12 Logan
LOGAN
Habíamos llegado a la última cena del crucero de una pieza, por suerte.
Casi todo había ido bien durante aquel viaje inaugural, si no contábamos el matrimonio imprevisto.
El equipo de la oficina me había informado de que las opiniones de clientes y los informes de la prensa habían sido positivos en su mayoría, así que podía respirar tranquilo.
Se esperaba que yo dijera unas palabras durante el brindis de despedida con champán cuando terminase la cena, para agradecer a los pasajeros que nos hubieran elegido para realizar aquel viaje extraordinario, y sugerir con sutileza que probaran el resto de nuestros planes para sus vacaciones.
Después de todo, aquellas familias jóvenes con hijos también tenían parientes mayores a quienes podrían interesar nuestros cruceros más serios, por no hablar de que teníamos toda una oferta de paquetes hacia destinos más adecuados para los niños.
Cuando todo el mundo hubo terminado de cenar y tuvieron sus copas de champán en la mano, cogí el micrófono y hablé, desde el fondo de mi corazón, de mi amor por el océano y la gran alegría que suponía para mí compartirlo con todos ellos.
Cuando terminé y levanté mi copa, recibí una calurosa ovación.
Se había servido bastante vino con la cena, así que todo el mundo se sentía más alegre de lo normal.
—Y brindemos por usted también —dijo una mujer de entre los asistentes—. ¡Enhorabuena! Qué maravillosa sorpresa.
—Gracias —respondí con una sonrisa—. En este viaje ha habido muchas cosas maravillosas.
Me habría gustado mirar a Nina a los ojos porque, gracias a ella, Noah había hecho grandes avances, pero, por supuesto, ella estaba con los niños, que celebraban su fiesta de despedida en el centro de actividades.
—No —rio la mujer—. No me refiero al viaje, aunque ha sido increíble. Estoy hablando de su matrimonio con la señorita Nina. Mi hija me ha dicho que su hijo, Noah, lo ha contado esta mañana.
Me quedé helado, mientras el grupo rompía a aplaudir con ganas.
No podía ser…
—Oh, yo, eso no… —tartamudeé y, al ver que me apuntaban varias cámaras, me obligué a sonreír e incliné la cabeza hacia los asistentes—. Muchas gracias.
—Nos encanta la señorita Nina —gritó alguien, y todo el mundo se echó a reír.
—Es… Esto… Es una gran mujer —conseguí decir con una pequeña inclinación de cabeza, manteniendo la sonrisa artificial.
Necesitaba largarme de allí cuanto antes y pasar a control de daños inmediatamente. Había creído que podríamos mantener el secreto hasta conseguir la anulación pero, gracias a mi hijo, ahora tendría que hacer frente a una pesadilla de relaciones públicas.
La hostia.
Logré mantener el tipo lo suficiente como para estrechar algunas manos y charlar un poco con los pasajeros hasta que logré salir de allí, pero me costó mucho aceptar los abrazos y felicitaciones por mi «gran noticia».
Ya no podía ocultarlo: la información había corrido como la pólvora, lo habían grabado y todo el mundo se enteraría. Era hora de tomar medidas drásticas.
Salí del salón a toda velocidad y me dirigí a la sala de cine mientras ideaba un plan que no tenía sentido, pero que, al mismo tiempo, me pareció la única forma de salir de aquel lío.
Los niños parecían muy distraídos por las tonterías divertidas que veían en la gran pantalla, así que me dirigí al lugar en el Nina estaba hablando con sus compañeros.
—Hola, señor Ashford —me saludó Beth Greely.
A continuación, dio un paso atrás, como si yo le diera miedo. Nina se dio la vuelta y abrió mucho los ojos al ver mi expresión.
—¿Va todo bien? Noah está con su pandilla en la primera fila. ¿Quieres que vaya a por él?
Por un instante, olvidé por qué había ido allí y estiré el cuello, buscando una cabecita rubia en la parte delantera. ¿Mi hijo tenía una pandilla? ¿Mi peque solitario había hecho amigos?
Sacudí la cabeza para recordarme que debía centrarme en el problema inmediato.
—No, tengo que hablar contigo. Ahora.
Me di la vuelta y salí de la sala, esperando que me siguiera inmediatamente, pero aún tardó unos minutos en reunirse conmigo.
—¿A qué viene esta actitud de sargento? —preguntó Nina preocupada, al acercarse.
Por suerte, el vestíbulo principal estaba vacío.
—Todo el mundo se ha enterado de lo que pasó en Nésion —mascullé entre dientes.
—Me temía que ocurriera algo así —respondí con una mueca.
—Parece que Noah no entiende bien el concepto de «privado». ¿Le oíste tú contárselo a los otros niños?
Nina negó con la cabeza.
—No. Unos niños me escucharon hablar con él cuando me dio el certificado de matrimonio, pero esperaba que no lograran atar cabos. Me imagino que se lo han dicho a sus padres.
—Sí —resoplé—, y una de las madres me ha dado la enhorabuena después del brindis de despedida que he hecho en un salón lleno de gente. Estoy seguro de que la noticia ya debe estar circulando por las redes sociales.
—¿Ya? —preguntó, con los ojos muy abiertos—. Bueno, eres alguien muy conocido, pero tampoco es que seas de la realeza o algo así, Logan.
¿Estaba tratando de hacerme de menos en ese momento tan crítico?
—Es evidente que no conoces a los entusiastas de los cruceros.
Les obsesionan los mares y todos los dramas que ocurren en ellos.
Para ciertas personas, estas cosas son irresistibles, y los medios me hundirán si se enteran de que el director ejecutivo de la naviera se ha casado borracho durante un crucero para familias.
Empecé a andar de un lado a otro, tratando de prepararme para la propuesta ridícula que estaba a punto de hacerle. Estaba muerto de miedo. Sí, el plan era absurdo, pero era nuestra única opción, y necesitaba convencerla.
—Tendremos que seguir el juego —dije por fin, y ella se puso pálida—. No tenemos elección. Tendremos que seguir casados hasta que se calme todo esto.
—¿Qué? —exclamó, a tal volumen, que estuve seguro de que saldría alguien de la sala de cine para ver qué pasaba.
—Es la única manera de mantener el control de la situación.
—Eso no tiene sentido. —Parecía más desconcertada que preocupada—.
¿Cómo nos va a ayudar el matrimonio a mantener el control?
Lo normal sería que tú y yo no estuviéramos juntos, así que, ¿no deberíamos preocuparnos por que nuestro estado civil refleje esa normalidad cuanto antes?
Ha sido un error y, cuando bajemos del barco, no será más que un recuerdo.
Al decirlo, se dio cuenta de que ninguno de los dos recordaba gran cosa del acontecimiento que nos había metido en ese lío. Por mi parte, al tenerla delante, recordé lo difícil que me resultaba concentrarme cuando estábamos tan cerca.
—Eso ya no es posible —dije en un tono con el que esperaba transmitir la gravedad de la situación—. La historia de nuestro matrimonio se ha dado a conocer, ya no podemos evitarlo. Lo único que podemos hacer es intentar controlar cómo se percibe.
Nina se rodeó el cuerpo con los brazos.
—¿Qué quiere decir eso?
—Si parecemos una pareja feliz, al menos por un tiempo, parecerá una historia entrañable: Una pareja encuentra el amor en un crucero para familias. No resultará chocante ni escandaloso, así que el público no prestará atención al asunto durante más de cinco minutos.
—¿Y si no lo hacemos? —preguntó ella.
—Entonces se convertirá en un escándalo y recibirá atención durante mucho más tiempo. Imagínatelo: el director ejecutivo de una nueva línea de cruceros para familias se lía con una empleada durante el viaje inaugural, para divorciarse de ella en cuanto vuelven a puerto. La gente se volvería loca.
Nina inclinó la cabeza a un lado.
—Entonces, ¿tenemos que seguir casados para evitar los cotilleos? ¿Eso no es un poco exagerado?
—No se trata solo de cotilleos, habrá consecuencias mucho más concretas.
Esta es una línea para familias. Si se corre la voz de que en nuestros viajes pasan cosas no demasiado familiares, si la gente empieza a asociar estos cruceros con escándalos y prensa rosa, nuestras reservas se irán a pique, y ¿qué crees que significará eso para la plantilla?
Ella llevaba en el sector el tiempo suficiente para saber que algo así acabaría en un montón de despidos.
No sabía cómo se llevaba con el resto de la tripulación, pero tenía que haber hecho amigos durante el viaje.
¿Sería capaz de asumir la responsabilidad de ser la causante de que perdieran sus trabajos?
Su expresión reflejó cierto temor.
—Un momento. ¿Lo dices en serio? —preguntó.
—Yo no bromeo con los negocios —respondí—.
Un error de este calibre no sería tan grave en uno de nuestros cruceros para gente joven, a los que se va por las fiestas.
Pero en este, sí lo es; sobre todo en el viaje inaugural, cuando todo el mundo está pendiente de nosotros y esperando el menor desliz.
La observé mientras asimilaba lo que yo ya sabía que era un hecho irrefutable. La sorpresa y la incredulidad en su expresión se fueron borrando, hasta parecer resignada a aceptar la situación.
—De acuerdo —dijo al fin—. ¿Cuánto tiempo?
—No es que haya hecho algo así antes —empecé—, pero creo que, al menos, necesitamos…
—¿Unas semanas? —preguntó Nina, en tono esperanzado.
—Unos meses —terminé la frase—. Yo diría que seis meses, al menos.
Ella dejó caer la cabeza hacia delante y suspiró con ganas.
—Nunca me habría imaginado algo así.
—Y que lo digas —añadí.
Al ver que no parecía dispuesta a seguir discutiendo, noté que se reducía la tensión en mis hombros. Para bien o para mal, los dos estábamos metidos en el lío y debíamos estar en el mismo bando.
—Tenemos que acordar unas reglas para todo esto —propuse.
—Desde luego —confirmó ella—. Para empezar, ¿qué pasará cuando bajemos del barco? Se suponía que me iba a tomar una semana para organizar mi vida, antes de empezar a trabajar como niñera de Noah. Pero supongo que no pueden vernos marchándonos cada uno por su lado.
—Sí, eso no funcionaría —suspiré—. Pero no hace falta que te instales en casa enseguida si necesitas ocuparte de algo.
Ven a casa con nosotros la primera noche y luego, tómate tu tiempo para instalarte.
Como acordamos, tu trabajo no empieza hasta dentro de una semana.
Cuando estemos en casa, solo tendrás que trabajar de niñera, como acordamos, pero cuando estemos en público, tiene que parecer que somos…
—¿Una gran familia feliz? —sugirió ella.
—Eso también, pero iba a decir que tenemos que parecer una pareja.
—Vaaaale —dijo ella, inclinando la cabeza—. ¿Y qué significa eso, exactamente? ¿Esperas que te dé la mano y te mire con ojitos amorosos?
Al pensar aquello, recordé por un instante nuestra noche en Nésion.
Sabía muy bien lo que sentiría si ella hiciera algo así y, aunque mi memoria era un tanto confusa, recordaba algunas partes de aquella noche con total claridad.
Sabía lo suave que era su piel, cómo mi mano encajaba a la perfección en la curva de su cadera, y la sensación de presionar mis labios contra los suyos.
Me aclaré la garganta y me obligué a no permitir a mi mente divagar más.
Nuestra noche juntos era un recuerdo borroso, pero de vez en cuando, se me venía a la mente algún destello de lo ocurrido, y me recordaba que aquella noche había ocurrido algo mágico entre las sábanas, y en el resto de la suite.
—Si crees que puedes fingir sin que se note, adelante —le propuse, al fin.
Ella dejó caer la cabeza hacia atrás y se rio.
—De acuerdo, lo intentaré. —Después de reír un poco más, su expresión se suavizó—. Conseguiremos que funcione —me aseguró—. No pienso dejar que aquella estúpida noche hunda este barco, y a todos los empleados que trabajan en él.
—De acuerdo —dije—. ¿Tienes alguna pregunta sobre cómo vamos a hacerlo?
Al escuchar unas risas y voces que se acercaban a nosotros, los dos nos volvimos a mirar. Era un grupo de padres que había salido antes de tiempo del cóctel para recoger a sus hijos en la sala de cine.
—Ahí está la pareja del momento —gritó una de las madres, algo achispada y vestida con un traje brillante—. ¡Justo estábamos hablando de lo encantadores que sois!
—Supongo que empezamos ya mismo —me susurró Nina a medida que se nos acercaban, un poco tambaleantes—. Este es el estreno de nuestra gran actuación.
Asentí con sequedad y me acerqué para pasarle un brazo por los hombros. Ella levantó la vista hacia mí y me sonrió con tanta dulzura que casi me pareció real.
—No teníamos ni idea —dijo una de las otras mujeres cuando el grupo se detuvo, algo vacilante, delante de nosotros—. Sí que habéis guardado bien el secreto. Vaya tortolitos escurridizos.
—No ha sido fácil, desde luego —sonrió Nina—. Este hombre es magnético.
Ella me rodeó la mano con la cintura y apretó un poco.
—No queríamos que nada nos distrajera del viaje, pero resistir la atracción terminó resultando demasiado difícil —añadí yo—. En Nésion tuve la oportunidad de convertirla en mi mujer, y me lancé a por ella con todas mis ganas.
Me fijé en que los dos hombres no habían apartado sus ojos enrojecidos de Nina, lo que, seguramente, le pasaría tan a menudo que ni se había dado cuenta.
Pero yo sí me había dado cuenta. Aunque no fuera mi mujer de verdad, sentía un instinto protector hacia ella.
Carraspeé con fuerza, para que apartaran la vista y reconocieran que estaban babeando por la mujer de otro hombre.
Bueno, tal vez esa no fuera la situación pero, aun así, sus mujeres estaban justo a su lado, y mirar a otra era una falta de respeto.
—Vaya —suspiró la mujer más alta, lanzando una mirada severa a su marido, antes de sonreír a Nina con amabilidad—. Eso es muy romántico. Eres una chica con suerte.
Nina apoyó la cabeza en mi pecho como una novia vergonzosa.
—Gracias. En eso estoy de acuerdo.
—Deberíamos dejarlos tranquilos —dijo uno de los hombres, arrastrando las palabras—. Es su luna de miel, tendrán cosas más importantes que hacer. ¿Me captas? Cosas de las que no se habla en voz alta. —Hizo una pausa—. Me refiero a lo que se hace en el dormitorio.
—Dios mío, Michael, no te puedo llevar a ningún sitio —gimió la mujer, que tiró de él para intentar llevárselo—. Lo siento mucho. ¡Que lo paséis bien!
Los observamos mientras se dirigían tambaleándose a la puerta del cine.
—Y así empieza todo —murmuró Nina—. Nuestra propia actuación.
Y tanto. Porque eso es lo que era: una actuación, y nada más, por muy perfecta que me pareciera la sensación de tenerla en mis brazos.