Cómo conquistar a un duque en diez pasos (y fracasar en nueve) ¡CRACK!
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Una rama. Un arbusto. Un paso en falso.

Eleanor, por evitar una oruga que apareció en el peor momento posible, dio un salto lateral tan elegante como un ciervo asustado y acabó atrapada entre un rosal y una estatua que, con toda certeza, no era feliz.

Julian no se rió.

Tampoco fue a ayudarla.

Simplemente se detuvo. La observó. Un destello casi imperceptible de emoción le cruzó el rostro —¿diversión? ¿incredulidad? ¿asombro romántico?— y luego dijo:

—Cuidado. Algunos arbustos son menos estables que otros.

Y siguió caminando.