Cómo desafiar a tu jefe (Los Hermanos Ashford 3) 2 Nina #2
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2 Nina #2

A ver, yo sabía bien lo importante que era la rutina para los niños, pero me parecía muy raro seguir un régimen estricto durante lo que se suponía que eran unas vacaciones divertidas.

A los bebés les iba muy bien la rutina, pero estábamos hablando de un niño de seis años que empezaba a desarrollar su capacidad de decisión.

¿Sería esa la recomendación real del psicólogo, o sería que Logan había retorcido las recomendaciones para adecuarlas a su propia tendencia al control?

—Incluso en vacaciones —confirmó Logan—. ¿Estás listo, peque?

Noah siguió mirando entristecido el dibujo, antes de asentir, por fin.

—Oye, ha sido un primer día estupendo, ¿no? —dije a Noah cuando se puso en pie—. Y aún nos lo vamos a pasar mucho mejor.

Él se animó un poco y asintió con una diminuta sonrisa en la cara.

—¿Debería prever este tipo de retraso en su recogida todos los días? —pregunté a Logan.

Me estaba esforzando por ser cortés, porque ese hombre era mi jefe, pero el hecho de que no se hubiera disculpado por llegar tarde me había sentado muy mal. Logan puso mala cara cuando, por fin, comprendió que su retraso había supuesto un problema para mí.

—No. Solo ha sido hoy, por el embarque. No volverá a ocurrir.

Levanté una ceja, esperando una disculpa que nunca llegó.

—¿No tienes personal que te ayude si estás ocupado? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.

Logan negó con la cabeza.

—Estamos solos los dos. La última niñera de Logan, bueno, resultó no ser adecuada.

Lancé una mirada a Noah, que pareció molesto ante la referencia a su última niñera.

—El caso es que estamos bien —afirmó Logan, en un tono que zanjó cualquier discusión adicional sobre el tema.

Lo dijo como si intentara convencerme a mí tanto como a sí mismo. Su expresión cambió durante un instante para mostrar algo que podía ser dolor, pero luego volvió a su cara habitual de tío bueno en reposo. Uf. Daba igual que estuviera tan bueno: me caía fatal.

—¿Nos vamos, peque? —propuso Logan, apretando el hombro de su hijo.

Noah asintió y levantó el dibujo.

—¿Puedo quedármelo?

Le dediqué una sonrisa de verdad, emocionada porque nuestra pequeña sesión de dibujo hubiera significado algo para él.

—¡Por supuesto! Y podemos hacer muchos más. Prepárate para que nos divirtamos un montón.

Él asintió. No parecía muy convencido, pero después de lo que había visto de él a lo largo del día, tenía la sensación de que su estado normal era un cierto nerviosismo contenido.

Me habría gustado saber a qué me enfrentaba con él, pero no podía preguntarlo, y Logan parecía la clase de persona que se ocuparía de cualquier problema por sí solo.

—Volveremos mañana —dijo Logan, mientras se dirigía con Noah hacia la puerta.

—¡Adiós, Noah! —dije tras ellos—. ¡Nos vemos mañana!

Y con eso, se marcharon sin una disculpa, ni una palabra de agradecimiento. Esa fue la confirmación definitiva: trabajaba para un gilipollas.

Suspiré y empecé a recoger los artículos de dibujo, con la sensación de que me tocaría esperar a Logan Ashford más de una vez durante la semana siguiente.

Había dicho a mis compañeros que se marcharan al terminar, así que me correspondía a mí encargarme de la limpieza final.

Me sentí un poco como Cenicienta al hacerlo, y no me cabía duda de quién era el malo de la historia.

Entonces sonó el timbre de FaceTime, y me alegré al ver la bonita cara de mi mejor amiga sonriendo desde la pantalla. Nuestro pelo oscuro y ojos parecidos hacían pensar a la gente que éramos familia, pero solo éramos hermanas en el alma.

—Hola, Tash —contesté—. ¿Dónde estás?

Por la luz ambiental que veía detrás de ella, me imaginé que lo estaría pasando en grande. Pero, claro, Tasha trabajaba como reportera de viajes, y eso significaba que se pasaba la vida yendo de un lugar increíble a otro.

—¿Quieres que te lo diga? —bromeó—. Es básicamente un paraíso.

—¿Kansas? —Le devolví la broma.

—Cerca. Bali.

Ella giró la cámara para mostrarme el sol descendiendo sobre un océano azul en calma.

—Es todo un trabajo. Bueno, ¿cómo ha ido el primer viaje? —preguntó Tasha.

Suspiré al recordar lo ajetreado que había sido el día.

—Ha sido… intenso. Hemos tenido algunos problemas de suministro y de mantenimiento, aunque eso es normal en un barco nuevo. Los encontronazos con el capullo del jefe sí que han sido inesperados.

—Mierda. —Ella arrugó la nariz—. Lo siento. ¿Qué ha pasado?

—No sé ni por dónde empezar. Es lo peor. —Suspiré y me dejé caer en una de las sillas para los niños—. Lo malo es que está buenísimo.

Tasha soltó una risa sorprendida.

—Perdona, ¿qué has dicho?

—Mierda, ¿lo he dicho en voz alta? —Sonreí con ironía—. Ha sido un día muy largo, así que, en vez de contarte todos los detalles, solo te diré que ese hombre es demasiado. Y su hijo va también en el crucero, así que no voy a poder evitarlo.

—Oh, no. ¿Y no tiene a nadie que le ayude?

—Sorprendentemente, no. Están los dos solos. Uno esperaría que un multimillonario tuviera un equipo entero a cargo de su hijo, pero, al parecer, él lo hace a la antigua.

—¿Y la madre? —preguntó Tasha.

—No lo sé, pero, desde luego, no está aquí. —Me encogí de hombros—. A ese pobre niño le pasa algo, es muy retraído. Hoy se ha empezado a abrir un poco, pero entonces ha aparecido el capullo en jefe y nos ha interrumpido. Parece la policía de la diversión.

—Vaya, chica. ¿Y todo eso el primer día? Pues va a resultar un viaje muy largo.

—Sí, lo sé. Como no mejoren las cosas, igual me tiro por la borda.

—Si lo haces, ven nadando hasta aquí —rio ella—, y tendré una cerveza fría para ti.

—Muy tentador —dije.

Cerré los ojos e intenté imaginarme cómo sería el viaje sin que mi jefe aguara la diversión de todo el mundo, pero no lo conseguí. Ni siquiera yo era tan creativa.

Nos esperaban aguas turbulentas, eso seguro.