Dieciocho #3
—Porque me has estado acechando. —A Hali se le revolvió el estómago solo de pensarlo—. ¿Por qué? ¿Qué esperabas conseguir?
—Sinceramente, no lo sé. Solo intentaba ganar un poco de margen para maniobrar. Y sigo en ello. —Su mirada era implorante cuando se posó en ella—. Quiero que vengas conmigo.
—No. —Hali no estaba dispuesta a seguirle el juego—. No voy a ir a ninguna parte contigo.
—Lo mataré.
Hali no necesitó preguntar a quién se refería.
—Gray sabe cuidarse solo. —O eso esperaba.
—No soy un cambiaformas corriente, y él no tiene a nadie que lo respalde.
Lo han repudiado. Lo haré pedazos. —Mike se inclinó hacia ella con los ojos turbios—.
Y no me detendré con él. Iré a por toda la gente que quieres.
Me cargaré a tu amiga Carrie, a ese vago inútil al que llamas hermano, a tus padres.
Los mataré a todos hasta que entres en razón. Así tiene que ser.
—He dicho que no. No me vas a llevar, y no voy a ir a ninguna parte contigo.
—No veo que tengas elección. —Mike lo dijo con total naturalidad—. No puedes correr más que yo. Tu cadera te hace débil. Tu corazón es fuerte, pero tu cuerpo te falla. Yo puedo cuidarte. Es lo que quiero.
—No. —Hali se apartó un paso de él, pero no se movió lo bastante rápido. La mano de Mike salió disparada y le rodeó el antebrazo; las garras le brotaron de los dedos y se le hundieron en la carne, y Hali soltó un grito.
—No tienes elección —siseó él—. Vas a venir conmigo, te guste o no.
Hali alzó la vista, desafiante, y negó con la cabeza.
—Tendrás que matarme.
—Eso no es lo que quiero.
—Es la única forma en la que saldré de este sitio.
—No hace falta que te mate —insistió Mike—. Simplemente te dejaré inconsciente. Tengo una habitación especial para ti en mi casa. Es acogedora. Te gustará. Al final entenderás lo que quiero y te unirás a mí.
—Eso no va a pasar nunca. —Hali tiró del brazo, pero él se negó a soltarla—. No puedes tener algo solo porque digas que lo quieres. Las cosas no funcionan así.
—Estoy dispuesto a poner a prueba esa teoría.
Hali abrió la boca para decirle dónde podía meterse su teoría, pero, antes de que pudiera hacerlo, su mente rozó los pensamientos de Gray, presa del pánico.
No conseguía distinguir ideas concretas, pero su nombre se repetía en bucle en la cabeza de él mientras la buscaba…
y estaba cerca. No podía ponerlo en peligro.
—Creo que es hora de poner fin a esto. —La voz de Hali sonó firme mientras se erguía—. No voy a ir contigo. No voy a permitir que hagas daño a la gente que me importa. Esto acaba aquí y ahora.
—Creo que te equivocas.
—Y yo creo que tú no tienes nada que decir al respecto.
No le dio demasiadas vueltas. Si se detenía a pensarlo, podría cambiar de opinión.
Así que se dejó llevar por el instinto. Cuando su mano izquierda prendió en llamas, la apretó de inmediato contra el brazo de él.
Mike aflojó la mano con la que le sujetaba el brazo derecho, sobresaltado por las llamas, y soltó un alarido de agonía.
En cuanto tuvo el brazo derecho libre, Hali volvió a invocar el fuego y usó las dos manos para agarrarle la camisa.
—No puedes quedarte con lo que no te pertenece —gruñó mientras Mike forcejeaba para apartarse de ella—. Las cosas no funcionan así. Siento que tuvieras una infancia difícil, pero a todos nos salen cosas mal.
Mike se debatía desesperado, intentando zafarse, pero ya era demasiado tarde. Alzó la vista al oír unos pasos golpeando el asfalto y vio a Gray acortando la distancia.
—Ayúdame —suplicó, aun mientras ardía.
—Ni lo sueñes.
Gray agarró a Hali por detrás de la camiseta y la apartó del guardia de seguridad mientras el fuego envolvía aquel cuerpo convulso y calcinaba al cambiaformas allí mismo.
Mike gritó una vez más, pero, a medida que las llamas ganaban intensidad, su lamento se cortó en seco. Cuando su cuerpo se desplomó y cayó convertido en cenizas sobre el asfalto, no quedaba nada del hombre que había sido.
—¿Estás bien? —Gray la hizo girar entre sus brazos para poder examinarle la cara—. ¿Te ha hecho daño?
—No.
Gray le levantó el brazo con cuidado; los horribles arañazos rojos eran un recordatorio brutal de que las cosas podrían haber terminado de otra manera.
—Creo que en eso no vamos a ponernos de acuerdo. —La escrutó con la mirada—. ¿Te ha dicho por qué lo hizo?
Hali asintió.
—Básicamente, porque podía. Dijo que se sentía solo, que una manada de cambiaformas de los Everglades lo había repudiado porque no era de sangre pura, y que quería una compañera. Creo que puede que lo repudiaran porque se dieron cuenta de que le pasaba algo.
—Podrían ser las dos cosas.
—Sí.
—Pero se ha acabado. —Gray la atrajo hacia sí y le dio un beso en la frente—. Andrew se va a enfadar.
—¿Porque no tiene un cuerpo con el que explicar dos asesinatos?
—Exacto.
—¿Y cómo vamos a lidiar con él?
—He pensado dejar que uses tus encantos con él. O sea… al fin y al cabo, aquí la protagonista eras tú.
Hali puso los ojos en blanco de manera exagerada.
—Eso es muy de tío.
—Oye, necesito tiempo para preparar nuestra segunda cita. Quiero que sea espectacular. No puedo hacer dos cosas a la vez.
—Supongo que me parece justo.