Cómo desafiar a tu jefe (Los Hermanos Ashford 3) 7 Nina
21%

7 Nina

cXJ

NINA

El Club de Juegos se había apoderado del rocódromo del barco. Teníamos un día perfecto de sol, con una leve brisa marina fresca que evitaba el exceso de calor, y estábamos aprovechando al máximo aquella aventura.

El muro de escalada de doce metros situado en la cubierta superior era una atracción muy popular en el barco, porque quienes llegaban a la cima eran recompensados con una vista increíble del mar azul, con alguna aparición ocasional de un grupo de delfines.

Dudaba de que alguno de los niños de mi grupo pudiera llegar tan alto, en especial el pequeño escalador nervioso que tenía delante y miraba el rocódromo con desconfianza.

—¿Qué opinas, peque? —preguntó Logan a Noah—. ¿Quieres intentarlo, o prefieres limitarte a mirar?

Yo le había propuesto que dejara el trabajo un rato para unirse a nosotros, porque los dos pensábamos que a Noah le costaría mucho decidirse a hacer aquella actividad que daba tanto miedo.

Yo había dado a Logan un cursillo acelerado sobre cómo apoyar a un niño que lo estaba pasando mal, y una de mis recomendaciones era que le ofreciera alternativas, en lugar de darle órdenes.

A Logan eso no le salía con naturalidad, lo que no me sorprendía en un hombre acostumbrado a tomar decisiones que eran acatadas por todo el mundo, pero hacía lo que podía.

—No lo sé —respondió Noah.

Parecía muy preocupado por el tamaño de la pared, y miraba a lo más alto con el miedo en los ojos. Me acuclillé a su lado.

—No es obligatorio subir hasta lo más alto. De hecho, creo que será mejor que te quedes lo más cerca posible del suelo esta primera vez, para practicar mejor el agarre y ver hasta dónde llegas. Eso es lo mejor para los principiantes.

Él asintió inseguro, sin quitar la vista de la pared. Logan se puso de rodillas al otro lado de Noah.

—Mira, el instructor está a punto de empezar la explicación. ¿Nos acercamos a ver qué dice?

Yo le aplaudí mentalmente, porque solo ofrecía a Noah la posibilidad de escuchar. ¡Eso sería muy sencillo para él!

—De acuerdo —asintió él.

Jared, el instructor, explicó muy bien los pasos a seguir y aseguró a los escaladores nerviosos que los arneses eran muy seguros.

De hecho, él mismo escaló la pared hasta la mitad y luego se dejó caer, provocando los gritos de espanto de los niños; pero enseguida se echaron a reír al ver cómo empezaba a girar en el aire, sin hacerse daño.

Cuando pidió voluntarios, yo supe con exactitud quién levantaría la mano primero, y quién se quedaría en su sitio. Pero, entonces…

—¡Así me gusta, peque! —exclamó Logan, al ver que Noah levantaba la mano hasta su oreja—. ¡Tú puedes!

No me sorprendió que Jared eligiera al hijo del jefe como uno de los primeros escaladores. Logan y yo observamos juntos cómo le ponía el equipo.

—Caray —dijo Logan por lo bajo—. Eso no lo había visto venir.

—Ni yo, pero eso es lo bonito de la elasticidad del comportamiento de los niños. Nunca se sabe lo que va a favorecer su desarrollo y crecimiento. En este caso, creo que ha sido la demostración de la caída que ha hecho Jared. Ha sido una prueba indiscutible de que estará seguro, pase lo que pase.

—Ojalá pudiera asegurarle que será así el resto de su vida —murmuró Logan.

Lo miré de reojo. ¿Cómo podía haber olvidado que Noah no era el único que lo estaba pasando mal con tantos cambios en su vida?

Aunque la madre de Noah y él no estuvieran juntos cuando ella murió, habían tenido una relación como padres de un niño, y él aún estaba procesando la pérdida, además de tener que adaptarse a estar a tiempo completo con su hijo traumatizado.

Intentar ayudar a Noah a acostumbrarse a una vida tan diferente, mientras él mismo asimilaba la pérdida de la madre, debía romperle el corazón.

—¡Míralo! —me admiré, al ver a Noah empezar a trepar por la parte inferior del rocódromo.

—La verdad es que no me sorprende, somos una familia de deportistas —observó Logan.

Su falsa modestia me hizo reír un poco.

Mi compañera Ashley se había ocupado de supervisar al grupo de niños, ya que mi papel había cambiado para centrarme más en Noah, pero, ahora que estaba ocupado, no había dudado en llamarme para que le ayudara a resolver un pequeño problema con la magnesia: había más en la ropa que en las manos de los niños.

Estábamos ocupadas limpiando el desastre cuando escuchamos un chillido muy fuerte. Era Noah.

El corazón se me paró mientras miraba a mi alrededor, esperando verlo caer, y me costó un minuto encontrarlo, porque seguía en la pared. Se había quedado paralizado como a un metro del suelo, y miraba a Madison, que estaba dando vueltas en el aire, a unos cinco metros sobre él.

—No le pasa nada, está bien —dijo Jared en tono firme, gritando por encima de los murmullos de los niños—. ¡No pasa nada, chicos! Vamos a bajarla.

No quité la vista de Noah mientras él bajaba de la pared y empezaba a dar manotazos a su arnés. Logan llegó a él antes que yo.

—Está bien, ¿ves? —dijo Logan cuando Madison llegó al suelo, con Jared a su lado—. No está asustada, es solo que le ha pillado desprevenida.

Logan estaba haciendo un buen trabajo intentando tranquilizar a Noah, pero yo me acerqué para ofrecer refuerzos.

—¿Has visto lo fuertes que son esas cuerdas? —añadí, arrodillándome delante de él—. A eso se refería Jared cuando nos ha demostrado cómo caer. Aunque Madison ha soltado los agarres, no ha caído al suelo. ¡Seguro que pensaba que estaba volando!

—¡Quítame esto! —pidió Noah, con los ojos desorbitados y sin entender nada de lo que estábamos diciendo—. ¡No lo quiero!

Logan puso las manos sobre los hombros de Noah.

—Noey, espera un momento. Cuéntame cómo te sientes. ¿Estás asustado?

Noah lo pensó un momento y bajó los ojos al suelo.

—No lo sé.

Logan me miró con desesperación, en una invitación para intervenir de nuevo.

—Lo has hecho fenomenal ahí arriba, Noah —empecé, mirándole a los ojos desde donde estaba, de rodillas—. Sé que has prestado mucha atención a las instrucciones. ¡Parecías muy seguro de ti mismo!

Él sonrió un poco ante el cumplido.

—Yo pienso lo mismo —intervino Logan—. Parecía que lo estabas pasando bien.

Noah se encogió de hombros. Todos miramos cómo Madison empezaba a escalar el muro de nuevo.

—Vaya, ¡mírala cómo escala! —exclamó Logan—. Le está enseñando a esa pared cómo se trepa.

Logan y yo contuvimos la respiración, esperando a ver cómo reaccionaría Noah. Él no quitaba la vista de Madison, con una mano sujetando todavía el arnés.

—Ay, ¡maldición! —exclamó Logan, lo que atrajo nuestra atención—. No puedo creer que se me haya olvidado hacerte una foto para enviársela al abuelo y a tus tíos. Les encantaría verte escalando como un profesional.

Premio. No había insistido para que volviera a escalar si no se sentía cómodo, sino que había reconocido que se había atrevido a hacerlo. Noah levantó la vista hacia su padre.

—¿Crees que querrán verme escalar?

—Oh, ya lo creo —asintió él—. Ya sabes lo mucho que les gustan las aventuras, y les encanta verte probar cosas nuevas.

La cara de Noah exhibió un montón de emociones distintas, mientras consideraba la posibilidad de intentarlo de nuevo. Levantó la vista al muro y, después, miró el arnés.

—¿Harás una foto y ya está?

—Claro, peque —se animó Logan—. Sacaré un par de fotos rápidas en las que parecerás todo un profesional, y luego puedes dejarlo y bajar en cuanto quieras. Ni siquiera tienes que subir mucho, si no quieres.

Tuve la sensación de que, una vez que lo intentara de nuevo, perdería el miedo, pero solo el tiempo lo diría.

—Bueno, vamos allá —dijo Noah, que se acercó a la pared con una seguridad salida de no supe dónde.

Logan y yo nos miramos con los ojos muy abiertos.

—¿Qué ha sido eso? —me preguntó en un susurro, como si le diera miedo romper alguna clase de hechizo.

—Acabas de descubrir que a tu hijo le gusta presumir —respondí con una risa.

—Eh, ser el protagonista de vez en cuando no tiene nada de malo —replicó él.

—Más vale que te acerques, fotógrafo. Ya está listo.

Logan corrió a donde Noah escuchaba con atención otra charla de Jared, y empezó a hacer fotos.

La escena era tan encantadora que no pude resistirme a hacer unas cuantas yo también cuando Noah empezó a subir de nuevo.

Enfoqué su cara y capté cómo su expresión pasaba de los nervios a la emoción al ver a su padre sacar fotos como había prometido.

Cuando terminó su turno, Noah se quedó junto al resto de los niños en lugar de correr a donde estábamos, y eso me pareció un avance. Logan se reunió conmigo y los dos miramos cómo reía, mientras jugaba a dar tirones a las cuerdas de los arneses con otros niños.

—Fíjate en esto —dijo Logan, mientras miraba las fotos en su teléfono—. ¡Qué tío!

Él me enseñó en la pantalla una foto de Noah, enfocada de tal modo que parecía haber subido más alto de lo que lo había hecho. Tenía la vista clavada en la parte superior, decidido y confiado.

—Ay, ¡es perfecta!

Logan sonrió con dulzura sin dejar de mirar las fotos.

—Es un niño increíble.

—Estoy de acuerdo —respondí—. Es muy especial, y tú lo has hecho fenomenal con él hoy.

Levantó la cabeza y me miró con ojos llenos de esperanza.

—¿En serio? ¿Tú crees?

Vaya, se preocupaba de verdad. Nunca había dudado de que quisiera a su hijo, pero aquel momento me hizo comprender lo importante que era para él hacer las cosas bien, y ser el tipo de padre que necesitaba Noah. Me pareció sorprendentemente dulce.

Aquellos ojos azules, a juego con el océano, se fijaron en los míos con una mirada inquisitiva, muy diferente de la expresión tensa y adusta a la que me tenía acostumbrada. Su boca parecía estar a punto de curvarse en una sonrisa, y yo tenía muchas ganas de verla.

—Pues claro que lo has hecho bien. Le has apoyado sin juzgarle, y te has adaptado sobre la marcha. Creo que has comprendido que presionarle sería mala idea.

En lugar de la sonrisa que esperaba, la cara de Logan se tensó.

—Me ha costado bastante entender eso.

Me pareció que una parte de mi trabajo consistía en asegurarme de que padre e hijo se encontraran bien.

—Eh, no seas tan duro contigo mismo. Es todo un proceso.

Nos quedamos observando en silencio cómo Noah se iba abriendo poco a poco.

La descarga de confianza que había recibido al volver a trepar el rocódromo parecía haber activado un interruptor en él.

En lugar de mantenerse en segundo plano, se había unido al resto de los niños y se estaban colgando los mosquetones de las orejas, lo que, al parecer, era divertidísimo si tenías seis años.

—Tengo que volver al trabajo —murmuró Logan—, pero no quiero irme.

Seguimos allí juntos, de pie, observando a Noah comportarse como un niño normal.

—Gracias por sacar tiempo para esto —respondí—. Tú has sido la razón por la que lo ha intentado de nuevo.

La sonrisa de Logan se amplió, y yo ignoré lo que me hacía sentir.

Mariposas.

No es que corriera peligro de ilusionarme con él.

Ni de broma. Era solo que, delante de mis ojos, Logan se estaba transformando de alguien insoportable en…

alguien dispuesto a cooperar. Sí, le iba a costar un tiempo relajar ese control tan férreo que mantenía sobre todo, pero ya había visto atisbos de su intención de mejorar. Y eso me parecía la leche de atractivo.

Entre la gatita y aquella victoria, me daba la impresión de que Noah estaba haciendo grandes progresos.

—Muchas gracias.

Entonces fue mi turno de mirar sorprendida a Logan.

—¿Por qué?

—Por ayudarnos a llegar hasta aquí, a un punto más estable. Dudo que se hubiera atrevido a venir a escalar si no fuera por ti. —Hizo una pausa—. Y gracias por darme pautas para ayudarle.

Noté que se me calentaban las mejillas. Le agradecía que reconociera mi buen trabajo, pero entre nosotros parecía haber algo más. Un entendimiento de que, por diferentes que fuéramos, nos unía, lo quisiéramos o no. Y, por primera vez, tuve la impresión de que eso me gustaba.

—Eh, ya sabes lo que se dice: nada como el trabajo en equipo.

Extendí un puño para ofrecerle chocarlo y él lo miró con cierto desagrado, como si le hubiera hecho un mal gesto.

—Choca, colega —insistí, sacudiendo un poco el puño.

Él resopló un poco y siguió ignorando mi mano.

—Cena conmigo cuando lleguemos a Nésion.

No me habría sorprendido tanto si me hubiera dado un puñetazo en el estómago.

—¿Qué?

—Los niños estarán ocupados con esa fiesta de pijamas y la película, ¿no?

Solo pude asentir.

—Entonces, déjame que te lo agradezca con una cena en la isla.

Lo miré boquiabierta, con lo que debía de ser buena imitación de un pez, pero tomé una resolución y volví a sacudir el puño delante de él, mientras levantaba una ceja en un desafío silencioso. Logan rio un poco, incrédulo, antes de ceder y chocar sus nudillos con los míos.

Sí, acabábamos de hacer un pacto.

No estaba muy segura de qué significaba eso exactamente, pero iba a disfrutar tratando de averiguarlo.