Capítulo 5 Paso cuatro – Provocar un momento íntimo y significativo (fracaso n.º 4 y un arbusto cómplice)
Eleanor estaba convencida de que los grandes romances comenzaban con un momento íntimo.Algo como tocarle la mano por accidente, o que él la atrapara cuando tropezara con una raíz (cosa bastante probable en su caso).Algo que él recordara más tarde, bajo la lluvia, con un suspiro.
—¿Y cuál es el plan? —preguntó Margaret, escéptica, como siempre que Eleanor anunciaba un plan.
—Pasear sola por los jardines, justo cuando él también pase por los jardines.
—Eso no es un plan. Es una esperanza desmedida con escenografía.
—Es un clásico.
—Es una trampa para perderte en un seto.
El jardín del oeste era perfecto: caminos sinuosos, fuentes discretas, y estatuas que parecían juzgar a todo el mundo en silencio. Eleanor caminaba despacio, como si meditara sobre poesía (cuando en realidad contaba pasos y practicaba su expresión de asombro por si él aparecía).
Y entonces, milagrosamente, lo hizo.
Julian Trevelyan, Duque de Redmoor, surgió del sendero opuesto con una precisión tan perfecta que Eleanor creyó por un instante que el universo la apoyaba.
—Qué coincidencia —dijo ella, con una sonrisa que intentaba parecer casual pero olía a cálculo desde una milla.
—¿Sí? —respondió él, con el tono de quien no cree en coincidencias.
Silencio.Los pájaros trinaban.Una fuente susurraba.Una ardilla los juzgaba desde lo alto de una pérgola.
Eleanor buscó una conversación significativa.
—¿Cree usted que las estatuas son felices?
Él la miró.
—No tienen expresión. Tal vez lo sean.
—O tal vez están atrapadas. En mármol. Para siempre. Sin posibilidad de cambiar de opinión.
—Una observación... poco común.
—Gracias. Me esfuerzo por no ser ordinaria.
—Lo logra —dijo él, sin inflexión. Lo cual no ayudó a Eleanor a saber si era un cumplido o un diagnóstico.
Ella decidió avanzar con audacia. Dio un paso más cerca, como quien confía en que el universo aún apoya la escena.
—¿Y usted, su gracia? ¿Ha cambiado de opinión sobre algo últimamente?
Julian la miró.No respondió de inmediato.Y cuando lo hizo, fue simplemente para decir:
—No suelo cambiar de opinión.
—Debe ser agotador tener siempre la razón.
—Más bien... solitario.
Eleanor parpadeó.
¡Eso sí sonaba como una grieta en la armadura emocional de un duque!
Se inclinó un poco hacia él.El momento estaba cargado de potencial.Íntimo. Significativo. Lleno de promesas y—