Capítulo 4 Paso tres – Demostrar intereses en común (fracaso n.º 3 con caída incluida)
Eleanor decidió que si uno quería que un duque la considerara como material romántico, había que compartir intereses. Y como los suyos consistían en leer novelas escandalosas a escondidas y perder apuestas con Margaret, decidió adoptar uno nuevo: el croquet.
—¿Sabes jugar? —le preguntó Margaret, mientras Eleanor se ataba un sombrero con tanta cinta que parecía prepararse para una tormenta tropical.
—¿Importa? Voy a parecer como si supiera. Que es el ochenta por ciento del encanto. El resto es no desmayarse cuando él se acerca.
—¿Estás segura de que el croquet es lo suyo?
—Está lleno de duques. Es la actividad más aristocrática que existe después de mirar retratos con superioridad.
El campo era perfecto: césped bien cortado, damas fingiendo que sabían dónde estaba la bola, y caballeros que discutían la estrategia como si planearan una invasión.
Eleanor localizó a Julian de inmediato. No era difícil. Su sola presencia parecía tensar el aire a su alrededor. Oscuro, elegante, impenetrable. Como un poema que uno no entiende del todo pero igual relee por placer.
Ella se posicionó estratégicamente cerca de él.
Y falló su primer tiro.
—Lo hiciste con convicción —murmuró Margaret.
—Es parte de la táctica. Él pensará que soy encantadoramente torpe.
Falló el segundo tiro con aún más convicción.
Y el tercero con una rotación corporal tan entusiasta que su sombrero salió volando.
Julian, desde la distancia, la miró. Eleanor no lo vio.
Estaba ocupada recogiendo el sombrero con dignidad fingida.Pero él la observó más de lo necesario.
Y luego volvió la vista al frente con una expresión que no decía absolutamente nada.
Lo cual, en el caso del duque, probablemente significaba demasiado.
Más tarde, cuando Eleanor tuvo la audacia de intentar un comentario ligero mientras él pasaba cerca —algo sobre el césped y su inclinación injusta—, Julian solo asintió y dijo:
—No todos los terrenos son estables.
Y siguió caminando.
Margaret la miró con compasión.
—¿Eso fue una metáfora?
—¿Crees que hablaba del croquet?
—Creo que hablaba de la existencia humana en general.
Eleanor se dejó caer en una banca como una heroína trágica de novela rusa.
—Esto no está funcionando.
—No. Pero estás preciosa mientras fallas.
Lo que Eleanor no vio fue que, en algún momento de la partida, mientras todos estaban concentrados en los arcos y los palos, Julian Trevelyan, Duque de Redmoor, la miró de nuevo.La miró mientras ella se sacudía la hierba del vestido y hablaba sola con una bola de croquet como si pudiera escucharla.La miró sin sonreír, pero con ese brillo extraño en los ojos que sugiere pensamientos que no se dicen en voz alta.
Y luego, por un segundo, pareció a punto de acercarse.Pero no lo hizo.
Porque los duques de Redmoor no dan pasos innecesarios.Y porque, por alguna razón que ni él entendía, esa joven torpe, impertinente y absurdamente fascinante... lo ponía peligrosamente cerca de hacerlo.
Eleanor escribió más tarde:
Paso tres – Demostrar intereses en comúnCroquetFalta de habilidad dramáticaViento hostilMetáfora existencial del duqueCero sonrisas
Resultado: Fracaso absoluto.Conclusión: No tenemos intereses en común. A menos que él también esté fingiendo.