Cómo desafiar a tu jefe (Los Hermanos Ashford 3) 4 Nina #2
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4 Nina #2

Logan encendió las luces y yo le expliqué lo que necesitábamos. En unos minutos, teníamos varios cuencos, habíamos calentado un poco de pollo troceado y conseguimos una caja vieja en la que poner la arena que usaríamos para sus necesidades.

—Esto se te da bien —dijo Logan mientras ponía todos los suministros en la caja—. Y te llevas muy bien con Noah. Es evidente que le gustas.

Esperé a que llegara a alguna conclusión. Sí, era agradable que reconociera mis capacidades, pero ¿por qué me las estaba enunciando? Yo ya sabía que se me daban bien los niños y los gatos. No estaba presumiendo, era un hecho.

—A mí también me gusta él —respondí—. Y Ariel, por supuesto. Esa gatita es una monaaaaaada.

Mi tono juguetón no le hizo reír.

—Trabaja para mí.

¿A qué venía eso ahora? Me volví a Logan y lo miré confusa.

—Ya lo hago. A ver… Por eso estoy en este barco.

Él sacudió la cabeza con impaciencia.

—No, te estoy ofreciendo algo mejor. Trabaja directamente para mí, como niñera de Noah.

—Pero si ya… Tengo un contrato —balbuceé—. ¿Esperas que dimita en mitad del viaje? ¡Es una idea horrible! Mis compañeros tendrían que cubrir mis turnos y trabajar horas extra, y no quiero hacerles eso. Lo siento, pero no.

—No —gruñó él—. No digo que hagas eso. Puedes seguir con tu trabajo durante el horario normal, y luego dedicarte a Noah el resto del tiempo. Soy consciente de que eso duplicaría tus horas de trabajo, y lo tendré en cuenta desde el punto de vista del salario. Puedo ofrecerte…

Hizo una pausa, y luego soltó una cifra que aniquiló mi cara de póquer e hizo que los ojos se me salieran de las órbitas, como en los dibujos animados.

—Noah necesita más supervisión de la que esperaba durante este viaje, y ahora que tiene al gato…

—Sí, la verdad es que me preguntaba por qué un adicto al trabajo como tú no tiene a una niñera a tiempo completo en la plantilla.

—Lo he intentado —contestó con expresión tensa—. Hicimos un proceso de selección muy concienzudo y contratamos a alguien con un currículum impecable, pero Noah y ella no encajaron.

Aquella conclusión era demasiado imprecisa, y requería más explicaciones.

—¿Qué quiere decir eso?

—Noah, bueno, él la odiaba con todas sus fuerzas.

Dijo que era mandona, desagradable y que no le escuchaba.

Tuve que despedirla junto antes de zarpar, y por eso nos hemos tenido que apañar solos.

Eso también significa que necesito a alguien que se ocupe de él cuando volvamos a casa.

Tengo una lista de posibles niñeras esperándome, pero después de ver cómo se lleva contigo, preferiría darte el puesto a ti.

Puedo enviarte la descripción del trabajo por correo electrónico, junto con los beneficios y el salario, pero es básicamente el triple de lo que te he ofrecido para este crucero.

Me aclaré la garganta para ocultar el sonido estrangulado que estuvo a punto de escapárseme.

—Es bastante presuntuoso por tu parte asumir que puedo poner mi vida entera patas arriba por ti con solo chasquear los dedos —repliqué.

Aunque, sin duda, el enorme salario me había pillado por sorpresa, ahora que había tenido un instante para asimilarlo, me pareció ofensivo que pensara que, con solo ofrecerme una cifra, me lanzaría a aceptar el puesto.

Incluso aunque la cantidad fuera suficiente para permitirme decidir qué hacer con mi vida y me diera un respiro en el aspecto financiero, para variar.

La gran pregunta era: ¿sería capaz de trabajar para alguien tan… gilipollesco?

—No se trata de mí ni de mis presunciones —dijo Logan, con más sinceridad de la que habría esperado de él—. A Noah le gustas. Ha hablado de ti media docena de veces solo desde que zarpamos. Últimamente, eso no es habitual en él.

Eso me desinfló un poco. Había tenido la sensación de que Noah se me estaba abriendo un poco, y Logan acababa de confirmarlo.

¿Podría dar el salto? Entonces, recordé lo que había dicho sobre el horario superestricto de Noah.

A mí no se me daba bien la disciplina al estilo militar.

¿Estaría Logan dispuesto a dejarme tomar el control del comportamiento de Noah cuando trabajara con él?

Pero aquel niño… Me gustaban todos los niños a los que conocía, pero aquella pequeña alma atormentada tenía algo especial.

Habíamos conectado con rapidez, y eso podía ser la clave de algo más importante.

Sí, quería ayudarlo, pero solo si era posible establecer alguna clase de límite con el ogro de su padre.

Me volví a mirar a Logan antes de contestar.

—Soy especialista en educación infantil, y me centro en el desarrollo durante la infancia.

Él sacudió la cabeza, con expresión confusa, como si no comprendiera mis palabras. En su defensa, admití que el mío no era la clase de perfil que uno esperaba encontrar en alguien dedicado a entretener niños en un crucero.

—Estaba trabajando en un proyecto de educación especial que se quedó sin fondos, y por eso he terminado aquí.

—De acuerdo… —dijo Logan despacio—. ¿Eso importa? No tienes que demostrarme tu experiencia, ya te he dicho que quiero darte el trabajo.

—Te hablo de mi experiencia, porque quiero que me hagas caso si te digo que todo eso del horario tan rígido en el que insistes no es saludable. ¿Dijiste que su psicólogo te indicó que fueras estricto?

Logan aprovechó para explicar que el psicólogo había sido tajante en que un horario ayudaba a mantener una sensación de normalidad cuando un niño se sentía desorientado.

—¿Podrías repetir con exactitud lo que dijo el psicólogo? —pregunté.

—Lo que te acabo de contar. —Noah frunció el ceño—. Noah necesita un horario diario que le resulte estable. Ha pasado por muchos cambios en un periodo de tiempo muy corto, y ahora necesita llevar una vida que resulte previsible.

De acuerdo, lo había entendido todo mal.

—Te puedo garantizar que el psicólogo no quiere que lo trates como si estuviera en el ejército —dije, sin rastro de la dulzura que solía utilizar para corregir a los padres—. Lo estás llevando al extremo.

—No lo hago —insistió Logan—. Estoy haciendo exactamente lo que me dijo que hiciera.

Levanté una mano para hacerlo callar.

—No soy la clase de persona que va por ahí diciendo a la gente cómo criar a sus hijos —expliqué—, pero si quieres que me haga cargo de Noah, en tu casa, necesito saber que confías en que sé lo que hago.

—Es evidente que lo sé —refunfuñó él, pero me resultó evidente que no creía lo que decía.

—Me has hecho esa oferta porque pareces apreciar la forma en que trato a tu hijo. Si es así, necesitas hacerte a un lado y dejarme hacer mi trabajo.

—Yo soy su padre —respondió él, tenso—. Seré yo quien tome las decisiones que afecten a mi hijo.

Logan inspiró hondo, y me miró con tal desconfianza que tuve que hacer una pausa. No se trataba solo de control: su reticencia procedía de algo más profundo.

—Por supuesto, me adaptaré a las normas de tu casa. Tú eres su responsable principal —admití y, tras un momento de silencio, insistí un poco más—. Tu exmujer y tú… ¿tuvisteis problemas con la toma de decisiones?

Logan sacudió la cabeza, con los dientes aún apretados.

—Mientras estuvo viva, la madre de Noah era su responsable principal, pero estableció una buena comunicación conmigo.

Así pues, no era ella. Tenía que haber alguien más que hubiera provocado una reacción tan extrema en Logan.

—Entonces, ¿es que…?

—¿Por qué te importa todo esto? —me interrumpió.

Yo levanté las manos, para que viera que no estaba armada.

—Solo intento comprenderlo. Sé que quieres lo mejor para Noah y, si crees que yo podría ayudar en eso, tendrás que respetar mi formación y mis conocimientos.

—¿Para qué?

—Tú tomarás todas las decisiones, sí, pero yo podré opinar en los asuntos cotidianos. Si no eres capaz de trabajar conmigo, no tiene sentido ni hablar de que sea la niñera de Noah.

Logan dio unas vueltas en la zona junto a la mesa de preparaciones, como si le hubiera pedido hacer algo imposible. Pero, claro, para Logan Ashford, fiarse de alguien podía ser imposible.

—Pero el psicólogo dijo…

No terminó la frase, y de repente, pareció agotado, como un hombre a punto de ahogarse que luchara por mantenerse a flote. En ese momento, me pareció muy humano, y sentí una punzada de simpatía por él, a mi pesar.

—Puedo hablar con el psicólogo para asegurarnos de seguir el mismo plan, ¿vale? Pero en lo que se refiere al día a día, se aplicarán mis reglas —dije.

—Sigo pensando que es útil…

—Lo tomas o lo dejas.

Siempre se me había dado bien negociar, pero la firmeza de mi actitud me sorprendió hasta a mí. Me fiaba de mi instinto, y sabía que un niño tan dulce como Noah necesitaba una presencia tranquila y estable en su vida, no a un sargento.

Logan me miró durante largo rato, pensando, antes de tenderme una mano.

—Muy bien, de acuerdo. Bienvenida al equipo.