, creo que son cuatro.

Caray, cómo improvisaba ese hombre. Sí, la explicación era un tanto ridícula, pero lo cierto era que parecía bastante típica de él.

—Podéis considerar esto como mi promesa oficial. —Logan se volvió hacia mí—. Cielo, te prometo que dejaré de buscar anillos de compromiso nuevos, aunque me encanta comprarte diamantes.

—Oooh —exclamó la multitud al unísono.

—Yo tengo una pregunta para el pequeño —dijo otra voz desde el fondo del grupo—. Oye, Noah, ¿qué opinas de tener una nueva mamá?

El alma se me cayó a los pies. ¡Vaya pregunta más horrible para un niño que acababa de enterrar a su madre hacía solo unos meses! Me planté delante del micrófono para contestar por él.

—Aún nos estamos adaptando a los cambios en la dinámica familiar —respondí con cierta sequedad, con la esperanza de que comprendieran que Noah estaba fuera de su alcance.

Él me apretó la mano más fuerte.

—Oye, Noah —empezó otro periodista—, ¿cuál ha sido tu parte favorita del viaje?

Vale, esa pregunta era más fácil, pero seguía sin hacerme gracia que lo pusieran en un aprieto. ¿Sería capaz de enfrentarse a ello? Al mirarlo, vi que parecía sobrepasado por la situación, y volví a acercarme al micrófono.

—Creo que ha sido el mismo para todos. Descubrimos un polizón diminuto durante el viaje y lo hemos adoptado como nuevo miembro de la familia. Noah, ¿quieres hablar a esta gente de Ariel?

Él me apretó la mano aún más y me miró parpadeando, sin decir nada.

De acuerdo, petición de socorro recibida. Me volví hacia Logan.

—¿Por qué no te ocupas tú de esta? —propuse.

Retrocedí un poco, llevando a Noah conmigo, y Logan asumió con tranquilidad la posición detrás del atril y siguió contestando preguntas sobre la gatita, que se había convertido en una Ashford al cien por cien. Diablos, ¡la gata era un miembro de la familia con más legitimidad que yo!

A medida que continuaba la rueda de prensa, Noah parecía cada vez más desesperado por esconderse.

¿Por qué nos había parecido buena idea hacer aquello?

Se había pasado los últimos diez días en un ambiente muy distinto de la realidad, y se había enfrentado a un montón de cambios relevantes en su vida.

Noah había hecho frente a casi todo, pero todos sabíamos que un niño en pleno proceso de duelo no podía aguantar tantos cambios. Me agaché junto a él.

—Eh —le susurré al oído, mientras la sesión de preguntas continuaba sin cesar—. Cuando terminemos aquí, vamos a ir directos a una tienda de mascotas y compraremos un montón de cosas chulas para Ariel: cuencos de comida, un montón de juguetes, una cama cómoda. Será divertido.

La carita preocupada de Noah no llegó a exhibir una sonrisa, pero se animó un poco.

—¿De verdad?

—Pues claro —respondí—. Creo que se ha cansado de jugar con los cordones de nuestros zapatos. ¡Es hora de que tenga juguetes de verdad!

—¿Puedo elegirlos yo?

—Por supuesto —respondí—. Tú la conoces mejor que nadie, claro que deberías elegirlos tú. ¿Crees que le gustarán los juguetes con plumas? ¿Y qué hay de la menta de gatos?

—¿Qué es la menta de gatos?

—Ay, te vas a divertir un montón averiguándolo —respondí entre risas—. Aguanta un poquito más y nos iremos enseguida.

La promesa de ir de compras para su mejor amiga fue suficiente para tenerlo distraído durante el resto de la rueda de prensa, y eso me dio tiempo para pensar en dónde iba a meterme cuando acabara aquello. Sería un maldito torbellino.

Había estado tan preocupada por mantener a Noah en calma, que no había dedicado mucho tiempo a pensar en lo rara que iba a ser toda mi vida a partir de entonces.

Aquel hombre tan espectacular que, en ese momento, se estaba metiendo a la prensa en el bolsillo, no era solo mi jefe, sino mi marido.

Al menos, eso era lo que tendría que creer el mundo.

Bajé la vista a la alianza dorada que llevaba en el dedo.

Cuando había aceptado trabajar con Noah, no había previsto hasta qué punto las cosas se saldrían de madre.

Estaba distraída pensando en eso cuando Logan se volvió hacia mí y me tendió una mano, en una petición para que me acercara al atril.

Planté una sonrisa en mi cara y apreté un poco la mano de Noah.

—Ya casi estamos —dije en voz baja antes de unirme a Logan.

Noah se soltó de mi mano para ocultarse entre nosotros dos, mientras nos dirigíamos a la prensa como un frente unido.

—Gracias por haber venido —estaba diciendo Logan a los asistentes—. Este viaje ha sido muy especial, por un montón de razones.

Se volvió hacia mí, me dedicó una sonrisa esperanzada y comprendí que, de algún modo, habíamos desarrollado un lenguaje secreto sin palabras. Sabía que estaba buscando una señal física de afecto, para dar pie a una foto con la que cerrar la rueda de prensa, pero me estaba dejando decidir a mí.

Y eso era una idea malísima, porque lo único que quería era lanzarme sobre el cuerpazo de mi jefe en cualquier momento del día, pero sabía que la prensa se tragaría cualquier cosa que le diéramos.

Me acerqué a él y apoyé un costado contra su cuerpo.

Logan me apretó la cintura y me miró levantando una ceja.

¿Puedo?

Asentí casi imperceptiblemente. Por favor.

Y no pares.

Sus ojos escrutaron mi cara durante un instante y, después, se inclinó hacia mí y puso sus labios sobre los míos.

En ese instante, recordé cada instante de nuestra noche mágica de borrachera.

El beso desató recuerdos que, sin duda, había debido de reprimir para no perder la cabeza por falta de sexo.

Sentí las manos de Logan recorrer mi cuerpo y recordé lo fácil que le había resultado llevarme al límite. ¿Cuántos orgasmos me había provocado?

Mi reacción fue muy inapropiada, pero no pude resistirme. Olvidé que teníamos público, y que estaban grabando cada instante de nuestra sesión de besos, y me centré en lo que me estaba haciendo aquel hombre.

El beso duró un segundo o dos más de lo que debería, pero yo no iba a ser la primera en apartarse, sobre todo porque no estaba segura de que fuera a ocurrir de nuevo.

Como mínimo, habría evidencia fotográfica de la pasión entre nosotros y, algún día, cuando fuera vieja, podría mirar las fotos de aquella rueda de prensa y recordar que casi había prendido fuego a un muelle con mi marido multimillonario provisional.

Por fin, nos separamos y recibimos una ovación escandalosa. Logan levantó una mano para aquietar a la multitud.

—¡Muchas gracias a todos! ¡Espero veros pronto a todos en un crucero Ashford!

Los tres nos dirigimos al SUV con lunas tintadas que nos esperaba, y Noah se metió en él como si le persiguiera un grupo de zombis.

—Larguémonos de una vez y volvamos a casa —murmuró Logan.

A casa.

¿Y dónde estaba eso?