Como atrapar el corazón de la esquiva señorita Harper Capítulo 25. Un encuentro en la penumbra
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Capítulo 25. Un encuentro en la penumbra

Un encuentro en la penumbra

C omo estaba previsto, regresaron aquella tarde a la mansión Harper. El cansancio del viaje hizo que todos se retiraran pronto a sus habitaciones, a excepción de Brianna, a quien la anticipación por el próximo encuentro mantenía cautiva de una emoción febril.

Se burló de sí misma; jamás habría imaginado que se comportaría de aquel modo, pero cuando el reloj marcó las ocho, la inquietud por la escapada que estaba a punto de protagonizar se volvió insoportable.

—¿En serio piensa salir? —le preguntó su doncella en un susurro.

—Sí —murmuró Brianna, llevándose un dedo a los labios.

Alice le dedicó una sonrisa cómplice.

—Creí que jamás la vería haciendo algo así.

—¿Te parece mal?

—Da igual lo que yo piense. Usted tiene derecho a vivir como desee.

—En la práctica, eso no es cierto. Ni siquiera para ti, Alice —suspiró Brianna, reconociendo las cadenas invisibles de su rango.

—Tiene razón. Por eso espero que no se equivoque.

—¿Crees que Kieran es un mal hombre?

—Lord Callaghan es un hombre después de todo, pero creo que su aprecio por usted es real.

—Gracias —murmuró Brianna. Miró el reloj y su agitación creció—. No olvides lo que te dije. Mantén la puerta abierta.

Brianna agarró su capa y, tras apagar las luces de la estancia, salió descalza para no hacer ningún ruido.

Conocía la mansión de memoria, por lo que no le fue difícil sortear los pasillos en silencio.

Una vez fuera, se calzó las botas y, bajo una luna que apenas iluminaba la pradera, corrió hacia el viejo establo abandonado.

Aquel lugar, antaño lleno de vida cuando la cría de caballos era numerosa, estaba ahora oculto bajo la maleza.

Llegó allí con el corazón desbocado, y casi sintió que se le escapaba del pecho al toparse de frente con el semental de Kieran como un enorme fantasma.

—¿Se le ha perdido algo, señorita? —preguntó la voz de él a sus espaldas.

Brianna dio un sobresalto, pero antes de que pudiera voltearse, Kieran la sostuvo por las caderas y la atrajo contra su pecho.

—Tú —susurró ella contra sus labios.

Él soltó una risa baja antes de devorar su boca con una urgencia que la obligó a retroceder hacia el interior. En la oscuridad del establo, donde el roce de sus cuerpos se volvió tentador y confuso, Brianna se despojó de la capa, quedándose únicamente en su gruesa bata de dormir.

—Abre la boca, milady —le pidió él mientras la conducía más profundo en la penumbra.

Ella obedeció, y la invasión de Kieran le demostró que lo ocurrido en el teatro no había sido más que un leve anticipo. Aquel beso sabía a un manjar desconocido, dulce y seductor para ella.

—Fumas, ¿verdad? —le preguntó ella, aspirando el rastro de tabaco en su aliento.

—Solo cuando estoy ansioso por algo.

—¿Lo has estado últimamente?

—Por supuesto —respondió él. Metió las manos bajo la bata de ella y, aferrándola por los muslos, la impulsó hacia arriba para que se abrazara a sus caderas.

Brianna se quedó con la siguiente pregunta en la punta de la lengua. Sintió la dureza de él presionando contra su centro y el calor la hizo transpirar.

—Espera —dijo Kieran, sosteniéndola con firmeza mientras la apretaba contra la pared de madera—. No sabe cuánto la deseo, pero es mejor no cruzar esa línea todavía.

—¿Cuál?

—Sabrá cuál es cuando esté lista, y cuando decida si de verdad quiere cruzarla conmigo.

—Kieran...

Él acalló sus palabras con besos frenéticos que le nublaban el juicio. Brianna se aferró a su cuello y a su torso, aprendiendo una técnica de seducción que se sentía importada de tierras donde la pasión no obedecía a los protocolos.

Sin embargo, cada vez que se estrechaba contra él, más crecían sus ganas de transgredir cualquier norma. Ya no quedaba rastro de remordimiento; solo el hambre de un encuentro que el destino estaba a punto de poner a prueba.